En la Diócesis de Cúcuta se vivió la VII Bibliatón

Fotos: Centro de Comunicaciones Diócesis de Cúcuta

El pasado viernes 17 de septiembre, la Animación Bíblica de la Pastoral (ABP) de la Diócesis de Cúcuta, organizó la VII Bibliatón, una iniciativa que tiene por objetivo, llevar la Palabra a quienes no cuentan con la posibilidad de tener una Biblia. A través de donaciones de Biblias o su equivalente en efectivo o dinero electrónico, los animadores bíblicos desarrollaron la jornada, con lectura orante de la Palabra.

Pbro. Jairo Cárdenas, delegado de la ABP

El padre Jairo Cárdenas Vega, delegado de la ABP, explica que la ‘Bibliatón’ es uno de los signos para vivir la propuesta de la Santa Madre Iglesia y la Federación Bíblica Católica (FEBIC): dedicar el mes de septiembre a la Biblia. Por ello, además de esta jornada, se visitaron las parroquias con los equipos de animación bíblica, para realizar talleres dirigidos a los agentes de pastoral y así, puedan replicar en sus comunidades los conocimientos, los cuales fueron basados en la cartilla: “La Biblia se presenta a sí misma”, la cual es el material para vivir la Semana Bíblica 2021, que inicia el 26 de septiembre y va hasta el 3 de octubre. El contenido, piezas gráficas y spots radiales, lo pueden descargar en: www.diocesisdecucuta.com

Para el padre Jairo y la ABP, el cierre de la Semana Bíblica, es solo el comienzo, ya que, “a partir de todos estos signos, actividades y vivencia del mes de septiembre, queremos que en cada una de las parroquias se sigan haciendo estos signos de amor hacia la Sagrada Escritura”, expresó el delegado de la Pastoral e informó que el próximo 9 de octubre, inicia formación un nuevo grupo de animación bíblica. “Hay cada vez más laicos convencidos, y Jesucristo está actuando a través de ellos”, puntualizó.

De la misma manera, la ABP invita a los fieles bautizados a acercarse a su casa, ubicada en la calle 18 # 1-43 barrio Blanco, donde realizan constantemente “círculos bíblicos”. Para mayor información, comunicarse al teléfono celular:  311 457 3746.

Nuevo sacerdote exorcista para la Diócesis de Cúcuta: “Uno no puede ver en todos lados al demonio”

Luego de la muerte de Monse­ñor Pedro Alejandrino Bote­llo, el pasado 16 de junio, la Diócesis de Cúcuta no contaba con un sacerdote autorizado para reali­zar exorcismos, ya que Monseñor Pedro era el único habilitado para hacerlo.

Por Derecho Canónico, al Obispo le corresponde pedir en el nombre de Jesucristo, que una persona o un objeto sea protegido contra las asechanzas del Maligno, es decir, realizar exorcismos. En vista de las múltiples ocupaciones de un pre­lado, puede delegar y darle licen­cia a un presbítero de su Diócesis, para que atienda estos casos. Dice el Derecho Canónico en el nume­ral 1172: “Sin licencia peculiar y expresa del Ordinario del lugar, nadie puede realizar legítimamen­te exorcismos sobre los posesos. El Ordinario del lugar concederá esta licencia solamente a un presbítero piadoso, docto, prudente y con in­tegridad de vida”.

Por esto, gracias a su rectitud de vida y madurez en su ministerio sa­cerdotal, el Administrador Apos­tólico de la Diócesis de Cúcuta, Monseñor José Libardo Garcés Mon­salve, ha nombrado al padre Rafael Humberto Cárde­nas Leal, párroco de San Martín de Sardinata, como el nuevo sacerdote con licencia para practicar exorcis­mos en esta Iglesia Particular.

Pbro. Rafael Humberto Cárdenas Leal, párroco de San Martín de Sardinata y sacerdote exorcista. Foto: Centro de Comunicaciones Diócesis de Cúcuta

La Iglesia Católica, con el deseo de aten­der al pueblo de Dios y proveer su bienestar espi­ritual, ofrece permanente­mente orientación espiri­tual y humana, por lo que, si algún feligrés presenta alguna situación anormal en su compor­tamiento, estado físico o espiri­tual, debe acudir en primera me­dida al párroco de su comunidad, quien es el que determinará si ame­rita un encuentro con el delegado para exorcismos.

El nuevo encargado de esta compleja labor, habló para el Periódico La Verdad de la Diócesis de Cúcuta, acerca de su vida y ministerio sa­cerdotal.

La Verdad: Padre, con 64 años de vida y 35 años al servicio del Evan­gelio, ¿cómo nació su vocación sacer­dotal?

Padre Rafael Hum­berto Cárdenas Leal: Desde pequeño, me reu­nía con mis vecinos en mi pueblo (corregimiento El Carmen de Nazareth, Sala­zar – Norte de Santander) y siempre queríamos hacer lo mismo que el sacerdote en la parroquia y en las diferentes celebraciones; en­tonces replicábamos lo que la gente mayor hacía en Semana Santa, Na­vidad y fiestas patronales; lo más bonito era que nuestros papás nos colaboraban y hasta participaban como espectadores en lo que para nosotros era un juego, pero final­mente, era Cristo haciendo presen­cia en nuestros corazones.

L.V.: De todas las experiencias en la fe, mencione alguna que le haya marcado

P.R.H.C.L.: Son muchas expe­riencias de fe, pero desde pequeño siempre me ha marcado es el amor de la gente hacia el sacerdocio y a la Iglesia, eso me impacta. Obser­vaba cómo la comunidad se preo­cupaba cuando el párroco estaba enfermo, se afanaban por atenderlo y ni qué decir cuando un sacerdo­te fallecía, toda la comunidad en­tristecía profundamente. Recuerdo cuando en mi pueblo enfermó y murió el padre Héctor Lizcano, to­dos estuvimos unidos en oración; y en otro tiempo, en Gramalote, en días de ferias, murió un sacerdote, por lo que las ferias fueron cance­ladas inmediatamente. Entonces, admiro eso, todo ese amor que la gente le expresa a uno, me marca, y me lleva a responderles con el mis­mo cariño.

L.V.: ¿Cómo recibe este nuevo nom­bramiento?

P.R.H.C.L.: Lo tomo con obe­diencia, porque es la Iglesia y mi Obispo quien me pide esto. Sé que soy supremamente limitado, pero cuento con Dios y la protección de la Iglesia, entonces lo haré.

L.V.: En el ejercicio de su ministerio sacerdotal, ¿había contemplado en algún momento servir de esta manera?

P.R.H.C.L.: Nunca lo contemplé, y admiro profundamente a Monseñor Pedro Botello (su antecesor), por­que nos enseñó a escuchar y ayu­dar a la gente en tantas situaciones críticas, en sus sufrimientos. Pero como tal, no me esperaba prestar este servicio.

L.V.: ¿Cómo se prepara diariamente para ejercer el ministerio que la Iglesia le ha confiado?

P.R.H.C.L.: Con la oración le pido al Señor todos los días que me conceda la gracia de ayudar a las personas, aunque finalmente Él es quien lo hace, yo soy solo su ins­trumento. Y yo sé que, en la Dióce­sis y la Iglesia universal, todos los sacerdotes apoyados en la oración, siempre están atentos para ayudar en la liberación de tantas angustias que padecen sus comunidades. En­tonces, yo con las Laudes, el Oficio de Lectura, la oración de Vísperas, de las Completas, la adoración al Santísimo y la celebración de la Santa Misa, me preparo a diario.

L.V.: Que esta sea la ocasión y el es­pacio, para explicarle a los lecto­res, a los fieles bautizados y a las personas en general, que el de­monio no se debe ver en todos la­dos, que el exorcismo en un tema de cuidado y no debe tomarse a la ligera por curiosidad

P.R.H.C.L.: A nosotros se nos ha enseñado en un 99%, que la actua­ción del demonio es la tentación y el ejemplo más claro es Adán y Eva en El Paraíso. Y a nosotros, el demonio nos presenta el mal, pero bajo la apariencia del bien, enton­ces uno no puede ver en todos la­dos al demonio, porque la tentación sí está ahí, pero recordemos que como bautizados, nosotros somos de Cristo y formamos un solo cuer­po con Él y nuestra alianza es con Él, por lo que no hemos hecho nin­gún pacto con el demo­nio. Además, pensemos en que, por ejemplo, a nuestra casa entra a quien le damos permiso de ha­cerlo, y nuestro cuerpo es templo del Espíritu San­to, no vamos a darle per­miso al mal de entrar. De­bemos tener esto claro.

L.V.: ¿Por qué en caso de presentar un hecho fue­ra de lo normal, se debe acudir primero al pá­rroco?

P.R.H.C.L.: Hay dos casos: Prime­ro, el ordinario, y es lo que decía anteriormente acerca de la tenta­ción, caer en la trampa. Entonces debemos acudir al párroco, porque él los va a escuchar, una vez que los escucha, él hace discernimiento y un diagnóstico, en el cual define las causas de la situación, donde también él mismo puede realizar oración para darle solución; porque finalmente todos nosotros todos los días somos hostigados por la maldad, pero esos tormentos po­demos combatirlos por medio de la oración. Ya cuando las cosas se vuelven graves, viene el segundo caso, que es el extraordinario, el cual tiene unas característi­cas que cada sacerdo­te tiene claras, y es ahí cuando remite al exor­cismo, habiendo apli­cado ya todos los pasos del caso ordinario. El exorcismo es el último recurso, porque para decir que alguien está poseído por el demonio se requiere de mucha prudencia.

Les confieso que, en 35 años de vida sacerdotal, jamás me he en­contrado con un caso de posesión. Sí me he encontrado con los tor­mentos que padece la gente; como en el Libro de Job, que el demonio lo asecha, pero de ninguna manera Job se mueve de la fe y no da per­miso para que el mal lo posea. En­tonces nosotros debemos también tener claro que somos de Dios.

L.V.: Para finalizar, ¿cómo fortale­cer la presencia de Dios en la vida de cada uno?

P.R.H.C.L.: Los sacramentos sin duda alguna son fundamentales. Acerquémonos a Dios, confesémo­nos. Es que verdaderamente, cada día se olvidan de Dios y así quedan expuestos a que el mal los manipu­le; se están olvidando que el Cielo se ha abierto para nosotros desde el Bautismo y que hemos recibido al Espíritu Santo. Los invito a volver a Dios, a leer y meditar la Biblia. Les comparto lo que dice el Libro del Éxodo 23, 20: “Yo enviaré un ángel delante de ti, para que te guar­de en el camino y te traiga al lugar que Yo he preparado”, estas son las promesas que Dios nos ha hecho y que a veces olvidamos, queriendo caminar a nuestra voluntad.

Recuerden que la Iglesia siempre está ahí para protegernos, para ayu­darnos y para que caminemos juntos.

La Diócesis de Cúcuta promovió la 34ava Semana por la Paz

Con el trabajo articulado de la Diócesis de Cúcuta, a través de la Corporación de Servicio Pastoral Social (COSPAS), Agiamondo, el Servicio Civil para la Paz, la Cooperación Alemana, la Comisión de la Verdad, entre otros, se acogió la iniciativa del Secretariado Nacional de Pastoral Social-Cáritas Colombiana, para desarrollar la 34ava versión de la Semana por la Paz. Del 5 al 11 septiembre de 2021, se vivió el lema: “Verdad que podemos”.

La Pastoral Social nacional propuso la reflexión en torno a cinco temas claves para la construcción de paz a nivel, familiar, espiritual, educativo, socio-político, ecológico y virtual, con el fin de consolidar espacios para el intercambio de experiencias y saberes en las diferentes comunidades, dignificando la vida y contribuyendo en la búsqueda de igualdad y justicia en sus territorios.

A través de encuentros virtuales, transmitidos por las redes sociales diocesanas y la Emisora Vox Dei, se compartieron a diario estas temáticas, con la intervención de profesionales, líderes sociales, representantes de organizaciones sociales y del estado, y la permanente presencia de la Iglesia Católica.

La Diócesis de Cúcuta animó la voluntad de seguir construyendo y fortaleciendo estas iniciativas a nivel territorial, haciendo uso de la cartilla pedagógica titulada “Artesanos de la paz y de la cultura del encuentro”, propuesta por el Secretariado Nacional de Pastoral Social, la cual incluyó reflexiones y competencias para fomentar una cultura de paz, desde tres enfoques: ver, juzgar y actuar.

#VerdadQuePodemos

Los encuentros virtuales en esta Iglesia Particular de Cúcuta iniciaron con la intervención la Comisión de la Verdad, donde se enfatizó en el derecho de las personas que han sido victimizadas o vulneradas, de acceder a procesos que les permitan conocer la verdad: qué ocurrió, por qué, cómo se dieron los hechos, y quiénes son los responsables de los mismos, para iniciar un proceso de sanación y reconciliación.

El encuentro basado en la reconciliación, tuvo la participación de Luz Stella Torres Corredor, líder de la Asociación ASOMUTHIERT del municipio de Sardinata, quien compartió su experiencia para mostrar que es posible construir una sociedad más justa.

Con el objetivo de promover el diálogo social, se desarrolló en uno de los encuentros el tema ‘movilizar la palabra’, donde intervino el Administrador Apostólico de la Diócesis de Cúcuta, Monseñor José Libardo Garcés Monsalve, quien en su discurso destacó bíblica y socialmente la importancia de palabra y el diálogo: “no podemos dejar que la violencia nos ahogue en una guerra sin sentido que nos impide encontrarnos como hermanos; busquemos que a través de la palabra lleguemos a la verdad”. Por su parte, el abogado César Ruiz, representante del comité del Paro, planteó el diálogo como un ejercicio para llegar a acuerdos desde la justicia y el respeto.

En un cuarto encuentro, se dieron las pautas para trabajar en fraternidad y solidaridad, para hacer parte de la reconstrucción de tejidos sociales en medio de difíciles realidades. Manuel Javier Támara Barbosa, psicólogo de la universidad Nacional de Colombia, especialista y magister en psicología jurídica, participó en este espacio, con el fin de fortalecer las ideas que contribuyen a mejorar los vínculos de convivencia en los territorios.

Los encuentros virtuales y transmitidos en vivo, se realizaron hasta el día viernes 10 de septiembre, día que se dedicó a la reflexión acerca del cuidado de la Casa Común. Conservar el medio ambiente, fue el tema central del panel donde participaron el diácono Alirio Cáceres Aguirre; Pedro Rojas, representante de la Secretaría de Desarrollo Rural de Sardinata; Manuel Rojas, ingeniero ambiental; y Cristian Samir Méndez, economista, especialista en economía ambiental y magíster en gobierno y políticas públicas; Alirio Cáceres Aguirre, diácono permanente, magíster en Teología y experto en eco-teología y gestión ambiental. Quienes evidenciaron situaciones puntuales en el departamento que requieren atención urgente y la transformación de prácticas que permitan la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral, porque la construcción de paz parte desde la conservación del medio ambiente.

Cada uno de estos encuentros contaron con participación activa de los sacerdotes: pbro. Abimael Bacca Vargas, director de COSPAS; pbro. Carlos Arturo Flórez Gómez, subdirector de COSPAS; pbro. Fabián Staper Carvajal, párroco de Cristo Resucitado; pbro. Gabriel Peña Arciniegas, párroco de Nuestra Señora de las Victorias (corregimiento La Victoria, Sardinata); y el padre Darío Echeverri, secretario general de la Comisión de Conciliación Nacional. Después de compartir estos espacios a nivel nacional y territorial, la invitación de la Iglesia Católica es a seguir orando por la búsqueda de la paz, que, en cada familia y comunidad, esta Semana por la Paz, dé frutos abundantes, reflejados en una convivencia fraterna.

Jornada Diocesana de la Juventud en la parroquia san Francisco de Asís

Con la participación de más de 23 movimientos juveniles (siete jóvenes por parroquia) se vivió un encuentro fraterno durante la mañana del sábado 4 de septiembre.

Fotos: Centro de Comunicaciones Diócesis de Cúcuta

Congregados en el templo parroquial de San Francisco de Asís, los jóvenes, respetando las normas de bioseguridad, cantaron, alabaron y bendijeron al Señor. Acompañados de Monseñor José Libardo Garcés Monsalve, Administrador Apostólico de la Diócesis de Cúcuta, quien presidió la Sagrada Eucaristía en compañía de los sacerdotes decanos y vicarios territoriales.

Al terminar la celebración de la Eucaristía, los jóvenes recibieron un refrigerio y se prepararon para un momento especial que tenía como objetivo, resolver dudas en su vida de fe, a través de preguntas que fueron respondidas por Monseñor directamente. Los temas más mencionados fueron: la vocación, la santidad, la situación que vive el mundo y las dificultades de las familias, la oración y la renovación de la Iglesia.

Al terminar la jornada, organizada por la comisión diocesana de Pastoral Juvenil, que anima el padre Jorge Andrés Suárez Flórez, los jóvenes de los movimientos parroquiales agradecieron por este espacio y expresaron su alegría de volverse a encontrar.

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Continúan recibiendo mercados, por parte de la Diócesis de Cúcuta, las familias más vulnerables del Anillo Vial Occidental

“Y les dio de comer a más de 5.000 hombres” (Mt 14, 21), viviendo este lema, con el que fue animada la Campaña de Comunicación Cristiana de Bienes 2021, la Diócesis de Cúcuta continúa entregando el fruto de esta colecta a las familias más vulnerables del Anillo Vial Occidental de San José de Cúcuta.

Fotos: Centro de Comunicaciones Diócesis de Cúcuta

Con una tercera entrega, se completan 600 mercados repartidos entre los habitantes de La Fortaleza, El Talento, San Isidro, Ciudad Rodeo, Arrayanes y Rincón del Rodeo, comunidades pertenecientes a la jurisdicción eclesiástica de la parroquia Santo Tomás Apóstol, la cual acompaña el padre Leonardo Mendoza Gélvez. Este martes 31 de agosto se entregaron 400 paquetes, sumando los 200 (100 para el sector de La Primavera) que se otorgaron el pasado 20 de agosto, da un total de 600 ayudas, para las familias más necesitadas en esta periferia de la ciudad.

El padre Leonardo ha estado al frente de la caracterización de la población y asegura que los beneficiarios son personas “católicas y no católicas, creyentes y no creyentes”, ya que “lo importante para nosotros en la caridad, no es la conexión de fe, sino la humanidad… y así es como mostramos la caridad de Cristo”.

Toda la logística de estas entregas las ha llevado a cabo la Fundación Banco de Alimentos de la Diócesis de Cúcuta, desde donde invitan a los fieles bautizados y personas de buena voluntad a seguir vinculados con su apoyo, para poder seguir brindando alimento a los más necesitados. Las donaciones en especie, se pueden hacer llegar a la dirección calle 2an # 1-26 del barrio Pescadero, o a las diferentes parroquias.

El fruto de la Campaña de Comunicación de Cristiana de Bienes seguirá alimentando a las familias del Anillo Vial Occidental; faltan aún 2.360 mercados por entregar, de los 3.000 que se lograron organizar con el dinero recaudado, los cuales llevan a estos hogares un alivio y una alegría, como lo expresa María Patricia Valero Ramírez, habitante del corregimiento San Isidro: “Estoy agradecida con el padre ‘Leo’, por estar pendientes de nosotros como sacerdote y con la Diócesis de Cúcuta por darnos este mercado a muchas familias que de verdad lo necesitamos”. María Patricia manifiesta que esta acción es un acto de solidaridad con un sector donde se presentan grandes necesidades.

En la Diócesis de Cúcuta se vivirá la 34.° versión de la Semana por la Paz, bajo el lema ¡verdad que podemos!

Durante 34 años, diferentes instituciones y colectivos sociales colombianos promueven la gran movilización de la ‘Semana por la Paz’, para impulsar iniciativas que dignifiquen la vida en los territorios del país. Tradicionalmente se desarrolla en el marco de la celebración de los días de los Derechos Humanos en Colombia y el de san Pedro Claver (9 de septiembre). Este año, se desarrollará del 5 al 11 de septiembre.

La Iglesia Católica en Colombia, a través del Secretariado Nacional de Pastoral Social, se ha vinculado año tras año en este ejercicio, con el objetivo de promover en las comunidades de las jurisdicciones eclesiásti­cas, espacios de reflexión so­bre el compromiso cristiano en la construcción de paz y la re­conciliación, desde la transfor­mación de relaciones consigo mismo y con el otro, a partir del reconocimiento de la diversidad y como aporte para el fortale­cimiento del tejido social en la búsqueda del bien común.

Así mismo, la Diócesis de Cúcuta acoge esta iniciativa y por medio de la Corporación de Servicio Pastoral Social (COSPAS), desarrolla en esta zona de frontera la celebración de la Semana por la Paz, que, en esta versión, bajo el lema: “Verdad que podemos”, busca discernir sobre las prácticas y acciones que contribuyen a la construcción de la paz a nivel personal, familiar, espiritual, educativo, sociopolítico, ecológico y virtual.

Para esto, a partir del material elaborado por la Pastoral Social nacional, COSPAS, ha organizado los temas dentro del contexto que se vive en esta Iglesia Particular y los va a desarrollar a través de encuentros virtuales, que serán transmitidos a través de los medios de comunicación diocesanos (Facebook, YouTube y Emisora Vox Dei). Igualmente, la Diócesis de Cúcuta en su página web ha dispuesto un ‘banner’, donde al ingresar, encuentran la cartilla para leer, reflexionar y desarrollar los encuentros en sus entornos académicos, sociales o con su comunidad eclesial, además de esto, material gráfico y audiovisual.

El Administrador Apostólico de la Diócesis de Cúcuta, Monseñor José Libardo Garcés Monsalve, a través de un video-mensaje, invita a todos los fieles bautizados a participar de la Semana por la Paz, orar por ella y “recibirla como don de Dios”, que cada uno pueda fortalecerla, para hacer de cada ambiente, lugares de “unidad, comunión y armonía”.

Descargue materiales de la Semana por la Paz 2021.

En la Catedral San José se dio apertura a la Fiesta Diocesana 2021

Fotos: Centro de Comunicaciones Diócesis de Cúcuta

El sábado 21 de agosto, la Diócesis de Cúcuta reunió a los sacerdotes, seminaristas, religiosos, a movimientos apostólicos (dos personas por movimiento) y animadores de la evangelización (dos personas para parroquia), en la Catedral San José, para dar apertura a la Fiesta Diocesana 2021, bajo el lema del mes de agosto: “Seamos comunidad”.

Entronización de la Palabra, por la Animación Bíblica de la Pastoral de la Diócesis de Cúcuta

Todo esto, manteniendo el aforo permitido y guardando los protocolos de bioseguridad; de esta manera, inició oficialmente la gran celebración, que conmemora los 65 años de creación de esta Iglesia Particular y los 25 años de Plan Pastoral y de las Comunidades Eclesiales Misioneras. Con un momento de acción de gracias, se hizo un repaso por toda la historia de fe en la jurisdicción eclesiástica de Cúcuta, que comprende, además, algunos municipios de Norte de Santander, la cual comenzó con los templos parroquiales de: Nuestra Señora del Rosario, San Luis Gonzaga, San Rafael Arcángel, San Antonio de Padua (Cúcuta), Nuestra Señora de la Candelaria, Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, Sagrado Corazón de Jesús, Santísima Trinidad, igualmente haciendo presencia en Gramalote, Santiago, Sardinata, El Carmen de Nazareth, San Cayetano, El Zulia y Lourdes.

Para el año 2021, la Diócesis de Cúcuta ya cuenta con 109 parroquias, las cuales fueron creadas con el impulso de los señores Obispos que han pasado por esta zona de frontera, y que sirvieron con entrega y dedicación en la construcción de una Iglesia viva y dinámica.

Servicio pastoral de los Obispos de la Diócesis de Cúcuta

Monseñor Luis Pérez Hernández: Creó el consejo de consultores; fundó el Periódico La Verdad; trajo las primeras comunidades religiosas: Orden de Santa Clara (hermanas clarisas), Misioneras de Jesús y María, hermanas Betlemitas, Rosaristas, hermanas de la Caridad del Cardenal Sancha, Hijas de San Pablo (hermanas paulinas) y las Juanistas.

Monseñor Pablo Correa León: Estructuró la Diócesis; participó en las sesiones del Concilio Vaticano II; compró y estableció la residencia de los Obispos de Cúcuta, inició la edificación del Seminario Menor.

Monseñor Pedro Rubiano Sáenz: Visitó cada una de las parroquias; fundó el Centro de Migraciones diocesano, impulsó el secretariado diocesano de Pastoral Social, organizó la Diócesis en vicarías foráneas, presidió las celebraciones del centenario del terremoto de Cúcuta y las bodas de plata de la Diócesis.

Monseñor Alberto Giraldo Jaramillo: Hizo presencia en las veredas más lejanas; fundó el Seminario Mayor San José, bajo la regencia de los padres de la Compañía de San Sulpicio.

Monseñor Rubén Salazar Gómez: Propuso una nueva etapa de evangelización y construir entre todos el Plan Diocesano de Nueva Evangelización, fuerza y dinamismo a la Diócesis.

Monseñor Óscar Urbina Ortega: Fortaleció el trabajo vocacional; continuó el proceso de renovación siguiendo el Plan; fundó la Emisora Vox Dei, para consolidar el trabajo pastoral en la frontera; fundó el Banco Diocesano de Alimentos; organizó la celebración del Jubileo en el año 2000; presidió la celebración de los 50 años de la Diócesis.

Monseñor Jaime Prieto Amaya: Llamado el “Apóstol de la justicia social”, promovió la Pastoral Rural y de la Tierra; enseñó a defender la vida humana: “cada vida es irrepetible, cada persona es irremplazable, cada muerte es irreversible”.

Monseñor Julio César Vidal Ortiz: Promovió el año de la fe con una misión diocesana realizada en el Anillo Vial Occidental; convocó el sínodo diocesano previsto en el Plan Pastoral, con el objetivo fundamental de revisar todo el proceso de evangelización, realizado hasta el momento, para actualizarlo y lanzar el camino a seguir.

Monseñor Víctor Manuel Ochoa Cadavid: Continuó el sínodo diocesano; presidió las asambleas sinodales, acogió la actualización del Plan Pastoral en el Proceso Evangelizador de la Iglesia Particular (P.E.I.P.); animó la misión evangelizadora; asumió la administración y presidencia de la Fundación Pía Autónoma Asilo Andresen; fundó la Casa de Paso ‘Divina Providencia’; presentó la solicitud para conceder el título de Basílica Menor a la parroquia San Luis Gonzaga; atendió el fenómeno migratorio; proyectó la renovación de la Emisora Vox Dei, con un nuevo transmisor digital, remodelación de los estudios y adecuación de equipos.

La labor realizada por estos pastores, de la mano de los sacerdotes y la vida consagrada, que enriquecen la Iglesia con sus dones y carismas, son signo del Reino de Dios, que trae a esta porción del pueblo de Dios, la esperanza de hacer parte del plan de salvación del Señor. Por su parte, los fieles laicos, que entregan su vida y bienes, para que la alegría del Evangelio llegue a todas las periferias, han propiciado que la Diócesis de Cúcuta siga creciendo en la fe, con dinamismo pastoral.

La celebración eucarística en esta apertura, estuvo presidida por el Administrador Apostólico, Monseñor José Libardo Garcés Monsalve, quien invitó a seguir fortaleciendo y renovando el Plan Pastoral con Jesucristo, “que es nuestra esperanza”, expresó Monseñor, y aseguró en su homilía que, “celebrar la fiesta diocesana, es reconocer que la Iglesia, una Santa, Católica y Apostólica, fundada por Jesucristo y cimentada en los Apóstoles, se hace presente en esta porción del pueblo de Dios… con el llamado que nos hace el Señor de salir a anunciar el Evangelio”. Y es que, en medio de las limitaciones de la pandemia, “nos reunimos con fervor intenso y el celo pastoral de quienes no nos detenemos en este camino evangelizador, formando comunidades eclesiales, que nos permiten vivir más cerca el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo”.

Los 65 años se celebran y se viven en este presente histórico, en medio de una nueva y difícil realidad, pero “con la esperanza de que estas situaciones nos ayudan a crecer” y a confiar de que Jesús “va con nosotros en la misma barca y Él calmará la tormenta”.

La Fiesta Diocesana 2021, se desarrolla por encuentros, con temáticas específicas, los cuales se pueden descargar en www.diocesisdecucuta.com, allí hay una ‘banner’ dispuesto con la cartilla en formato PDF, piezas gráficas y materiales para animar estos 65 años de crecer en la fe.

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La Diócesis de Cúcuta realiza segunda entrega de mercados gracias a la Campaña de Comunicación Cristiana de Bienes 2021

Fotos: Centro de Comunicaciones Diócesis de Cúcuta

Gracias a la Campaña de Comunicación Cristiana de Bienes que se realizó durante el mes de marzo del presente año, en el tiempo de Cuaresma, los fieles bautizados de la Diócesis de Cúcuta, en un ejercicio de abstinencia, pero también de caridad y ofrenda, han contribuido para llevar a tres mil familias una solución de alimento; específicamente a las familias del Anillo Vial Occidental.

La primera entrega, con más de cuarenta mercados, se realizó a las familias de colombianos retornados y venezolanos migrantes, que se forman en el proyecto Las Delicias de ‘La Niña María’, de la Fundación Pía Autónoma Asilo Andresen, el pasado 6 de agosto.

Gracias a la generosidad de tantas personas, se lograron constituir, con los recursos económicos de la Campaña, tres mil mercados, que se seguirán distribuyendo a las familias más vulnerables del Anillo Vial Occidental de San José de Cúcuta.

La segunda entrega de mercados, tuvo lugar en los sectores de La Fortaleza y La Primavera, pertenecientes a las parroquias Santo Tomás Apóstol y San Alberto Hurtado, respectivamente. El día viernes 20 de agosto, con la compañía de Monseñor José Libardo Garcés Monsalve, Administrador Apostólico de la Diócesis de Cúcuta; los sacerdotes Leonardo Mendoza Gélvez, párroco de Santo Tomás Apóstol; Ovidio Peñaranda, párroco de San Alberto Hurtado; y Jaime Enrique Aparicio Rubio, director de la Fundación Banco Diocesano de Alimentos, se entregaron más de cien mercados (de quinientos que se entregarán en estos sectores), y que servirán para apoyar a las familias que, seleccionadas entre estas comunidades, no cuentan con los recursos necesarios para suplir esta necesidad básica.

Con la bendición de los mercados por parte de Monseñor José Libardo y una invitación a dar gracias a Dios por tantas personas generosas en esta Iglesia Particular, se realizó esta entrega a través de la logística de la Fundación Banco de Alimentos de la Diócesis de Cúcuta.

De izq. a der.: Pbro. Jaime Aparicio, director de la Fundación Banco Diocesano de Alimentos y pbro. Leonardo Mendoza, párroco de Santo Tomás Apóstol

El padre Jaime Aparicio afirma que este es un momento para compartir la alegría y demostrar el rostro de Cristo a través de la caridad, ya que, en nombre de todos los bautizados de esta Iglesia que peregrina en Cúcuta, se realizan estas acciones que llevan esperanza a muchas familias afectadas por la situación económica de esta zona de frontera y también por la crisis que deja la pandemia de la COVID-19.

El fruto de esta ayuda, es reflejo de la caridad de Cristo, como lo afirma el padre Leonardo Mendoza, quien sirve como párroco de Santo Tomás Apóstol, pero que también acompaña a cuatro capillas más de esta zona de la ciudad.

De otra parte, en el barrio La Primavera, donde está ubicada la parroquia San Alberto Hurtado, se hizo entrega de otros cien mercados, que, junto al padre Ovidio Peñaranda y Monseñor José Libardo Garcés Monsalve, fueron puestos en manos de los beneficiarios, que agradecieron a la Diócesis de Cúcuta por tenerlos siempre presentes con estas ayudas, ya que no es la primera vez que llevan a sus hogares esperanza y caridad, por esto, siempre se han sentidos acompañados por la Iglesia, en medio de las necesidades que experimentan.

Con estas entregas, se cumple con el compromiso adquirido por parte de la Diócesis de Cúcuta, de distribuir los recursos de la Campaña de Comunicación Cristiana de Bienes, entre las personas más necesitadas del Anillo Vial Occidental, para que los bautizados que ofrendaron en el tiempo de Cuaresma, reciban abundantes bendiciones de Dios.

Compartimos con alegría la celebración de los 65 años de creación de la Diócesis de Cúcuta, peregrinando en esta zona de frontera

Cada mes de agosto, en la Iglesia Particular de Cúcuta celebramos nuestro aniversario en la vida eclesial, dando gracias a Dios por todos los bautizados, fieles laicos, religiosos, sacerdotes, agentes de pastoral que hacen parte de la historia de salvación que el Señor ha construido en esta porción del pueblo de Dios que peregrina en Cúcuta y Norte de Santander.

A su vez, celebramos 25 años del Plan Global Diocesano de Nueva Evangelización, instaurado en esta Diócesis, como una nueva forma de llevar el Evangelio de Jesucristo a las familias, y, 25 años del surgimiento de los Grupos Eclesiales, hoy llamados Comunidades Eclesiales Misioneras, que congregan a las familias en cada uno de los sectores de las comunidades parroquiales de esta jurisdicción eclesiástica.

La Diócesis de Cúcuta fue creada por el Papa Pío XII, el 29 de mayo de 1956, con la Bula Pontificia ‘Ecclesiarum Omnium’, desmembrándola de la Diócesis de Nueva Pamplona, que adquirió la categoría de Arquidiócesis. El primer Obispo de la Iglesia Particular de Cúcuta fue Monseñor Luis Pérez Hernández; durante estos años hemos estado acompañados por grandes pastores: Monseñor Pablo Correa León; Monseñor Pedro Rubiano Sáenz; Monseñor Luis Alberto Giraldo Jaramillo; Monseñor Rubén Salazar Gómez; Monseñor Óscar Urbina Ortega; Monseñor Jaime Prieto Amaya; Monseñor Julio César Vidal; Monseñor Víctor Manuel Ochoa Cadavid y actualmente, Monseñor José Libardo Garcés Monsalve, Administrador Apostólico; quienes han asumido con fe cada acontecimiento histórico, en los momentos de alegría, llenos de gozo bendecimos a Dios, y en los momentos de prueba han estado anunciando a Jesucristo, llevando su amor y caridad.

Recordamos a tantas personas, Obispos, sacerdotes, fieles y aquellos que, con un corazón generoso y bondadoso, han aportado a la transformación social a través del Evangelio, pero que hoy ya no nos acompañan. Anhelamos que el Señor les conceda el premio reservado para los justos: el Reino de los Cielos.

Pedimos a Dios que continúe suscitando abundantes frutos de apostolado, misión y santidad en esta Diócesis, de manera que, en los años venideros, continuemos caminando como discípulos misioneros del Señor.

Invitamos a todos los habitantes de esta zona de frontera a seguir caminando como pueblo de Dios, por la reconstrucción del tejido social, la construcción de la paz, la reconciliación, y así, como hijos de Dios, continuemos haciendo presencia de Jesús, nuestra esperanza en esta región del país.

La celebración se llevará a cabo desde el sábado 21 al 29 de agosto, con actividades y encuentros para vivir con los agentes de pastoral, las familias, niños, jóvenes adultos, las Comunidades Eclesiales Misioneras, movimientos apostólicos y todos quienes hacen parte de esta historia de fe.

Llevada en cuerpo y alma a la gloria del Cielo

Por: Pbro. Jean Carlos Medina Poveda, sacerdote de la Diócesis de San Cristóbal (Venezuela); licenciado en Teología Fundamental de la Universidad Gregoriana (Roma)

La Santísima Virgen María está asociada al Misterio de la encar­nación y redención. Ella, como mujer obediente y de fe, dijo SÍ al pro­yecto divino, con libertad y entrega res­pondió: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra” (Lc 1, 38).

Desde su maternidad, también fue unida a la obra de la redención, pues «sufrió intensamente con su Hijo y se unió a su sacrificio con corazón de Madre que, llena de amor, daba su consentimiento a la inmolación de su Hijo como víctima» (LG 58). Es evidente desde la palabra y la acción, la unión de la Madre con el Hijo; por lo cual, no podía culminar en una entrega total de la madre al discí­pulo, (Cf. Jn 19, 26-27), sino que, des­de esta implicación en el proyecto de Dios, tal como lo señalaba el Papa san Juan Pablo II: “María pudo compartir el sufrimiento y la muerte con vistas a la redención de la humanidad” (Cf. Au­diencia general, 25 de junio de 1997).

El Antiguo Testamento nos va presen­tado de manera pedagógica la figura de una mujer, la figura de una Virgen que traerá al Salvador, que concebirá y dará a luz a un hijo que se llamará Emmanuel (Cf. Is 7, 14). Ya de manera explícita en el Nuevo Testamento no encontramos a la Hija de Sión como la presentaban los profetas, sino concretamente a María la madre de Jesús, la Madre en quien se cumplen las promesas y se inaugura el nuevo plan de salvación. Las mismas páginas del Nuevo Testamento nos pre­sentan a María como la llena de gracia (Cf. Lc 1, 28), como la mujer que dócil­mente se entregó para ser la esclava del Señor. La fe y obediencia a Dios le per­mitió experimentar una llamada única y particular, es decir, a una maternidad divina pues estaba predestinada a ser Madre de Dios.

Vivió la alegría de contemplar al Salva­dor, de mostrarlo a los pastores y magos como su Hijo Primogénito; pero tam­bién, experimentó la angustia y el dolor de situaciones que aún no comprendía y que solo desde la confianza y la fe, lo guardaba y lo meditaba en su cora­zón (Cf. Lc 2, 41-51). Evidentemente, en las obras de Jesús, María estuvo presente, como la Madre intercesora, como la Bienaventurada que peregrinó con su Hijo amado y, peregrinó hasta la cruz (Cf. Jn 19, 25). Con esperanza y confianza perseveró con los Apóstoles en la oración, disponiéndose a recibir el Espíritu Santo (Cf. Hch 1, 14).

Así pues, la Sagrada Escritura nos pre­senta a la Virgen María como Madre del Mesías y por tanto Madre de Dios Hijo. Concretamente el Nuevo Testamento haciendo referencia de María, no rese­ña nada sobre su muerte, ni da detalles de alguna enfermedad, ni situaciones de momentos de persecución (propias de la época), agonía o tragedia, senci­llamente deja entrever en un silencioso suponer, que se produjo normalmente.

Al respecto de esta interrogante, el papa Juan Pablo II señaló en una de sus au­diencias públicas, la importancia del tema y fundamentándose en la profun­didad de pensamiento de los Padres de la Iglesia, como testigos privilegiados de la Tradición, recalcó: “Cualquiera que haya sido el hecho orgánico y biológico que, desde el punto de vista físico, le haya producido la muerte, puede decirse que el tránsito de esta vida a la otra fue para María una maduración de la gracia en la gloria, de modo que nunca mejor que en ese caso la muerte pudo concebirse como una dormición” (Cf. Audiencia gene­ral, 25 de junio de 1997).

La Asunción de la Santísima Virgen

Hemos considerado entre líneas, di­versos aspectos donde también nuestra fe está cimentada, pues el amor y de­voción a la Virgen María es parte de nuestra experiencia de fe, creemos fir­memente que Ella nos refiere a Cristo y por tanto a su Hijo nos conduce.

El 1 de noviembre de 1950, Pio XII de­finía como dogma de fe la Asunción de María en cuerpo y alma a la gloria ce­leste, definición establecida en la Cons­titución apostólica ‘Munificentisimus Deus’. El Concilio Vaticano II resal­tando la función de la Bienaventurada Virgen en la historia de la Salvación, in­dicándonos: “La Virgen Inmaculada, preservada libre de toda mancha de pecado original, terminado el curso de su vida en la tierra, fue llevada en cuerpo y alma a la gloria del Cielo y elevada al trono por el Señor como Reina del universo, para ser conforma­da más plenamente a su Hijo, Señor de los señores (Cf. Ap 19,16) y vencedor del pecado y de la muerte” (LG 59).

Ante esta realidad de la Asunción de la Virgen, queda claro que el cuerpo san­tísimo de la Madre de Dios no sufrió la más mínima corrupción y, el tenor de la definición dogmática antes señalada, permite concluir con certeza que, si de hecho el alma de María se separó algún momento de su cuerpo, fue para reu­nirse inmediatamente con Él. Tal como hemos indicado en los fundamentos bíblicos, María fue siempre unida a su Hijo, la Virgen acompañaba siempre a Jesús, compartiendo cada cosa, tanto en las alegrías como el dolor.

¿Qué significa celebrar a María?

Celebrar la Asunción de María, signifi­ca dar gracias a Dios, porque con su Sí generoso, permitió que el Verbo encon­trara un lugar privilegiado e incorrup­to para la propia encarnación de entre todos los hombres. Es celebrarla como la Madre del Dios vivo, pues es Ella un modelo de virtud especial que nos guía y «nos atrae a su Hijo, hacia su sacrifi­cio y hacia el amor del Padre» (LG 65).

Una vez más, fijamos nuestra mirada en esta creatura única y excepcional que Dios ha reservado toda para sí, en el esplendor del alma, del cuerpo y de la dignidad de Madre y Mujer. Es por ello que damos un culto especial, sincero y con devoción auténtica, pues al honrar a la Madre, estamos debidamente cono­ciendo, amando y glorificando al Hijo (Cf. LG 66).

En este día, particularmente nos dirigi­mos a la Virgen María con las mismas palabras de su prima Isabel en el mis­terio de la visitación: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vien­tre ¿Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a verme?» (Lc 1, 42- 43). Es una oportunidad, poder reno­var nuestra fe y amor a la Virgen. Que siempre estemos dispuestos a cantar las alabanzas a María, que no hagamos y nos quedemos en la superficialidad de una simple devoción mariana, sino que estemos decididos y convencidos en proclamar siempre: Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor está contigo, bendita entre las muje­res y bendito es el fruto de tu vientre. Convenzámonos que María es bendita y que nosotros nos beneficiamos de tal bendición, pues la asunta al Cielo nos ha donado al Señor.