Resumen sobre la fraternidad y la amistad social, ‘Fratelli tutti’

El Papa Francisco ha afirmado que las cuestiones relacionadas con la frater­nidad y la amistad social han estado siempre entre sus preocupaciones, por lo que quiso recoger muchas de las intervenciones donde lo ha ma­nifestado, y situarlas en un contexto más amplio de reflexión (la Carta Encíclica ‘Fratelli tutti’). Principal­mente retomó los temas planteados en el “Documento sobre la fraterni­dad humana por la paz mundial y la convivencia común”, que firmó con el Gran Imán Ahmad Al-Tayyeb en febrero del año 2019.

El Papa ha observado tendencias que desfavorecen la fraternidad univer­sal, principalmente la manipulación de la libertad, la justicia, la democra­cia y la unidad. Ante lo cual señala un camino de cercanía, una cultura del encuentro que luche contra las causas estructurales de la pobreza y la des­igualdad.

Por otra parte, hace un llamado ur­gente a mejorar la actividad política, con orden social, cuyo centro sea la caridad social: “La caridad social nos hace amar el bien común y nos lleva a buscar efectivamente el bien de todas las personas, en la dimensión social que las une”.

Otro de los puntos destacados de ‘Fratelli tutti’, es reconocer como compañeros de camino a todas las religiones, ya que estas ofrecen “un aporte valioso en la construcción de fraternidad”. El Papa in­vita a los líderes religio­sos a “trabajar en la cons­trucción de la paz, como auténticos mediadores” (cfr. #284).

La Carta Encíclica está compuesta por ocho capí­tulos y 287 numerales, un documento donde el Papa asegura que no pretende “resumir la doctrina sobre el amor fraterno, sino de­tenerse en su dimensión universal, en su apertu­ra a todos”. Su Santidad entrega esta Encíclica social para reaccionar ante un “nuevo sueño de fraternidad y de amistad social que no se quede en las palabras”, desta­ca que la escribió desde sus convic­ciones cristianas, “que me alientan y me nutren”, pero también la hizo de tal manera que, la reflexión se abra al diálogo con todas las personas de buena voluntad.

  1. Las sombras de un mundo cerrado

El Papa Francisco propone estar atentos ante algunas tendencias del mundo actual que desfavorecen el desarrollo de la fraternidad univer­sal. Se pregunta: ¿Qué significan hoy algunas expresiones como democra­cia, libertad, justicia, unidad? Estas, han sido “manoseadas y desfiguradas para utilizarlas como instrumento de dominación, como títulos vacíos de contenido que pueden servir para justificar cualquier acción” (#14). En el mundo actual los sentimientos de pertenencia a una misma humanidad se debilitan, y el sueño de construir juntos la justicia y la paz parece una utopía de otras épocas. Impera una indiferencia cómoda, fría y globaliza­da, hija de una profunda desilusión que se esconde detrás del engaño de una ilusión: “Creer que pode­mos ser todopoderosos y olvidar que estamos todos en la misma barca” (#30).

  1. Un extraño en el camino

Para iniciar el segundo ca­pítulo, el Papa plasma la parábola del buen samaritano (cfr. Lc 10, 25-37) y pide dejarse interpelar por ella, ya que Dios cuestiona todo tipo de determinación que justifique indiferencia por el otro. Por otra par­te, el Pontífice define el amor por el extranjero dentro de esta parábola, porque “al amor no le importa si el hermano herido es de aquí o es de allá… el amor rompe las cadenas que nos aíslan y separan, tendiendo puen­tes; amor que nos permite construir una gran familia donde todos poda­mos sentirnos en casa” (#62).

Toda esta motivación sirve para am­pliar el corazón de manera que no se excluya al extranjero, así como se encuentra en los textos más antiguos de la Biblia, debido al constante re­cuerdo del pueblo judío de haber vi­vido como forastero en Egipto: «Si un migrante viene a residir entre us­tedes, en su tierra, no lo opriman. El migrante residente será para ustedes como el compatriota; lo amarás como a ti mismo, porque ustedes fueron mi­grantes en el país de Egipto» (Lv 19, 33-34). Así mismo, se recalca en el Nuevo Testamento: «Quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve» (1 Jn 4, 20).

  1. Pensar y gestar un mundo abierto

Los valores morales como la forta­leza, la sobriedad, la laboriosidad y otras virtudes, pueden manifestarse en las personas, pero para orientar adecuadamente los actos de las dis­tintas virtudes morales, el Papa ve necesario considerar también en qué medida se realiza un dinamismo de apertura y unión hacia otras perso­nas. Ese dinamismo es la caridad que Dios infunde. Si no está presente Dios, sólo habrá apariencia de virtu­des, incapaces de construir la vida en común, así como decía santo Tomás de Aquino (citando a san Agustín): “la templanza de una persona avara ni siquiera es virtuosa”; por otra parte, está san Buenaventura, que explica que las virtudes sin la caridad, estric­tamente no cumplen con los manda­mientos “como Dios los entiende”.

El amor reclama mayor capacidad de acoger a otros, Jesús dice: «Todos us­tedes son hermanos» (Mt 23, 8).

  1. Un corazón abierto al mundo entero

Para Francisco, sucesor de Pedro, el mun­do ideal sería el que se eviten las migraciones innecesarias, creando en los países las posibilidades de vivir y crecer con dignidad, que en su propio territorio encuentren las condiciones para el desarrollo integral. Mientras esto ocurre, lo que le corresponde a las personas es respetar el derecho de todo ser humano de encontrar un lugar donde pueda satisfacer sus ne­cesidades básicas, como personas de buena voluntad los esfuerzos por los hermanos migrantes son de acoger, proteger, promover e integrar.

El Sumo Pontífice destaca la im­portancia de una legislación global para las migraciones, establecer pla­nes a mediano y largo plazo que no se queden en “la simple respuesta a una emergencia”, sino que sirvan, por una parte, para ayudar realmente a la integración de los emigrantes en los países de acogida y, al mismo tiempo, favorecer el desarrollo de los países de origen, con políticas solidarias.

Cuando se acoge de corazón a la per­sona diferente, se le permite seguir siendo ella misma, al tiempo que se le da la posibilidad de un nuevo de­sarrollo. Para ilustrar este enunciado, el Papa sitúa los siguientes ejemplos: “La cultura de los latinos es un fer­mento de valores y posibilidades que puede hacer mucho bien a los Esta­dos Unidos. Una fuerte inmigración siempre termina marcando y trans­formando la cultura de un lugar. En la Argentina, la fuerte inmigración italiana ha marcado la cultura de la sociedad, y en el estilo cultural de Buenos Aires se nota mucho la pre­sencia de alrededor de 200.000 ju­díos. Los inmigrantes, si se los ayuda a integrarse, son una bendición, una riqueza y un nuevo don que invita a una sociedad a crecer” (#135).

  1. La mejor política

“Populismo” o “populista”, palabras que invaden los titulares noticiosos o los diálogos en la vida cotidiana, están dividiendo la sociedad al cla­sificar a las personas o colectivos en sólo dos bandos el “populista” o el “no populista”, según lo que se opine, se desacredita o se enaltece. Explica el Papa que se puede estar perdiendo la palabra “de­mocracia”.

Además, la propaganda política, los medios y los constructores de opinión pública, persisten en fo­mentar una cultura indi­vidualista e ingenua ante los intereses económicos desenfrenados y la orga­nización de las sociedades al servicio de los que ya tienen demasiado poder, derivan en la “concupis­cencia”: la inclinación del ser humano a encerrarse en la inmanencia de su propio yo, de su grupo, de sus intereses mezquinos. Esa concupiscencia no es un defecto de esta época. Existió desde que el hombre es hombre y simplemente se transforma, adquiere diversas moda­lidades en cada siglo, y finalmente utiliza los instrumentos que el mo­mento histórico pone a su disposi­ción. Pero es posible dominarla con la ayuda de Dios.

Para el Papa Francisco, el siglo XXI es un escenario de un “debilitamiento de poder de los Estados nacionales, sobre todo porque la dimensión eco­nómico-financiera, de características transnacionales, tiende a predomi­nar sobre la política” (#172). En este contexto, se vuelve indispensable la maduración de instituciones interna­cionales más fuertes y eficazmente organizadas. La gestación de orga­nizaciones mundiales más eficaces, asegurarían el bien común mundial, la erradicación del hambre y la mise­ria, y la defensa cierta de los derechos humanos fundamentales.

Su Santidad hace un llamado al mo­delo neoliberal, ya que hay visiones de esta línea que ignoran el abuso de poderes e “imaginan un mundo que responde a un determinado orden que por sí solo podría asegu­rar el futuro y la solución de todos los problemas” (#167). El mercado solo no resuelve todo, “aun­que otra vez nos quieran hacer creer este dogma de fe neoliberal”. Para el Papa se trata de un “pen­samiento pobre, repetiti­vo, que propone siempre las mismas recetas frente a cualquier desafío que se presente”. Poniendo en contexto la situación ac­tual con respecto a la pandemia, dice que “las recetas dogmáticas de la teo­ría económica imperante mostraron no ser infalibles. La fragilidad de los sistemas mundiales frente a las pan­demias ha evidenciado que no todo se resuelve con la libertad de mercado”, se debe “rehabilitar una sana políti­ca que no esté sometida al dictado de las finanzas. Tenemos que volver a llevar la dignidad humana al centro y que sobre ese pilar se construyan las estructuras sociales alternativas que necesitamos”.

  1. Diálogo y amistad social

Las acciones que se derivan de dia­logar son: Acercarse, expresarse, es­cucharse, mirarse, conocerse, tratar de comprenderse, buscar puntos de contacto. El diálogo persistente y va­liente “no es noticia como los desen­cuentros y los conflictos, pero ayuda discretamente al mundo a vivir me­jor, mucho más de lo que podamos darnos cuenta” (#198).

El auténtico diálogo social supone la capacidad de respetar el punto de vis­ta del otro aceptando la posibilidad de que encierre algunas convicciones o intereses legítimos. En ‘Fratelli tu­tti’ se expone que, desde su identidad, el otro tiene algo para aportar, y es deseable que profundice y exponga su propia posición para que el deba­te público sea más completo todavía. Es necesario verificar constantemen­te que las actuales formas de comu­nicación orienten efectivamente al encuentro generoso, a la búsqueda sincera de la verdad íntegra, al servi­cio, a la cercanía con los últimos, a la tarea de construir el bien común.

  1. Caminos de reencuentro

Volver a la misma situación antes de un conflicto no significa reencontrar­se, ya que en medio de las vivencias todas las personas cambian, al pasar por el dolor, sufren transformaciones. El reencuentro es asumir el pasado para liberar al futuro de insatisfacción o confusiones. Sólo desde la verdad histórica de los hechos, se podrá ha­cer el esfuerzo perseverante de com­prenderse mutuamente. Para iniciar un proceso de paz y reconciliación, se hace un compromiso constante de búsqueda de verdad y justicia, que honre la memoria de las víctimas y se abra paso a una esperanza común.

El Papa Francisco asegura que los procesos efectivos de una paz dura­dera son ante todo “transformaciones artesanales obradas por los pueblos, donde cada ser humano puede ser un fermento eficaz con su estilo de vida cotidiana. Las grandes transfor­maciones no son fabricadas en escri­torios o despachos” (#231). No hay punto final en la construcción de la paz social de un país, sino que es una tarea que no da tregua y que exige el compromiso de todos.

  1. Las religiones al servicio de la fraternidad en el mundo

El Papa Francisco explica que “bus­car a Dios con corazón sincero, siempre que no lo empañemos con nuestros intereses ideológicos o ins­trumentales, nos ayuda a reconocer­nos compañeros de camino, verda­deramente hermanos”. La Iglesia Católica valora la acción de Dios en las demás religiones, y “no rechaza nada de lo que en estas religiones hay de santo y verdadero. Considera con sincero respeto los modos de obrar y de vivir, los preceptos y doctrinas que, no pocas veces reflejan un des­tello de aquella Verdad que ilumina a todos los hombres”.

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