
Bajo el lema “Peregrinos de esperanza por la reconciliación y la paz” se llevó a cabo en Cúcuta el viernes 4 de abril la Marcha del Perdón 2025.
Esta tradición nació en 1999 con una caravana por la paz como rechazo a los actos violentos que azotaban la región en esa época; al año siguiente fue promovida como Marcha del Silencio por el Obispo de la época, Monseñor Oscar Urbina Ortega, y veinticinco años después la conocemos como la Marcha del Perdón, que tiene como característica la participación masiva de los fieles para manifestar públicamente la opción permanente que como creyentes hacemos por la justicia, la paz y la reconciliación. Debido a su gran afluencia y alto impacto se convirtió en una expresión de fe y amor por la vida que año tras año se ha continuado, pasando de ser un evento de Iglesia a una tradición de la ciudad.
Con una asistencia multitudinaria inició esta Marcha que fue organizada por la Diócesis de Cúcuta en cabeza del señor Obispo Monseñor José Libardo Garcés Monsalve, junto a los sacerdotes, movimientos apostólicos, autoridades civiles y militares; instituciones educativas y bautizados de esta Iglesia Particular. A las 7:00 p.m. sobre la avenida Diagonal Santander a la altura de Homecenter comenzó la peregrinación hasta la Basílica Menor de Nuestra Señora de Chiquinquirá ubicada en el barrio san Luis, donde, en el parque principal, se congregaron más de 15.000 personas provenientes de las diferentes parroquias y sectores que hacen parte de esta jurisdicción eclesiástica y quienes pidieron a una sola voz, dirigidos por el Obispo, clamaron por la reconciliación, especialmente de Colombia, la Región del Catatumbo y esta zona de frontera.
Al llegar a la Basílica Menor, el Obispo Monseñor Garcés Monsalve, dirigió un mensaje a todos los asistentes: “somos lastimados por un injusto individualismo, que nos divide y nos enfrenta unos contra otros en pos del propio bienestar egoísta. Los acontecimientos actuales en nuestra región abren heridas que creíamos se habían cerrado, ha vuelto la división, el odio, el resentimiento y el rencor. Queridos hermanos de la Diócesis de Cúcuta desde este templo jubilar los invito con corazón de Pastor a ser signos de hijos de Dios testimonios de fe, en esto reconocerán que son mis discípulos en el amor que nos impulsa unos a otros, este es el deseo de Jesús que aún se vuelve atractivo y resplandeciente en medio de las sombras que vivimos”. Y añadió: “¿cuánto peligro en algunos que dejan de vivir una pertenencia cordial fraterna y armónica?, ¿cuántas guerras por envidias y celos entre nosotros los cristianos la brutalidad espiritual nos lleva a estar en conflicto entre nosotros? Más que pertenecer a un mundo individualista pertenecemos a una comunidad”.
Para finalizar la jornada en medio de cantos, la meditación de la Palabra de Dios y el gran fervor de los asistentes, el Obispo de Cúcuta impartió la bendición apostólica que también concedió la indulgencia plenaria a quienes estaban en gracia de Dios.