Como san Ignacio, reconozcámonos heridos para encontrar a Dios

Por: Pbro. Saddy Arnaldo Oviedo Villamizar, Vicario de la parroquia San Rafael de Gramalote

La importancia de las cosas aparentemente pequeñas

En la sociedad del rendimiento y el éxito tiene “mala pren­sa” hablar de heridas, sueños rotos y vulnerabilidad. Términos destacados en la coyuntura ocurri­da a Ignacio de Loyola en la ciu­dad de Pamplona (España), el mes de mayo de 1521, pues una bala de cañón, cambió el curso de su vida, donde sus sueños mundanos impulsados por anhelo de riquezas cortesanas, hazañas militares, va­nidades por sus planes de gloria, romances… fueron hechos añicos.

Aquel hecho ocurrido en las extre­midades inferiores de Ignacio, lo llevó a un tiempo de convalecencia en la casa paterna. En la torre de Loyola hizo conciencia de su fra­gilidad en una profunda introspec­ción delante de Cristo, gestándose en él, una sed de Dios. Esa búsque­da espiritual de Dios, descuidada en sus años de juventud, comienza a hacerse una pasión para él. Con ánimo generoso y encendido del amor de Dios (Autobiografía, 9) emprende una larga peregrinación que lo enfocará a “ver nuevas todas las cosas en Cristo” (9).

De modo que, celebrar el V cen­tenario de la conversión de San Ignacio de Loyola, se asocia con la iniciación en aquel peregrino, de vivir los sueños que Dios tenía para él. En Pamplona ocurrió la alegría de un feliz inicio de rumbo, en medio de un aparente fracaso, comenzó a vivir según palabras del Papa Francisco: “el sueño de re­dención, el sueño de salir al mun­do entero… de ayudar a las almas acompañado de Jesús humilde y pobre”.

Experimentar cada día una nueva conversión

Hemos visto el contexto exterior y una menuda aproximación al itine­rario espiritual de Íñigo de Loyola que lo llevó al rumbo de la nove­dad del Reino. Emplazándonos a la exuberante riqueza espiritual del Año Ignaciano, inaugurado el 20 de mayo del presente año, el cual tiene entre sus jornadas centrales la fecha del 22 de marzo de 2022 (se cumple el IV centenario de su canonización) y será clausurado el 31 de julio de 2022 (aniversario de la muerte del fundador de la com­pañía de Jesús).

Ante esta realidad, la herida do­lorosa enmendada por la presencia y acción de Dios, nos enseña que la celebración de los 500 años de conversión de Ig­nacio no se refiere al pasado, es una relectura encarnada del pre­sente y futuro. Así pues, es un año de aceptar la invitación a una pe­regrinación de conversión, precisa para aprovechar esa oportunidad dada por el Dios compasivo y pre­ocupado por los heridos al borde del camino, que se abaja misericor­diosamente a transformar en cada uno su historia personal a través de una conversión gradual, continua y diaria. Por lo tanto, queda de nues­tra parte ponernos en camino desde el discernimiento y así entregarnos plenamente a nuevos horizontes para estar bajo la bandera del Rey Eterno.

Es preciso destacar, el centro del Año Ignaciano, no es Ignacio, ni su pasado. El centro es Jesús de Na­zareth, que abre siempre oportuni­dades para experimentar cada día una nueva conversión, que renue­va y transforma al sujeto descen­trándolo una y otra vez, de modo se haga capaz desde una encendida pasión por cambios sustanciales.

Hoy se debe aprovechar esta opor­tunidad donde cada uno debe dis­cernir su momento “bala de ca­ñón”, y así bajo la guía del buen espíritu, saber convertir la herida en un camino de crecimiento y transformación para toda la vida. Precisamente, en su autobiografía, describe cómo Dios le imprimía en su alma (29) una nueva manera de servirle y le parecía “como si fuera otro hombre” (30).

Dentro de esta perspectiva, la gra­cia divina de ver todo con ojos nuevos, capacita al cristiano a vivir en continuo proceso de transfor­mación, comprometiéndose como actor de cambio, capaz de abordar las necesidades urgentes de la hu­manidad, desde el diálogo abierto con Dios, el mundo y los demás.

La grandeza del ser humano en la conversión, la igualdad y la fraternidad

En un espacio concreto, como la Diócesis de Cúcuta desde la espiritualidad ignaciana, se hace patente escuchar el grito de las personas excluidas, descartadas, pobres, marginadas, los que más sufren, porque su dignidad ha sido violentada con hechos como la mi­gración forzada, drogadicción, xe­nofobia, entre otras realidades; por lo que hay tantas personas que debemos fraternalmente acom­pañar en un caminar compasivo con ellas, propicio para promover juntos la transformación de las es­tructuras injustas. De acuerdo a ese mundo que sueña Dios con tejidos sociales mejores para todos en res­peto e igualdad, por la dignidad de las personas y convivencia corres­ponsable con la casa común.

Por consiguiente, la novedad deter­minante de Cristo, pobre y humil­de, trae la bendición de asumir el camino propuesto por el año igna­ciano, como una honda experiencia espiritual que transforma el límite, la herida, la vulnerabilidad en un camino de libertad y santidad. Ese largo camino de conversión que Ignacio asumió día a día durante toda su vida, poniendo a Cristo en el centro, convenciéndolo de salir cada vez más del propio amor, que­rer e interés y en efecto, avanzar de la herida a la transformación. Un sendero dispuesto para nosotros, abordado desde pequeños pasos cada día, como el reflexionar a par­tir de hoy sobre, ¿qué tendríamos que convertir en nuestras rela­ciones, concepciones, juicios… a través de nuestras heridas y así dar el paso a ver nuevas todas las cosas en Cristo?

378.283 kg de alimento entregó el BDA en el primer semestre 2021

Fotos: Banco Diocesano de Alimentos

La institución al servicio de la población más vulnerable de la Diócesis de Cúcuta, ha entregado el informe correspondiente al balance del primer semestre del año en curso. El Banco Diocesano de Alimentos (BDA) brindó ayuda alimentaria en lo corrido del año, un total de 378.283 kilogramos de alimentos.

Animados por el señor Administrador Apostólico de esta Iglesia Particular, Monseñor José Libardo Garcés Monsalve y bajo la coordinación del padre Jaime Enrique Aparicio Rubio, el BDA continúa aliviando las necesidades principales de las familias de escasos recursos, sobre todo, en este tiempo de pandemia, donde sus realidades se ven aún más afectadas.

Informe oficial del BDA – Periodo 1 de enero al 30 de junio de 2021

Mercados: 8.312

Paquetes de aseo: 13.301

Kits alimentarios: 85.191

Producto entregado a granel entre frutas, verduras y abarrotes a instituciones: 72.825 kg

Platos servidos: 49.067

Cantidad en total de kilos entregados: 378.283 kg

Población atendida: 223.849 (primera infancia 0 a 5 años: 8%; niños de 6 a 10 años: 8%; adolescentes de 11 a 18 años: 17%; adultos de 19 a 25 años: 10%; adultos de 26 a 59 años: 49%; adultos mayores: 8%)

Parroquias e instituciones beneficiadas: 84 (7.634 mercados entregados)

Mercados entregados a parroquias e instituciones: 7.634

  1. Centro de Evangelización Santo Tomás: 660
  2. Asilo Andresen: 600
  3. Fundación Nueva Vida: 402
  4. Misioneras Madre Laura: 328
  5. Corprodinco: 310
  6. Parroquia San Judas Tadeo (Villa del Rosario): 309
  7. COSPAS – GIZ: 300
  8. Comedor Domingo Savio: 200
  9. Fundación Nueva Ilusión: 200
  10. Parroquia San Pedro Apóstol (La Parada): 200
  11. Parroquia La Presentación del Señor: 180
  12. Casa Pastoral Beato Luis Variara: 171
  13. Banco Diocesano de Alimentos: 168
  14. Asociación Unidos por un mismo fin: 150
  15. Parroquia Jesús Cautivo: 139
  16. Parroquia San Francisco Javier: 135
  17. Parroquia Santa Margarita de Youville: 134
  18. Parroquia Cristo Sacerdote: 130
  19. Parroquia Visitación de Nuestra Señora: 120
  20. Hermanos caminantes venezolanos:100
  21. Parroquia Santa Laura Montoya: 100
  22. Parroquia Nuestra Señora de Belén: 100
  23. Parroquia Nuestra Señora de los Dolores: 100
  24. Parroquia Sagrada Eucaristía: 100
  25. Parroquia Asunción de María:100
  26. Parroquia María Reina: 100
  27. Parroquia San Alberto Hurtado: 100
  28. Parroquia San Juan María Vianney: 100
  29. Hogar Santa Luisa de Marillac: 90
  30. Parroquia Cristo Camino: 90
  31. Fundación Frida Kahlo: 80
  32. Parroquia Santa Lucía: 80
  33. Parroquia San Emigdio: 80
  34. Parroquia Santos Apóstoles: 80
  35. Parroquia San Gabriel Arcángel: 80
  36. Parroquia San Benito de Murcia: 80
  37. Policía Nacional (obras sociales): 75
  38. Parroquia San Andrés Apóstol: 75
  39. Parroquia San Agustín: 65
  40. Asociación Mis niños: 56
  41. Parroquia Santa María Mazzarello: 50
  42. Parroquia San Juan Bosco: 50
  43. Parroquia Cristo Sacerdote: 46
  44. Parroquia Nuestra Señora de La Candelaria: 40
  45. Parroquia San Juan Evangelista: 30
  46. Parroquia Santísimo Redentor: 30
  47. Casa Hogar San Rafael: 30
  48. Centro de Migraciones: 28
  49. Parroquia María Rosa Mística : 26
  50. Fundación Cáritas: 25
  51. Fundación Colombo-venezolana: 25
  52. Monasterio carmelitas: 20
  53. Asociación Emprendedoras de Bethel: 20
  54. Ascolmulcaf: 20
  55. Asociación Santa Isabel: 20
  56. Asociación Getsemaní: 20
  57. Asociación Cuberos Niño: 20
  58. Asociación Los caprichosos: 20
  59. Asociación Unidos por un mismo fin: 20
  60. Asociación Ebenezer: 20
  61. Asociación Trabajando por un mundo: 20
  62. Asociación La victoria: 20
  63. Asociación Estrellas del futuro: 20
  64. Asociación Luchadoras: 20
  65. Asociación Camino al éxito: 20
  66. Asociación Talento femenino: 20
  67. Asociación Unidos con Yolanda: 20
  68. Asociación Mujeres con empeño: 20
  69. Asociación manos Amigas: 20
  70. Asociación mujeres secretas: 20
  71. Asociación paz y amor: 20
  72. Asociación San Ezequiel Moreno: 20
  73. Asociación Innovadoras: 20
  74. Asociación Ojos de mujer: 20
  75. Asociación paz y éxito: 20
  76. Asociación Comprometidas: 20
  77. Asociación Mujeres por Colombia: 20
  78. Asociación Esperanza para el futuro: 20
  79. Centro reparación nutricional: 15
  80. Fundación Regazo de José: 15
  81. Fundación Transformando sueños: 12
  82. Parroquia San Martín de Porres: 3
  83. Catedral San José: 1
  84. Parroquia San Martín de Tours: 1

Donantes: 44

  1. Diócesis de Cúcuta
  2. Caridad del Papa Francisco
  3. Adveniat
  4. Abaco (Asociación de Bancos de Alimentos de Colombia)
  5. Fundación Orden de Malta, Colombia
  6. Banco Arquidiocesano de Alimentos de Bogotá
  7. Parroquias de la Diócesis de Cúcuta
  8. Distribuidora Betman S.A.S.
  9. Miguel Buitrago
  10. Promioriente S.A.
  11. Comercial Nutresa S.A.S.
  12. Quala
  13. Álvaro Enrique Forero Salcedo (Mercadeo Agropecuario Merkagro)
  14. Fruttec S.A.S.
  15. Freskaleche S.A.S.
  16. Grupo Alquería
  17. Cencosud Colombia S.A.S.
  18. Éxito San Mateo
  19. Éxito Avenida quinta
  20. Merkafruver – Merkacarnes
  21. Makro Supermayorista S.A.S.
  22. Jerónimo Martins Colombia S.A.S. Tiendas Ara
  23. Darapesa S.A.S.
  24. Gaseosas Hipinto S.A.S.
  25. Grupo Industrial Romero
  26. Cerámica Italia
  27. Martha Cabeza de Sánchez
  28. Fundación Medical Duarte
  29. Fundación Cenabastos
  30. Dromedical del Oriente
  31. Dra. Maryi Sarmiento – Medes Health Center
  32. Más Bandejas
  33. Decobaños
  34. Farmaideal Center
  35. Hernoy Viafara Arrechea
  36. Grupo Bolivariana
  37. Productos Vicky
  38. Bavaria
  39. Newell Brands
  40. Coagronorte
  41. G’ San José
  42. Confecciones Hermanos Cuadros
  43. Inframundo Black, Camisetas y Gorras
  44. Casa Católica San Miguel Arcángel

I Jornada Mundial de los Abuelos y de las Personas Mayores

Este año, el 25 de julio es el domingo an­terior a la memoria litúrgica de los santos Joaquín y Ana, abue­los de Jesús, por lo que esta fecha ha sido la elegida por el Papa Francis­co para celebrar la primera Jornada Mundial de los Abuelos y las Perso­nas Mayores, porque su existencia es un don para la Iglesia, son testimonio de una riqueza espiritual y humana que se ha transmitido a lo largo de las generaciones.

El Sumo Pontífice eligió para esta primera Jornada el lema: “Yo estoy contigo todos los días” (Cf. Mt 28, 20), porque esta “es la promesa que el Señor hizo a sus discípulos antes de subir al Cielo y que hoy te repite también a ti, querido abuelo y queri­da abuela”. De hecho, el mismo Papa Francisco se ubica en la calidad de an­ciano, afirmando que “toda la Iglesia está junto a ti —digamos mejor, está junto a nosotros—, ¡se preocupa por ti, te quiere y no quiere dejarte solo!”. Este mensaje lo propone especial­mente porque debido a la pandemia “muchos de nosotros se han enfer­mado, y tantos se han ido o han visto apagarse la vida de sus cónyuges o de sus seres queridos. Muchos, aislados, han sufrido la soledad durante largo tiempo”. Por esto, los anima a poner­se en marcha y renovar su vocación: “La cercanía del Señor dará la fuerza para emprender un nuevo camino in­cluso a los más frágiles de entre noso­tros, por los caminos de los sueños, de la memoria y de la oración”.

La Diócesis de Cúcuta, a través del Periódico La Verdad, teniendo en cuenta las enseñanzas del Papa Fran­cisco y la invitación a acompañar, exaltar y orar por los ancianos, pre­senta a sus queridos lectores, la expe­riencia de tres personas mayores, que desde sus vocaciones han sido testi­monio del amor de Dios a lo largo de sus vidas.

Hna. Martha Consuelo Arcila González

Nació el 26 de junio de 1937 en Je­ricó (Antioquia); llegó a Cúcuta en 1969, fue educadora desde entonces en el colegio Normal Superior María Auxiliadora, hasta 1976, cuando pasó de ser salesiana a conformar la comu­nidad de las Misioneras de la Nueva Vida, cuyo objetivo ha sido llevar un apostolado de servicio a los ancianos, niños y más necesitados.

“Para mí Dios lo ha sido todo, desde que estaba en mi hogar, Dios se manifestó en la figura de mis padres, luego en la figura de mis educadores y en mi vocación. He estado meditando frente al Sa­grario en esta doxología: “Por Cris­to, con Él y en Él”, y doy testimo­nio de que Dios me ha acompañado siempre y por eso mi vida es una ofrenda al Cielo, por todo lo que Él ha hecho conmigo.

Mi vida ha sido prácticamente un servicio; yo me he considerado siempre una mensajera de Dios para este mundo, para mi comuni­dad, para la Iglesia, porque mi vida es servir. Siempre hemos visto que los ángeles los describen en formas traslúcidas, yo le pido siempre a Dios que me haga a mí traslúci­da de Él, que todo el que me vea, se encuentre con Él, que, a través de mi presencia, Dios entregue un mensaje de paz, esperanza, de la fuerza de un ideal.

Benedicto XVI dice que uno se en­cuentra con Cristo, no a través de una idea, sino de un testimonio, entonces en la fe de otros, Dios se transparenta a través de mi vida, siento y es un hecho, que mi vida ha sido un mensaje para todas las personas que se van encontrando conmigo, no lo digo por vanidad, lo digo porque es así, soy instrumento de Dios.

A los jóvenes les digo: ¡Déjense amar por el Señor!, ser joven es te­ner ideales, es tener metas, es tener utopías, dejen que Cristo sea el que esté con ustedes buscando un hori­zonte. Cristo es eternamente joven -dice la Palabra-, y yo no he sentido el paso de los años, porque me voy acercando a la juventud de Dios”.

Pbro. Onofre Peñaranda Peñaranda

Nació el 11 de enero de 1938, su ministerio sacer­dotal inició el 21 de enero de 1966. Ha servido como párroco en distin­tas comunidades en Norte de San­tander, también en el departamen­to del Cesar. Para el Periódico La Verdad ha sido un gran apoyo durante más de 35 años, donde ha comparti­do todo este tiempo contenido social y pastoral, a través de su columna de opinión.

“En la vida misma, en la rela­ción con la gente en la celebra­ción de la Eucaristía, en mis oraciones, en el rezo del breviario, ahí he tenido oportunidades para poder pensar en Dios y vivir cerca de Él y en Él. He estado cerca de los campesinos, donde he sentido cómo Dios se expresa de una ma­nera muy especial, por medio de la bondad de estas personas.

También Dios se ha expresado a través de mí. En primer lugar, vivir la fe para poder dar ejemplo, he vi­vido la fe y de esa manera, otros se acercan a esa misma fe y queda uno comprometido a ser ese instrumen­to del Señor.

Hoy le digo a los jóvenes que apro­vechen el tiempo, porque el maña­na es un fruto de lo que se siembra. Si sembramos buenas acciones, no hay duda que vamos a recoger eso. Mi mensaje es animarlos a que si­gan adelante, no pierdan el tiempo, imitan a sus padres piadosos y bue­nos, no tomen un camino amplio, porque eso lleva a la perdición”.

Ciro Alfonso Fernández, laico

Nació el 13 de febre­ro de 1938 en Bo­chalema; pertenece a la comunidad pa­rroquial de San Luis Gonzaga, siendo Mi­nistro Extraordinario de la Comunión, lec­tor y misionero.

“Dios en mi vida es todo, Él nos regaló todo y por el poder de la Palabra, nosotros tenemos su gracia. En mi vida, ha primado la fuerza de la oración, la cual ha servido mucho en mi familia; con la oración hemos salido de dificul­tades, especialmente ante las enfer­medades que se presentan.

Mi misión en la vida cristiana ha sido transmitir las experiencias de todo lo que Dios me ha brindado, por intercesión de la Virgen María, y quien siempre nos guía: el Espíri­tu Santo. Todo esto siempre lo en­seño a los lugares donde vamos a evangelizar.

A los jóvenes les digo que, por en­cima de todo, deben estar con Dios, deben estar firmes en la fe, en la esperanza y la caridad, tres cosas fundamentales que hay que poner en práctica, esto que fue lo que Nuestro Señor Jesucristo nos en­señó. Hay que seguir ayudando en lo que se pueda al prójimo, porque Jesús lo dijo claro que el que ayuda al otro, le ayuda a Él”.

Descargue mensaje del Papa Francisco.

Fallece en Pereira el cuarto Obispo de la Diócesis de Cúcuta

Mons. Alberto Giraldo Jaramillo, visita a Cúcuta (año 2013). Foto: Centro de Comunicaciones de la Diócesis de Cúcuta

Monseñor Alberto Giraldo Jaramillo, P.S.S., quien atravesaba por algunas dificultades de salud, falleció en la tarde de este miércoles 21 de julio en el hospital San Jorge de Pereira, Risaralda. Partiendo de regreso a la Casa del Padre a sus 86 años de edad y 62 de ministerio sacerdotal.

Gratamente recordado en la Diócesis de Cúcuta por haber sido nombrado por el Papa Juan Pablo II, como el cuarto Obispo de esta Iglesia Particular (27 de julio de 1983 – 18 de diciembre de 1990), y fundador del corazón de la Diócesis: el Seminario Mayor San José de Cúcuta (1986).

Monseñor Alberto Giraldo nació en Manizales y fue ordenado sacerdote el 9 de noviembre de 1958. En 1960, se vinculó a la Compañía de Sacerdotes de San Sulpicio. Después de un amplio recorrido sacerdotal y episcopal, ocupando importantes cargos, como el de presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia y negociador de paz, entre otros, el 16 de febrero de 2010, el Papa Benedicto XVI le aceptó la renuncia como Arzobispo de Medellín.

El Administrador Apostólico de Cúcuta, Monseñor José Libardo Garcés Monsalve, en nombre de esta Iglesia, envía sus más sentidas condolencias a sus familiares y amigos, pidiendo a la Santísima Virgen María que los cobije con su manto en estos momentos y al Dueño de la Vida, que le conceda el descanso eterno a este servidor, hermano y amigo en Cristo Jesús, Monseñor Alberto Giraldo Jaramillo.

Biografía Monseñor Alberto Giraldo Jaramillo

 Natural de Manizales (7 de octubre de 1934), nació en el hogar conformado por Luis Ángel Giraldo y Rosa Jaramillo. Es el mayor de 14 hermanos, de los cuales dos hermanas son religiosas, y su segundo hermano también se dedicó a seguir a Jesucristo en la vocación sacerdotal, se trata de Monseñor Hernán Giraldo Jaramillo, Obispo Emérito de Buga.

Monseñor Alberto Giraldo fue ordenado sacerdote el 9 de noviembre de 1958, incardinándose a su Arquidiócesis de origen. En 1960 ingresó a la Compañía de los Sacerdotes Sulpicianos.

Se graduó como licenciado en Teología (Canadá), siguiendo sus estudios teológicos en la Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino (Roma), comúnmente conocida como Angelicum, donde obtuvo el doctorado. Después fue formador en los Seminarios de Manizales y Bogotá.

El 8 de agosto de 1974 fue elegido para la Iglesia titular de Obba y Auxiliar de Popayán y el 15 de septiembre siguiente fue consagrado como Obispo y nombrado primer Prelado de la Diócesis de Chiquinquirá (26 de abril de 1977). El 26 de julio de 1983, fue designado para la Diócesis de Cúcuta, y el 18 de diciembre de 1990, fue promovido como Arzobispo de Popayán. El 19 de marzo de 1997 tomó posesión como Arzobispo de Medellín.

Otros de sus encargos pastorales fueron:

  • Designado por el episcopado colombiano como su delegado en los Sínodos de los Obispos de 1977 sobre la Catequesis, de 1983 sobre la Reconciliación, de 1987 sobre los Laicos y de 1990 sobre la Formación Sacerdotal.
  • Participó en nombre de los Obispos de Colombia, en las Conferencias del Episcopado Latinoamericano celebradas en Puebla (1979) y en Santo Domingo (1992).
  • Vicepresidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, desde julio de 1990 hasta julio de 1996.
  • Presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, desde julio de 1996 hasta julio de 2002.

Debido a su edad, el 16 de febrero de 2010, el Papa Benedicto XVI le aceptó la renuncia como Arzobispo de Medellín.

San José, padre de Jesús y esposo de la Virgen María

Por: Pbro. Diego Eduardo Fonseca Pineda, director Centro de Comunicaciones de la Diócesis de Cúcuta

Al relacionar el título de este ar­tículo, se nos sugiere conocer al glorioso patriarca san José en su paternidad respecto a Jesús y en su matrimonio con la Santísima Virgen María. Es muy oportuno que, en el año en que el Papa Francisco ha dedicado a este gran santo, a través de las distintas ediciones del Periódico La verdad, podamos conocer carac­terísticas, ejemplos y actitudes que no saltan a la vista en lo que la Iglesia y la escritura nos enseña sobre el padre de Jesús; pero que a medida que las vamos estudiando, se van evidencian­do y nos van aportando a nuestra vida cristiana de manera positiva. Además, sorprendentemente, estas enseñanzas acerca de san José van iluminando las distintas realidades de la actualidad por las que atraviesa la institución de la familia.

Paternidad de san José

Es bastante desconocido este aspecto de la altísima dignidad de san José y para procurar comprender, hay que distinguir en tres formas como se da la paternidad y en cuál de ellas se ubi­ca al padre de Jesús, según la teología sobre José o josefología. La primera de ellas es la paternidad divina: sola­mente se refiere a la paternidad divi­na de Dios Nuestro Señor. Por obvias razones esta no corresponde a nues­tro glorioso patriarca. La segunda, la paternidad natural: se trata de quien participa en el acto procreador de una creatura y quien aporta de su propia naturaleza, en el acto generador de nueva vida. En este aspecto, ya que el esposo de la Virgen María no participa en el acto procreador, tampoco pode­mos ubicar a san José en este punto; y la tercera y última paternidad se da de manera adoptiva y en este aspecto sí podemos ubicar al glorioso patriarca. Así que, cualquiera que induce a otro a la ejecución de un acto vital, por ejemplo, a obrar el bien, a entender, a querer, a amar, puede llamarse padre espiritual suyo. Este es el fundamento de la paternidad espiritual, que es dar la vida espiritual del alma por la pre­dicación de la verdad o la enseñanza de la virtud. Se distingue la adopción, como la forma en la que una persona extraña es recibida como hijo, y se le conduce en la vida jurídica o moral en la sociedad. Definitivamente con la obra de José, el grandioso título de padre de Jesús, se le otorga por todo lo bueno que aportó a la vida de Jesús en estos y otros aspectos.

Vemos en José, un compromiso ad­mirable que sirve como ejemplo a los padres de este tiempo, que aun siendo natural­mente quienes partici­pan en el acto genera­dor de vida, abandonan sin piedad a los hijos. Sin embargo, san José, recibiendo el encargo de Dios, se comprome­te hasta tal punto que cumple con su vocación como si fuera su propio hijo. Por tal motivo, la Sagrada Escritura en al­gunas ocasiones lo llama padre de Jesús, quedan­do intrínseco que es hijo adoptivo. Principalmen­te hallamos este término en el capítulo segundo de San Lucas: “Y al entrar los padres con el Niño Jesús…” (v. 27). Siguien­do a la profecía de Simeón, añade: “Su padre y su madre estaban mara­villados de las cosas que se decían de Él” (v. 33). Con todo lo anterior, el título que la Iglesia ha acepta­do para nombrar a José en su paterni­dad, es el de pa­dre adoptivo o putativo de Jesús porque es término válido que los padres de la Iglesia también utilizaron.

Matrimonio con la Santísima Virgen María

En este segundo aspecto, es necesa­rio indicar lo que representaba social y jurídicamente el matrimonio en la época y en la cultura de Jesús.

El pueblo hebreo tenía como costumbre que el matrimonio constara de dos actos principales: es­ponsales (desposorio) y nupcias. Los esponsales son una promesa de ma­trimonio futuro (lo que hoy conocemos como el compromiso). Las nup­cias son la celebración del contrato matrimonial (la celebración del sacra­mento). Entonces tenían la costumbre de celebrar antes de las nupcias un pacto, que tenía fuerza de verdadero contrato matrimonial. En cambio, las nupcias, era el acto por el cual los jóvenes pasaban a vivir en la misma casa, quedando el matrimo­nio realizado. Bíblica­mente esto está relata­do en el Evangelio de san Mateo 25, 1-13 (Parábola de las diez vírgenes) y en san Juan 2, 1-25 (Las bodas de Caná).

Ante esta realidad José siguiendo las costumbres de la época realizó todo lo que estaba estipulado y cumplió con estas prescripciones de la Sagra­da Escritura. Es por eso, que en el momento en que José se entera de la concepción de Jesús, aun no viviendo juntos porque solo había la promesa de ser familia, decide repudiar a Ma­ría en secreto (Mt 1, 19). Siendo justo y queriendo cumplir con la ley, decide evitarle un juicio mortal a María. Sin embargo, en ese momento se da la in­tervención divina a través del ángel, que le revela la misión grande de la que iba a ser parte.

A modo de conclusión podríamos decir que José, aunque silencioso, cumplió con todo lo establecido y no reparó en lo necesario para que su matrimonio fuera según el que­rer de Dios para la familia; y en cuanto a su hijo y a su esposa, cum­plió con todas las responsabilida­des, desde proveer lo necesario para su familia, como también de educar a Jesús y representar a su familia ante la sociedad. Y no obstante con todo lo humano necesario para tal fin, estuvo siempre atento a la voz de Dios en su vida, y así supo actuar en el momento preciso, sin decir mucho, pero hacien­do lo propio para que en su familia se cumpliera el plan de Dios. Como mu­chos padres de nuestros tiempos, que están muy atentos a la voz de Dios en sus vidas.

El gran ejemplo que recibimos de este santo, es luz para las familias de es­tos tiempos que se ven abrumadas por tantas situaciones como: problemas económicos, necesidades alimenti­cias, enfermedades, leyes en contra de la familia, entre otros. De manera que recibimos una luz con la Sagrada Familia, quienes, aun teniendo a Dios con ellos, debieron sortear muchas adversidades, no fueron exentos de los problemas; pero su confianza en la voluntad plena de Dios, les dio el valor y la determinación para esperar siempre en el Señor y en nombre de él, seguir adelante sin vacilar.

San José bendito, ilumina a los padres de familia, para que, en el desempeño de su labor, siempre cumplan la voluntad de Dios, aun en medio de tantas dificultades. Amén.

Últimos deseos de Monseñor Pedro Alejandrino Botello Ortega

Después de despedir a Monseñor Pedro Alejandrino Botello Ortega, quien partió al encuentro con el Padre Celestial el pasado 16 de junio, la Diócesis de Cúcuta dio a conocer a través del Periódico La Verdad (edición 889 – 4 de julio de 2021), el texto íntegro correspondiente a las últimas disposiciones que Monseñor expidió en el año 2006 (próximo a cumplir sus bodas de oro sacerdotales), con el deseo de anunciar a Jesucristo, agradecer a Dios por la vida que le concedió y destinar sus bienes.

Mi testamento

Yo, Pedro Alejandrino Botello Ortega, sacerdote, de 75 años de edad, a pocos meses de cumplir bodas de oro sacerdotales, en pleno uso de mis facultades mentales y con toda libertad, dejo por escrito mi última voluntad para el momento en el que Dios mi Señor y Padre me llame a su Casa.

“Bendito sea el Dios y Padre Nuestro, Señor Jesucristo, que desde lo alto de los cielos me ha bendecido con toda clase de bendiciones… por cuanto me ha elegido en Él antes de la formación del mundo… para ser su hijo adoptivo, para alabanza de su gloria” (Ef 1, 3-6), y además por su infinita misericordia quiso hacerme partícipe del sacerdocio de su Hijo, mi Señor Jesucristo. En primer lugar, quiero pedir perdón a Dios, a los señores Obispos con quienes serví en el trabajo pastoral, al presbiterio, a las comunidades parroquiales que estuvieron bajo mi cuidado de pastor, al Seminario Mayor San José de Cúcuta y a mis familiares y amigos, por las deficiencias habidas y por el mal ejemplo que haya dado, y pido oren mucho por el eterno descanso de mi alma.

Doy infinitas gracias a Dios por todas las bendiciones que me ha concedido a lo largo de toda mi vida y a las personas que me edificaron con su testimonio y me fortalecieron con sus oraciones y con su afecto.

Igualmente agradezco a Dios porque me permitió oír a muchas personas con cantidades de problemas y darles una palabra de aliento y esperanza por medio de la oración; por eso pido a Dios que suscite muchos sacerdotes santos y sabios, que oigan a las personas ricas o pobres, y oren por ellas.

Declaro que mi Señor y Salvador, me concedió una de las gracias que le supliqué el día de la ordenación sacerdotal: No acumular riquezas. No tengo bienes materiales, pero nunca me ha faltado lo necesario, antes bien, he podido compartir algo con los más necesitados.

Deseo que los libros, un cáliz, un porta-viático con su cadena (si aún lo conservare) y los objetos de uso personal que estén en buen estado, sean entregados a las personas que puedan necesitar, según la determinación del señor Obispo. Unos cuadros (seis o siete) pueden ser entregados a mis hermanos.

Ojalá en mis funerales no haya esos discursos y ponderaciones que ya no traen ningún provecho a las almas y sobreabunden las oraciones y las obras de misericordia en expiación de mis pecados. Me abandono a la misericordia infinita de Dios. ¡Qué alegría cuando me dijeron, vamos a la casa del Señor!

Lomitas, Villa del Rosario, Semana Santa de 2006.

PEDRO. A. BOTELLO ORTEGA, PBRO.

Hagan lo que Él les diga

Por: Monseñor José Libardo Garcés Monsalve, Administrador Apostólico de la Diócesis de Cúcuta

En el mes de julio celebramos con gozo dos advocaciones de la Virgen muy queridas por todos: Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá y Nuestra Señora del Carmen. La devoción a la Virgen María en todas sus advocaciones, es un fuerte llamado a la vida interior, que es de modo muy especial contemplar la vida de María, siguiendo sus pasos en lo que nos presenta el Evangelio. Una vida interior de total unión con Dios Ella proclamó ante el anuncio del ángel: “Aquí está la esclava del Señor, hágase en mi según tu Palabra” (Lc 1, 38) y en las bodas de Caná: “Hagan lo que Él les diga” (Jn 2, 5).

La Santísima Virgen María nos quiere cristianos semejantes a Ella en la vida de oración, de recogimiento interior, de contacto continuo, unión íntima con el Señor y de entrega permanente a la voluntad de Dios. El corazón de María siempre fue un santuario reservado solo a Dios, donde ninguna criatura humana le robó esta atención, reinando solo el amor y el fervor por la gloria de Dios, colaborando así, con la entrega de su vida a la salvación de toda la humanidad, en total unión con su Hijo Jesucristo. Así lo expresa el Catecismo de la Iglesia Católica: “Al pronunciar el Fiat de la Anunciación y al dar su consentimiento al misterio de la Encarnación, María colabora ya en toda la obra que debe llevar a cabo su Hijo. Ella es madre allí donde Él es Salvador y Cabeza del Cuerpo místico” (CCE 973).

Hacer lo que el Señor nos dice, es cumplir cada día con la voluntad de Dios a ejemplo de María, tal como lo oramos varias veces al día en el Padre Nuestro: “Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo” (Mt 6, 10), en actitud de oración contemplativa, en una vida por entero dedicada a la búsqueda de Dios. Así nos lo enseñó el Concilio Vaticano II: “La máxima realización de la existencia cristiana como un vivir trinitario de ‘hijos en el Hijo’ nos es dada en la Virgen María quien, por su fe (Cf. Lc 1, 45) y obediencia a la Voluntad de Dios (Cf. Lc 1, 38), así como por su constante meditación de la Palabra de Dios y de las acciones de Jesús Lc 2, 19.51), es la discípula más perfecta del Señor” (LG 53).

En este mundo con tanto ruido y confusión exterior, donde se ha perdido el horizonte y la meta de la vida, se necesita el corazón de los creyentes fortalecido por el silencio interior, que hace posible el contacto continuo con Dios; en actitud contemplativa vamos descubriendo en cada momento la Voluntad de Dios, con una vida en total entrega a la misión, como María nos lo enseña permanentemente. Es esta la gracia que debemos pedir a la Virgen, cada vez que nos dirigimos a Ella y en los momentos en los que celebramos una de sus advocaciones, renovar nuestro deseo de tenerla  siempre como patrona y maestra de nuestra vida interior.

Cuando el discípulo de Cristo desarrolla su vida interior, a ejemplo de María, es capaz de discernir todos los momentos de la vida, aún los momentos de cruz, a la luz del Evangelio. María precisamente, enseña al creyente a mantener la fe firme al pie de la Cruz, Ella estaba allí con dolor, pero con esperanza, en ese lugar Ella estaba en total comunión de mente y de corazón, con su Hijo Jesucristo, así lo explica el Catecismo de la Iglesia Católica cuando dice:

“La Bienaventurada Virgen avanzó en la peregrinación de la fe y mantuvo fielmente la unión con su Hijo hasta la Cruz. Allí, por voluntad de Dios, estuvo de pie, sufrió intensamente con su Hijo y se unió a su sacrificio con corazón de madre que, llena de amor, daba amorosamente su consentimiento a la inmolación de su Hijo como víctima que Ella había engendrado. Finalmente, Jesucristo, agonizando en la Cruz, la dio como madre al discípulo con estas palabras: «Mujer, ahí tienes a tu hijo» (Jn 19, 26-27) (LG 58)”. (CCE 964).

De un corazón que aprende a hacer lo que el Señor diga, brota también la capacidad para vivir los momentos difíciles y tormentosos de la vida como una oportunidad para fortalecer la fe, mantener viva la esperanza y acrecentar la caridad cristiana. María al pie de la Cruz, da a la Iglesia y a cada uno, la esperanza para iluminar cada momento de la existencia humana, aún los más dolorosos. Estamos pasando por situaciones difíciles en el mundo, en Colombia y en las familias a causa de la pandemia y de otros sufrimientos que afrontamos. Sin embargo, no todo está perdido, en medio de tantos dolores, incertidumbres y cruces, ahí está la Madre, la Santísima Virgen María, animando a cada uno de sus hijos y a cada familia, para no desfallecer; Ella, Madre de la Esperanza está acompañando el caminar de todos. También en la cruz y la dificultad, estamos llamados a descubrir qué nos está pidiendo Dios y hagamos lo que Él nos vaya diciendo en el silencio del corazón.

Jesús hoy nos dice que confiando en su gracia escuchemos su Palabra, recibamos los sacramentos, oremos y pongamos de nuestra parte toda la fe, toda la esperanza y toda la caridad, y Él se encargará del resto, de darnos su gracia y su paz, en todos los momentos de la vida; en los más fáciles y también en las tormentas que llegan a la existencia humana y todos en comunión hacernos servidores los unos de los otros. Sólo poniendo al servicio de Dios y de los demás lo que somos y tenemos, todo irá mejorando a nuestro alrededor, en la familia, en el trabajo, en la comunidad parroquial y en el ambiente social.

Los convoco a poner la vida personal y familiar bajo la protección y amparo de la Santísima Virgen María, en todas las circunstancias de la vida, aún en los momentos de cruz, tengamos siempre presente el llamado de María: “Hagan lo que Él les diga” (Jn 2, 5). Que el Glorioso Patriarca san José, unido a la Madre del Cielo, alcancen de Nuestro Señor Jesucristo, muchas gracias y bendiciones para cada uno de ustedes y sus familias. 

Para todos, mi oración y bendición.

Familias de 210 niños reciben apoyo constante de la Diócesis de Cúcuta

Fotos: Centro de Comunicaciones Diócesis de Cúcuta

Las familias de los 210 niños inscritos en la Fundación Pía Autónoma Asilo Andresen, de la Diócesis de Cúcuta, continúan recibiendo mes a mes, el apoyo alimentario por parte de esta Iglesia Particular, quien buscar suplir algunas de sus necesidades, en medio de las difíciles condiciones económicas por las que atraviesan.

Este sábado 10 de julio, en las instalaciones de la Fundación, se realizó una nueva jornada de ayuda, donde se entregaron 160 paquetes con productos alimenticios y de higiene personal. Estas familias beneficiarias, fueron seleccionadas gracias a un censo que se realizó en el mes de febrero, donde se estudiaron sus necesidades y el tiempo que llevan en el país (teniendo en cuenta que muchos son migrantes venezolanos y colombianos retornados).

El encuentro fue también la oportunidad para invitarlos a inscribirse al siguiente ciclo del proyecto Las Delicias de ‘La Niña María’, el cual busca “enseñar a los papás a pescar”, así lo explica la hermana Liliana del Carmen Chacón Madrid (Agustina Recoleta del Corazón de Jesús), servidora del Asilo. “Queremos que estas familias consideren el emprendimiento como una opción para solventar sus necesidades, y aquí les brindamos los conocimientos para hacerlo”.

De la misma manera, expresa que, la visión de esta iniciativa es ser auto sostenible, ya que, para el aprendizaje en cocina, se necesita materia prima y los cursos al ser gratuitos, no reciben ingreso económico alguno. Por esto, próximamente estará a la venta al público lo producido por los aprendices; mientras tanto, se han ofrecido algunas “delicias” a las parroquias, quienes encargan por medio de pedido.

El propósito de la Diócesis de Cúcuta es llevar el mensaje del Evangelio y la caridad de Cristo a los más necesitados, y contribuir al mejoramiento de la calidad de vida de cada una de estas familias, que enfrentan diferentes realidades.

Con la nueva directiva, episcopado colombiano continuará trabajando por la paz

De izq. a der. Mons. Luis José Rueda Aparicio; Mons. Omar Alberto Sánchez Cubillos; y Mons. Luis Manuel Alí Herrera. Foto: elcatolicismo.com.co

En el marco de la CXI Asamblea Plenaria del episcopado colombiano, que se desarrolla desde este lunes 5 de julio y va hasta mañana miércoles 7 de julio, los Obispos católicos del país eligieron a la nueva directiva que animará el plan pastoral y evangelizador de la Iglesia en Colombia.

Para suceder en el cargo a Monseñor Óscar Urbina Ortega, como presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC), fue elegido Monseñor Luis José Rueda Aparicio, Arzobispo de Bogotá, quien tendrá esta responsabilidad durante el periodo 2021-2024. Le acompañarán Monseñor Omar Alberto Sánchez Cubillos, Obispo de Popayán, como vicepresidente; y como secretario general, Monseñor Luis Manuel Alí Herrera, Obispo Auxiliar de Bogotá.

La nueva directiva ofreció en la tarde de este martes 6 de julio, una rueda de prensa virtual, con la participación de delegados en comunicación de varias Diócesis y medios de comunicación nacionales de radio, prensa y televisión

Al iniciar el encuentro a través de la plataforma digital, se dio lectura a las palabras del saliente presidente, Monseñor Óscar Urbina (2017-2021), quien les expresó a los periodistas, su fraterna cercanía por el “gran compromiso de comunicarnos día a día las noticias que se van entretejiendo… Gracias por narrar hermosas historias de fe y esperanza que nos ayudaron a sentirnos más humanos”, enunció el Arzobispo.

Primeras declaraciones de la junta directiva

Durante la rueda de prensa, los temas principales fueron la construcción de paz y el papel de la Iglesia en medio de la actual coyuntura por la que atraviesa el país. Ante lo cual, cada uno de los miembros manifestó su posición desde la actividad pastoral y la responsabilidad que se seguirá asumiendo, fundamentados en el Evangelio de Jesucristo y la invitación del Papa Francisco al diálogo y la fraternidad.

Monseñor Luis José Rueda Aparicio, presidente: “Es el tiempo para dar a luz una nueva sociedad y los jóvenes son los protagonistas (…) En esta coyuntura, vamos a seguir en los escenarios que se han propuesto, esta experiencia nos ha permitido estar como Iglesia, apoyando. Son procesos lentos, que no tienen soluciones mágicas. Ha sido muy enriquecedor, cuando somos capaces de reconocernos, de no estigmatizar al otro, de escucharlo con respeto; a veces, por el pesimismo social caemos en la desesperanza. Pero aquí está la Iglesia, como una madre servidora, acompañando a sus hijos en este proceso”.

Monseñor Omar Alberto Sánchez Cubillos, vicepresidente: “La Iglesia en Colombia no ha dejado nunca de trabajar por la paz, no es un trabajo clásico, en mesas… es trabajo de toda parroquia, donde hay obreros por la paz y no son sacerdotes y religiosos solamente, porque una de nuestras responsabilidades es a pensar país y ayudarlo (…) En cuanto a la coyuntura, hoy nadie en Colombia podría negar lo legítimo del movimiento social para manifestar tantos silencios, tantos dolores, esto no es un tema que se resuelve dentro de esta realidad actual, porque hay que superarla, que esta coyuntura nos ponga delante de soluciones inteligentes, delante de acuerdos, que no nos haga retroceder. Si Colombia sabe leer esta crisis, entenderemos que todos somos parte de la solución, ya que el país demostró un déficit en democracia, más que financiero”.

Monseñor Luis Manuel Alí Herrera, secretario general: “Todo lo que ha pasado en el país, muestra signos de vulnerabilidad y fragilidad; yo soy uno de los Obispos más jóvenes y por esto quiero caminar con los jóvenes. Ustedes nos van a escuchar hablar de sinodalidad, cuya connotación es la de caminar juntos y a eso es que invitamos a las juventudes. Queremos que nos acompañen y sean Iglesia con nosotros, que iniciemos juntos el camino sinodal que nos propone el Papa Francisco”.

Tú eres Pedro

Por: Monseñor José Libardo Garcés Monsalve, Administrador Apostólico de la Diócesis de Cúcuta

Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará” (Mt 16, 18), son las palabras de Jesús a Pedro después de su profesión de fe, cuando el Señor les preguntó quién era Él para los discípulos que lo seguían. Esta es una ver­dad fundamental de nuestra fe, sobre la cual se basa la certeza que Jesucristo fundó la Iglesia y eligió a Pedro y a sus sucesores como piedra angular de la misma. “Te daré las llaves del Reino de los cielos; lo que ates en la tie­rra, quedará atado en el cielo y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo” (Mt 16, 19). Esto es lo que le da fuerza y soli­dez a la fe, por eso proclamamos con fervor que nuestra Iglesia es Apostólica.

En Pedro tenemos un testigo de Jesucristo y una columna viva de la Iglesia, cuyo ejemplo de fe, servicio y entrega total a la voluntad de Dios debe inspirar­nos a responder debidamente a la vocación recibida en la vida sacerdotal, religiosa, matrimo­nial y familiar. Pedro fue elegi­do para ser el primero entre los Apóstoles, él es la piedra sobre la cual se edificó la Iglesia; por ello, se le considera el primer Papa, que junto con los demás Após­toles y luego con los sucesores garantizan la Apostolicidad de la Iglesia, que llega hasta el Papa Francisco, quien actualmente es Pedro, para cada uno de los cre­yentes en Cristo, en comunión con todos los Obispos.

En el Papa, los católicos tene­mos un punto firme y seguro de nuestra fe, porque Jesucristo quiso edificar su Iglesia sobre Pedro y sus sucesores. En sus enseñanzas y en su Magisterio pontificio hallamos una roca fir­me, frente a los oleajes de confu­sión doctrinal que hoy en día apa­recen en muchos ambientes, que desorientan a los cristianos.

En el Papa, en los Obispos y en los sa­cerdotes fieles, que reconocen la autori­dad del Romano Pon­tífice, siguen su Ma­gisterio y transmiten sus enseñanzas, en­contramos al mismo Cristo, Buen Pastor, que guía a sus ovejas a la salva­ción eterna. Escuchemos su voz, sigamos sus huellas, imitemos su ejemplo de amor, de santidad y de entrega incondicional, para el bien de toda la humanidad y la Iglesia.

También cada uno de los cató­licos tienen hoy el compromiso de vivir, defender y proclamar la fe Católica, en obediencia al Papa y a los pastores de la Igle­sia, asumiendo en la propia vida a Nuestro Señor Jesucristo y dando testimonio de Él en los diferentes contextos en los que cada uno se encuentra a nivel familiar, parro­quial y laboral. De esta manera, cada uno se hace testigo de Cris­to, diciendo sí a Dios y deposi­tando plenamente su confianza en Él, dejándose guiar por la Iglesia que es madre y maestra del Evangelio, aun abrazando la Cruz del Señor, en medio de las dificultades y contradicciones que hoy conlleva defender la fe Cató­lica en obediencia a la Voluntad de Dios y en comunión de mente y de corazón con el Papa Francis­co y el Colegio Apostólico.

Así lo expresa Aparecida cuando dice: “No hay discipulado sin comu­nión. Ante la tentación muy pre­sente en la cultura actual, de ser cristianos sin Iglesia y las nuevas búsquedas espirituales individua­listas, afirmamos que la fe en Je­sucristo nos llegó a través de la comunidad eclesial y ella ‘nos da una familia, la familia universal de Dios en la Iglesia Católica. La fe nos libera del aislamiento del yo, porque nos lleva a la comunión. Esto sig­nifica que una dimen­sión constitutiva del acontecimiento cris­tiano es la pertenen­cia a una comunidad concreta, en la que podemos vivir una experiencia permanente de discipulado y de comunión con los sucesores de los Apóstoles y con el Papa” (DA 156).

Esta comunión que tenemos que vivir todos los católicos, nos lleva a asumir y abrazar la Cruz del Se­ñor, que nos hace verdaderos dis­cípulos de Jesucristo y testigos de su Palabra, llenos de esperanza y de paz y en comunión con la Igle­sia Católica. Así como Jesucristo no estuvo en la Cruz desespera­do y angustiado, sino que abrió sus brazos serenamente, en co­munión perfecta con el Padre, el cristiano que sube a la Cruz con Cristo, tiene paz en el corazón, aprendiendo vivencialmente que la esperanza tiene sus raíces en la Cruz del Señor. Esforzarse por vivir en comunión, asumiendo la Cruz del Señor, significa vivir el martirio, antes que causar divi­sión en la Iglesia.

Esta verdad viene reforzada con el testimonio y ejemplo de vida de los últimos Papas que hemos teni­do, quienes han mantenido la fe, esperanza, paz y comunión, aún en medio de muchos sufrimientos y momentos de cruz en el cum­plimiento de su misión apostóli­ca, recibiendo del Espíritu Santo la fortaleza para no temer subirse a la Cruz con Cristo, en las con­trariedades de cada día que trae predicar y defender el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo, en comunión con toda la Iglesia.

En este tiempo, celebrando a los santos Apóstoles Pedro y Pa­blo, nos unimos a la jornada del Óbolo de San Pedro y ora­mos particularmente por las intenciones del Papa Francisco, de modo que, en todo momento reciba la gracia del Espíritu San­to, que lo llene de sabiduría para continuar conduciendo a la Igle­sia, en este momento histórico de nuestro caminar, asumiendo la Cruz del Señor con fe, esperanza y paz, iluminando todas la reali­dades con la luz del Evangelio y trabajando por la comunión y la unidad de toda la Iglesia.

Que Nuestro Señor Jesucristo, por intercesión de la Santísima Virgen María y del glorioso Pa­triarca san José, nos concedan la gracia de vivir en comunión con la Iglesia Universal, unidos al Papa Francisco -hoy Pedro-, roca de la Iglesia para nosotros y que, ofrezcamos en este tiempo, nuestra oración y ayuda al Sumo Pontífice, para que el Señor lo ilumine en el cumplimiento de su misión.

Para todos, mi oración y bendición.