Sacramentales (II parte)

Por: Pbro. Víctor Manuel Rojas Blanco, párroco de Santa Laura Montoya

Siguiendo con la línea del anterior artículo, a continuación la información complementaria:

Agua

En hebreo, la palabra “agua” se usa siempre en plural (“ma­yim”). El agua era de gran valor en el Oriente, y se apreciaba mucho el de manantial o fuente, corriente o viva (Gn 26, 19-22; Pr 5, 15). El agua tiene en la Biblia muchos sentidos, desde la primera página del Génesis (aguas-caos de Gn 1, 1-2) hasta la culmina­ción de la historia y la llegada de la nueva Jerusalén, con las aguas de vida que brotan del trono de Dios en Ap 22, 1-2. El agua en el Antiguo Testamento se convierte en señal de bendición di­vina para los que sirven con lealtad a Dios (Sal 133, 3).

En el Nuevo Testamento, el agua se empleaba en múltiples purificaciones externas, pero con un simbolismo de limpieza espiritual: se emplea para lavarse las manos como signo de ino­cencia (Mt 27, 24). Jesús, en las bodas de Caná, cambia el agua de las purifi­caciones judaicas en el vino generoso del amor mesiánico. Él se llama asi­mismo agua viva (Jn 4, 10.13s); quien cree en Él, se convertirá asimismo en fuente de vida (Jn 7, 37). También se utiliza el lenguaje simbólico del agua para referirse al Espíritu Santo, pues el que cree en Cristo de su interior corre­rán ríos de agua viva (Jn 7, 38). Juan bautizaba en agua, pero el que venía tras él bautizaría en Espíritu Santo y fuego (Mt 3, 11).

Uso litúrgico en la Iglesia: El agua bendita es un sacramental, instituido por la Iglesia, y usada con fe y devoción, purificando al cristiano de sus faltas veniales. Las bendiciones El agua bendita es un sacramental, instituido por la Iglesia, y usada con fe y devoción, purificando al cristiano de sus faltas veniales. Las bendiciones de personas y de cosas van acompa­ñadas de algunos signos, y los princi­pales son la imposición de manos, la señal de la cruz, el agua bendita y la incensación (Bendicional 26). El agua bendita es constituida por la bendición del sacerdote o del diácono (ib. 1224- 1225), y como todos los sacramenta­les, “tiene como objetivo principal a glorificar a Dios por sus dones, impe­trar sus beneficios y alejar del mundo el poder del maligno” (ib.11).

Prevé este rito (para el acto peniten­cial) que una vez bendecida el agua, el sacerdote se rocía a sí mismo con el hisopo y puede luego recorrer la igle­sia para la aspersión de los fieles.

La bendición del agua fuera de la celebración de la Misa es dispues­ta en el Bendicional según su orden propio: signación trinitaria, saludo, monición, lectura de la Palabra divi­na, oración de bendición, aspersión y despedida.

Sal

El cloruro de sodio (sal común) se encuentra en el agua de mar o en los yacimientos subterráneos o superficia­les, y se usa para conservar diversas sustancias y para dar sabor.

En el pasado, cuando la refrigeración y muchos otros métodos modernos que se usan ahora para conservar ali­mentos no se conocían, esta era de mucho valor, y su estima aumentaba por sazonar los sacrificios (Lv 2, 13; Ez 43, 24).

Desde un sentido espiritual se puede pensar que nuestras ofrendas y bue­nas obras, deberán espiritualmente llevar siempre sal, lo que significa que deberán estar limpias de la co­rrupción.

Usted sabía que… La palabra salario proviene de las cantidades de sal que se entregaban como paga a los legionarios romanos. Por su utilidad para la subsistencia diaria, la sal era considerada de gran valor.

Uso litúrgico en la Iglesia: La sal tuvo desde los tiempos más re­motos un carácter sagrado y religioso. El profeta Eliseo la empleó para hacer agradables las aguas de un pozo (2 R 2, 19ss). En Mt 5, 13 la sal simboliza sabiduría, aunque quizás originalmen­te tuvo una significación de exorcis­mo. Su uso en la Iglesia pertenece ex­clusivamente al rito romano. El ritual conoce dos tipos de sal para propósi­tos litúrgicos: la sal bautismal y la sal bendita.

La primera, purificada y santificada por oraciones y exorcismos especia­les, se daba al catecúmeno antes de entrar a la iglesia para el bautismo. La otra sal es exorcizada y bendecida en la preparación de agua bendita antes de la Misa Mayor del domingo y para uso de los fieles en sus casas.

Aceite

Es ungüento, liquido grasoso que se obtenía machacando o moliendo olivas o mirra. El aceite más común y más utilizado en tiempos bíblicos es el de oliva. En la antigua Palestina el aceite se obtenía de las aceitunas (Lv 24, 2). Se usaba en la preparación de los ali­mentos (1 Re 17, 12,13), como com­bustible para las lámparas (Ex 25, 6; Mt 25, 3-4), como bálsamo para tratar llagas y heridas (Is 1, 6) y para ungir el cuerpo (2 S 12, 20; 14, 2). Poner aceite sobre una persona, por indicación de Dios, aparentemente era un símbolo de la infusión del Espíritu Santo (1S 10, 1.6; 16,13). El aceite santo de la unción (En hebreo shemen hamishjâh, Ex 30, 22-25) se usaba para consagrar los elementos utilizados con propó­sitos religiosos, como el tabernáculo y sus muebles (Vv. 26-29), y para la consagración de los sacerdotes (Ex 29, 7; 30, 30; Lv 8, 10-12; etc.). Ese aceite santo no se debía preparar ni usar para propósitos seculares (Ex 30, 31-33).

Son diferentes y las referencias de aceite en la Biblia, como las mencio­nadas. ¿Qué es ungir? Acto de derramar aceite sobre una persona o un objeto (Gn 28, 18). El propósito de la unción sagrada era dedicar el objeto o la persona a Dios. Los sacerdotes (Ex 28, 41; Ex 29, 7), profetas y reyes (1R 19,15-16) eran ungidos y llamados ungidos (Lv 4,3.5; 4,16; 1S 2,10; 1Cr 16,22). Ungir la cabeza de un invitado con aceite era señal de gran cortesía (Lc 7,46).

El aceite utilizado para ungir, se en­cuentra mencionado 20 veces en las Sagradas Escrituras. Fue utilizado en el A. T. para verter sobre la cabeza del Sumo Sacerdote y a sus descendientes y rociar el Tabernáculo y sus muebles para marcarlos como santos y aparta­dos a Yahvé (Ex 25, 6; Lv 8, 30; Nm 4, 16).

Sólo cuatro pasajes del N. T. se refieren a la práctica de ungir con aceite y nin­guno de ellos ofrece una explicación para su uso. Se pueden sacar conclu­siones del contexto. En Marcos 6, 13 los discípulos ungen a los enfermos y los sanan. En Lucas 7, 46 María unge los pies de Jesús como un acto de ado­ración. En Santiago 5, 14 los ancianos de la iglesia ungen a los enfermos con aceite para sanar. En Hebreos 1, 8-9 Dios dice a Cristo al regresar Él triun­falmente al cielo, “Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo…’ y Dios unge a Jesús “con oleo de alegría”.

¿Deberían los cristianos usar el aceite de la unción hoy? No hay nada en las Escrituras que mande o incluso su­giera que deberíamos usar un aceite similar hoy en día, pero tampoco hay nada que lo prohíba. El aceite se uti­liza a menudo como un símbolo del Espíritu Santo en la Biblia que sana las heridas (Sal 23, 5, Is 1,6) y en la parábola de las vírgenes prudentes e insensatas (Mt 25, 1-13).

Uso litúrgico en la Iglesia: Son 3 tipos de aceite utilizados, cono­cidos como los oleos santos. 1. El san­to Crisma, usado para ordenaciones, confirmaciones, bautizos y consagra­ciones de altares e iglesias. 2. El óleo de los catecúmenos, usado para ungir a los que están preparándose para el bautismo. 3. El óleo de los enfermos, usado en el sacramento de la unción de los enfermos. Estos óleos los con­sagra el obispo de cada diócesis en la Misa Crismal, que celebra en su cate­dral, usualmente el Jueves Santo por la mañana. Luego, son distribuidos a las parroquias de su jurisdicción.

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