Saludo a la Diócesis de Cúcuta

Por: Monseñor José Libardo Garcés Monsalve, Obispo electo de la Diócesis de Cúcuta

A los sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas, se­minaristas, autoridades civiles, militares y de policía, a los medios de comunicación, a los que sufren y a los feligreses:

Al recibir el nombramiento que me hace el Papa Francisco, como Obispo de la Diócesis de Cúcuta, después de compartir con todos ustedes este tiempo como Admi­nistrador Apostólico, les ratifico mi oración ferviente al Señor, con la intención del crecimiento en la fe, la esperanza y la caridad, para seguir construyendo entre todos, una comunidad viva de fe al servi­cio de Dios y de los más pobres y necesitados.

Un saludo especial a los queridos sacerdotes y diáconos, diocesanos y religiosos, a quienes animo a vi­vir en fidelidad el ministerio reci­bido como gracia especial de parte de Dios, con la misión de ser sa­cerdotes en salida misionera, te­niendo como modelo a Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote. Hoy se nos plantean nuevos retos en el ejercicio del ministerio que tene­mos que afrontar desde la fideli­dad, fortalecidos por la oración y ayudados por la oración y ayudados por la fraternidad sacerdotal.

A las religiosas de vida activa y contemplativa que hacen presencia en nuestra Diócesis, las invito a se­guir siendo signo del amor de Dios indiviso, para los fieles de nuestra Iglesia particular. Tengo presente a cada comunidad religiosa, con su carisma y misión al servicio de Dios y de la Iglesia.

A las autoridades civiles, militares y de policía, les envío mi saludo y bendición. Siem­pre estaré atento para ayudarles a iluminar su tarea y misión, con la luz de los princi­pios del Evange­lio y de la Doc­trina Social de la Iglesia, para que entre todos siga­mos construyendo persona, familia y so­ciedad.

A los semina­ristas, los animo a seguir dando una respuesta al Señor en la fidelidad y en el amor. Que su respuesta vocacional sea cada día más plena, para que puedan llegar un día a configurarse con Jesucristo Buen Pastor, que da la vida por sus ovejas. Tienen el reto de formarse para el sacerdocio, en un mundo que tiene muchas ofertas bana­les y fáciles. Los invito a seguirse formando según el corazón del Buen Pastor, para en­tregar la vida al ser­vicio de Dios y de la Iglesia. La Diócesis de Cúcuta tiene puesta la esperanza en ustedes, que saldrán a seguir el proceso evangelizador en las periferias humanas y exis­tenciales, llegando a los ambientes y lugares más pobres y necesitados de nuestra Iglesia Particular.

A los medios de comunicación los tengo muy presentes, los invi­to a seguir siendo fieles a la ver­dad contenida en el Evangelio y comunicada a los oyentes con objetividad y transpa­rencia. Cuenten siempre con mi presencia y oración constante, para que cumplan con la misión de ser comu­nicadores de la verdad y sem­bradores del bien en los am­bientes en los que se desarrolla su tarea.

A los pobres, los migrantes, los cam­pesinos, las personas que padecen dificulta­des, les digo que s o n mi priori­dad en el trabajo evangelizador que me propongo realizar con todos los sacerdotes y agentes de pastoral y en los cuáles ustedes también me ayuda­rán a llevar a Jesu­cristo a todos los ambientes en los que viven. Es muy importante forta­lecer los lazos de fraternidad con los hermanos venezo­lanos en esta zona de frontera, que es­peramos esté abier­ta muy pronto, para fortalecer los vínculos de caridad y fraternidad, trabajando juntos por el bien común. Doy también una mirada de pastor a los niños y jó­venes que están en las calles, su­midos en la droga y los vicios que están destruyendo sus vidas y la de sus familias. Caminando juntos podemos poner lo que somos y tenemos para remediar en algo esta situación trágica que nos pertenece a todos. Sigamos ade­lante haciendo esfuerzos para ser sembradores calificados del Reino de Dios en todos los rincones de nuestra Iglesia Particular.

Todos los feligreses están en mi oración diaria de rodillas frente al Santísimo Sacramento, sobre todo en estos tiempos de dificultad. Es­taré siempre atento a ayudarles y servirles en su caminar diario, para que puedan crecer en fami­lia, en el amor a Dios y al próji­mo. A cada familia le ofrezco mi oración, para que sean hogares a ejemplo del hogar de Nazaret. Los animo para que sigan luchan­do por sus familias, a pesar de las dificultades que puedan sobrevenir en el camino de sus vidas y espe­cialmente en este tiempo de pan­demia.

Estos meses que hemos compar­tido juntos, nos han permitido conocer los retos y desafíos que tenemos, para seguir en cami­no sinodal, en el anuncio gozoso del Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo. Sigamos adelante, ca­minando juntos, escuchándonos unos a otros y juntos escuchando al Espíritu Santo, que nos da la luz necesaria para fortalecer la fe, la esperanza y la caridad, en esta por­ción del pueblo de Dios.

Para iniciar juntos esta tarea en el hoy de nuestra historia, pongámo­nos en ambiente de oración con­templativa y siempre en las manos de Nuestro Señor Jesucristo y bajo la protección y amparo de la San­tísima Virgen María y del glorioso Patriarca san José, que nos prote­gen.

Que el Señor los bendiga hoy y siempre.

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