Papa Francisco pide orar por el mundo de las finanzas

Finanzas justas, inclusivas y sostenibles, propone el Papa Francisco, para que las finanzas de las Naciones “sean instrumentos de servicio, instrumentos para servir a la gente y cuidar la casa común”, esta es una de las razones por las que Su Santidad eligió este tema para orar durante el mes de mayo.

En el video-mensaje con la intención de oración para este quinto mes del año, publicado por la Red Mundial de Oración del Papa, el Sumo Pontífice expresa su preocupación por la crisis de la economía, que se agudizó en la pandemia, la gran cantidad de personas sin trabajo y la inflación de los países, y es que, el Producto Interno Bruto (PIB) mundial, sufrió en 2020 su caída más pronunciada desde el final de la Segunda Guerra Mundial: millones quedaron desempleados o sus puestos suspendidos, y los gobiernos inyectaron billones de dólares en sus economías para evitar daños mayores.

Por esto, el Papa Francisco manifiesta que “los mercados deben estar respaldados por leyes y reglamentos que garanticen su funcionamiento para que garanticen que las finanzas -en lugar de ser meramente especulativas o de financiarse a sí mismas- funcionen para los objetivos sociales tan necesarios en el contexto de la actual emergencia sanitaria mundial”.

58.° Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones

San José: el sueño de la vocación, es el título con el que el Papa Francisco ha enviado su mensaje para la 58.° Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, el cual fue publicado en la fiesta dedicada a San José, el pasado viernes 19 de marzo.

El Papa recuerda la figura de San José, el sueño de la vocación, la cual definide como la “llamada divina siempre impulsa a salir, a entregarse, a ir más allá. No hay fe sin riesgo. Sólo abandonándose confiadamente a la gracia, dejando de lado los propios planes y comodidades, se dice verdaderamente “sí” a Dios”.

Las vocaciones: Regeneran la vida cada día

El Papa Francisco recuerda que “Dios ve el corazón y en san José reconoció un corazón de padre, capaz de dar y generar vida en lo cotidiano”. Las vocaciones tien­den a esto: a generar y regenerar la vida cada día. Y hoy día, en tiempos marcados por “la fragilidad y los su­frimientos causados también por la pandemia, donde nos invade la in­certidumbre y el miedo al futuro, lo que necesita el sacerdocio y la vida consagrada es a San José que viene a su “encuentro con su mansedumbre, como santo de la puerta de al lado; al mismo tiempo, su fuerte testimonio puede orientarnos en el camino”.

Tres palabras clave para la vocación

  1. Sueño: A través de los sueños que Dios le inspiró, san José hizo de su existencia un don. En el mensaje, el Pontífice explica que los Evangelios narran cuatro sueños. Eran llamadas divinas, “pero no fueron fáciles de acoger”. Después de cada sueño, José tuvo que cambiar sus planes y arries­garse, sacrificando sus propios pro­yectos para secundar los proyectos misteriosos de Dios. Él confió total­mente. Y el Papa nos pregunta: “¿Qué era un sueño nocturno para depositar en él tanta confianza? A pesar de todo, “san José se dejó guiar por los sueños sin vacilar”, porque confirma el Papa, “su corazón estaba orientado hacia Dios, ya estaba predispuesto hacia Él. A su vigilante “oído interno” sólo le era suficiente una pequeña señal para reconocer su voz. Esto también se aplica a nuestras llamadas”.
  2. Servicio: La segunda palabra que marca el itinerario de san José y de su vocación es servicio, escribe el Papa, y explica que se desprende de los Evangelios que vivió enteramente para los demás y nunca para sí mis­mo. “El santo Pueblo de Dios lo llama esposo castísimo, revelando así su ca­pacidad de amar sin retener nada para sí. Liberando el amor de su afán de posesión, se abrió a un servicio aún más fecundo, su cuidado amoroso se ha extendido a lo largo de las gene­raciones y su protección solícita lo ha convertido en patrono de la Igle­sia. También es patrono de la buena muerte, él que supo encarnar el sen­tido oblativo de la vida. Sin embargo, su servicio y sus sacrificios sólo fue­ron posibles porque estaban sosteni­dos por un amor más grande: “Toda vocación verdadera nace del don de sí mismo, que es la maduración del simple sacrificio”.
  3. Fidelidad: La fidelidad, afirma el Papa Francisco, se alimenta “a la luz de la fidelidad de Dios”. Las pri­meras palabras que san José escuchó en sueños fueron una invitación a no tener miedo, porque Dios es fiel a sus promesas: «José, hijo de David, no temas» (Mt 1, 20). y a continuación el Pontífice se dirige a cada uno de nuestros hermanos que desean seguir su vocación: “No temas: son las pa­labras que el Señor te dirige también a ti, querida hermana, y a ti, querido hermano, cuando, aun en medio de incertidumbres y vacilaciones, sientes que ya no puedes postergar el deseo de entregarle tu vida. Son las palabras que te repite cuando, allí donde te en­cuentres, quizás en medio de pruebas e incomprensiones, luchas cada día por cumplir su voluntad. Son las pa­labras que redescubres cuando, a lo largo del camino de la llamada, vuel­ves a tu primer amor. Son las palabras que, como un estribillo, acompañan a quien dice sí a Dios con su vida como san José, en la fidelidad de cada día”.

La vocación: La llamada divina que impulsa a entregarse

Los sueños condujeron a José a aven­turas que nunca habría imaginado. El primero, afirma en su mensaje, deses­tabilizó su noviazgo, pero lo convirtió en padre del Mesías; el segundo, lo hizo huir a Egipto, pero salvó la vida de su familia; el tercero, anunciaba el regreso a su patria y el cuarto, le hizo cambiar nuevamente sus planes llevándolo a Nazaret, el mismo lugar donde Jesús iba a comenzar la pro­clamación del Reino de Dios. “En to­das estas vicisitudes, afirma el Papa, la valentía de seguir la voluntad de Dios resultó victoriosa. Así pasa en la vocación: la llamada divina siempre impulsa a salir, a entregarse, a ir más allá. No hay fe sin riesgo. Sólo aban­donándose confiadamente a la gracia, dejando de lado los propios planes y comodidades se dice verdaderamente “sí” a Dios. Y cada “sí” da frutos, por­que se adhiere a un plan más grande, del que sólo vislumbramos detalles, pero que el Artista divino conoce y lleva adelante, para hacer de cada vida una obra maestra. En este sentido, san José representa un icono ejemplar de la acogida de los proyectos de Dios”.

San José, custodio de Jesús, de la Iglesia y de las vocaciones

Su Santidad, expresó que le gusta pensar en san José, el custodio de Jesús y de la Iglesia, como custodio de las vocaciones. “Su atención en la vigilancia procede, en efecto, de su disponibilidad para servir. «Se le­vantó, tomó de noche al niño y a su madre» (Mt 2, 14), dice el Evangelio, señalando su premura y dedicación a la familia. No perdió tiempo en ana­lizar lo que no funcionaba bien, para no quitárselo a quien tenía a su cargo. Este cuidado atento y solícito es el signo de una vocación realizada, es el testimonio de una vida tocada por el amor de Dios. ¡Qué hermoso ejemplo de vida cristiana damos cuando no perseguimos obstinadamente nuestras propias ambiciones y no nos dejamos paralizar por nuestras nostalgias, sino que nos ocupamos de lo que el Señor nos confía por medio de la Iglesia! Así, Dios derrama sobre nosotros su Espíritu, su creatividad; y hace mara­villas, como en José”.

Conclusión

En la casa de Nazaret, había «una ale­gría límpida». Era la alegría cotidiana y transparente de la sencillez, la ale­gría que siente quien custodia lo que es importante: la cercanía fiel a Dios y al prójimo. Y exclama su esperanza; qué hermoso sería si la misma atmósfera sencilla y radiante, sobria y esperanza­dora, impregnara los seminarios, insti­tutos religiosos y casas parroquiales. Y es la alegría que desea a todos los que “generosamente han hecho de Dios el sueño de sus vidas, para servirlo en los hermanos y en las hermanas que les han sido confiados, mediante una fidelidad que es ya en sí misma un testimonio, en una época marcada por opciones pasajeras y emociones que se desvanecen sin dejar alegría”.

Tomado de: vaticannews.va

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Diócesis de Cúcuta manifiesta sus condolencias por muerte de sacerdote cucuteño en África

Un hecho de intolerancia acabó con la vida de un sacerdote en el continente africano; se trata del padre Manuel Ubaldo Jáuregui Vega, natural de Cúcuta, quien ejercía su ministerio sacerdotal como misionero.

El presbítero Manuel Ubaldo nació el 10 de agosto de 1984 y creció en el barrio Cuberos Niño de la capital nortesantandereana; hijo de Lucas Jáuregui y Zoraida Vega. Ingresó al Seminario de Misiones el 27 de enero de 2007; profesó sus votos religiosos en el Instituto de Misiones Extranjeras de Yarumal el 3 de diciembre de 2010 y recibió la ordenación sacerdotal el 3 de diciembre de 2015.

Realizó sus estudios de Teología en Bolivia; luego de su ordenación fue enviado como misionero a Angola (África), donde actualmente era párroco adjunto de la parroquia Santísima Trinidad de la Comunidad Misionera de los Javerianos de Yarumal en Luanda, allí estuvo cuatro años y siete meses, hasta que este domingo 7 de marzo, fue asesinado.

Ese trágico día se movilizaba en su vehículo que colisionó con una persona que se transportaba en motocicleta, cuya reacción fue violenta y atacó al sacerdote con arma blanca, ocasionando su muerte.

La Diócesis de Cúcuta manifiesta sus condolencias a su familia, amigos y a su comunidad misionera, que la esperanza de Jesucristo los acompañe en este momento de dolor. Se invita a los fieles bautizados, elevar una oración por el eterno descanso del padre Manuel Ubaldo, para que Dios Padre lo acoja en su Casa.

El Papa invita a vivir el sacramento de la reconciliación

En este inicio de mes, la Red Mundial de Oración del Papa ha publicado la intención de oración de Su Santidad para marzo: El sacramento de la reconciliación. Una llamada a experimentar la misericordia de Dios, a renacer a través de su perdón.

“Cuando yo voy a confesarme es para sanarme, para curar mi alma. Para salir con más salud espiritual. Para pasar de la miseria a la misericordia”, explica el Papa Francisco, ya que el centro de la confesión, “no son los pecados que decimos, sino el amor divino que recibimos y que siempre necesitamos”.

A una vida de oración invita el Papa para cerrar el año

La Red Mundial de Oración del Papa dio a conocer la décima segunda intención de oración de Su Santidad, el Papa Francisco, quien pide orar por la evangelización: “Recemos para que nuestra relación personal con Jesucristo se alimente de la Palabra de Dios y de una vida de oración”.

El Papa explica que la oración es el corazón de la misión de la Iglesia, ya que, a través de ella, podemos conversar directamente con Jesús, y así, cambiar muchas realidades.

En repetidas ocasiones, el Papa Francisco ha insistido en seguir el ejemplo de Jesús, tal como se muestra en los Evangelios. Él se retiraba a orar, en silencio mantenía una íntima relación con el Padre.

Resumen sobre la fraternidad y la amistad social, ‘Fratelli tutti’

El Papa Francisco ha afirmado que las cuestiones relacionadas con la frater­nidad y la amistad social han estado siempre entre sus preocupaciones, por lo que quiso recoger muchas de las intervenciones donde lo ha ma­nifestado, y situarlas en un contexto más amplio de reflexión (la Carta Encíclica ‘Fratelli tutti’). Principal­mente retomó los temas planteados en el “Documento sobre la fraterni­dad humana por la paz mundial y la convivencia común”, que firmó con el Gran Imán Ahmad Al-Tayyeb en febrero del año 2019.

El Papa ha observado tendencias que desfavorecen la fraternidad univer­sal, principalmente la manipulación de la libertad, la justicia, la democra­cia y la unidad. Ante lo cual señala un camino de cercanía, una cultura del encuentro que luche contra las causas estructurales de la pobreza y la des­igualdad.

Por otra parte, hace un llamado ur­gente a mejorar la actividad política, con orden social, cuyo centro sea la caridad social: “La caridad social nos hace amar el bien común y nos lleva a buscar efectivamente el bien de todas las personas, en la dimensión social que las une”.

Otro de los puntos destacados de ‘Fratelli tutti’, es reconocer como compañeros de camino a todas las religiones, ya que estas ofrecen “un aporte valioso en la construcción de fraternidad”. El Papa in­vita a los líderes religio­sos a “trabajar en la cons­trucción de la paz, como auténticos mediadores” (cfr. #284).

La Carta Encíclica está compuesta por ocho capí­tulos y 287 numerales, un documento donde el Papa asegura que no pretende “resumir la doctrina sobre el amor fraterno, sino de­tenerse en su dimensión universal, en su apertu­ra a todos”. Su Santidad entrega esta Encíclica social para reaccionar ante un “nuevo sueño de fraternidad y de amistad social que no se quede en las palabras”, desta­ca que la escribió desde sus convic­ciones cristianas, “que me alientan y me nutren”, pero también la hizo de tal manera que, la reflexión se abra al diálogo con todas las personas de buena voluntad.

  1. Las sombras de un mundo cerrado

El Papa Francisco propone estar atentos ante algunas tendencias del mundo actual que desfavorecen el desarrollo de la fraternidad univer­sal. Se pregunta: ¿Qué significan hoy algunas expresiones como democra­cia, libertad, justicia, unidad? Estas, han sido “manoseadas y desfiguradas para utilizarlas como instrumento de dominación, como títulos vacíos de contenido que pueden servir para justificar cualquier acción” (#14). En el mundo actual los sentimientos de pertenencia a una misma humanidad se debilitan, y el sueño de construir juntos la justicia y la paz parece una utopía de otras épocas. Impera una indiferencia cómoda, fría y globaliza­da, hija de una profunda desilusión que se esconde detrás del engaño de una ilusión: “Creer que pode­mos ser todopoderosos y olvidar que estamos todos en la misma barca” (#30).

  1. Un extraño en el camino

Para iniciar el segundo ca­pítulo, el Papa plasma la parábola del buen samaritano (cfr. Lc 10, 25-37) y pide dejarse interpelar por ella, ya que Dios cuestiona todo tipo de determinación que justifique indiferencia por el otro. Por otra par­te, el Pontífice define el amor por el extranjero dentro de esta parábola, porque “al amor no le importa si el hermano herido es de aquí o es de allá… el amor rompe las cadenas que nos aíslan y separan, tendiendo puen­tes; amor que nos permite construir una gran familia donde todos poda­mos sentirnos en casa” (#62).

Toda esta motivación sirve para am­pliar el corazón de manera que no se excluya al extranjero, así como se encuentra en los textos más antiguos de la Biblia, debido al constante re­cuerdo del pueblo judío de haber vi­vido como forastero en Egipto: «Si un migrante viene a residir entre us­tedes, en su tierra, no lo opriman. El migrante residente será para ustedes como el compatriota; lo amarás como a ti mismo, porque ustedes fueron mi­grantes en el país de Egipto» (Lv 19, 33-34). Así mismo, se recalca en el Nuevo Testamento: «Quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve» (1 Jn 4, 20).

  1. Pensar y gestar un mundo abierto

Los valores morales como la forta­leza, la sobriedad, la laboriosidad y otras virtudes, pueden manifestarse en las personas, pero para orientar adecuadamente los actos de las dis­tintas virtudes morales, el Papa ve necesario considerar también en qué medida se realiza un dinamismo de apertura y unión hacia otras perso­nas. Ese dinamismo es la caridad que Dios infunde. Si no está presente Dios, sólo habrá apariencia de virtu­des, incapaces de construir la vida en común, así como decía santo Tomás de Aquino (citando a san Agustín): “la templanza de una persona avara ni siquiera es virtuosa”; por otra parte, está san Buenaventura, que explica que las virtudes sin la caridad, estric­tamente no cumplen con los manda­mientos “como Dios los entiende”.

El amor reclama mayor capacidad de acoger a otros, Jesús dice: «Todos us­tedes son hermanos» (Mt 23, 8).

  1. Un corazón abierto al mundo entero

Para Francisco, sucesor de Pedro, el mun­do ideal sería el que se eviten las migraciones innecesarias, creando en los países las posibilidades de vivir y crecer con dignidad, que en su propio territorio encuentren las condiciones para el desarrollo integral. Mientras esto ocurre, lo que le corresponde a las personas es respetar el derecho de todo ser humano de encontrar un lugar donde pueda satisfacer sus ne­cesidades básicas, como personas de buena voluntad los esfuerzos por los hermanos migrantes son de acoger, proteger, promover e integrar.

El Sumo Pontífice destaca la im­portancia de una legislación global para las migraciones, establecer pla­nes a mediano y largo plazo que no se queden en “la simple respuesta a una emergencia”, sino que sirvan, por una parte, para ayudar realmente a la integración de los emigrantes en los países de acogida y, al mismo tiempo, favorecer el desarrollo de los países de origen, con políticas solidarias.

Cuando se acoge de corazón a la per­sona diferente, se le permite seguir siendo ella misma, al tiempo que se le da la posibilidad de un nuevo de­sarrollo. Para ilustrar este enunciado, el Papa sitúa los siguientes ejemplos: “La cultura de los latinos es un fer­mento de valores y posibilidades que puede hacer mucho bien a los Esta­dos Unidos. Una fuerte inmigración siempre termina marcando y trans­formando la cultura de un lugar. En la Argentina, la fuerte inmigración italiana ha marcado la cultura de la sociedad, y en el estilo cultural de Buenos Aires se nota mucho la pre­sencia de alrededor de 200.000 ju­díos. Los inmigrantes, si se los ayuda a integrarse, son una bendición, una riqueza y un nuevo don que invita a una sociedad a crecer” (#135).

  1. La mejor política

“Populismo” o “populista”, palabras que invaden los titulares noticiosos o los diálogos en la vida cotidiana, están dividiendo la sociedad al cla­sificar a las personas o colectivos en sólo dos bandos el “populista” o el “no populista”, según lo que se opine, se desacredita o se enaltece. Explica el Papa que se puede estar perdiendo la palabra “de­mocracia”.

Además, la propaganda política, los medios y los constructores de opinión pública, persisten en fo­mentar una cultura indi­vidualista e ingenua ante los intereses económicos desenfrenados y la orga­nización de las sociedades al servicio de los que ya tienen demasiado poder, derivan en la “concupis­cencia”: la inclinación del ser humano a encerrarse en la inmanencia de su propio yo, de su grupo, de sus intereses mezquinos. Esa concupiscencia no es un defecto de esta época. Existió desde que el hombre es hombre y simplemente se transforma, adquiere diversas moda­lidades en cada siglo, y finalmente utiliza los instrumentos que el mo­mento histórico pone a su disposi­ción. Pero es posible dominarla con la ayuda de Dios.

Para el Papa Francisco, el siglo XXI es un escenario de un “debilitamiento de poder de los Estados nacionales, sobre todo porque la dimensión eco­nómico-financiera, de características transnacionales, tiende a predomi­nar sobre la política” (#172). En este contexto, se vuelve indispensable la maduración de instituciones interna­cionales más fuertes y eficazmente organizadas. La gestación de orga­nizaciones mundiales más eficaces, asegurarían el bien común mundial, la erradicación del hambre y la mise­ria, y la defensa cierta de los derechos humanos fundamentales.

Su Santidad hace un llamado al mo­delo neoliberal, ya que hay visiones de esta línea que ignoran el abuso de poderes e “imaginan un mundo que responde a un determinado orden que por sí solo podría asegu­rar el futuro y la solución de todos los problemas” (#167). El mercado solo no resuelve todo, “aun­que otra vez nos quieran hacer creer este dogma de fe neoliberal”. Para el Papa se trata de un “pen­samiento pobre, repetiti­vo, que propone siempre las mismas recetas frente a cualquier desafío que se presente”. Poniendo en contexto la situación ac­tual con respecto a la pandemia, dice que “las recetas dogmáticas de la teo­ría económica imperante mostraron no ser infalibles. La fragilidad de los sistemas mundiales frente a las pan­demias ha evidenciado que no todo se resuelve con la libertad de mercado”, se debe “rehabilitar una sana políti­ca que no esté sometida al dictado de las finanzas. Tenemos que volver a llevar la dignidad humana al centro y que sobre ese pilar se construyan las estructuras sociales alternativas que necesitamos”.

  1. Diálogo y amistad social

Las acciones que se derivan de dia­logar son: Acercarse, expresarse, es­cucharse, mirarse, conocerse, tratar de comprenderse, buscar puntos de contacto. El diálogo persistente y va­liente “no es noticia como los desen­cuentros y los conflictos, pero ayuda discretamente al mundo a vivir me­jor, mucho más de lo que podamos darnos cuenta” (#198).

El auténtico diálogo social supone la capacidad de respetar el punto de vis­ta del otro aceptando la posibilidad de que encierre algunas convicciones o intereses legítimos. En ‘Fratelli tu­tti’ se expone que, desde su identidad, el otro tiene algo para aportar, y es deseable que profundice y exponga su propia posición para que el deba­te público sea más completo todavía. Es necesario verificar constantemen­te que las actuales formas de comu­nicación orienten efectivamente al encuentro generoso, a la búsqueda sincera de la verdad íntegra, al servi­cio, a la cercanía con los últimos, a la tarea de construir el bien común.

  1. Caminos de reencuentro

Volver a la misma situación antes de un conflicto no significa reencontrar­se, ya que en medio de las vivencias todas las personas cambian, al pasar por el dolor, sufren transformaciones. El reencuentro es asumir el pasado para liberar al futuro de insatisfacción o confusiones. Sólo desde la verdad histórica de los hechos, se podrá ha­cer el esfuerzo perseverante de com­prenderse mutuamente. Para iniciar un proceso de paz y reconciliación, se hace un compromiso constante de búsqueda de verdad y justicia, que honre la memoria de las víctimas y se abra paso a una esperanza común.

El Papa Francisco asegura que los procesos efectivos de una paz dura­dera son ante todo “transformaciones artesanales obradas por los pueblos, donde cada ser humano puede ser un fermento eficaz con su estilo de vida cotidiana. Las grandes transfor­maciones no son fabricadas en escri­torios o despachos” (#231). No hay punto final en la construcción de la paz social de un país, sino que es una tarea que no da tregua y que exige el compromiso de todos.

  1. Las religiones al servicio de la fraternidad en el mundo

El Papa Francisco explica que “bus­car a Dios con corazón sincero, siempre que no lo empañemos con nuestros intereses ideológicos o ins­trumentales, nos ayuda a reconocer­nos compañeros de camino, verda­deramente hermanos”. La Iglesia Católica valora la acción de Dios en las demás religiones, y “no rechaza nada de lo que en estas religiones hay de santo y verdadero. Considera con sincero respeto los modos de obrar y de vivir, los preceptos y doctrinas que, no pocas veces reflejan un des­tello de aquella Verdad que ilumina a todos los hombres”.

Papa Francisco asevera que poner fin a la guerra es el deber impostergable de todos los líderes políticos

Foto: w2.vatican.va

Este martes 20 de octubre se reunieron en la Plaza del Capitolio en Roma, el Papa Francisco; el Patriarca Ecuménico Bartolomé I; el Obispo Heinrich, presidente del Consejo de la Iglesia Evangélica en Alemania; representantes del judaísmo, el islam, el budismo; el fundador de San Egidio (movimiento de laicos católicos), Andrea Riccardi; el presidente de la República Italiana, Sergio Mattarella; quienes participaron del 34° Encuentro Internacional de Oración por la Paz, organizado por la comunidad de San Egidio.

Bajo el lema “Nadie se salva solo. Paz y Fraternidad”, los líderes religiosos se congregaron para juntos encender el candelabro de la paz y firmar el llamamiento común por la paz.

Después de la oración ecuménica por la paz, en la Basílica de Santa María de Aracoeli, el Papa Francisco recordó que “en el espíritu del encuentro de Asís, convocado por san Juan Pablo II en 1986, la Comunidad de San Egidio celebra anualmente, de ciudad en ciudad, este evento de oración y diálogo por la paz entre creyentes de diversas religiones”, donde se ha entendido “que la diversidad de religiones no justifica la indiferencia o la enemistad. En efecto, partiendo de la fe religiosa, uno puede convertirse en artesano de la paz y no en espectador inerte del mal de la guerra y del odio”. El Papa asegura que este encuentro “impulsa a los líderes religiosos y a todos los creyentes a rezar con insistencia por la paz, a no resignarse nunca a la guerra, a actuar con la fuerza apacible de la fe para poner fin a los conflictos”.

Por otra parte, Su Santidad el Papa Francisco aseveró que “poner fin a la guerra es el deber impostergable de todos los líderes políticos”, ya que “la paz es la prioridad de cualquier política” y “Dios le pedirá cuentas a quien no ha buscado la paz”. Hizo un llamado para pensar en “cómo prevenir conflictos y pacificar a los que confían en la guerra”. Expresó que “ningún pueblo puede por sí solo lograr la paz, el bien, la seguridad (…) La lección es la conciencia de ser una comunidad mundial que navega en una misma barca, donde el mal de uno perjudica a todos”.

Descargar: Homilía del Santo Padre. Discurso del Santo Padre. Llamamiento a la paz.

Papa Francisco propone un Fondo Mundial para acabar con el hambre

Este 16 de octubre, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) cumple su aniversario número 75, asimismo, se celebra la Jornada Mundial de la Alimentación.

El Papa Francisco a través de un video-mensaje se dirigió al director general de la FAO, Qu Dongyu, y a todos sus miembros en general, felicitándoles por tan “hermosa e importante” misión, expresó el Sumo Pontífice, resaltando el trabajo de derrotar el hambre y la mal nutrición.

El Papa aprovechó la ocasión para proponer la creación de un Fondo Mundial para derrotar definitivamente el hambre, ya que la crisis actual evidencia que se necesitan políticas y acciones concretas, además, la pandemia agudiza las cifras de hambre. Resalta que para la humanidad “el hambre no es sólo una tragedia, sino una vergüenza”.

“En este este periodo de gran dificultad causado por la pandemia de COVID-19, es todavía más importante apoyar las iniciativas implementadas por organizaciones como la FAO, el Programa Mundial de Alimentos y el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA)”, para promover “una agricultura sostenible y diversificada”, que contribuya al “desarrollo rural de los países más pobres”.

De esta manera, plantea mayor atención a las producciones agrícolas y al acceso al mercado de alimentos; por otra parte, adelantar acciones eficaces para satisfacer las necesidades de los más desfavorecidos.

DOMUND 2020: “En la pandemia, la Iglesia sigue evangelizando”

En la Iglesia Católica, octubre es el mes del Santo Rosario y de las misiones, estas, son llevadas a cabo por los bautizados, llevando el Evangelio por el mundo, a las periferias, a las ciudades, en cada rincón la Iglesia se hace presente con la Palabra, con trabajo pastoral, educativo y humanitario.

La misión es una labor en constante evolución, la labor evangelizadora no deja de crecer. Actualmente existen 1.115 territorios de misión, son un tercio de las diócesis de todo el mundo y ocupan en 43,13% de la superficie de la tierra. Es por esto que la Iglesia cuenta con el apoyo de las Obras Misionales Pontificias (OMP), como principal instrumento para atender las grandes necesidades con las que se encuentran los misioneros en su labor de evangelización por todo el mundo.

Las OMP ofrecen un constante apoyo espiritual y material para que los misioneros puedan anunciar el Evangelio y colaborar en el desarrollo personal y social del pueblo en medio del cual realizan su labor. Cuentan con un Fondo Universal de Solidaridad, donde reciben los aportes de los fieles y se reparten en función de las necesidades existentes en los territorios de misión.

OMP registra en el 2020: 179 nuevos territorios en misión; 1.251.628 Bautismos; 26.898 instituciones sociales; y 119.200 instituciones educativas; cifras que motivan a seguir enviando misioneros a cumplir las encomiendas del Señor, pero ellos necesitan un apoyo fundamental. Por esto, se realiza de manera especial el Domingo Mundial de las Misiones (DOMUND), donde los fieles realizan una ofrenda que esté dentro de sus posibilidades, para enviar al Fondo Universal de Solidaridad.

Durante la jornada del Domund, la Iglesia pone en oración a los misioneros, y los fieles bautizados participan con un aporte económico. Esta es una jornada mundial, que se lleva a cabo el penúltimo domingo de octubre, así lo estableció el Papa Pío XI en el año de 1926. En este año, el Domund es el 18 de octubre, bajo el lema: “Aquí estoy, mándame” (Is 6, 8). Atravesando las dificultades de la pandemia, los misioneros también se han visto afectados, pero la Iglesia espera que esto no obstaculice los donativos, ya que las misiones muestran cómo la Iglesia ha seguido adelante con el mandato de Jesús de ir y hacer discípulos hasta los confines de la tierra, aún en la emergencia sanitaria.

En Colombia, la caridad misionera es una de las dimensiones de la misión, ya que todos pueden contribuir sin importar el valor económico, para ayudar al sostenimiento de los territorios de misión. Además, se ofrece el valor humano, el tiempo, los dones y carismas se ponen al servicio de las misiones. Las otras tres dimensiones son la formación, profundizar en el conocimiento del Evangelio; la oración, interceder por los misioneros y discernir sobre la misión propia; y ser testigos de la misión, con el ejemplo de hombres y mujeres verdaderamente entregados al anuncio del Evangelio. Y es que, desde el Centro Nacional Misionero en unión con las OMP, se invita a vivir el mes de las misiones 2020, recordando que “en la pandemia, la Iglesia evangelizando”.

Mensaje del Santo Padre Francisco para la Jornada Mundial de las Misiones 2020 «Aquí estoy, mándame» (Is 6, 8)

En este año, marcado por los sufrimientos y desafíos causados ​​por la pandemia del COVID-19, este camino misionero de toda la Iglesia continúa a la luz de la palabra que encontramos en el relato de la vocación del profeta Isaías: «Aquí estoy, mándame» (Is 6,8). Es la respuesta siempre nueva a la pregunta del Señor: «¿A quién enviaré?» (ibíd.). Esta llamada viene del corazón de Dios, de su misericordia que interpela tanto a la Iglesia como a la humanidad en la actual crisis mundial. «Al igual que a los discípulos del Evangelio, nos sorprendió una tormenta inesperada y furiosa. Nos dimos cuenta de que estábamos en la misma barca, todos frágiles y desorientados; pero, al mismo tiempo, importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos, todos necesitados de confortarnos mutuamente. En esta barca, estamos todos.

La misión es una respuesta libre y consciente a la llamada de Dios, pero podemos percibirla sólo cuando vivimos una relación personal de amor con Jesús vivo en su Iglesia. Preguntémonos: ¿Estamos listos para recibir la presencia del Espíritu Santo en nuestra vida, para escuchar la llamada a la misión, tanto en la vía del matrimonio como de la virginidad consagrada o del sacerdocio ordenado, como también en la vida ordinaria de todos los días? ¿Estamos dispuestos a ser enviados a cualquier lugar para dar testimonio de nuestra fe en Dios, Padre misericordioso, para proclamar el Evangelio de salvación de Jesucristo, para compartir la vida divina del Espíritu Santo en la edificación de la Iglesia? ¿Estamos prontos, como María, Madre de Jesús, para ponernos al servicio de la voluntad de Dios sin condiciones (cf. Lc 1, 38)? Esta disponibilidad interior es muy importante para poder responder a Dios: “Aquí estoy, Señor, mándame” (cf. Is 6, 8). Y todo esto no en abstracto, sino en el hoy de la Iglesia y de la historia.

La celebración la Jornada Mundial de la Misión también significa reafirmar cómo la oración, la reflexión y la ayuda material de sus ofrendas son oportunidades para participar activamente en la misión de Jesús en su Iglesia. La caridad, que se expresa en la colecta de las celebraciones litúrgicas del tercer domingo de octubre, tiene como objetivo apoyar la tarea misionera realizada en mi nombre por las Obras Misionales Pontificias, para hacer frente a las necesidades espirituales y materiales de los pueblos y las iglesias del mundo entero y para la salvación de todos.

Que la Bienaventurada Virgen María, Estrella de la evangelización y Consuelo de los afligidos, Discípula misionera de su Hijo Jesús, continúe intercediendo por nosotros y sosteniéndonos.

Roma, San Juan de Letrán, 31 de mayo de 2020, Solemnidad de Pentecostés. Francisco.

Donaciones: Obras Misionales Pontificias de Colombia https://ompdecolombia.org/donaciones whatsApp: 302 409 9316

La fraternidad y la amistad social, la inspiración para ‘Fratelli tutti’

El Papa Francisco presentó este domingo 4 de octubre, en la fiesta de San Francisco de Asís, su tercera Encíclica titulada en italiano ‘Fratelli tutti’, que traduce “Hermanos todos”.

Precisamente, explica el Papa en el nuevo documento que, San Francisco de Asís escribía ‘Fratelli tutti’ para dirigirse a “todos los hermanos y las hermanas, y proponerles una forma de vida con sabor a Evangelio”. Y, sobre la tumba de este santo, en Italia, firmó la Encíclica el sábado 3 de octubre, antes de presentarla el día siguiente.

Su Santidad ha afirmado que las cuestiones relacionadas con la fraternidad y la amistad social han estado siempre entre sus preocupaciones, por lo que quiso recoger muchas de las intervenciones donde lo ha manifestado y situarlas en un contexto más amplio de reflexión. Principalmente retomó los temas planteados en el “Documento sobre la fraternidad humana por la paz mundial y la convivencia común”, que firmó con el Gran Imán Ahmad Al-Tayyeb en febrero del año 2019.

El Papa ha observado tendencias que desfavorecen la fraternidad universal, principalmente la manipulación de la libertad, la justicia, la democracia y la unidad. Ante lo cual señala un camino de cercanía, una cultura del encuentro que luche contra las causas estructurales de la pobreza y la desigualdad.

Por otra parte, hace un llamado urgente a mejorar la actividad política, con orden social, cuyo centro sea la caridad social: “La caridad social nos hace amar el bien común y nos lleva a buscar efectivamente el bien de todas las personas, en la dimensión social que las une”.

Otro de los puntos destacados de ‘Fratelli Tutti’, es reconocer como compañeros de camino a todas las religiones, ya que estas ofrecen “un aporte valioso en la construcción de fraternidad”. El Papa invita a los líderes religiosos a “trabajar en la construcción de la paz, como auténticos mediadores”.

Descargar Encíclica ‘Fratelli Tutti’.