Últimos deseos de Monseñor Pedro Alejandrino Botello Ortega

Después de despedir a Monseñor Pedro Alejandrino Botello Ortega, quien partió al encuentro con el Padre Celestial el pasado 16 de junio, la Diócesis de Cúcuta dio a conocer a través del Periódico La Verdad (edición 889 – 4 de julio de 2021), el texto íntegro correspondiente a las últimas disposiciones que Monseñor expidió en el año 2006 (próximo a cumplir sus bodas de oro sacerdotales), con el deseo de anunciar a Jesucristo, agradecer a Dios por la vida que le concedió y destinar sus bienes.

Mi testamento

Yo, Pedro Alejandrino Botello Ortega, sacerdote, de 75 años de edad, a pocos meses de cumplir bodas de oro sacerdotales, en pleno uso de mis facultades mentales y con toda libertad, dejo por escrito mi última voluntad para el momento en el que Dios mi Señor y Padre me llame a su Casa.

“Bendito sea el Dios y Padre Nuestro, Señor Jesucristo, que desde lo alto de los cielos me ha bendecido con toda clase de bendiciones… por cuanto me ha elegido en Él antes de la formación del mundo… para ser su hijo adoptivo, para alabanza de su gloria” (Ef 1, 3-6), y además por su infinita misericordia quiso hacerme partícipe del sacerdocio de su Hijo, mi Señor Jesucristo. En primer lugar, quiero pedir perdón a Dios, a los señores Obispos con quienes serví en el trabajo pastoral, al presbiterio, a las comunidades parroquiales que estuvieron bajo mi cuidado de pastor, al Seminario Mayor San José de Cúcuta y a mis familiares y amigos, por las deficiencias habidas y por el mal ejemplo que haya dado, y pido oren mucho por el eterno descanso de mi alma.

Doy infinitas gracias a Dios por todas las bendiciones que me ha concedido a lo largo de toda mi vida y a las personas que me edificaron con su testimonio y me fortalecieron con sus oraciones y con su afecto.

Igualmente agradezco a Dios porque me permitió oír a muchas personas con cantidades de problemas y darles una palabra de aliento y esperanza por medio de la oración; por eso pido a Dios que suscite muchos sacerdotes santos y sabios, que oigan a las personas ricas o pobres, y oren por ellas.

Declaro que mi Señor y Salvador, me concedió una de las gracias que le supliqué el día de la ordenación sacerdotal: No acumular riquezas. No tengo bienes materiales, pero nunca me ha faltado lo necesario, antes bien, he podido compartir algo con los más necesitados.

Deseo que los libros, un cáliz, un porta-viático con su cadena (si aún lo conservare) y los objetos de uso personal que estén en buen estado, sean entregados a las personas que puedan necesitar, según la determinación del señor Obispo. Unos cuadros (seis o siete) pueden ser entregados a mis hermanos.

Ojalá en mis funerales no haya esos discursos y ponderaciones que ya no traen ningún provecho a las almas y sobreabunden las oraciones y las obras de misericordia en expiación de mis pecados. Me abandono a la misericordia infinita de Dios. ¡Qué alegría cuando me dijeron, vamos a la casa del Señor!

Lomitas, Villa del Rosario, Semana Santa de 2006.

PEDRO. A. BOTELLO ORTEGA, PBRO.

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