“Escuchar con los oídos del corazón”

Mensaje del Papa Francisco para la 56° Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales

Hoy 29 de mayo se celebra la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales en su versión número cincuenta y seis, ocasión donde el Papa Francisco insta a los medios de comunicación a poner a la persona en el centro y no a los intereses de las partes. En su mensaje, el Papa subraya la importancia de la escucha para promover una buena comunicación a todos los niveles. Esta necesidad es aún más apremiante en un momento, marcado por la pandemia, en el que crece la necesidad de la gente de ser escuchada.

«Tenemos dos oídos y una sola boca, porque debemos escuchar más y hablar menos». Esta célebre expresión atribuida al historiador Plutarco y al filósofo Zenón de Cizio, está bien relacionada con el mensaje del Papa para la Jornada de las Comunicaciones Sociales de este año, que se centra precisamente en la escucha. Este es un tema que el Pontífice ha señalado repetidamente como central para los profesionales de la información, pero que ahora se hace aún más urgente, en una época marcada por la pandemia en la que el distanciamiento y el aislamiento social no han hecho sino aumentar la necesidad de escucharse a sí mismo y a los demás.

Por tanto, ha crecido aquel «deseo ilimitado de ser escuchado» evocado por el psiquiatra Eugenio Borgna hace varios años: “La escucha exige silencio. No puedes escuchar realmente si el ruido tapa la voz de la persona que te habla”. Fue el 21 de abril de 2020, en pleno confinamiento, cuando el Papa dijo en la misa de la mañana en Santa Marta: «En este tiempo hay tanto silencio. También se puede escuchar el silencio. Que este silencio, un poco nuevo en nuestras costumbres, nos enseñe a escuchar, nos haga crecer en la capacidad de escucha». Una capacidad, «un arte» como hubiera dicho Goethe, del que se sigue sintiendo la necesidad.

La manifestación citada anteriormente, que se remonta a más de dos mil años, subraya cómo esta necesidad de dar cabida a la escucha paciente, a veces laboriosa, de los demás ha acompañado siempre el camino de la humanidad. Primero escucha, luego habla. Esto es aún más cierto cuando se escucha al otro.

Shemá Israel, «Escucha, Israel»: el comienzo del primer mandamiento de la Torah -observa el Papa en el mensaje- «se reitera continuamente en la Biblia, hasta el punto de que San Pablo dirá que «la fe viene de la escucha» (Rom 10, 17). La iniciativa, en efecto, es de Dios que nos habla, al que respondemos escuchándole. Por lo tanto, la escucha conlleva natural e inevitablemente el tema del encuentro. Se trata de una cuestión crucial en la vida del hombre, que en la era de los medios sociales cada vez más omnipresentes, la desintermediación digital y la llegada de la inteligencia artificial se ha enriquecido con significados y desarrollos especialmente complejos.

Entonces, ¿qué pueden hacer los medios de comunicación, o más bien los operadores de la información, para responder a este «desafío» de la escucha, en un contexto tan fluido y sujeto a rápidos y a menudo turbulentos cambios de dirección? La «brújula» que el Papa ofrece para orientarse es básicamente sencilla: la persona (palabra mencionada seis veces en el documento).

De hecho, si en el mensaje del año pasado animaba a los periodistas a ir a ver las historias de la gente allí donde están -a «gastar las suelas de los zapatos»- este año subraya que «para ofrecer una información sólida, equilibrada y completa es necesario haber escuchado largo y tendido». El Papa propone una especie de terapia de escucha también para curar esos males de la información que él mismo ha denunciado repetidamente. Escuchar quiere decir escuchar a hurtadillas «explotando a los demás en nuestro propio beneficio», advierte en este mensaje. Y con sensibilidad periodística, el Santo Padre señala que «para contar un hecho o describir una realidad en un reportaje, es imprescindible haber sabido escuchar, dispuesto también a cambiar de opinión, a modificar la hipótesis inicial».

No faltan las experiencias positivas. Desde programas de radio que escuchan el malestar de los jóvenes, hasta periódicos locales (la experiencia local es fundamental) que sirven de megáfono para los que no tienen voz, pasando por «experimentos sociales» en el ámbito de la comunicación digital donde la creatividad encuentra espacios inexplorados.

No menos significativo, como subrayó Noel Curran, director general de la ‘European Broadcasting Union’ (EBU – Unión Europea de Radiodifusión), en una entrevista con los medios de comunicación del Vaticano, es el renovado protagonismo del servicio público de radiodifusión, que está llamado, por su propia naturaleza y estatuto, a escuchar las necesidades de las personas y las comunidades. Durante la pandemia, el jefe de la EBU está convencido de que los medios públicos «se han convertido en un portal para la población». El Papa pide a los medios de comunicación, como a cada uno de nosotros (porque todos somos comunicadores), que vuelvan a poner a la persona al centro. Y apostar por la relación que siempre comienza inclinando el «oído del corazón», para hacernos cercanos a quienes encontramos en la encrucijada de nuestra existencia.

Tomado de: vaticannews.va

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Vocaciones: Llamados a edificar la familia humana

Fiesta de las familias en el Seminario Mayor. Foto: Seminario Mayor San José de Cúcuta

Este domingo 8 de mayo se celebrará la quincuagésima novena Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, bajo el lema: “Llamados a edificar la familia humana”, propuesta del Papa Francisco para “reflexionar sobre el amplio significado de la “vocación”, en el contexto de una Iglesia sinodal que se pone a la escucha de Dios y del mundo”.

En el mensaje oficial para este día, Su Santidad señala cinco temas para curar las heridas de las familias y proyectar los hogares hacia un futuro mejor:

  1. Llamados a ser todos protagonistas de la misión

Es necesario cuidarse de la mentalidad que separa a los sacerdotes de los laicos, considerando protagonistas a los primeros y ejecutores a los segundos, y llevar adelante la misión cristiana como único Pueblo de Dios, laicos y pastores juntos. Toda la Iglesia es comunidad evangelizadora.

  1. Llamados a ser custodios unos de otros, y de la creación

Cada uno de nosotros es una criatura querida y amada por Dios, para la que Él ha tenido un pensamiento único y especial; y esa chispa divina, que habita en el corazón de todo hombre y de toda mujer, estamos llamados a desarrollarla en el curso de nuestra vida, contribuyendo al crecimiento de una humanidad animada por el amor y la acogida recíproca.

  1. Llamados a acoger la mirada de Dios

Somos alcanzados por la mirada de Dios, que nos llama. La vocación, como la santidad, no es una experiencia extraordinaria reservada a unos pocos… la vocación es para todos, porque Dios nos mira y nos llama a todos.

  1. Llamados a responder a la mirada de Dios

Todo se vuelve un diálogo vocacional, entre nosotros y el Señor, pero también entre nosotros y los demás. Un diálogo que, vivido en profundidad, nos hace ser cada vez más aquello que somos: en la vocación al sacerdocio ordenado, ser instrumento de la gracia y de la misericordia de Cristo; en la vocación a la vida consagrada, ser alabanza de Dios y profecía de una humanidad nueva; en la vocación al matrimonio, ser don recíproco, y procreadores y educadores de la vida.

  1. Convocados para edificar un mundo fraterno 

Toda vocación en la Iglesia, y en sentido amplio también en la sociedad, contribuye a un objetivo común: hacer que la armonía de los numerosos y diferentes dones que sólo el Espíritu Santo sabe realizar resuene entre los hombres y mujeres. Sacerdotes, consagradas, consagrados y fieles laicos caminamos y trabajamos juntos para testimoniar que una gran familia unida en el amor no es una utopía, sino el propósito para el que Dios nos ha creado.

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Jóvenes: intención de oración para el mes de mayo

El tradicional video del Papa con la intención de oración para cada de mes, invita en mayo a orar por los jóvenes, a quienes exhorta a seguir el modelo de la Virgen María para construir, para arriesgarse.

El Papa Francisco explica que el ejemplo de María los ayudará a descubrir “el estilo de la escucha la profundidad del discernimiento, la valentía de la fe y la dedicación al servicio”. Su Santidad recuerda que la Virgen fue valiente y decidida al decir “sí” al Señor, asimismo desea que los jóvenes acepten la voluntad de Dios.

Rusia y Ucrania: La guerra fracaso de la humanidad

Por: Pbro. Lewis José Gómez Medina, sacerdote de la Diócesis de Magangué

Fotos: Internet

En un pasado que se remonta a siglos, la historia de Ucrania siempre ha tenido una fuerte vinculación a Rusia. Si bien es cier­to que podemos hablar de Ucrania como nación solo desde inicios del siglo XX, los lazos que unen a estas dos naciones son más fuertes de lo que se cree.

Ucrania perteneció, des­de 1922, al bloque de naciones que conformó la entonces Unión Soviéti­ca, disuelta en 1991. Fue durante su período de pertenencia a la Unión Soviética que Ucrania, geográfica­mente hablando, tomó la configu­ración que posee en la actualidad. Este dato nos ayuda a entender cómo dicha nación se constituyó, desde sus inicios, como una entidad en la cual confluían realidades culturales y étni­cas muy diversas. Es decir, su unidad solo se entendía desde su diversidad.

La variedad étnica y cultural que in­trínsecamente constituye a dicha na­ción es, por decirlo de algún modo, una de sus características más im­portantes, es lo que la hace única. En el ámbito lingüístico, mientras que al este de dicha nación se habla mayoritariamente ruso, al otro lado hay gran diversidad de lenguas (po­laco, húngaro, rumano, etc.). Es por esto, que es acertado afirmar que muchos ucranianos tienen el ruso como lengua madre. Por otro lado, la variedad religiosa no deja de ser menos importante, ya que, al este, de influencia rusa, predomina la fe cristiana ortodoxa, que al tiempo que ha servido para unir, también ha sido un elemento disociador de grandes consideraciones por el re­conocimiento de la autonomía del Patriarcado de Ucrania con res­pecto al Patriarcado de Moscú en 2019.

Este último hecho no puede ser visto como un hecho aislado, ya que mientras algunas Iglesias orto­doxas lograron unirse al Patriarcado naciente de Ucrania, otras querían permanecer vinculadas al de Mos­cú. En la parte occidental, al con­trario, en este mismo ámbito reli­gioso, logran convivir ortodoxos, católicos y católicos provenientes de la Iglesia Griega, dando de este modo una riqueza cultual y ritual única. Esto explica la intervención del Vaticano en el conflicto, en medio hay Obispos, sacerdotes, religiosas y fieles que expresan públicamente su fidelidad al sucesor de Pedro. Es por esto que el elemento religioso tiene una incidencia de grandes proporcio­nes y tendrá también una influencia grandísima en un posible dialogo y en ponerle fin al conflicto entre las dos naciones.

En lo político no es menos evidente que, al este de Ucrania, la gran ma­yoría de sus habitantes tiene inclina­ción prorusa, es decir, deseos de ad­herirse nuevamente a Rusia; mientras que al oeste hay una tendencia más europizante, deseos que se han lo­grado materializar con las reiteradas peticiones de Volodímir Zelenski, actual presidente, para que Ucrania sea reconocida como miembro de la Unión Europea, peticiones que inco­modan a Rusia por las implicaciones políticas que dicha aceptación puede ocasionar.

La localización geográfica del “este ucraniano”, como el lugar de la ma­yor influencia rusa, es muy importan­te, ya que es ahí donde se encuentran ubicadas Donetsk y Lugansk, regio­nes que fueron reconocidas por Ru­sia como independientes de Ucrania. Como era de esperarse Kiev, capital y sede del gobierno ucraniano, rechazó dicho reconocimiento y lo consideró ilegal. Este reconocimiento por par­te del Kremlin viene a fortalecer el rechazo de la comunidad internacio­nal que había comenzado por la anexión de Crimea en 2004 a Rusia, región perteneciente hasta ese entonces a Ucrania.

Rusia, reiteradamente, ha argumentado que su vecino hostiga a las per­sonas ubicadas en esas regiones con inclinacio­nes rusas. Es en nombre de ese nutrido grupo de ucranianos prorusos del este, en quien se apoya Putin para intervenir en territorio ucraniano para que sean “respetados los derechos” de dichas personas ante el acoso permanente del gobier­no central ucraniano. No obstante, la invasión rusa tiene un trasfondo que va más allá del auxiliar, de socorrer a regiones independistas adquiriendo uno más amplio, el geopolítico. El mensaje que manda Putin es direc­to: rechaza completamente el acer­camiento de la OTAN y de la Unión Europea, a Ucrania, la ex república soviética, y lo hace en nombre de la seguridad de su nación, cuyos inte­reses el pueblo le ha encomendado custodiar, según sus mismas expre­siones. Además, y según las declara­ciones del presidente ruso, también se quiere defender la soberanía de las regiones reconocidas, por su gobier­no, como independientes, favorables a los intereses rusos y que no quieren pertenecer a Ucrania.

Es de anotar que las regiones reconocidas por el Kremlin, tienen suelos de un poten­cial minero de grandes proporciones que interesan y benefician a todos los actores de la guerra actual. De todos modos, la guerra siempre será re­pudiable y debe ser evitada a toda costa. Todo enfrentamiento tiene costos humanos muy altos que de­ben evitarse.

Hasta aquí un posible acercamien­to a la situación tensa que se vive en Ucrania con Rusia. Pero saltan entonces algunos interrogantes: y la Iglesia, ¿tiene algo que decir? ¿Debe pronunciarse? La respuesta se da afirmativamente y con acciones concretas. El simple hecho de que la Iglesia lleve 55 años dedicando una jornada especial (1 de enero de todos los años) a orar por la paz del mundo; además, de la convocatoria hecha por el Papa Francisco para una jornada de oración al inicio de la Cuares­ma de este año por la paz en Ucrania; y que Francisco envió a dos Cardenales como legados pontificios especiales a Ucrania; y el 25 de marzo, en la solemnidad de la Anunciación del Señor, consagró a Rusia y Ucra­nia al Inmaculado Corazón de Ma­ría, dentro de una celebración peni­tencial en la Basílica de San Pedro. Esta ha sido en parte, la respuesta de la Iglesia ante esta situación. Todo esto pone de manifiesto el interés de la Iglesia para mostrar lo absurdo de la guerra, que es siempre vista como un fracaso de la humanidad. La Igle­sia muestra su preocupación para que estas dos naciones hermanas puedan superar el difícil momento por el que atraviesan, que tiene en tensión y compromete la paz de todo el mundo. Ahora bien, ¿en qué se fundamenta la Iglesia para intervenir en estos pro­blemas que sin duda tienen un tinte político sin convertirse ella en un ac­tor político más, ya que la razón de su ser la alejan automáticamente de dichas pretensiones? El primer fundamento, y el más significativo, lo aporta la misma Revelación. La paz es, ante todo, un atri­buto esencial de Dios: «Yahveh – Paz» (Jc 6, 24). También es con­siderado un don dado por Dios al hombre y un proyecto humano conforme al designio divino.

Cómo no men­cionar el inigualable pasaje del Sermón del Monte, donde Jesús pronunció lo que ha sido llama­do por algunos la Nueva ley del cris­tiano: las bienaventuranzas. Especial mención merece aquel pasaje que ha logrado tocar el corazón de muchos: “Dichosos los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios” (Mt 5, 9). También tenemos otro pasaje en el Nuevo Testamen­to que busca vincular la paz con la búsqueda permanente de la justicia, a saber: “Y la cosecha de honradez, con paz la van sembrando los que tra­bajan por la paz” (St 8, 18), donde se nos muestra que el verdadero saber es pacífico, se traduce en las obras y es sincero; su fruto es la paz.

Podríamos hacer mención de un infi­nito número de pasajes bíblicos en los que se resalte la necesidad de buscar la paz, pero los citados son suficien­tes para mostrarnos que la Iglesia, por mandato de su Señor, debe propi­ciar, por medio de la predicación, la conversión de los corazones, y a tra­vés de ésta, la búsqueda permanente de la paz. Y es que la guerra afecta directamente a la persona humana y su dignidad, que es la razón más ele­vada, el corazón de la misma Encar­nación del Hijo de Dios y de la Pre­dicación Evangélica. La acción por la paz nunca está separada del anuncio del Evangelio, que es ciertamente «la Buena Nueva de la paz» (Hch 10,36; cf. Ef 6,15) dirigida a todos los hom­bres. En el centro del «Evangelio de paz» (Ef 6,15). A los Apóstoles, y en ellos a la Iglesia misma, le fue enco­mendado un mensaje de paz, fruto de la Pascua.

Es precisamente el amor al hombre, que movió a Dios a enviar a su Hijo al mundo, el primer y más profundo sentido del accionar de la Iglesia, que se hace concreto en la pro­moción y defensa de la justicia y de la paz. Desde la Reve­lación y la posterior reflexión del Magiste­rio, la Iglesia ha com­prendido que la guerra es una crueldad y pide que se dé un trato y una consideración nueva y distinta mirándo­la siempre como un «flagelo», por lo que no puede representar ja­más un medio idóneo para re­solver los pro­blemas que surgen entre las Nacio­nes: «No lo ha sido nunca y no lo será jamás», porque en lugar de solucionar lo que hace es generar nuevos y más com­plejos conflictos. Cuando estalla, la guerra se convierte en «una matanza inútil», «aventura sin retorno», que le quita la tranquilidad al presente y deja en una gran incertidumbre el futuro de la humanidad. Es impres­cindible la comprensión, especial­mente por parte de quienes gobier­nan, de que «Nada se pierde con la paz; todo puede perderse con la guerra». Desde esta perspectiva toda guerra puede ser considerada como «el fracaso de todo auténtico humanismo», siempre será «una derrota de la humanidad».

Ahora bien, y nosotros que nos encon­tramos a miles de kilómetros de di­cho conflicto, ¿qué tenemos que ver con lo que pase en Ucrania y cómo podemos solidarizarnos desde la lejanía? Primero es hacer nuestras las palabras de Pablo: “Si un miem­bro sufre, los demás miembros sufren con él; y si un miembro recibe algún honor, los demás se regocijan con él” (1 Co 12, 26). La experiencia de dolor de un hermano, sin importar quién sea y dónde se encuentre, es también nuestro dolor. En ellos su­fre Cristo. Lo primero que debemos a los que sufren es nuestra oración, pero también nuestra solidaridad. La Iglesia en Colombia nos da la posi­bilidad de hacerlo, especialmente en este tiempo de cuaresma, por medio de la Comunicación Cristiana de Bie­nes, es una oportunidad muy impor­tante para expresar nuestra cercanía a los que padecen la guerra. Pero tam­bién podemos contribuir propiciando espacios de reconciliación (familia, trabajo, barrio). La guerra también la hace quien es incapaz de perdonar, quien se resiste a liberarse de la es­clavitud del resentimiento y siempre está al acecho del otro para vengarse olvidando lo que la acción de Dios es capaz de producir a tal punto que “los adversarios se den la mano, los pue­blos busquen la concordia”.

Dejemos que el Espíritu de Cristo nos inunde con su presencia, y de ese modo convertirnos en hacedores de la paz para que en cada uno de noso­tros se haga vida aquella bienaventu­ranza y se nos reconozca como hijos de Dios por buscar y trabajar siempre por la paz. ¡Felices Pascuas!

Fuentes:

– Compendio de Doctrina Social de la Iglesia, 488.

León XII, Alocución al Colegio de los Cardenales, Acta Leonis XIII, 19 (1899) 270-272.

Juan Pablo II, Encuentro con los Colaboradores del Vicariato Romano (17 de enero de 1991).

Benedicto XV, Apelo a los Jefes de los pueblos belige­rantes (1º de agosto de 1917).

Juan Pablo II, Oración durante la Audiencia General (16 de enero de 1991).

Pío XII, Radiomensaje (24 de agosto de 1939):

Juan Pablo II, Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 1999.

Juan Pablo II, Discurso al Cuerpo Diplomático (13 de enero de 2003)

Plegaria para la Reconciliación II, Misal Romano.

Intención de oración: La pandemia que enseñó a valorar el personal sanitario

Para el mes de abril, la Red Mundial de Oración del Papa dio a conocer que la oración de intención de Su Santidad es por el personal sanitario, ya que la pandemia redescubrió “la entrega, la generosidad del personal sanitario, voluntarios, trabajadores y trabajadoras de la salud, sacerdotes, religiosos, religiosas”.

Además de esto, el Papa Francisco señaló que la pandemia también evidenció las falencias en los sistemas de salud, las cuales se deben muchas veces “a una mala administración de los recursos y a la falta de un compromiso político serio”.

La invitación principal es a orar para que toda la labor sanitaria sea apoyada por los gobiernos, principalmente en los países más pobres.

Papa Francisco: “Los catequistas tienen una misión insustituible en la transmisión y profundización de la fe”

En la intención de oración para este diciembre de 2021, difundido por la Red Mundial de Oración del Papa, el Santo Padre exalta a los catequistas de todo el mundo y anima a rezar por ellos, por su misión en “la trasmisión y profundización de la fe”.

“Recemos por los catequistas, llamados a proclamar la Palabra de Dios: para que sean testigos de ella con valentía, creatividad y con la fuerza del Espíritu Santo”, señala el Papa Francisco en su video-mensaje.

Además, el Papa señala que, ser catequista se trata verdaderamente de una vocación, “ser catequista significa que uno “es catequista”, no que “trabaja de catequista”. Es todo un modo de ser y hacen falta buenos catequistas que sean a la vez acompañantes y pedagogos”.

Durante el video, se muestra un ejemplo de cómo anunciar el Evangelio con nuevos lenguajes, plasmando murales con pintura y aerosoles, hecho por niños y jóvenes, acompañados por sus catequistas; mostrando la creatividad al transmitir el mensaje de Dios.

Finalmente, el Papa Francisco pidió que “recemos juntos por los catequistas, llamados a proclamar la Palabra de Dios: para que sean testigos de ella con valentía, con creatividad, con la fuerza del Espíritu Santo, con alegría y con mucha paz”.

Con 12 desafíos planteados, concluyó la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe

Foto: vaticannews.va

La Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe, organizada por el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), se realizó del 21 al 28 de noviembre de 2021 en la ciudad de México, donde aproximadamente 1.000 asambleístas, 200 obispos, 200 sacerdotes y diáconos, 200 religiosos, 400 laicos y personas con diferentes realidades, participaron en modalidad virtual y presencial (sede de la Conferencia Episcopal Mexicana).

Durante el encuentro, se abordaron diversos temas, bajo el lema: “Todos somos discípulos misioneros en salida”; cada día, a través de las redes sociales, se compartieron las actividades donde toda la comunidad participó, entre ellas, momentos de oración, con el rezo del Santo Rosario, la Sagrada Eucaristía, vigilia, serenatas a la Virgen de Guadalupe, y conversatorios con especialistas de la Iglesia Católica en América Latina, el Caribe y el Vaticano.

El domingo 26 de noviembre, el Papa Francisco envió un mensaje de reflexión sobre la escucha, recordándoles a los participantes que, “el dinamismo de las Asambleas Eclesiales está en el proceso de escucha, diálogo y discernimiento”. Como resultado en este tiempo de escucha, los asambleístas elaboraron 12 desafíos que deben trabajar todos los actores de la Iglesia, con el objetivo de crear un proceso de conversión pastoral, donde sea cada vez más evangelizador y misionero.

Así mismo, se anunció que a partir de febrero de 2022 se llevarán a cabo Asambleas Eclesiales por países, enlazadas con el proceso sinodal iniciado en octubre de 2021.

Desafíos

  1. Reconocer y valorar el protagonismo de los jóvenes en la comunidad eclesial y en la sociedad como agentes de transformación.
  1. Acompañar a las víctimas de las injusticias sociales y eclesiales con procesos de reconocimiento y reparación.
  1. Impulsar la participación activa de las mujeres en los ministerios, las instancias de gobierno, de discernimiento y decisión eclesial.
  1. Promover y defender la dignidad de la vida y de la persona humana desde su concepción hasta la muerte natural.
  1. Incrementar la formación en la sinodalidad, para erradicar el clericalismo.
  1. Promover la participación de los laicos en espacios de transformación cultural, político, social y eclesial.
  1. Escuchar el clamor de los pobres, excluidos y descartados.
  1. Reformar los itinerarios formativos de los seminarios incluyendo temáticas como ecología integral, pueblos originarios, inculturación e interculturalidad y pensamiento social de la Iglesia.
  1. Renovar, a la luz de la Palabra de Dios y el Vaticano II, el concepto y experiencia de Iglesia Pueblo de Dios, en comunión con la riqueza de su ministerialidad, que evite el clericalismo y favorezca la conversión pastoral.
  1. Reafirmar y dar prioridad a una ecología integral en las comunidades, a partir de los cuatro sueños de ‘Querida Amazonía’.
  1. Propiciar el encuentro personal con Jesucristo encarnado en la realidad del continente.
  1. Acompañar a los pueblos originarios y afrodescendientes en la defensa de la vida, la tierra y las culturas.

V Jornada Mundial de los Pobres «A los pobres los tienen siempre con ustedes» (Mc 14, 7)

Para el año 2016, cuando se llevó a cabo el último encuentro del Jubileo de la Misericordia, el Papa Francisco convocó una peregrinación hacia la Basílica de San Pedro. La asociación ‘Fratello’ y la comunidad de San Egidio, movilizaron a más de 6.000 habitantes de calle, con quienes el Sumo Pontífice celebró la Sagrada Eucaristía.

Allí, el Papa les pidió perdón “por todas las veces que los cristianos pasamos delante de una persona pobre y miramos para otro lado». Les agradeció por el ejemplo que dan de solidaridad, ya que, a pesar de sus limitaciones materiales, extienden sus manos al prójimo. Por esto, anunció que decidió establecer que cada año, el domingo anterior a la solemnidad de Jesucristo, Rey del universo, la Iglesia Católica en todo el mundo dedicaría una jornada para los pobres. Compartir, fue el primer objetivo trazado por el Papa para desarrollar esta iniciativa.

Al celebrarse la quinta Jornada Mundial de los Pobres, el domingo 14 de noviembre del presente año, el Papa Francisco ha elegido como lema para su mensaje: «A los pobres los tienen siempre con ustedes» (Mc 14, 7), un llamado directo para los cristianos, las instituciones y los gobiernos a responder de manera creativa con proyectos de promoción humana que atiendan sus necesidades básicas.

En el anterior pasaje del Evangelio de san Marcos, Jesús les recuerda a los discípulos que el primer pobre es Él, el más pobre entre los pobres, porque los representa a todos. Y es que a Jesús no se encuentra donde cada quien quiera, a Él se reconoce en la vida y el rostro de los más pobres, de quienes sufren. El Papa Francisco explica que, “los pobres de cualquier condición y de cualquier latitud nos evangelizan, porque nos permiten redescubrir de manera siempre nueva los rasgos más genuinos del rostro del Padre”, por lo que “la nueva evangelización es una invitación a reconocer la fuerza salvífica de sus vidas y a ponerlos en el centro del camino de la Iglesia. Estamos llamados a descubrir a Cristo en ellos, a prestarles nuestra voz en sus causas, pero también a ser sus amigos, a escucharlos, a interpretarlos y a recoger la misteriosa sabiduría que Dios quiere comunicarnos a través de ellos”.

El Papa manifiesta que la limosna es ocasional, mientras que compartir, genera fraternidad y es duradero. Al aceptar la invitación del Señor a la conversión y creer en la Buena Noticia (Cf. Mc 1, 15), se debe reconocer que esto implica un cambio de mentalidad, enfocada en compartir y participar, porque ya no se puede considerar a los pobres como personas separadas, que requieren solamente un servicio caritativo, sino acoger la enseñanza de Jesús y abrirse a su gracia, “que puede hacernos testigos de su caridad sin límites y devolverle credibilidad a nuestra presencia en el mundo”.

La pandemia de la COVID-19, golpeó de sobremanera a los más pobres, trajo consigo aún más pobreza, hambre y muerte. En este punto, el Papa propone que los gobiernos den respuestas concretas al desempleo a la salud, y que, la solidaridad social de muchas personas, se manifiesten a través de proyectos que aporten a aliviar esta coyuntura.

Sin embargo, el Papa Francisco se pregunta: “¿cómo es posible dar una solución tangible a los millones de pobres que a menudo sólo encuentran indiferencia, o incluso fastidio, como respuesta? ¿Qué camino de justicia es necesario recorrer para que se superen las desigualdades sociales y se restablezca la dignidad humana, tantas veces pisoteada?”. Resulta que, la pobreza “no es fruto del destino sino consecuencia del egoísmo. Por lo tanto, es decisivo dar vida a procesos de desarrollo en los que se valoren las capacidades de todos, para que la complementariedad de las competencias y la diversidad de las funciones den lugar a un recurso común de participación”.

El mensaje de esta Jornada, es una invitación a no perder de vista hacer el bien, pero “no se trata de aliviar nuestra conciencia dando alguna limosna, sino más bien de contrastar la cultura de la indiferencia y la injusticia con la que tratamos a los pobres”, ya que “es decisivo que se aumente la sensibilidad para comprender las necesidades de los pobres, en continuo cambio como lo son las condiciones de vida. De hecho, hoy en día, en las zonas económicamente más desarrolladas del mundo, se está menos dispuestos que en el pasado a enfrentarse a la pobreza”, entonces “debemos estar abiertos a leer los signos de los tiempos que expresan nuevas modalidades de cómo ser evangelizadores en el mundo contemporáneo. La ayuda inmediata para satisfacer las necesidades de los pobres no debe impedirnos ser previsores a la hora de poner en práctica nuevos signos del amor y de la caridad cristiana como respuesta a las nuevas formas de pobreza que experimenta la humanidad de hoy”.

El Papa Francisco finaliza recalcando que los pobres “están entre nosotros”, y que, como cristianos, lo correcto sería decir: “también nosotros somos pobres, porque solo así lograremos reconocerlos realmente y hacerlos parte de nuestra vida e instrumentos de salvación”. 

Descargue aquí el mensaje para la V Jornada Mundial de los Pobres.

El Papa Francisco invita a acompañar a quienes sufren agotamiento mental

La depresión y la ansiedad son los trastornos de salud mental que más prevalecen en la población mundial. La Organización de las Naciones Unidas (ONU), realizó un estudio donde se estima que una de cada diez personas vive con un trastorno de salud mental, es decir unas 792 millones de personas, que representan el 11% de la población. De los distintos trastornos que existen, el estudio sitúa a la depresión (264 millones, 3%) y a la ansiedad (284 millones, 4%) como los que más predominan en la vida de las personas.

Por lo anterior, el Papa Francisco, preocupado por las personas que atraviesan períodos de fuerte agotamiento mental, emocional y afectivo, ha pedido a través de la Red Mundial de Oración del Papa, que la intención de oración para el mes de noviembre sea por estos hermanos.

El video-mensaje en esta ocasión contó con el apoyo de la ‘Association of Catholic Mental Health Ministers’ (Asociación de Ministros Católicos de Salud Mental), la cual ofrece atención espiritual a quienes sufren algún trastorno mental y promociona el acompañamiento a los mismos, de la misma forma, fomenta acciones que prevengan cualquier tipo de discriminación.

El Papa Bueno honró la devoción al Santo Rosario

La batalla histórica de Lepan­to (el 7 de octubre de 1571), donde el ejército de don Juan de Austria (en su mayoría conformado por españoles), lu­charon para defender a Europa del ataque de los turcos, es la princi­pal razón por la que se dedica el mes de octubre al Santo Rosario, ya que don Juan y sus hombres, resultaron victoriosos, después de seguir los consejos del Papa Pío V, quien les indicó rezar el Rosa­rio y encomendarse a la Santísima Virgen María.

El Santo Rosario ha direccio­nado el magisterio pontificio de muchos Papas, entre ellos, el de Angelo Giuseppe Roncalli (1881- 1963), quien tomó el nombre de Juan XXIII al asumir como suce­sor de Pedro en el año de 1958. Llegó a renovar la Iglesia Católica por completo, a reconciliarla con el mundo moderno y convocar el Concilio Vaticano II. Fue llama­do “El Papa Bueno”. Durante su pontificado escribió ocho Encí­clicas, la tercera la tituló ‘Grata recordatio’ (grato recuerdo), dada a conocer el 26 de septiembre de 1959, donde expone la importan­cia de rezar el Santo Rosario, to­mando como punto de partida, las enseñanzas de los Pontífices León XIII y Pío XII.

Para Juan XXIII, las Cartas En­cíclicas de León XIII, eran “ricas en sabiduría, encendidas siempre con nueva inspiración y oportuní­simas para la vida cristiana. Eran una fuerte y persuasiva invitación a dirigir confiadas súplicas a Dios a través de la poderosísima in­tercesión de la Virgen Madre de Dios, mediante el rezo del santo rosario. Este, como todos saben, es una muy excelente forma de oración meditada, compuesta a modo de mística corona, en la cual las oraciones del ‘Pater nor­ter’, del ‘Ave Maria’ y del ‘Gloria Patri’, se entrelazan con la medi­tación de los principales miste­rios de nuestra fe, presentando a la mente la meditación tanto de la doctrina de la Encarnación como de la Redención de Jesucristo, nuestro Señor”.

El predecesor de ‘El Papa Bueno’, fue Pío XII, a quien cita en ‘Grata recordatio’, recordando sus pala­bras en la Encíclica ‘Ingruentium malorum’ (Ante los males que se aproximan): «Con mayor con­fianza acudid gozosos a la Madre de Dios, junto a la cual el pueblo cristiano siempre ha buscado el re­fugio en las horas de peligro pues Ella ha sido constituida “causa de salvación para todo el género humano”», (I.M. #3). Para Juan XXIII era importante que todos, desde sus diferentes vocaciones, dirigiesen las más ardientes sú­plicas a Jesucristo y a su Santísi­ma Madre: “A ella invitamos al Sacro Colegio de Carde­nales y a vosotros, venerables herma­nos; a los sacerdo­tes y a las vírgenes consagradas al Se­ñor; a los enfermos y a los que sufren, a los niños inocentes y a todo el pueblo cristiano. Dicha intención es esta: que los hombres responsables del destino así de las grandes como de las pequeñas naciones, cuyos derechos y cuyas inmensas riquezas espirituales de­ben ser escrupulosamente conser­vados intactos, sepan valorar cui­dadosamente su grave tarea en la hora presente”. Y es que, el Papa temía por los comportamientos perniciosos de la humanidad, que de­bilitan en primera medida, la fe, lo cual se podría contrarrestar con la devoción piadosa al rezo del San­to Rosario.

Como su Encíclica se publicó un 26 de septiembre, in­sistió en la invitación a dedicar el mes de octubre a rezar el Rosario, deseando que vivamente “durante el próximo mes de octubre todos estos nuestros hijos —y sus apos­tólicas labores— sean encomen­dados con fervientes plegarias a la augusta Virgen María” (G.R. #2).

Además, fue enfático en su decidido empeño por conciencias rectas, por promover el verdadero bien de la sociedad humana, y a fin que su esperanza se cumpliese con justi­cia, paz y caridad, exhortó a ele­var permanentemente “fervientes súplicas a la celestial Reina y Madre, nuestra amantísima du­rante el mes de octubre, meditan­do estas palabras del Apóstol de las Gentes: «Por todas partes se nos oprime, pero no nos vencen; no sabemos qué nos espera, pero no desesperamos; perseguidos, pero no abandonados; se nos pi­sotea, pero no somos aniquilados. Llevamos siempre y doquier en nuestro cuerpo los sufrimientos de la muerte de Jesús, para que la misma vida de Jesús se manifieste también en nuestros cuerpos» (2 Cor 4, 8-10)” (#3). Por otra parte, encomendó rezar el Rosario por el Sínodo de Roma, para que fue­se “fructuoso y saludable” y que, en los próximos eventos, como el Consejo ecuménico de la épo­ca, obtuviese “toda la Iglesia una afirmación tan maravillosa que el vigoroso reflorecer de todas las virtudes cristianas”. Que esta in­vitación del Papa Juan XXIII sea vigente en estos momentos de la historia, ya que precisamente, en los próximos 16 y 17 de octu­bre, se da apertura al Síno­do de los Obispos, y el pueblo de Dios necesita la confianza, piedad y buena voluntad, para caminar en sinodalidad, de la mano de María Santísima.