Trinidad, tres personas distintas y un solo Dios verdadero

Por: Pbro. Víctor Manuel Rojas Blanco, Biblista y párroco de Santa Laura Montoya

Cuando llamamos a Dios “per­sona” nos remitimos al dog­ma de la Santísima Trinidad: Dios es uno y trino. Un Dios y tres personas; Padre, Hijo y Espíritu San­to. Este artículo no pretende dar una explicación exhaustiva del misterio­so dogma de la Santísima Trinidad, que en la sagrada escritura no se en­cuentra la palabra “Trinidad” pero sí muchísimas menciones del Padre, del Hijo y del Espìritu Santo. Mi objetivo es realizar una formación apologéti­ca desde la fundamentación bíblica y algunos elementos de la doctrina cristiana (Católica) a partir de unas preguntas muy elementales.

¿Dios es persona? ¿Por qué lo afirmamos?

La respuesta es sí, Dios es persona. Con esta afirmación no se quiere decir que Él es ser humano. Lo que se quie­re afirmar es que Dios tiene “persona­lidad” y que Él es un ser racional con autoconciencia. Los teólogos suelen definir la persona como “un ser in­dividual con una mente, emociones y voluntad”. Dios definitivamente tiene un intelecto (Sal 139, 17), emociones (Sal 78, 41), y voluntad (1 Cor 1, 1). Por lo tanto, Dios sí es una persona. La expresión “Dios es persona”, hace referencia a la creencia que la divinidad posee atributos propios de una persona (mente, emociones y voluntad), con la cual es posible establecer una relación. Esto con­trasta con otras concepciones de un Dios que lo ven como una fuerza impersonal o un ser abstracto. Por lo tanto, afirmamos que Dios es persona en cuanto que se perciben en Él estos tres atributos antes mencionados.

Con esta afirmación no se quiere decir que Él es ser humano. Lo que se quie­re afirmar es que Dios tiene “persona­lidad” y que Él es un ser racional con autoconciencia. Los teólogos suelen definir la persona como “un ser in­dividual con una mente, emociones y voluntad”. Dios definitivamente tiene un intelecto (Sal 139, 17), emociones (Sal 78, 41), y voluntad (1 Cor 1, 1). Por lo tanto, Dios sí es una persona. La expresión “Dios es persona”, hace referencia a la creencia que la divinidad posee atributos propios de una persona (mente, emociones y voluntad), con la cual es posible establecer una relación. Esto con­trasta con otras concepciones de un Dios que lo ven como una fuerza impersonal o un ser abstracto. Por lo tanto, afirmamos que Dios es persona en cuanto que se perciben en Él estos tres atributos antes mencionados.

En la medida que leemos la Sagrada Escritura, vemos a Dios comportán­dose e interactuando con las personas como una persona. Él nos enseña (Sal 32, 8; Is 2, 3), nos consuela (2 Cor 1, 3-4), nos fortalece (Is 41, 10) y nosguía por sus caminos (Sal 73, 23-24; Prov 3, 5-6). Somos capaces de orar a Dios y escuchar su voz (Jn 10, 27). La personalidad de Dios se discute a tra­vés de los textos canónicos sagrados y su ser en tres personas: Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo. A esto se llama la “tri-unidad” de Dios, tres en uno. Esto es un concepto difí­cil de considerar.

Reflexionemos sobre algunos tex­tos:

En Isaías 48, 16 “Acercaos a mí y es­cuchad esto: Desde el principio no he hablado en oculto, desde que sucedió estoy yo allí. Y ahora el Señor Dios me envía con su Espíritu.” Is 61, 1: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto que me ha ungido. A anun­ciar la buena nueva a los pobres me ha enviado, a vendar los corazones rotos; a pregonar a los cautivos la li­beración, y a los reclusos la libertad”.

En Lucas 4, 14-19 el Hijo está ha­blando al hacer referencia al Padre y al Espíritu Santo: “Jesús volvió a Ga­lilea por la fuerza del Espíritu, y su fama se extendió por toda la región. Él iba enseñando en sus sinagogas, alabado por todos. Vino a Nazaret, donde se había criado y, según su costumbre, entró en la sinagoga el día de sábado, y se levantó para hacer la lectura. Le entregaron el volumen del profeta Isaías y desenrollando el vo­lumen, halló el pasaje donde estaba escrito: El Espíritu del Señor sobre mí, porque me ha ungido para anun­ciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Se­ñor”.

Dios muestra su naturaleza personal en que Él expresa ira (Sal 7, 11), se ríe (Sal 2, 4), tiene compasión (Sal 135, 14), ama (1 Jn 4, 8), odia (Sal 11, 5), enseña (Jn 14, 25), reprueba (Jn 16, 8), y guía (Rom 8, 14). Todas estas acciones implican el hecho de que Dios es una persona.

Su naturaleza personal es una de las características de la fe del pueblo de Israel en la divinidad. En los libros sagrados del judaísmo, islam y cris­tianismo, Dios es concebido y des­crito como un creador personal, que sigue un propósito en su creación. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo trabajan juntos para cumplir los pro­pósitos y planes de Dios (Heb 9, 14). “Que la gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espí­ritu Santo sean con todos ustedes.” (2 Cor 13, 14).

¿Padre, Hijo y Espíritu Santo son tres personas distintas? ¿Por qué afirmamos que son un solo Dios verdadero?

Mateo 3, 16-17; 28,19 y 2 Corintios 13,14: hablan de tres personas distin­tas haciendo referencia a Dios. Dios Padre es una persona con una mente (Is 55, 8-9), emociones (Sal 78, 40), y una voluntad (1 Pe 2, 15).

Dios Hijo es una persona con una mente (Lc 2, 52), emociones (Jn 11, 35), y una voluntad (Lc 22, 15). Dios Espíritu Santo es una persona con una mente (Rom 8, 27), emociones (Ef 4, 30), y una voluntad (Gál 5, 17). Las tres personas de la Trinidad, poseen todos los atributos de Dios (Jn 6, 37- 40; 8, 17-25; Col 1, 13-20; Sal 90, 2; 139, 7-10; Job 42, 2; 26, 13; 1 Cor 2, 9-11; Heb 9, 14).

Cuando hablamos de la existencia de Dios en tres personas, queremos decir que la existencia de Dios se compone de tres niveles distintos de intelecto, emoción y voluntad. Cada persona de la Trinidad tiene un papel único en la creación y en la salvación de la hu­manidad. El Espíritu Santo es único y no es el Padre o el Hijo (procede del Padre y del Hijo, Jn 15, 26). El Padre y el Hijo también son únicos (cuando Jesús oró al Padre, no es­taba orando a sí mismo, Lc 23, 34). Cada uno es Dios, pero cada uno es una “Persona” independiente. El uso de la palabra persona es una de las únicas maneras que tiene el lenguaje humano para describir este concepto. Las tres personas de la Trinidad cons­tituyen el único y perfectamente Dios uno. Comparten la misma naturaleza y esencia, y son todos el mismo Dios, pero cada persona individual de la Trinidad es distinta y única.

El Padre

A Él le atribuimos la Crea­ción de todas las cosas “visibles e invisibles”, pero de manera especial la creación del ser humano, hecho a su imagen y semejanza. El Padre nos creó a todos los seres humanos por amor.

El Hijo, Jesucristo

Al Hijo de Dios, segunda persona de la Trinidad Santa, lo llamamos, el Verbo, es decir: la Pa­labra, para dar a entender que expresa la inteligencia, la sabiduría del Padre por quien fue engendrado como Hijo único. No es creatura del Padre ni es posterior a él. El cual se encarnó en el seno virginal de María. Ella es su madre física, biológica; pero no tie­ne más Padre que el mismo Dios. El Verbo existía antes de su concepción desde la eternidad. A Jesús le atribui­mos la obra maravillosa de nuestra redención por la cual nos salvó del pecado y de la muerte para devolver­nos la gracia.

El Espíritu Santo

De Él deci­mos que “procede” del Padre y del Hijo; tampoco fue creado ni, engendrado. Es el amor del Pa­dre y el amor de Jesús e igual en eternidad al Padre y al Hijo. A Él le atribuimos la santificación de los que han sido redimidos. También es el alma que anima a la Iglesia, Cuerpo de Cristo, y que le da uni­dad. Es el dador de todas las gra­cias divinas. Habita en noso­tros como en un templo y nos mueve a la alabanza continua al Padre por Jesucristo nuestro Se­ñor. Creemos los cris­tianos que, cuando hacemos oración, es el Espíritu Santo el que ora en noso­tros.

A cada una de las personas divinas les damos “un mismo honor y gloría”, porque creemos que los tres son igua­les en dignidad, en eternidad y en glo­ria. Son distintos entre sí; no son una misma persona que se disfraza de otra para representar un papel, pero en las tres personas hay una unidad total.

Dijo san Juan Pablo II, en la audiencia general del miércoles 4 de diciembre de 1985: “La razón comprende que no hay contradicción en afirmar que son tres personas divinas y un solo Dios verdadero, porque la trinidad es de las Personas y la unidad de la Na­turaleza divina”. Pero queda la difi­cultad: cada una de las Personas es el mismo Dios, entonces ¿cómo pueden distinguirse realmente? La respuesta se apoya en el concepto de “relación”. Las tres Personas divinas se distin­guen entre sí únicamente por las re­laciones que tienen Una con Otra; y precisamente por la relación de Padre a Hijo, de Hijo a Padre; de Padre e Hijo a Espíritu, de Espíritu a Padre e Hijo. En Dios, pues, el Padre es pura Paternidad, el Hijo pura Filiación, el Espíritu Santo puro “Nexo de Amor” de los Dos, de modo que las distincio­nes personales no dividen la misma y única Naturaleza divina de los Tres.

¿Cómo influye en nuestra vida saber que Dios es persona?

Nos relacionamos de manera personal con el mundo. ¿Te has preguntado por qué algo que te gusta o te parece in­teresante, no necesariamente le gusta o le parece interesante a otra persona? Fácilmente podrás contestar que se trata simplemente de gustos, los cua­les son diferentes entre las personas. Y es cierto. Justamente por ello la ma­nera de relacionarnos con la realidad es de carácter personal. La experien­cia que tenemos en contacto con lo que está fuera de nosotros es singular; nadie experimenta por cada uno de nosotros. De la misma manera nues­tra relación con Dios se da en la diná­mica personal. Las mismas palabras del Evangelio, por ejemplo: “Dios es amor” (1 Jn 4, 7), guardan para cada uno un significado único. Y no me re­fiero a la literalidad de la frase, sino a la resonancia interior que se da en cada oyente, también en nosotros, la cual está sujeta al estado personal de relación con Dios que cada persona haya cultivado, o a las circunstancias vividas en un momento determinado.

Estoy completamente convencido que la relación con Dios mejora y se fortalece si se le considera persona y no como un ser abstracto, un es­píritu, una energía, un objeto o una idea. La fe cristiana consiste en creer a un Dios que es persona. Dice Bene­dicto XVI en su encíclica Deus Cari­tas Est: «No se empieza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un aconte­cimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva». Hay per­sonas sin las cuales nuestra vida sería distinta, hay personas que nos marcan para siempre. Para el creyente, Dios es una Persona que no pasa desaper­cibida a lo largo de la vida, más bien debe ser fundamental su presencia. Él quiere, está presente, no solo como un Dios omnipotente y omnisciente, sino como un Dios que me conoce y me ama (o nos conoce y nos ama), a quien puedo confiarme como confío en mis familiares y amigos.

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