La santidad como puente de fraternidad entre Colombia y Venezuela

Foto: cortesía Diócesis de San Cristóbal

La frontera entre Colombia y Venezuela fue escenario este domingo 9 de agosto de un significativo encuentro de fe, comunión y fraternidad, en el que las Diócesis de Cúcuta y San Cristóbal reafirmaron su vocación de caminar juntas y convertir la zona fronteriza en un espacio de encuentro, solidaridad y esperanza.

El acontecimiento estuvo marcado por la celebración de la Sagrada Eucaristía, presidida por Mons. Lisandro Alirio Rivas Durán, obispo de San Cristóbal, y concelebrada por Mons. José Libardo Garcés Monsalve, obispo de Cúcuta, junto al presbiterio de la Diócesis de San Cristóbal.

La celebración tuvo lugar en el marco del encuentro fronterizo y de la bendición de las imágenes de San José Gregorio Hernández y Santa Madre Carmen Rendiles, dos figuras de santidad profundamente vinculadas con la historia y la espiritualidad del pueblo venezolano y cuyo testimonio fue presentado como inspiración para fortalecer los lazos de fraternidad entre Colombia y Venezuela.

Durante la celebración, Mons. Lisandro Alirio Rivas Durán destacó que la fe cristiana no puede permanecer ajena a las realidades que viven las personas, sino que conduce necesariamente al encuentro con el otro y al compromiso con su dignidad.

En su homilía, el obispo de San Cristóbal subrayó que las fronteras no deben ser entendidas únicamente como líneas que separan territorios, sino como lugares donde puede hacerse visible la capacidad de los pueblos para acogerse, ayudarse y caminar juntos. Desde esta perspectiva, invitó a reconocer en cada hermano, particularmente en quienes atraviesan situaciones de vulnerabilidad, desplazamiento, pobreza o separación familiar, el rostro de Cristo que interpela a la comunidad cristiana.

Por su parte, Mons. José Libardo Garcés Monsalve, obispo de Cúcuta, dirigió un mensaje a la Diócesis de San Cristóbal en el que resaltó los profundos vínculos históricos y espirituales que unen a las dos Iglesias particulares.

“A pesar de la frontera geográfica, Cúcuta y San Cristóbal permanecen unidas por el amor de Cristo, por la fraternidad y por una historia común”, expresó el obispo de Cúcuta, evocando el llamado bíblico a vivir “los hermanos unidos” y reafirmando que la frontera está llamada a ser un camino de encuentro y no un muro de separación.

Uno de los momentos centrales fue la celebración eucarística, signo de la unidad de la Iglesia. Para ambas diócesis, compartir el mismo altar y el mismo pan consagrado constituyó una expresión concreta de que, más allá de las fronteras políticas y geográficas, los bautizados forman un solo cuerpo en Cristo.

El encuentro concluyó con un mensaje que trasciende la celebración litúrgica, la frontera no tiene la última palabra cuando los pueblos se reconocen como hermanos. La Eucaristía, centro de la vida cristiana, recordó a colombianos y venezolanos que existe una unidad más profunda que cualquier límite territorial: un solo Señor, una sola fe y un solo bautismo.

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