
Tras los devastadores terremotos ocurridos el pasado 24 de junio en Venezuela, la Iglesia católica en Colombia respondió con un amplio llamado a la solidaridad. Inspirada por el mensaje de los obispos colombianos, esta movilización buscó acompañar a las miles de familias afectadas mediante una respuesta organizada, fraterna y articulada con la Iglesia venezolana.
En todo el país, Arquidiócesis, diócesis y vicariatos apostólicos desarrollaron campañas de recolección de ayudas, jornadas de oración, colectas económicas y acciones de sensibilización para expresar la cercanía del pueblo colombiano con sus hermanos venezolanos.
La respuesta nacional liderada por el Secretariado Nacional de Pastoral Social – Cáritas Colombiana, organismo de la Conferencia Episcopal de Colombia, en coordinación con la Conferencia Episcopal Venezolana, Cáritas Venezuela y la red internacional Cáritas. Un trabajo en conjunto que permite que la ayuda llegara de manera segura, transparente y oportuna a las comunidades que enfrentan las consecuencias de esta tragedia.
Entre las jurisdicciones eclesiásticas que adelantaron campañas solidarias se encuentran las diócesis de Cúcuta, Riohacha, Ipiales, Palmira y San José del Guaviare, así como las Arquidiócesis de Medellín, Barranquilla, Cartagena, Nueva Pamplona y Cali. Desde cada comunidad se invitaron a los fieles a participar mediante donaciones, oración y gestos concretos de fraternidad.
Esta respuesta contó además con el apoyo de la Asociación de Bancos de Alimentos de Colombia y de los bancos de alimentos diocesanos, que trabajaron junto al Banco de Alimentos de Venezuela para atender las necesidades más urgentes. A ello se sumaron alianzas establecidas por Cáritas Colombiana con diversas entidades y empresas que facilitaron los canales de donación y permitieron ampliar la participación de miles de personas solidarias.
Hoy, más que nunca, la Iglesia reafirma que ningún pueblo está solo cuando la fraternidad vence las fronteras. La solidaridad entre Colombia y Venezuela es un signo vivo de comunión, de fe compartida y de compromiso con la dignidad humana. Que cada oración, cada donación y cada gesto de amor contribuyan a aliviar el sufrimiento de las familias afectadas y a construir, juntos, caminos de esperanza y reconstrucción.