Obispos de Colombia promueven la vacunación contra la COVID-19, como un acto solidario

Foto: paho.org

En un mensaje dirigido a todo el pueblo de Dios que peregrina en Colombia, este lunes 30 de agosto, los Obispos católicos del país, invitan a vacunarse contra el coronavirus, insistiendo en que, si bien es cierto que la vacunación es libre y voluntaria, “negarse a este acto solidario, sin una argumentación razonable, en conciencia o razón médica, constituiría una falta contra el bien común”.

Además, resaltan que, gracias al plan de vacunación que se adelanta en el país, se ha logrado mitigar los índices de contagio, lo que genera mayor confianza en la eficacia de las vacunas contra el virus SARS-CoV-2, causante de la actual pandemia. No obstante, insisten que esto aún no es suficiente: “invitamos a todos los fieles a seguir cooperando -cada uno según sus posibilidades y con los medios a su alcance- en la resolución de la actual crisis sanitaria, que todo lo afecta”.

El mensaje de los Obispos finaliza con un llamado a todos los fieles católicos que aún no se han vacunado a que “con la orientación del propio médico, consideren de manera responsable la opción por la vacunación y ayuden a que otros también lo hagan”.

Descargar mensaje.

En la Catedral San José se dio apertura a la Fiesta Diocesana 2021

Fotos: Centro de Comunicaciones Diócesis de Cúcuta

El sábado 21 de agosto, la Diócesis de Cúcuta reunió a los sacerdotes, seminaristas, religiosos, a movimientos apostólicos (dos personas por movimiento) y animadores de la evangelización (dos personas para parroquia), en la Catedral San José, para dar apertura a la Fiesta Diocesana 2021, bajo el lema del mes de agosto: “Seamos comunidad”.

Entronización de la Palabra, por la Animación Bíblica de la Pastoral de la Diócesis de Cúcuta

Todo esto, manteniendo el aforo permitido y guardando los protocolos de bioseguridad; de esta manera, inició oficialmente la gran celebración, que conmemora los 65 años de creación de esta Iglesia Particular y los 25 años de Plan Pastoral y de las Comunidades Eclesiales Misioneras. Con un momento de acción de gracias, se hizo un repaso por toda la historia de fe en la jurisdicción eclesiástica de Cúcuta, que comprende, además, algunos municipios de Norte de Santander, la cual comenzó con los templos parroquiales de: Nuestra Señora del Rosario, San Luis Gonzaga, San Rafael Arcángel, San Antonio de Padua (Cúcuta), Nuestra Señora de la Candelaria, Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, Sagrado Corazón de Jesús, Santísima Trinidad, igualmente haciendo presencia en Gramalote, Santiago, Sardinata, El Carmen de Nazareth, San Cayetano, El Zulia y Lourdes.

Para el año 2021, la Diócesis de Cúcuta ya cuenta con 109 parroquias, las cuales fueron creadas con el impulso de los señores Obispos que han pasado por esta zona de frontera, y que sirvieron con entrega y dedicación en la construcción de una Iglesia viva y dinámica.

Servicio pastoral de los Obispos de la Diócesis de Cúcuta

Monseñor Luis Pérez Hernández: Creó el consejo de consultores; fundó el Periódico La Verdad; trajo las primeras comunidades religiosas: Orden de Santa Clara (hermanas clarisas), Misioneras de Jesús y María, hermanas Betlemitas, Rosaristas, hermanas de la Caridad del Cardenal Sancha, Hijas de San Pablo (hermanas paulinas) y las Juanistas.

Monseñor Pablo Correa León: Estructuró la Diócesis; participó en las sesiones del Concilio Vaticano II; compró y estableció la residencia de los Obispos de Cúcuta, inició la edificación del Seminario Menor.

Monseñor Pedro Rubiano Sáenz: Visitó cada una de las parroquias; fundó el Centro de Migraciones diocesano, impulsó el secretariado diocesano de Pastoral Social, organizó la Diócesis en vicarías foráneas, presidió las celebraciones del centenario del terremoto de Cúcuta y las bodas de plata de la Diócesis.

Monseñor Alberto Giraldo Jaramillo: Hizo presencia en las veredas más lejanas; fundó el Seminario Mayor San José, bajo la regencia de los padres de la Compañía de San Sulpicio.

Monseñor Rubén Salazar Gómez: Propuso una nueva etapa de evangelización y construir entre todos el Plan Diocesano de Nueva Evangelización, fuerza y dinamismo a la Diócesis.

Monseñor Óscar Urbina Ortega: Fortaleció el trabajo vocacional; continuó el proceso de renovación siguiendo el Plan; fundó la Emisora Vox Dei, para consolidar el trabajo pastoral en la frontera; fundó el Banco Diocesano de Alimentos; organizó la celebración del Jubileo en el año 2000; presidió la celebración de los 50 años de la Diócesis.

Monseñor Jaime Prieto Amaya: Llamado el “Apóstol de la justicia social”, promovió la Pastoral Rural y de la Tierra; enseñó a defender la vida humana: “cada vida es irrepetible, cada persona es irremplazable, cada muerte es irreversible”.

Monseñor Julio César Vidal Ortiz: Promovió el año de la fe con una misión diocesana realizada en el Anillo Vial Occidental; convocó el sínodo diocesano previsto en el Plan Pastoral, con el objetivo fundamental de revisar todo el proceso de evangelización, realizado hasta el momento, para actualizarlo y lanzar el camino a seguir.

Monseñor Víctor Manuel Ochoa Cadavid: Continuó el sínodo diocesano; presidió las asambleas sinodales, acogió la actualización del Plan Pastoral en el Proceso Evangelizador de la Iglesia Particular (P.E.I.P.); animó la misión evangelizadora; asumió la administración y presidencia de la Fundación Pía Autónoma Asilo Andresen; fundó la Casa de Paso ‘Divina Providencia’; presentó la solicitud para conceder el título de Basílica Menor a la parroquia San Luis Gonzaga; atendió el fenómeno migratorio; proyectó la renovación de la Emisora Vox Dei, con un nuevo transmisor digital, remodelación de los estudios y adecuación de equipos.

La labor realizada por estos pastores, de la mano de los sacerdotes y la vida consagrada, que enriquecen la Iglesia con sus dones y carismas, son signo del Reino de Dios, que trae a esta porción del pueblo de Dios, la esperanza de hacer parte del plan de salvación del Señor. Por su parte, los fieles laicos, que entregan su vida y bienes, para que la alegría del Evangelio llegue a todas las periferias, han propiciado que la Diócesis de Cúcuta siga creciendo en la fe, con dinamismo pastoral.

La celebración eucarística en esta apertura, estuvo presidida por el Administrador Apostólico, Monseñor José Libardo Garcés Monsalve, quien invitó a seguir fortaleciendo y renovando el Plan Pastoral con Jesucristo, “que es nuestra esperanza”, expresó Monseñor, y aseguró en su homilía que, “celebrar la fiesta diocesana, es reconocer que la Iglesia, una Santa, Católica y Apostólica, fundada por Jesucristo y cimentada en los Apóstoles, se hace presente en esta porción del pueblo de Dios… con el llamado que nos hace el Señor de salir a anunciar el Evangelio”. Y es que, en medio de las limitaciones de la pandemia, “nos reunimos con fervor intenso y el celo pastoral de quienes no nos detenemos en este camino evangelizador, formando comunidades eclesiales, que nos permiten vivir más cerca el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo”.

Los 65 años se celebran y se viven en este presente histórico, en medio de una nueva y difícil realidad, pero “con la esperanza de que estas situaciones nos ayudan a crecer” y a confiar de que Jesús “va con nosotros en la misma barca y Él calmará la tormenta”.

La Fiesta Diocesana 2021, se desarrolla por encuentros, con temáticas específicas, los cuales se pueden descargar en www.diocesisdecucuta.com, allí hay una ‘banner’ dispuesto con la cartilla en formato PDF, piezas gráficas y materiales para animar estos 65 años de crecer en la fe.

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La Diócesis de Cúcuta realiza segunda entrega de mercados gracias a la Campaña de Comunicación Cristiana de Bienes 2021

Fotos: Centro de Comunicaciones Diócesis de Cúcuta

Gracias a la Campaña de Comunicación Cristiana de Bienes que se realizó durante el mes de marzo del presente año, en el tiempo de Cuaresma, los fieles bautizados de la Diócesis de Cúcuta, en un ejercicio de abstinencia, pero también de caridad y ofrenda, han contribuido para llevar a tres mil familias una solución de alimento; específicamente a las familias del Anillo Vial Occidental.

La primera entrega, con más de cuarenta mercados, se realizó a las familias de colombianos retornados y venezolanos migrantes, que se forman en el proyecto Las Delicias de ‘La Niña María’, de la Fundación Pía Autónoma Asilo Andresen, el pasado 6 de agosto.

Gracias a la generosidad de tantas personas, se lograron constituir, con los recursos económicos de la Campaña, tres mil mercados, que se seguirán distribuyendo a las familias más vulnerables del Anillo Vial Occidental de San José de Cúcuta.

La segunda entrega de mercados, tuvo lugar en los sectores de La Fortaleza y La Primavera, pertenecientes a las parroquias Santo Tomás Apóstol y San Alberto Hurtado, respectivamente. El día viernes 20 de agosto, con la compañía de Monseñor José Libardo Garcés Monsalve, Administrador Apostólico de la Diócesis de Cúcuta; los sacerdotes Leonardo Mendoza Gélvez, párroco de Santo Tomás Apóstol; Ovidio Peñaranda, párroco de San Alberto Hurtado; y Jaime Enrique Aparicio Rubio, director de la Fundación Banco Diocesano de Alimentos, se entregaron más de cien mercados (de quinientos que se entregarán en estos sectores), y que servirán para apoyar a las familias que, seleccionadas entre estas comunidades, no cuentan con los recursos necesarios para suplir esta necesidad básica.

Con la bendición de los mercados por parte de Monseñor José Libardo y una invitación a dar gracias a Dios por tantas personas generosas en esta Iglesia Particular, se realizó esta entrega a través de la logística de la Fundación Banco de Alimentos de la Diócesis de Cúcuta.

De izq. a der.: Pbro. Jaime Aparicio, director de la Fundación Banco Diocesano de Alimentos y pbro. Leonardo Mendoza, párroco de Santo Tomás Apóstol

El padre Jaime Aparicio afirma que este es un momento para compartir la alegría y demostrar el rostro de Cristo a través de la caridad, ya que, en nombre de todos los bautizados de esta Iglesia que peregrina en Cúcuta, se realizan estas acciones que llevan esperanza a muchas familias afectadas por la situación económica de esta zona de frontera y también por la crisis que deja la pandemia de la COVID-19.

El fruto de esta ayuda, es reflejo de la caridad de Cristo, como lo afirma el padre Leonardo Mendoza, quien sirve como párroco de Santo Tomás Apóstol, pero que también acompaña a cuatro capillas más de esta zona de la ciudad.

De otra parte, en el barrio La Primavera, donde está ubicada la parroquia San Alberto Hurtado, se hizo entrega de otros cien mercados, que, junto al padre Ovidio Peñaranda y Monseñor José Libardo Garcés Monsalve, fueron puestos en manos de los beneficiarios, que agradecieron a la Diócesis de Cúcuta por tenerlos siempre presentes con estas ayudas, ya que no es la primera vez que llevan a sus hogares esperanza y caridad, por esto, siempre se han sentidos acompañados por la Iglesia, en medio de las necesidades que experimentan.

Con estas entregas, se cumple con el compromiso adquirido por parte de la Diócesis de Cúcuta, de distribuir los recursos de la Campaña de Comunicación Cristiana de Bienes, entre las personas más necesitadas del Anillo Vial Occidental, para que los bautizados que ofrendaron en el tiempo de Cuaresma, reciban abundantes bendiciones de Dios.

Fiesta Diocesana 2021

Descargue los siguientes materiales:

Compartimos con alegría la celebración de los 65 años de creación de la Diócesis de Cúcuta, peregrinando en esta zona de frontera

Cada mes de agosto, en la Iglesia Particular de Cúcuta celebramos nuestro aniversario en la vida eclesial, dando gracias a Dios por todos los bautizados, fieles laicos, religiosos, sacerdotes, agentes de pastoral que hacen parte de la historia de salvación que el Señor ha construido en esta porción del pueblo de Dios que peregrina en Cúcuta y Norte de Santander.

A su vez, celebramos 25 años del Plan Global Diocesano de Nueva Evangelización, instaurado en esta Diócesis, como una nueva forma de llevar el Evangelio de Jesucristo a las familias, y, 25 años del surgimiento de los Grupos Eclesiales, hoy llamados Comunidades Eclesiales Misioneras, que congregan a las familias en cada uno de los sectores de las comunidades parroquiales de esta jurisdicción eclesiástica.

La Diócesis de Cúcuta fue creada por el Papa Pío XII, el 29 de mayo de 1956, con la Bula Pontificia ‘Ecclesiarum Omnium’, desmembrándola de la Diócesis de Nueva Pamplona, que adquirió la categoría de Arquidiócesis. El primer Obispo de la Iglesia Particular de Cúcuta fue Monseñor Luis Pérez Hernández; durante estos años hemos estado acompañados por grandes pastores: Monseñor Pablo Correa León; Monseñor Pedro Rubiano Sáenz; Monseñor Luis Alberto Giraldo Jaramillo; Monseñor Rubén Salazar Gómez; Monseñor Óscar Urbina Ortega; Monseñor Jaime Prieto Amaya; Monseñor Julio César Vidal; Monseñor Víctor Manuel Ochoa Cadavid y actualmente, Monseñor José Libardo Garcés Monsalve, Administrador Apostólico; quienes han asumido con fe cada acontecimiento histórico, en los momentos de alegría, llenos de gozo bendecimos a Dios, y en los momentos de prueba han estado anunciando a Jesucristo, llevando su amor y caridad.

Recordamos a tantas personas, Obispos, sacerdotes, fieles y aquellos que, con un corazón generoso y bondadoso, han aportado a la transformación social a través del Evangelio, pero que hoy ya no nos acompañan. Anhelamos que el Señor les conceda el premio reservado para los justos: el Reino de los Cielos.

Pedimos a Dios que continúe suscitando abundantes frutos de apostolado, misión y santidad en esta Diócesis, de manera que, en los años venideros, continuemos caminando como discípulos misioneros del Señor.

Invitamos a todos los habitantes de esta zona de frontera a seguir caminando como pueblo de Dios, por la reconstrucción del tejido social, la construcción de la paz, la reconciliación, y así, como hijos de Dios, continuemos haciendo presencia de Jesús, nuestra esperanza en esta región del país.

La celebración se llevará a cabo desde el sábado 21 al 29 de agosto, con actividades y encuentros para vivir con los agentes de pastoral, las familias, niños, jóvenes adultos, las Comunidades Eclesiales Misioneras, movimientos apostólicos y todos quienes hacen parte de esta historia de fe.

Papa Francisco invita a vacunarse contra la COVID-19, como un acto de amor

Este martes 17 de agosto, se dio a conocer un video-mensaje del Papa Francisco, donde resalta la importancia de aplicarse las vacunas autorizadas contra la COVID-19, ya que “es necesario ser responsables del bienestar común, porque somos una única familia”, explica el Sumo Pontífice, quien expresa que vacunarse es “un acto de amor”, asimismo lo es, “ayudar a que otra gente lo haga”.

En el video también aparecen prelados de América Latina: Monseñor José Horacio Gómez, prelado mexicano y presidente de los Obispos de Estados Unidos; Cardenal Carlos Aguiar-Retes, Arzobispo de Ciudad de México; Cardenal Óscar Rodríguez Maradiaga, S.D.B., Arzobispo de Tegucigalpa (Honduras); Cardenal Claudio Hummes, O.F.M., prelado brasileño y presidente de la Conferencia Eclesial de la Amazonía; Cardenal Gregorio Rosa Chávez, Arzobispo Auxiliar de San Salvador; Monseñor Miguel Cabrejos Vidarte, O.F.M., Arzobispo de Trujillo (Perú) y presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM); quienes se unieron para hacer eco de las palabras del Papa Francisco y llamar a la unidad a los pueblos latinoamericanos ante la urgente necesidad de proteger la salud de todos y vacunarse contra el coronavirus.

Este mensaje audiovisual hace parte de una campaña llamada “De ti depende” organizada por el grupo estadounidense sin ánimo de lucro ‘Ad Council’ y la coalición de salud pública ‘COVID Collaborative’, con el objetivo de seguir aumentando la confianza en las vacunas contra la COVID-19.

Decanatos

 

Decanatos Urbanos

VICARIA SAN JOSÉ 

DECANATO SAN ANTONIO DE PADUA

Decano: Pbro. José Santos Ortega Lizcano

SAN JOSÉ – CATEDRAL
SAN ANTONIO DE PADUA
NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN
AVE MARÍA
SAN RAFAEL ARCÁNGEL
SANTA CLARA DE ASÍS
SAN MARTIN DE PORRES
INMACULADA CONCEPCIÓN
CUASI-PARROQUIA SAN EMIGDIO, El Pórtico
CAPILLA LA MILAGROSA
CAPILLA NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN
CAPILLA NUESTRA SEÑORA DE LAS GRACIAS DE TORCOROMA
DECANATO ESPÍRITU SANTO

Decano: Pbro. Carlos Arturo Flórez Gómez

ESPÍRITU SANTO
JESUCRISTO EL BUEN PASTOR
SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
MARÍA AUXILIADORA
SANTO DOMINGO SAVIO
SANTÍSIMO REDENTOR
NUESTRA SEÑORA DE LA CANDELARIA
SAN MIGUEL ARCÁNGEL
DECANATO SAN FRANCISCO DE ASÍS

Decano: Pbro. Fabián Staper Carvajal

SAN FRANCISCO DE ASÍS
SAN JUAN BAUTISTA
NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE
CRISTO EVANGELIZADOR
CRISTO RESUCITADO
INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA
DIVINO NIÑO JESÚS, Tasajero.
DECANATO NUESTRA SEÑORA DEL PERPETUO SOCORRO

Decano: Pbro. Wilman Arley Paredes Alba

NUESTRA SEÑORA DEL PERPETUO SOCORRO
SAN JUAN MARÍA VIANNEY
NUESTRA SEÑORA DE LAS ANGUSTIAS
NUESTRA SEÑORA DE BELÉN
VISITACIÓN DE NUESTRA SEÑORA
SANTÍSIMA TRINIDAD
SAN ANDRÉS APÓSTOL
SANTA LAURA MONTOYA

VICARIA SAN PIO X 

DECANATO CRISTO SACERDOTE

Decano: Pbro. Jaime Antonio Blanco Collantes

CRISTO SACERDOTE
SANTA MARÍA ROSA MÍSTICA
SAN ISIDRO LABRADOR
SANTA TERESA DEL NIÑO JESÚS
SANTA ROSA DE LIMA
LA PRESENTACIÓN DEL SEÑOR
SANTA MARTA
SAN GABRIEL ARCÁNGEL
DECANATO MARÍA REINA

Decano: Pbro. Omar Leonardo Arias Quijano

SANTOS APÓSTOLES
JESÚS MISERICORDIOSO
JESÚS DE NAZARETH
SEÑOR DE LOS MILAGROS
MARÍA REINA DE TODOS LOS SANTOS
SAN ANTONIO MARÍA CLARET
NATIVIDAD DE NUESTRA SEÑORA
SANTA MARGARITA DE YOUVILLE
DECANATO ASUNCIÓN DE MARÍA

Decano: Pbro. Victor Manuel Torrado Quintero

ASUNCIÓN DE MARÍA
SAN FRANCISCO JAVIER
SAN JOSÉ OBRERO
CRISTO CAMINO
SAGRADA EUCARISTÍA
DECANATO CRISTO MAESTRO

Decano: Pbro. Luis Arnulfo Ibarra Sánchez

NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO DE MONGUÍ
SAN PÍO X
SAN AGUSTÍN
SANTA MARÍA MAZARELLO
CRISTO MAESTRO
SAN JUAN BOSCO
SAN ALBERTO HURTADO
SANTO TOMÁS APÓSTOL
NUESTRA SEÑORA DE LA ESPERANZA

VICARIA SAN LUIS 

DECANATO SAN PABLO

Decano: Pbro. John Alcides Castro Yanquen

NUESTRA SEÑORA DE LA PAZ
SAN VICENTE DE PAUL
SAN PABLO
SAN JUAN EVANGELISTA
SANTA MARÍA MADRE DE DIOS
JESÚS BUEN PASTOR
NUESTRA SEÑORA DE FÁTIMA
SANTA RITA DE CASIA
DECANATO NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO

Decano: Pbro. José Emín Mora Camargo

NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO
SAN PEDRO APÓSTOL
NUESTRA SEÑORA DE LAS MISERICORDIAS
SAN JUDAS TADEO, Villa del Rosario
CRISTO REY
DIVINO NIÑO, Villa del Rosario
SAN IGNACIO DE LOYOLA
NUESTRA SEÑORA DE LA ANUNCIACIÓN
DECANATO DE LA SAGRADA FAMILIA

Decano: Pbro. Alvaro Iván Gómez Suárez

SAGRADA FAMILIA
SAN EZEQUIEL MORENO
SAN PEDRO CLAVER
NUESTRA SEÑORA DE TORCOROMA
SAN MARTÍN DE TOURS
MADRE TERESA DE CALCUTA
DECANATO SAN JUDAS TADEO

Decano: Pbro. Carlos Fernando Duarte Ribero

SAN LUIS GONZAGA
SAN JUDAS TADEO – El Escobal
SANTA MÓNICA
SANTA ANA
SAN MATEO EVANGELISTA
TODOS LOS SANTOS

Decanatos Rurales

VICARIA SAN RAFAEL 

DECANATO SAN MARTÍN DE SARDINATA

Decano: Pbro.  Freddy Andrés Torres Pedroza

SAN MARTÍN DE SARDINATA
NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN, BUCARISICA
NUESTRA SEÑORA DE LAS VICTORIAS, LA VICTORIA
SAN ANTONIO DE PADUA, EL ZULIA
NUESTRA SEÑORA DE CHINQUIQUIRÁ, EL ZULIA
DECANATO NUESTRA SEÑORA DE LOURDES

Decano: Pbro. William Elias Gelves Alvarez

SAN RAFAEL, GRAMALOTE
NUESTRA SEÑORA DE LOURDES, LOURDES
SAN PEDRO APÓSTOL, VILLACARO
NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN, CARMEN DE NAZARETH
SANTIAGO APÓSTOL, SANTIAGO
SAN CAYETANO, SAN CAYETANO

La Asunción de la Santísima Virgen María

Por: Mons. José Libardo Garcés Monsalve, Administrador Apostólico de la Diócesis de Cúcuta

El 15 de agosto tenemos el pri­vilegio de celebrar con toda la Iglesia la solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen Ma­ría al cielo, dogma de fe proclamado por el Papa Pío XII en la constitución apostólica ‘Munificentissimus Deus’ el 1 de noviembre de 1950, afirmando lo siguiente: “La Inmaculada siempre Virgen María, Madre de Dios, termi­nado el curso de su vida terrena, fue llevada en cuerpo y alma a la gloria celestial”.

La Virgen María nos indica la meta del peregrinar en esta tierra. Así lo expre­só el Papa Benedicto XVI en su homi­lía el 15 de agosto del 2010: “María, el arca de la alianza que está en el san­tuario del cielo, nos indica con clari­dad luminosa que estamos en camino hacia la verdadera Casa, la comunión de alegría de paz con Dios”. Esta es la fe que profesamos y la esperanza que tenemos todos los creyentes en Cristo, caminando como peregrinos hacia la Casa del Señor a participar de la gloria del Cielo.

En medio de las luchas de la vida dia­ria y de la tormenta por la que todos estamos pasando en el mundo, a causa de esta pandemia y de otras tantas di­ficultades, la solemnidad de la Asun­ción de María al Cielo, nos abre a la esperanza, a un futuro lleno de paz en el Cielo, y Ella misma nos muestra el camino para alcanzar la gloria de Dios, invitándonos a acoger por la fe a Nuestro Señor Jesucristo, a permanecer en comunión con Él me­diante la gracia de Dios, a dejar que su Palabra sea luz y guía para nuestros pasos; a seguirlo como Camino, Ver­dad y Vida (Cf. Jn 14, 6), sobre todo en los momentos más tormentosos de la vida, cuando sentimos que la cruz se hace más difícil de llevar.

Contemplamos a María al pie de la Cruz junto a su Hijo Jesucristo, que entrega la vida por nosotros. Ella está allí con dolor, pero de pie, con la Es­peranza firme puesta en Dios. Hoy la veneramos ya en la gloria del cielo, dándonos esperanza en medio de las tribulaciones y dificultades de cada día, con la certeza de la gloria del cielo. Así nos lo enseña el ca­tecismo de la Iglesia Católica: “La Asun­ción de la Santísima Virgen constituye una participación singular en la Resu­rrección de su Hijo y una anticipación de la resurrección de los demás cristianos” (CCE 966). Tambien, en la oración colecta de la solemnidad de la Asunción, ora­mos de la siguiente manera: “Dios To­dopoderoso y Eterno, que has eleva­do en cuerpo y alma a los Cielos a la Inmaculada Virgen María, Madre de tu Hijo, concédenos, te rogamos, que aspirando siempre a las realidades di­vinas, lleguemos a participar con Ella de su misma gloria en el Cielo”. Esta oración litúrgica nos anuncia la gran noticia de la salvación, que nos invita a tener los ojos fijos en el Señor, pero los pies en la tierra, trabajando todos los días por nuestra propia salva­ción y la de los hermanos.

El camino para llegar al Cielo nos lo traza la Virgen María desde el mismo momento de la Anunciación, cuando recibe el anuncio del Arcángel Ga­briel, quien le comunica la misión de parte de Dios de ser la madre del Sal­vador y Ella responde con entrega y decisión: “Aquí está la esclava del Se­ñor, hágase en mí según tu Palabra” (Lc 1, 38) y en las bodas de Caná lo reafirma: “Hagan lo que Él les diga” (Jn 2, 5).

María siempre estuvo disponible a ha­cer y amar la voluntad de Dios, indi­cándonos que el camino seguro para llegar al cielo es hacer lo que Jesús nos diga. Nuestra condición humana tan marcada por el pecado y tan llena de luchas e incertidumbres, recibe al mismo tiempo todas las gracias del Señor, cuan­do abrimos la vida y el corazón a su voluntad y a su querer. Esa es la Esperanza cristiana que se abre para nosotros cuando somos capaces de decirle a Dios: “Há­gase tu voluntad así en la tierra como en el cielo” (Mt 6, 10), acogiendo en el corazón a Nuestro Señor Jesucristo, nuestra esperanza.

La esperanza no es un invento del ser humano, es una virtud y una gracia que viene de Dios, que cada uno se dispone a recibir. Jesucristo es nues­tra esperanza, es el lema de nuestro Plan Pastoral para este año y resulta muy oportuno hacer este itinerario de esperanza, en un momento de la histo­ria en el que la fragilidad humana, la incertidumbre y la cruz están tocando de cerca a toda la humanidad. Frente a la incapacidad nuestra para mante­nernos en pie, Jesucristo, nuestra es­peranza, viene en nuestro auxilio, nos sostiene y nos ayuda a seguir adelante, abrazando su Cruz.

La Virgen María, sin entender comple­tamente la misión que el Señor le con­fió, con gran esperanza en Dios que no defrauda, dijo a la misión y lo que no comprendía lo guardaba en su cora­zón, así lo expresa el Evangelio: “Ma­ría, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón” (Lc 2, 16-21); esto nos muestra que el camino para vivir la esperanza, es una vida interior que se relacione con Dios en constante oración con­templativa junto a su Cruz.

Contemplar a María orante y con es­peranza, es un alivio para el momento de cruz por el que pasamos. En medio de esta tormenta y de tantos conflic­tos que agobian a la humanidad por la pandemia y por la violencia que se está desatando en todas partes, nos acogemos al amparo de María Santísi­ma, para no desviarnos de lo esencial y permanecer centrados en Jesucristo, que da sentido y sostiene toda nuestra vida.

La profunda vida interior y contem­plativa de nuestra Madre del cielo, nos exhorta a mirar fijamente a Jesucristo, a vivir con serenidad y paz las incerti­dumbres y tormentas diarias, poniendo nuestra vida en las manos del Padre y caminando como peregrinos en esta tierra en la gracia del Señor, hasta que lleguemos a la Gloria de Dios, lugar donde está la Virgen María, después de su Asunción al Cielo.

Los convoco a poner la vida personal y familiar bajo la protección y amparo de la Santísima Virgen María, en to­das las circunstancias de la existencia, aún en los momentos de cruz. Que el Glorioso Patriarca San José, unido a la Madre del cielo, alcancen de Nuestro Señor Jesucristo, nuestra esperanza, gracias y bendiciones para cada uno de ustedes y sus familias.

Para todos, mi oración y mi bendición.

Llevada en cuerpo y alma a la gloria del Cielo

Por: Pbro. Jean Carlos Medina Poveda, sacerdote de la Diócesis de San Cristóbal (Venezuela); licenciado en Teología Fundamental de la Universidad Gregoriana (Roma)

La Santísima Virgen María está asociada al Misterio de la encar­nación y redención. Ella, como mujer obediente y de fe, dijo SÍ al pro­yecto divino, con libertad y entrega res­pondió: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra” (Lc 1, 38).

Desde su maternidad, también fue unida a la obra de la redención, pues «sufrió intensamente con su Hijo y se unió a su sacrificio con corazón de Madre que, llena de amor, daba su consentimiento a la inmolación de su Hijo como víctima» (LG 58). Es evidente desde la palabra y la acción, la unión de la Madre con el Hijo; por lo cual, no podía culminar en una entrega total de la madre al discí­pulo, (Cf. Jn 19, 26-27), sino que, des­de esta implicación en el proyecto de Dios, tal como lo señalaba el Papa san Juan Pablo II: “María pudo compartir el sufrimiento y la muerte con vistas a la redención de la humanidad” (Cf. Au­diencia general, 25 de junio de 1997).

El Antiguo Testamento nos va presen­tado de manera pedagógica la figura de una mujer, la figura de una Virgen que traerá al Salvador, que concebirá y dará a luz a un hijo que se llamará Emmanuel (Cf. Is 7, 14). Ya de manera explícita en el Nuevo Testamento no encontramos a la Hija de Sión como la presentaban los profetas, sino concretamente a María la madre de Jesús, la Madre en quien se cumplen las promesas y se inaugura el nuevo plan de salvación. Las mismas páginas del Nuevo Testamento nos pre­sentan a María como la llena de gracia (Cf. Lc 1, 28), como la mujer que dócil­mente se entregó para ser la esclava del Señor. La fe y obediencia a Dios le per­mitió experimentar una llamada única y particular, es decir, a una maternidad divina pues estaba predestinada a ser Madre de Dios.

Vivió la alegría de contemplar al Salva­dor, de mostrarlo a los pastores y magos como su Hijo Primogénito; pero tam­bién, experimentó la angustia y el dolor de situaciones que aún no comprendía y que solo desde la confianza y la fe, lo guardaba y lo meditaba en su cora­zón (Cf. Lc 2, 41-51). Evidentemente, en las obras de Jesús, María estuvo presente, como la Madre intercesora, como la Bienaventurada que peregrinó con su Hijo amado y, peregrinó hasta la cruz (Cf. Jn 19, 25). Con esperanza y confianza perseveró con los Apóstoles en la oración, disponiéndose a recibir el Espíritu Santo (Cf. Hch 1, 14).

Así pues, la Sagrada Escritura nos pre­senta a la Virgen María como Madre del Mesías y por tanto Madre de Dios Hijo. Concretamente el Nuevo Testamento haciendo referencia de María, no rese­ña nada sobre su muerte, ni da detalles de alguna enfermedad, ni situaciones de momentos de persecución (propias de la época), agonía o tragedia, senci­llamente deja entrever en un silencioso suponer, que se produjo normalmente.

Al respecto de esta interrogante, el papa Juan Pablo II señaló en una de sus au­diencias públicas, la importancia del tema y fundamentándose en la profun­didad de pensamiento de los Padres de la Iglesia, como testigos privilegiados de la Tradición, recalcó: “Cualquiera que haya sido el hecho orgánico y biológico que, desde el punto de vista físico, le haya producido la muerte, puede decirse que el tránsito de esta vida a la otra fue para María una maduración de la gracia en la gloria, de modo que nunca mejor que en ese caso la muerte pudo concebirse como una dormición” (Cf. Audiencia gene­ral, 25 de junio de 1997).

La Asunción de la Santísima Virgen

Hemos considerado entre líneas, di­versos aspectos donde también nuestra fe está cimentada, pues el amor y de­voción a la Virgen María es parte de nuestra experiencia de fe, creemos fir­memente que Ella nos refiere a Cristo y por tanto a su Hijo nos conduce.

El 1 de noviembre de 1950, Pio XII de­finía como dogma de fe la Asunción de María en cuerpo y alma a la gloria ce­leste, definición establecida en la Cons­titución apostólica ‘Munificentisimus Deus’. El Concilio Vaticano II resal­tando la función de la Bienaventurada Virgen en la historia de la Salvación, in­dicándonos: “La Virgen Inmaculada, preservada libre de toda mancha de pecado original, terminado el curso de su vida en la tierra, fue llevada en cuerpo y alma a la gloria del Cielo y elevada al trono por el Señor como Reina del universo, para ser conforma­da más plenamente a su Hijo, Señor de los señores (Cf. Ap 19,16) y vencedor del pecado y de la muerte” (LG 59).

Ante esta realidad de la Asunción de la Virgen, queda claro que el cuerpo san­tísimo de la Madre de Dios no sufrió la más mínima corrupción y, el tenor de la definición dogmática antes señalada, permite concluir con certeza que, si de hecho el alma de María se separó algún momento de su cuerpo, fue para reu­nirse inmediatamente con Él. Tal como hemos indicado en los fundamentos bíblicos, María fue siempre unida a su Hijo, la Virgen acompañaba siempre a Jesús, compartiendo cada cosa, tanto en las alegrías como el dolor.

¿Qué significa celebrar a María?

Celebrar la Asunción de María, signifi­ca dar gracias a Dios, porque con su Sí generoso, permitió que el Verbo encon­trara un lugar privilegiado e incorrup­to para la propia encarnación de entre todos los hombres. Es celebrarla como la Madre del Dios vivo, pues es Ella un modelo de virtud especial que nos guía y «nos atrae a su Hijo, hacia su sacrifi­cio y hacia el amor del Padre» (LG 65).

Una vez más, fijamos nuestra mirada en esta creatura única y excepcional que Dios ha reservado toda para sí, en el esplendor del alma, del cuerpo y de la dignidad de Madre y Mujer. Es por ello que damos un culto especial, sincero y con devoción auténtica, pues al honrar a la Madre, estamos debidamente cono­ciendo, amando y glorificando al Hijo (Cf. LG 66).

En este día, particularmente nos dirigi­mos a la Virgen María con las mismas palabras de su prima Isabel en el mis­terio de la visitación: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vien­tre ¿Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a verme?» (Lc 1, 42- 43). Es una oportunidad, poder reno­var nuestra fe y amor a la Virgen. Que siempre estemos dispuestos a cantar las alabanzas a María, que no hagamos y nos quedemos en la superficialidad de una simple devoción mariana, sino que estemos decididos y convencidos en proclamar siempre: Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor está contigo, bendita entre las muje­res y bendito es el fruto de tu vientre. Convenzámonos que María es bendita y que nosotros nos beneficiamos de tal bendición, pues la asunta al Cielo nos ha donado al Señor.

¡Verenable Berenice!

Por: Hna. Elia Julieth Pérez Rivera, Congregación Religiosa de las Hermanitas de la Anunciación de Cúcuta

La Venerable María Berenice, nació en Salamina (Caldas, Colombia) el 14 de agosto de 1898, sus padres fueron sus primeros educadores en la fe, le inculcaron una sólida devoción a la Virgen María con el rezo coti­diano del Santo Rosario y el amor a la Eucaristía.

Ana Julia, como era su nombre de bautismo, aprendió a orar y a contemplar a Dios en la natura­leza, en su familia, y esto fue despertando en ella el deseo de ser contemplativa. Buscó trabajar con las personas humildes, senci­llas y marginadas de la sociedad, experiencia que la llevó a descu­brir cómo el Corazón de Jesús le pedía la fundación de una comu­nidad con jóvenes sencillas que le ayudaran a hacer realidad este sueño. Es así como en 1943 funda la Congregación Religiosa de las Hermanitas de la Anunciación en Medellín.

Fundó otras obras, como: Las Hermanas Franciscanas Misio­neras de Jesús y de María, el 15 agosto de 1957. El 8 de diciembre de 1965, el Señor le puso delante otra obra, fundando los Misione­ros de la Anunciación.

La venerable Berenice, vivió con gran fidelidad y alegría su con­sagración al Señor, quiso inmo­larse, identificarse con Cristo, dirigirse al suplicio de la Cruz y acoger la muerte con un amor más fuerte y más grande. El lema de su vida fue: la voluntad de Dios. Se preparó con una larga enfermedad para subir al Calva­rio, consumiéndose como hostia de amor y reparación. Murió en Medellín, el 25 de julio de 1993.

Con motivo del natalicio de nuestra fundadora, las Hermani­tas de la Anunciación presentes en la Diócesis de Cúcuta, expre­samos gratitud a Dios por per­mitirnos ser continuadoras de su legado en esta Iglesia Particular.