Solemnidad del Cuerpo y la Sangre del Señor: cinco claves para vivirla y comprenderla mejor

Por: Diácono Clement Jaimes Sepúlveda

Fotos: Instagram @amorsanto

El jueves (o domingo) siguiente al domingo de la Santísima Trini­dad, la Iglesia celebra la solemni­dad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, más conocida como la So­lemnidad del “Corpus Christi”. Por esto, a continuación, presentamos cinco claves para vivir y comprender mejor esta importante solemnidad de nuestra Iglesia.

  1. ¿Cómo nace esta solemnidad y qué otros nombres que ha recibido? 

Esta fiesta se empezó a celebrar en Lie­ja (Alemania) en 1246. El papa Urbano IV la extendió a la Iglesia universal en 1264, dotándola de misa y oficio pro­pio. En 1311 y en 1317 fue de nuevo recomendada por el Concilio de Vienne (Francia) y por el Papa Juan XXII res­pectivamente. Durante la historia, esta solemnidad ha recibido los nombres de: «fiesta del Santísimo Cuerpo de nuestro Señor Jesucristo», «fiesta de la Eucaristía» (Sínodo de Lieja) y «fiesta del Cuerpo de Cristo» (Misal de 1570). Hoy se denomina «Solemni­dad del Cuerpo y de la Sangre de Cris­to», habiendo desaparecido la fiesta de la «Preciosísima Sangre» del día 1 de julio (López Martín, Julián. La Liturgia de la Iglesia, Biblioteca de Autores Cristianos. Madrid, 1996, pág. 268-269).

  1. ¿Por qué celebrar esta solemnidad recordando la Institución de la Eucaristía y la presencia real de Cristo en ella?

 

 Con el mandato «hagan esto en con­memoración mía» (Lc 22, 19; 1 Co 11, 25), Jesús nos pide corres­ponder a su don y representarlo sa­cramentalmente. Por tanto, el Señor ex­presa con estas palabras, por decirlo así, la esperanza de que su Iglesia, nacida de su sacrificio, acoja este don, desarro­llando bajo la guía del Espíritu Santo el Sacramento. En efecto, el memorial de su total entrega no consiste en la simple repetición de la Última Cena, sino pro­piamente en la Eucaristía, es decir, en la novedad radical del culto cristiano, ya que Jesús nos ha encomendado así la tarea de participar en su «hora»: «La Eucaristía nos adentra en el acto oblati­vo de Jesús. No recibimos solamente de modo pasivo el Logos, sino que nos im­plicamos en la dinámica de su entrega» (‘Sacramentum Caritatis’, # 11).

  1. ¿Por qué después de la Eucaristía se sugiere realizar una procesión eucarística?

La procesión eucarística, expresa una dimensión de culto, de adoración, de presencia del Dios con nosotros, de una Iglesia en camino con su Señor por el mundo (Castellano, Jesús. Año Litúrgico, memorial de Cristo y mistagogía de la Iglesia. Centro de Pastoral Litúrgica. Barcelona, 1994). Es una manifestación solemnísima de la Iglesia local en torno a su centro: la Eu­caristía; en otras palabras: la procesión es «testimonio público de veneración hacia la Santísima Eucaristía» (Có­digo de Derecho Canónico, c. 944, § 1).

  1. El Corpus Christi nos motiva a vivir la caridad con los hermanos más necesitados

Tradicionalmente en las procesiones que se hacen en este día, se realizan varios altares, donde por unos minutos, se adora a Jesús Sacramentado. Pero también, en estos altares, se acostumbra que los fieles depositen y compartan, de su canasta familiar, el fruto de sus traba­jos como, por ejemplo, alimentos (co­múnmente no perecederos), con el fin de compartirlos con los hermanos más necesitados. Así entonces, podemos decir que, si la vida cristiana se mani­fiesta en el cumplimiento del principal mandamiento, este amor encuentra su fuente principalmente en el Sacramento del amor.

La Eucaristía significa esta caridad, y por ello la recuerda, la hace presente y al mismo tiempo la realiza. El auténtico sentido de la Eucaristía se convierte de por sí en escuela de amor activo al pró­jimo. De la Eucaristía brota el valor de la dignidad humana, la conciencia de esta dignidad se convierte en el motivo más profundo de nuestra rela­ción con el prójimo. La Eucaristía nos hace sensibles al sufrimiento y miseria humana, a toda injusticia y ofensa, bus­cando el modo de repararlos de manera eficaz, ya que nos dirá el Catecismo de la Iglesia Católica que: “para recibir en la verdad el Cuerpo y la Sangre de Cristo entregados por nosotros debemos reconocer a Cristo en los más pobres, sus herma­nos (Mt 25, 40). (CEC 1397).

  1. Como cristianos, ¿a qué nos invita la Solemnidad del Corpus Christi?

 

El Corpus Christi nos proporciona una oportunidad para ponderar el misterio de la Eucaristía y considerar sus varios aspectos, pero especialmente, nos invi­ta a manifestar nuestra fe y devoción a este sacramento, que es el “sacramento de piedad, signo de unidad, vínculo de caridad, banquete pascual en el cual se recibe a Cristo, y el alma se llena de gra­cia porque se nos da una Prenda de la Gloria venidera” (Vincent Ryan, Pascua. Fiestas del Señor, ediciones Paulinas. Madrid, 1985, pág. 106-117).

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