Papa Francisco presenta exhortación apostólica sobre el amor en la familia

Este documento recoge todas las conclusiones de las enseñanzas durante el Sínodo sobre la familia convocado por pontífice en el 2014 y 2015.

La Exhortación Apostólica Postsinodal, Amoris Laetitia inicia con un prólogo, contiene nueve capítulos y ha sido publicado en italiano, francés, inglés, alemán, español y portugués. Son muchos y variados los temas que trata este texto, agrupa los aportes del Sínodo sobre la familia, agregando otras consideraciones que puedan orientar la reflexión, el diálogo o la praxis pastoral y, a la vez, ofrecen aliento, estímulo y ayuda a las familias en su entrega y en sus dificultades.

En el Capítulo Primero: A La Luz De La Palabra: El Santo Padre al inicio del mensaje reflexiona sobre el salmo 128, alabanza característica de la liturgia nupcial judía y cristiana. En donde explica La Biblia “está poblada de familias, de generaciones, de historias de amor y de crisis familiares” (AL 8), en el mundo existen diversas culturas y cada una tiene sus formas propias de vivir y expresar el sentimiento de familia, el grupo familiar es un trabajo en unidad que se fundamenta el amor.

La Iglesia ofrece su ayuda a todos los hombres recordándoles cuál es el designio de Dios sobre la familia y el matrimonio por medio de la palabra de Dios, la compañera para resolver los problemas y que manifiesta el camino correcto a seguir ante situaciones de crisis.

Capítulo segundo: Realidad y desafíos de las familias: Francisco reúne en esta parte algunas de sus consideraciones y las de algunos Padres Sinodales sobre la realidad de la familia en todo el mundo. El Santo Padre afirma que: “es sano prestar atención a la realidad concreta, porque “las exigencias y llamadas del Espíritu resuenan también en los acontecimientos mismos de la historia”, a través de los cuales “la Iglesia puede ser guiada a una comprensión más profunda del inagotable misterio del matrimonio y de la familia”.

Los Padres Sinodales se refirieron a las actuales tendencias culturales, el descenso demográfico, el debilitamiento de la fe y de la práctica religiosa, La falta de una vivienda digna o adecuada, los niños que nacen fuera del matrimonio, las migraciones,  las familias de las personas con discapacidad, aquellos que están sumidos en la miseria, entre otro temas que hacen sufrir a las familias y en ocasiones terminan destruyéndolas.

El Papa expresó: “Doy gracias a Dios porque muchas familias, que están lejos de considerarse perfectas, viven en el amor, realizan su vocación y siguen adelante, aunque caigan muchas veces a lo largo del camino”, Francisco insiste que es necesario dar espacio a la formación de la conciencia de los fieles: “Estamos llamado a formar las conciencias no a pretender sustituirlas” (AL 37). Jesús proponía un ideal exigente pero “no perdía jamás la cercana compasión con las personas más frágiles como la samaritana o la mujer adúltera” (AL 38).

Capítulo Tercero: La mirada puesta en Jesús: vocación de la familia: En esta parte del mensaje pastoral del Papa se presenta una breve enseñanza de la Iglesia sobre el matrimonio y la familia.

«Jesús, que reconcilió cada cosa en sí misma, volvió a llevar el matrimonio y la familia a su forma original (cf. Mc 10,1-12). La alianza de amor y fidelidad, de la cual vive la Sagrada Familia de Nazaret, ilumina el principio que da forma a cada familia, y la hace capaz de afrontar mejor los acontecimientos de la vida y de la historia. Sobre esta base, cada familia, a pesar de su debilidad, puede llegar a ser una luz en la oscuridad del mundo.

Capítulo Cuarto: El amor en el matrimonio: En esta sección, se considera importante hablar del amor en el matrimonio y en la familia; si no tengo amor no soy nada. La gracia del sacramento del matrimonio está destinada ante todo «a perfeccionar el amor de los cónyuges» [104].

A partir del llamado ´Himno de Caridad´  de san Pablo en 1 Cor 13,4-7, se interpreta atenta, puntual, inspirada y poética se trata el amor en el matrimonio y en la familia. El amor verdadero se vive en medio de la vida que comparten entre sí los esposos y sus hijos.

En todo el texto se trata de explicar que el amor no es solo un sentimiento, sino que se debe entender en el sentido que tiene el verbo «amar» en hebreo: es «hacer el bien». Como decía san Ignacio de Loyola, «el amor se debe poner más en las obras que en las palabras» [106]. Así puede mostrar toda su fecundidad, y nos permite experimentar la felicidad de dar, la nobleza y la grandeza de donarse sobreabundantemente, sin medir, sin reclamar pagos, por el solo gusto de dar y de servir.

Capítulo Quinto: Amor que se vuelve fecundo: Aquí se habla de manera profunda y espiritual de recibir una nueva vida; la espera propia del embarazo; del amor de madre y de padre; la fecundidad, la adopción, la vida en familia en sentido amplio con la presencia de los tíos, primos, parientes de parientes, amigos. Amoris Laetitia no toma en consideración la familia “mononuclear”, porque es bien consciente de la familia como amplia red de relaciones. La misma mística del sacramento del matrimonio tiene un profundo carácter social (cfr. AL 186).

Capítulo sexto: Algunas perspectivas pastorales: El diálogo del camino sinodal llevaron a plantear la necesidad de desarrollar nuevos caminos pastorales, que el Santo Padre reunió en esta parte del Amoris Laetitia de manera general para construir familias sólidas y fecundas según el plan de Dios.

En esta parte la Exhortación hace un largo recurso a las Relaciones conclusivas de los dos Síno:dos y a las catequesis del Papa Francisco y de Juan Pablo II. Se confirma que las familias son sujeto y no solamente objeto de evangelización.

Capítulo séptimo: Fortalecer la educación de los hijos: Aquí el Santo Padre hace referencia a la educación que brindan los padres hacia sus hijos. su formación ética, el valor de la sanción como estímulo, el paciente realismo, la educación sexual, la transmisión de la fe, y más en general, la vida familiar como contexto educativo.

El Papa señala “no se puede tener un control de todas las situaciones por las que podría llegar a pasar un hijo. Aquí vale el principio de que «el tiempo es superior al espacio» [291].Es decir, se trata de generar procesos más que de dominar espacios. Si un padre está obsesionado por saber dónde está su hijo y por controlar todos sus movimientos, sólo buscará dominar su espacio. De ese modo no lo educará, no lo fortalecerá, no lo preparará para enfrentar los desafíos”.

Lo importante es que los padres originen en sus hijos sentimientos profundos de amor; procesos de maduración de su libertad, de capacitación, de crecimiento integral, de cultivo de la auténtica autonomía. Sólo así ese hijo tendrá en sí mismo los elementos que necesita para saber defenderse y para actuar con inteligencia y astucia en circunstancias difíciles, (AL 261).

Capítulo octavo: Acompañar, discernir e integrar la fragilidad: Para entender mejor la lectura en esta parte de la exhortación se debe recordar que “a menudo, la tarea de la Iglesia asemeja a la de un hospital de campaña” (AL 291). Aquí el Pontífice asume lo que ha sido fruto de las reflexiones del Sínodo sobre temáticas controvertidas. Se confirma qué es el matrimonio cristiano y se agrega que “otras formas de unión contradicen radicalmente este ideal, pero algunas lo realizan al menos de modo parcial y análogo”. La Iglesia por lo tanto “no deja de valorar los elementos constructivos en aquellas situaciones que no corresponden todavía o ya no corresponden más a su enseñanza sobre el matrimonio” (AL 292).

Capítulo noveno: Espiritualidad conyugal y familiar: “Toda la vida de la familia es un “pastoreo” misericordioso. Cada uno, con cuidado, pinta y escribe en la vida del otro” (AL 322), escribe el Papa. Es una honda “experiencia espiritual contemplar a cada ser querido con los ojos de Dios y reconocer a Cristo en él” (AL 323).

Describe algunas particularidades de la espiritualidad que se desarrolla las relaciones de la vida familiar. La espiritualidad del amor familiar está hecha de miles de gestos reales y concretos. En esa variedad de dones y de encuentros que maduran la comunión, Dios tiene su morada. Esa entrega asocia «a la vez lo humano y lo divino» [369], porque está llena del amor de Dios. En definitiva, la espiritualidad matrimonial es una espiritualidad del vínculo habitado por el amor divino.

La oración familiar es el privilegiado para expresar y fortalecer esta fe pascual [376]. Los padres junto a sus hijos se pueden encontrar unos minutos cada día y así estar más unidos ante el Señor. Pueden decirle las cosas que preocupan, rogar por las necesidades familiares, orar por alguno que esté pasando un momento difícil, pedirle ayuda para amar, darle gracias por la vida y por las cosas buenas, pedirle a la Virgen que proteja con su manto de madre.

El Papa afirma: “ninguna familia es una realidad perfecta y confeccionada de una vez para siempre, sino que requiere una progresiva maduración de su capacidad de amar (…). Todos estamos llamados a mantener viva la tensión hacia un más allá de nosotros mismos y de nuestros límites, y cada familia debe vivir en ese estímulo constante. ¡Caminemos familias, sigamos caminando! (…) No desesperemos por nuestros límites, pero tampoco renunciemos a buscar la plenitud de amor y de comunión que se nos ha prometido” (AL 325).

Al finalizar la exhortación católica se concluye con la Oración a la Sagrada Familia.

Encuentre documento completo aquí

 

Foto: www.aciprensa.com

Scroll al inicio