San José, padre de Jesús y esposo de la Virgen María

Por: Pbro. Diego Eduardo Fonseca Pineda, director Centro de Comunicaciones de la Diócesis de Cúcuta

Al relacionar el título de este ar­tículo, se nos sugiere conocer al glorioso patriarca san José en su paternidad respecto a Jesús y en su matrimonio con la Santísima Virgen María. Es muy oportuno que, en el año en que el Papa Francisco ha dedicado a este gran santo, a través de las distintas ediciones del Periódico La verdad, podamos conocer carac­terísticas, ejemplos y actitudes que no saltan a la vista en lo que la Iglesia y la escritura nos enseña sobre el padre de Jesús; pero que a medida que las vamos estudiando, se van evidencian­do y nos van aportando a nuestra vida cristiana de manera positiva. Además, sorprendentemente, estas enseñanzas acerca de san José van iluminando las distintas realidades de la actualidad por las que atraviesa la institución de la familia.

Paternidad de san José

Es bastante desconocido este aspecto de la altísima dignidad de san José y para procurar comprender, hay que distinguir en tres formas como se da la paternidad y en cuál de ellas se ubi­ca al padre de Jesús, según la teología sobre José o josefología. La primera de ellas es la paternidad divina: sola­mente se refiere a la paternidad divi­na de Dios Nuestro Señor. Por obvias razones esta no corresponde a nues­tro glorioso patriarca. La segunda, la paternidad natural: se trata de quien participa en el acto procreador de una creatura y quien aporta de su propia naturaleza, en el acto generador de nueva vida. En este aspecto, ya que el esposo de la Virgen María no participa en el acto procreador, tampoco pode­mos ubicar a san José en este punto; y la tercera y última paternidad se da de manera adoptiva y en este aspecto sí podemos ubicar al glorioso patriarca. Así que, cualquiera que induce a otro a la ejecución de un acto vital, por ejemplo, a obrar el bien, a entender, a querer, a amar, puede llamarse padre espiritual suyo. Este es el fundamento de la paternidad espiritual, que es dar la vida espiritual del alma por la pre­dicación de la verdad o la enseñanza de la virtud. Se distingue la adopción, como la forma en la que una persona extraña es recibida como hijo, y se le conduce en la vida jurídica o moral en la sociedad. Definitivamente con la obra de José, el grandioso título de padre de Jesús, se le otorga por todo lo bueno que aportó a la vida de Jesús en estos y otros aspectos.

Vemos en José, un compromiso ad­mirable que sirve como ejemplo a los padres de este tiempo, que aun siendo natural­mente quienes partici­pan en el acto genera­dor de vida, abandonan sin piedad a los hijos. Sin embargo, san José, recibiendo el encargo de Dios, se comprome­te hasta tal punto que cumple con su vocación como si fuera su propio hijo. Por tal motivo, la Sagrada Escritura en al­gunas ocasiones lo llama padre de Jesús, quedan­do intrínseco que es hijo adoptivo. Principalmen­te hallamos este término en el capítulo segundo de San Lucas: “Y al entrar los padres con el Niño Jesús…” (v. 27). Siguien­do a la profecía de Simeón, añade: “Su padre y su madre estaban mara­villados de las cosas que se decían de Él” (v. 33). Con todo lo anterior, el título que la Iglesia ha acepta­do para nombrar a José en su paterni­dad, es el de pa­dre adoptivo o putativo de Jesús porque es término válido que los padres de la Iglesia también utilizaron.

Matrimonio con la Santísima Virgen María

En este segundo aspecto, es necesa­rio indicar lo que representaba social y jurídicamente el matrimonio en la época y en la cultura de Jesús.

El pueblo hebreo tenía como costumbre que el matrimonio constara de dos actos principales: es­ponsales (desposorio) y nupcias. Los esponsales son una promesa de ma­trimonio futuro (lo que hoy conocemos como el compromiso). Las nup­cias son la celebración del contrato matrimonial (la celebración del sacra­mento). Entonces tenían la costumbre de celebrar antes de las nupcias un pacto, que tenía fuerza de verdadero contrato matrimonial. En cambio, las nupcias, era el acto por el cual los jóvenes pasaban a vivir en la misma casa, quedando el matrimo­nio realizado. Bíblica­mente esto está relata­do en el Evangelio de san Mateo 25, 1-13 (Parábola de las diez vírgenes) y en san Juan 2, 1-25 (Las bodas de Caná).

Ante esta realidad José siguiendo las costumbres de la época realizó todo lo que estaba estipulado y cumplió con estas prescripciones de la Sagra­da Escritura. Es por eso, que en el momento en que José se entera de la concepción de Jesús, aun no viviendo juntos porque solo había la promesa de ser familia, decide repudiar a Ma­ría en secreto (Mt 1, 19). Siendo justo y queriendo cumplir con la ley, decide evitarle un juicio mortal a María. Sin embargo, en ese momento se da la in­tervención divina a través del ángel, que le revela la misión grande de la que iba a ser parte.

A modo de conclusión podríamos decir que José, aunque silencioso, cumplió con todo lo establecido y no reparó en lo necesario para que su matrimonio fuera según el que­rer de Dios para la familia; y en cuanto a su hijo y a su esposa, cum­plió con todas las responsabilida­des, desde proveer lo necesario para su familia, como también de educar a Jesús y representar a su familia ante la sociedad. Y no obstante con todo lo humano necesario para tal fin, estuvo siempre atento a la voz de Dios en su vida, y así supo actuar en el momento preciso, sin decir mucho, pero hacien­do lo propio para que en su familia se cumpliera el plan de Dios. Como mu­chos padres de nuestros tiempos, que están muy atentos a la voz de Dios en sus vidas.

El gran ejemplo que recibimos de este santo, es luz para las familias de es­tos tiempos que se ven abrumadas por tantas situaciones como: problemas económicos, necesidades alimenti­cias, enfermedades, leyes en contra de la familia, entre otros. De manera que recibimos una luz con la Sagrada Familia, quienes, aun teniendo a Dios con ellos, debieron sortear muchas adversidades, no fueron exentos de los problemas; pero su confianza en la voluntad plena de Dios, les dio el valor y la determinación para esperar siempre en el Señor y en nombre de él, seguir adelante sin vacilar.

San José bendito, ilumina a los padres de familia, para que, en el desempeño de su labor, siempre cumplan la voluntad de Dios, aun en medio de tantas dificultades. Amén.

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