Seminaristas de la Diócesis de Cúcuta declaran públicamente su disposición de servir a Jesucristo

Foto: Centro de Comunicaciones Diócesis de Cúcuta

El miércoles 13 de octubre, en la capilla del Seminario Mayor San José de Cúcuta, se celebró la Sagrada Eucaristía, donde doce seminaristas recibieron de manos de Monseñor José Libardo Garcés Monsalve, Obispo electo de esta Iglesia Particular, el rito de admisión a las órdenes sagradas, comprometiéndose a continuar su proceso formativo para el sacerdocio ministerial.

Foto: Seminario Mayor San José de Cúcuta

Acompañados por el padre rector del Seminario, José María Castro Almanza, P.S.S., sacerdotes y seminaristas, los candidatos que declararon libre y públicamente su disposición de acceder a las órdenes sagradas, fueron: Héctor Gabriel García Torres; Rubén Alonso Peñaranda Pérez; José Adrián Arias Quijano; Óscar Julián Ibarra García; Edinson Joaquín Aparicio Gómez; Harold Farid Galvis Vanegas; Yeinson Jair Gamboa Pérez; Robinson Arley Remolina Acevedo; Wilinton Rodríguez Castrillón; Luis Alberto Rodríguez Marciales; Alex Johan Sarmiento Camargo; y Albeiro Vargas Pabón.

Monseñor José Libardo, en su homilía, aseguró que, en el Evangelio de Lucas, por estos días “se nos ha puesto centrarnos en Jesucristo y tener claro que no debemos pedirle signos al Señor, porque el mismo Jesús es ya un signo”, manifestó. Y ubicándose en el contexto actual, el Obispo electo asegura que “la gente le pide a Dios muchos signos y cosas extraordinarias”, pero “nosotros como pastores y los aspirantes al sacerdocio, tenemos que vivir la centralidad en Cristo y así mismo, predicar y transformar la humanidad desde la coherencia de vida entre lo externo y una vida interna abierta interna abierta únicamente a la gracia de Dios”.

Por otra parte, en la celebración eucarística, el seminarista Manuel Jahir Jiménez Rivera, candidato al diaconado, realizó su profesión de fe, como declaración libre para ser incardinado en esta Iglesia Particular y servir al señor Obispo y a los sacerdotes en los ministerios de la liturgia y la Palabra.

Finalmente, Monseñor José Garcés, explicó que consagrarse en el sacerdocio, es entregarle fidelidad a Jesucristo y a la Iglesia, porque a Jesús “lo seguimos como nuestra Verdad y en la Iglesia, prometemos obediencia a la voluntad de Dios”.

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El Papa Bueno honró la devoción al Santo Rosario

La batalla histórica de Lepan­to (el 7 de octubre de 1571), donde el ejército de don Juan de Austria (en su mayoría conformado por españoles), lu­charon para defender a Europa del ataque de los turcos, es la princi­pal razón por la que se dedica el mes de octubre al Santo Rosario, ya que don Juan y sus hombres, resultaron victoriosos, después de seguir los consejos del Papa Pío V, quien les indicó rezar el Rosa­rio y encomendarse a la Santísima Virgen María.

El Santo Rosario ha direccio­nado el magisterio pontificio de muchos Papas, entre ellos, el de Angelo Giuseppe Roncalli (1881- 1963), quien tomó el nombre de Juan XXIII al asumir como suce­sor de Pedro en el año de 1958. Llegó a renovar la Iglesia Católica por completo, a reconciliarla con el mundo moderno y convocar el Concilio Vaticano II. Fue llama­do “El Papa Bueno”. Durante su pontificado escribió ocho Encí­clicas, la tercera la tituló ‘Grata recordatio’ (grato recuerdo), dada a conocer el 26 de septiembre de 1959, donde expone la importan­cia de rezar el Santo Rosario, to­mando como punto de partida, las enseñanzas de los Pontífices León XIII y Pío XII.

Para Juan XXIII, las Cartas En­cíclicas de León XIII, eran “ricas en sabiduría, encendidas siempre con nueva inspiración y oportuní­simas para la vida cristiana. Eran una fuerte y persuasiva invitación a dirigir confiadas súplicas a Dios a través de la poderosísima in­tercesión de la Virgen Madre de Dios, mediante el rezo del santo rosario. Este, como todos saben, es una muy excelente forma de oración meditada, compuesta a modo de mística corona, en la cual las oraciones del ‘Pater nor­ter’, del ‘Ave Maria’ y del ‘Gloria Patri’, se entrelazan con la medi­tación de los principales miste­rios de nuestra fe, presentando a la mente la meditación tanto de la doctrina de la Encarnación como de la Redención de Jesucristo, nuestro Señor”.

El predecesor de ‘El Papa Bueno’, fue Pío XII, a quien cita en ‘Grata recordatio’, recordando sus pala­bras en la Encíclica ‘Ingruentium malorum’ (Ante los males que se aproximan): «Con mayor con­fianza acudid gozosos a la Madre de Dios, junto a la cual el pueblo cristiano siempre ha buscado el re­fugio en las horas de peligro pues Ella ha sido constituida “causa de salvación para todo el género humano”», (I.M. #3). Para Juan XXIII era importante que todos, desde sus diferentes vocaciones, dirigiesen las más ardientes sú­plicas a Jesucristo y a su Santísi­ma Madre: “A ella invitamos al Sacro Colegio de Carde­nales y a vosotros, venerables herma­nos; a los sacerdo­tes y a las vírgenes consagradas al Se­ñor; a los enfermos y a los que sufren, a los niños inocentes y a todo el pueblo cristiano. Dicha intención es esta: que los hombres responsables del destino así de las grandes como de las pequeñas naciones, cuyos derechos y cuyas inmensas riquezas espirituales de­ben ser escrupulosamente conser­vados intactos, sepan valorar cui­dadosamente su grave tarea en la hora presente”. Y es que, el Papa temía por los comportamientos perniciosos de la humanidad, que de­bilitan en primera medida, la fe, lo cual se podría contrarrestar con la devoción piadosa al rezo del San­to Rosario.

Como su Encíclica se publicó un 26 de septiembre, in­sistió en la invitación a dedicar el mes de octubre a rezar el Rosario, deseando que vivamente “durante el próximo mes de octubre todos estos nuestros hijos —y sus apos­tólicas labores— sean encomen­dados con fervientes plegarias a la augusta Virgen María” (G.R. #2).

Además, fue enfático en su decidido empeño por conciencias rectas, por promover el verdadero bien de la sociedad humana, y a fin que su esperanza se cumpliese con justi­cia, paz y caridad, exhortó a ele­var permanentemente “fervientes súplicas a la celestial Reina y Madre, nuestra amantísima du­rante el mes de octubre, meditan­do estas palabras del Apóstol de las Gentes: «Por todas partes se nos oprime, pero no nos vencen; no sabemos qué nos espera, pero no desesperamos; perseguidos, pero no abandonados; se nos pi­sotea, pero no somos aniquilados. Llevamos siempre y doquier en nuestro cuerpo los sufrimientos de la muerte de Jesús, para que la misma vida de Jesús se manifieste también en nuestros cuerpos» (2 Cor 4, 8-10)” (#3). Por otra parte, encomendó rezar el Rosario por el Sínodo de Roma, para que fue­se “fructuoso y saludable” y que, en los próximos eventos, como el Consejo ecuménico de la épo­ca, obtuviese “toda la Iglesia una afirmación tan maravillosa que el vigoroso reflorecer de todas las virtudes cristianas”. Que esta in­vitación del Papa Juan XXIII sea vigente en estos momentos de la historia, ya que precisamente, en los próximos 16 y 17 de octu­bre, se da apertura al Síno­do de los Obispos, y el pueblo de Dios necesita la confianza, piedad y buena voluntad, para caminar en sinodalidad, de la mano de María Santísima.

Saludo a la Diócesis de Cúcuta

Por: Monseñor José Libardo Garcés Monsalve, Obispo electo de la Diócesis de Cúcuta

A los sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas, se­minaristas, autoridades civiles, militares y de policía, a los medios de comunicación, a los que sufren y a los feligreses:

Al recibir el nombramiento que me hace el Papa Francisco, como Obispo de la Diócesis de Cúcuta, después de compartir con todos ustedes este tiempo como Admi­nistrador Apostólico, les ratifico mi oración ferviente al Señor, con la intención del crecimiento en la fe, la esperanza y la caridad, para seguir construyendo entre todos, una comunidad viva de fe al servi­cio de Dios y de los más pobres y necesitados.

Un saludo especial a los queridos sacerdotes y diáconos, diocesanos y religiosos, a quienes animo a vi­vir en fidelidad el ministerio reci­bido como gracia especial de parte de Dios, con la misión de ser sa­cerdotes en salida misionera, te­niendo como modelo a Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote. Hoy se nos plantean nuevos retos en el ejercicio del ministerio que tene­mos que afrontar desde la fideli­dad, fortalecidos por la oración y ayudados por la oración y ayudados por la fraternidad sacerdotal.

A las religiosas de vida activa y contemplativa que hacen presencia en nuestra Diócesis, las invito a se­guir siendo signo del amor de Dios indiviso, para los fieles de nuestra Iglesia particular. Tengo presente a cada comunidad religiosa, con su carisma y misión al servicio de Dios y de la Iglesia.

A las autoridades civiles, militares y de policía, les envío mi saludo y bendición. Siem­pre estaré atento para ayudarles a iluminar su tarea y misión, con la luz de los princi­pios del Evange­lio y de la Doc­trina Social de la Iglesia, para que entre todos siga­mos construyendo persona, familia y so­ciedad.

A los semina­ristas, los animo a seguir dando una respuesta al Señor en la fidelidad y en el amor. Que su respuesta vocacional sea cada día más plena, para que puedan llegar un día a configurarse con Jesucristo Buen Pastor, que da la vida por sus ovejas. Tienen el reto de formarse para el sacerdocio, en un mundo que tiene muchas ofertas bana­les y fáciles. Los invito a seguirse formando según el corazón del Buen Pastor, para en­tregar la vida al ser­vicio de Dios y de la Iglesia. La Diócesis de Cúcuta tiene puesta la esperanza en ustedes, que saldrán a seguir el proceso evangelizador en las periferias humanas y exis­tenciales, llegando a los ambientes y lugares más pobres y necesitados de nuestra Iglesia Particular.

A los medios de comunicación los tengo muy presentes, los invi­to a seguir siendo fieles a la ver­dad contenida en el Evangelio y comunicada a los oyentes con objetividad y transpa­rencia. Cuenten siempre con mi presencia y oración constante, para que cumplan con la misión de ser comu­nicadores de la verdad y sem­bradores del bien en los am­bientes en los que se desarrolla su tarea.

A los pobres, los migrantes, los cam­pesinos, las personas que padecen dificulta­des, les digo que s o n mi priori­dad en el trabajo evangelizador que me propongo realizar con todos los sacerdotes y agentes de pastoral y en los cuáles ustedes también me ayuda­rán a llevar a Jesu­cristo a todos los ambientes en los que viven. Es muy importante forta­lecer los lazos de fraternidad con los hermanos venezo­lanos en esta zona de frontera, que es­peramos esté abier­ta muy pronto, para fortalecer los vínculos de caridad y fraternidad, trabajando juntos por el bien común. Doy también una mirada de pastor a los niños y jó­venes que están en las calles, su­midos en la droga y los vicios que están destruyendo sus vidas y la de sus familias. Caminando juntos podemos poner lo que somos y tenemos para remediar en algo esta situación trágica que nos pertenece a todos. Sigamos ade­lante haciendo esfuerzos para ser sembradores calificados del Reino de Dios en todos los rincones de nuestra Iglesia Particular.

Todos los feligreses están en mi oración diaria de rodillas frente al Santísimo Sacramento, sobre todo en estos tiempos de dificultad. Es­taré siempre atento a ayudarles y servirles en su caminar diario, para que puedan crecer en fami­lia, en el amor a Dios y al próji­mo. A cada familia le ofrezco mi oración, para que sean hogares a ejemplo del hogar de Nazaret. Los animo para que sigan luchan­do por sus familias, a pesar de las dificultades que puedan sobrevenir en el camino de sus vidas y espe­cialmente en este tiempo de pan­demia.

Estos meses que hemos compar­tido juntos, nos han permitido conocer los retos y desafíos que tenemos, para seguir en cami­no sinodal, en el anuncio gozoso del Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo. Sigamos adelante, ca­minando juntos, escuchándonos unos a otros y juntos escuchando al Espíritu Santo, que nos da la luz necesaria para fortalecer la fe, la esperanza y la caridad, en esta por­ción del pueblo de Dios.

Para iniciar juntos esta tarea en el hoy de nuestra historia, pongámo­nos en ambiente de oración con­templativa y siempre en las manos de Nuestro Señor Jesucristo y bajo la protección y amparo de la San­tísima Virgen María y del glorioso Patriarca san José, que nos prote­gen.

Que el Señor los bendiga hoy y siempre.

Presidencia de Malí expresa que, religiosa colombiana tuvo en su secuestro: “coraje y valentía”

Foto: Twitter @PresidenceMali

La hermana franciscana de María Inmaculada, Gloria Cecilia Narváez, oriunda de Pasto (Nariño, Colombia), fue tomada como rehén por parte de un grupo filial de Al-Qaeda el 7 de febrero de 2017, en una aldea de Karangasso, en Malí.

Sor Gloria era la superiora de un grupo de tres hermanas colombianas y una de Burkina Faso (África Occidental), con quienes estaba de misión en la región de Sikasso. Esa noche de 2017, cuando las religiosas se alistaban para dormir, cuatro hombres armados yidahistas irrumpieron en la casa, se dice que a robar; sin embrago, el líder les ordenó a sus hombres que encerraran a las religiosas, mientras que a la hermana Gloria la dejaron en la sala. Luego de un silencio –relataban las religiosas-, se escuchó que un carro a la distancia y fue cuando se percataron de que la hermana Gloria Cecilia ya no estaba.

Ante este hecho, la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC), inmediatamente exhortó al pueblo colombiano a unirse en oración por su pronta liberación. Y a las autoridades se les pidió mantenerse en contacto con sus pares internacionales y agilizar la gestión de su búsqueda y rescate.

Los yihadistas de Al-Qaeda se atribuyeron la responsabilidad del secuestro de la hermana Gloria Narváez y publicaron un video donde ella expresaba su anhelo de libertad física: “Le pido al Papa Francisco que me ayude hasta que alcance mi libertad y que haga lo imposible para liberarme”.

Durante sus años de secuestro, en diferentes países, la Iglesia Católica convocó a jornadas de oración, pidiendo por su vida, salud y pronta liberación.

Para mayo de 2021, la familia de la religiosa recibió una carta con fecha del 3 de febrero de 2021, donde expresaba: “Les mando a todos mis más cordiales saludos. Que el buen Dios los bendiga y les conceda salud. He estado prisionera durante cuatro años y ahora estoy con un grupo nuevo”.

Finalmente, el cautiverio de la hermana terminó. El pasado sábado 9 de octubre, la presidencia de Malí confirmó a través de un comunicado que, la misionera colombiana de 59 años de la Congregación de las Hermanas Franciscanas de María Inmaculada, había sido liberada, exaltando «el coraje y la valentía de la hermana», afirmando que su liberación es fruto de cuatro años y ocho meses de esfuerzos conjuntos de varios servicios de inteligencia de inteligencia.

Foto: vaticannews.va

El presidente de ese país, Assimi Goita, la recibió junto a las autoridades y un Obispo Católico. Seguidamente, fue acogida este domingo en el Vaticano, donde el Papa Francisco se encontró con ella y la saludó en la celebración eucarística de apertura del Sínodo de los Obispos.

Papa Francisco nombra nuevo Obispo para la Diócesis de Cúcuta

La Santa Sede ha dado conocer el nuevo nombramiento que el Papa Francisco ha realizado para Colombia, se trata de Monseñor José Libardo Garcés Monsalve, como nuevo Obispo de la Diócesis de Cúcuta.

Monseñor José Libardo, hasta el momento Obispo de la Diócesis de Málaga-Soatá, se venía desempeñando como Administrador Apostólico de la jurisdicción eclesiástica de Cúcuta, cargo que le encomendó el Sumo Pontífice el 30 de enero de 2021 y que asumió a partir del 1 de febrero siguiente.

Desde su posesión como Administrador Apostólico, Monseñor le indicó a esta porción del pueblo de Dios, que se debía reactivar toda actividad pastoral y evangelizadora, con la responsabilidad de prever medidas de bioseguridad por la situación de pandemia, y con el ánimo de seguir impulsando la caridad, el amor y el Evangelio de Jesucristo en todas las comunidades. De esta manera, se retomaron proyectos que habían sido suspendidos por el confinamiento del año 2020, y se iniciaron nuevos programas en beneficio de las familias más vulnerables de esta frontera colombo-venezolana.

Luego de ocho meses de trabajo y cercanía con esta región, la Diócesis de Cúcuta se llena de gozo al recibir la noticia de que su nuevo pastor, responde a las oraciones que permanentemente se elevaban al Señor, por un Obispo con el corazón de Jesús, reflejo de la presencia de Dios en esta Iglesia Particular.

Después de haber conocido su nombramiento, monseñor expresa estas palabras de saludo al pueblo de Dios que peregrina en esta Iglesia Particular.

Saludo a la Diócesis de Cúcuta

A los Sacerdotes, Diáconos, Religiosos, Religiosas, Seminaristas, Autoridades Civiles, Militares y de Policía, a los Medios de Comunicación, a los que sufren y a los feligreses:

Al recibir el nombramiento que me hace el Papa Francisco, como Obispo de la Diócesis de Cúcuta, después de compartir con todos ustedes este tiempo como Administrador Apostólico, les ratifico mi oración ferviente al Señor, con la intención del crecimiento en la Fe, la Esperanza y la Caridad, para seguir construyendo entre todos, una comunidad viva de Fe al servicio de Dios y de los más pobres y necesitados.

Un saludo especial a los queridos sacerdotes y diáconos, diocesanos y religiosos, a quienes animo a vivir en fidelidad el ministerio recibido como gracia especial de parte de Dios, con la misión de ser sacerdotes en salida misionera, teniendo como modelo a Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote. Hoy se nos plantean nuevos retos en el ejercicio del ministerio que tenemos que afrontar desde la fidelidad, fortalecidos por la oración y ayudados por la fraternidad sacerdotal.

A las religiosas de vida activa y contemplativa que hacen presencia en nuestra Diócesis, las invito a seguir siendo signo del amor de Dios indiviso, para los fieles de nuestra Iglesia particular. Tengo presente a cada comunidad religiosa, con su carisma y misión al servicio de Dios y de la Iglesia.

A las autoridades civiles, militares y de policía, les envío mi saludo y bendición. Siempre estaré atento para ayudarles a iluminar su tarea y misión, con la luz de los principios del Evangelio y de la Doctrina Social de la Iglesia, para que entre todos sigamos construyendo persona, familia y sociedad.

A los seminaristas, los animo a seguir dando una respuesta al Señor en la fidelidad y en el amor. Que su respuesta vocacional sea cada día más plena, para que puedan llegar un día a configurarse con Jesucristo Buen Pastor, que da la vida por sus ovejas. Tienen el reto de formarse para el sacerdocio, en un mundo que tiene muchas ofertas banales y fáciles. Los invito a seguirse formando según el corazón del Buen Pastor, para entregar la vida al servicio de Dios y de la Iglesia. La Diócesis de Cúcuta tiene puesta la esperanza en ustedes, que saldrán a seguir el proceso evangelizador en las periferias humanas y existenciales, llegando a los ambientes y lugares más pobres y necesitados de nuestra Iglesia Particular. 

A los medios de comunicación los tengo muy presentes, los invito a seguir siendo fieles a la verdad contenida en el Evangelio y comunicada a los oyentes con objetividad y transparencia. Cuenten siempre con mi presencia y oración constante, para que cumplan con la misión de ser comunicadores de la verdad y sembradores del bien en los ambientes en los que se desarrolla su tarea. 

A los pobres, los migrantes, los campesinos, las personas que padecen dificultades, les digo que son mi prioridad en el trabajo evangelizador que me propongo realizar con todos los sacerdotes y agentes de pastoral y en los cuáles ustedes también me ayudarán a llevar a Jesucristo a todos los ambientes en los que viven. Es muy importante fortalecer los lazos de fraternidad con los hermanos venezolanos en esta zona de frontera, que esperamos esté abierta muy pronto, para fortalecer los vínculos de caridad y fraternidad, trabajando juntos por el bien común. Doy también una mirada de pastor a los niños y jóvenes que están en las calles, sumidos en la droga y los vicios que están destruyendo sus vidas y la de sus familias. Caminando juntos podemos poner lo que somos y tenemos para remediar en algo esta situación trágica que nos pertenece a todos. Sigamos adelante haciendo esfuerzos para ser sembradores calificados del Reino de Dios en todos los rincones de nuestra Iglesia Particular. 

Todos los feligreses están en mi oración diaria de rodillas frente al Santísimo Sacramento, sobre todo en estos tiempos de dificultad. Estaré siempre atento a ayudarles y servirles en su caminar diario, para que puedan crecer en familia, en el amor a Dios y al prójimo. A cada familia le ofrezco mi oración, para que sean hogares a ejemplo del hogar de Nazaret. Los animo para que sigan luchando por sus familias, a pesar de las dificultades que puedan sobrevenir en el camino de sus vidas y especialmente en este tiempo de pandemia. Reciban mi bendición especial.

Estos meses que hemos compartido juntos, nos han permitido conocer los retos y desafíos que tenemos, para seguir en camino sinodal, en el anuncio gozoso del Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo. Sigamos adelante, caminando juntos, escuchándonos unos a otros y juntos escuchando al Espíritu Santo, que nos da la luz necesaria para fortalecer la Fe, la Esperanza y la Caridad, en esta porción del pueblo de Dios.

Para iniciar juntos esta tarea en el hoy de nuestra historia, pongámonos en ambiente de oración contemplativa y siempre en las manos de Nuestro Señor Jesucristo y bajo la protección y amparo de la Santísima Virgen María y del Glorioso Patriarca San José, que nos protegen. Que el Señor los bendiga hoy siempre.

+José Libardo Garcés Monsalve

Obispo electo de Cúcuta

Biografía Monseñor José Libardo Garcés Monsalve

Nació en Aguadas (Caldas) el 26 de septiembre de 1967. Después de realizar los estudios básicos en el colegio Francisco Montoya de su pueblo natal, ingresó al Seminario Mayor de Manizales, donde realizó estudios de Filosofía y Teología.

Fue ordenado sacerdote el 27 de noviembre de 1993 para la Arquidiócesis de Manizales. Después de su ordenación sacerdotal obtuvo la licenciatura en Filosofía y Ciencias Religiosas en la Universidad Santo Tomás y luego ingresó a la Pontificia Universidad Gregoriana, donde obtuvo la licencia en psicología.

Servicios pastorales

  • Vicario parroquial en Pácora (1993-1995).
  • Ecónomo y formador del Seminario Mayor de Manizales (1996-1998).
  • Miembro del Equipo de Formadores del Seminario Mayor de Manizales (2002- 2009).
  • Párroco en Nuestra Señora de los Dolores – Manizales (2010-2013).
  • Párroco en la Parroquia Universitaria (2010-2013).
  • Miembro del Consejo Presbiteral (2011 – 2016).
  • Párroco en la Catedral de Nuestra Señora del Rosario – Manizales (2013 – 2016).
  • Canciller de la Arquidiócesis (2014 – 2016).
  • Miembro del Colegio de Consultores (2011 – 2016).

Después de un largo y fructífero servicio pastoral en la Arquidiócesis de Manizales, fue llamado al episcopado el 29 de junio de 2016 y fue nombrado Obispo de Málaga-Soatá por el Papa Francisco. Su ordenación episcopal fue el 1 de septiembre de 2016.

El 30 de enero de 2021, el Papa Francisco le encomendó la Administración Apostólica de la Diócesis de Cúcuta, de la cual tomó posesión el 1 de febrero siguiente. Ocho meses después, el Papa Francisco decide nombrarlo Obispo de esta jurisdicción eclesiástica, anuncio que realiza la Santa Sede el 4 de octubre de 2021.

Descargar comunicado.

El Papa a los cristianos: “Recemos para que, cada bautizado participe en la evangelización y esté disponible para la misión”

En el video-mensaje con la intención de oración para el mes de octubre, el Papa Francisco, a través de la Red Mundial de Oración del Papa, pide a todas las personas ser discípulos misioneros en la vida cotidiana, dando testimonio del encuentro con Jesús y viviendo con sabor a Evangelio.

En unos días va a iniciar el camino sinodal de la Iglesia, una llamada a caminar juntos, como “Pueblo de Dios peregrino y misionero”; es octubre el mes en el que empieza el camino sinodal y se celebra la Jornada Mundial de las Misiones, por lo tanto, el Papa Francisco hace un llamado a todos, a estar disponibles y vivir unidos al Señor, dejándose mover por Cristo y dar así testimonio de vida, que influya en los demás positivamente.

“Si te mueve Cristo, si haces las cosas porque Cristo te guía, los demás se dan cuenta fácilmente. Y tu testimonio de vida provoca admiración y la admiración hace que otros se pregunten: “¿cómo es posible que esto sea así?” o “¿de dónde le viene a esta persona el amor con que trata a todos, la amabilidad, el buen humor?”, expresa Su Santidad.

En ‘Medios de vida sostenibles’ se graduaron 65 migrantes en modistería básica

Fotos: Centro de Comunicaciones Diócesis de Cúcuta

El proyecto ‘Medios de vida sostenibles’, finalizó el segundo ciclo de aprendizaje, donde se graduaron el pasado 29 de septiembre, en las instalaciones de la Casa de Formación Beato Luis Variara, aprendices que desarrollaron habilidades en modistería, confección y costura básica. Entre la primera y segunda promoción, ya se han graduado 115 estudiantes.

En esta oportunidad, 65 hombres y mujeres (migrantes venezolanos y colombianos retornados) culminaron con éxito el curso de modistería básica, ofrecido por la Diócesis de Cúcuta, con el objetivo de que puedan ser competitivos en la vida laboral. De la mano de Adveniat (organización de la Conferencia Episcopal Alemana), la Iglesia en esta frontera colombo-venezolana, ha logrado materializar este tipo de proyectos que buscan acoger, proteger, promover e integrar al migrante.

Por otra parte, World Vision (organización global que apoya obras humanitarias con niños y familias vulnerables), en articulación con la Diócesis de Cúcuta, estableció un espacio de aprendizaje temporal (EAT) en el centro de formación, para cuidar a los hijos de los padres de familia que realizan su proceso de capacitación en ‘Medios de vida sostenible’. De esta manera, se fortalece el desarrollo de los niños, mediante el asesoramiento de tareas; refuerzo pedagógico; actividades lúdico-recreativas en diferentes temáticas como: prevención de la COVID-19, higiene personal, cuidado del medio ambiente, entre otras. Todo esto, fundamentados en los valores cristianos, cuidando la salud mental y brindando atención psicosocial.

En la ceremonia de graduación, estuvo presente Monseñor José Libardo Garcés Monsalve, Administrador Apostólico de Iglesia Particular de Cúcuta, quien expresó qué, “con este tipo de proyectos la Iglesia y la Diócesis de Cúcuta está presente en los momentos de crisis y adversidad”, porque “la Iglesia es la primera que llega y es la última que se va”.

María Alejandra Rozo Anaya, diseñadora de modas, encargada de enseñar a los beneficiarios de este curso –que es totalmente gratuito-, la técnica de patronaje básico, aseguró que, “en el proceso de enseñanza, los aprendices adquirieron desde cero, conocimientos sobre corte y costura en la elaboración de blusas, faldas, sudaderas y camibusos”. Asegura que para algunos el proceso es difícil, porque nunca habían manipulado una máquina de coser, “pero la constancia los ha traído hasta acá y hoy ya reciben su diploma”. Una de las nuevas graduadas, María Laura Rodríguez, oriunda del estado Monagas (Venezuela), aseguró que ahora que ya culminó el curso, pudo conseguir un empleo, ya que le había sido difícil por “su condición de migrante”.

Por su parte Cáritas colombiana, acompañó durante todo el curso a los 65 aprendices y sus familias, otorgándoles permanentemente un sustento alimenticio.

Somos discípulos misioneros de Jesucristo

Por: Mons. José Libardo Garcés Monsalve, Administrador Apostólico de la Diócesis de Cúcuta

Comenzamos el mes de oc­tubre, que en la Iglesia lo aprovechamos para reflexio­nar sobre la misión que tenemos como bautizados, de anunciar por todas partes el mensaje, la palabra y la persona de nuestro Señor Je­sucristo (Cf. Mt 28, 19). Recorde­mos que el Bautismo nos convierte en miembros del Cuerpo de Cristo y nos hace entrar en el Pueblo de Dios, que es la Iglesia, un Pueblo en camino, que toma conciencia de ir sembrando la semilla del Reino de Dios por todas partes, con celo pastoral y ardor misionero.

Por el bautismo cada uno se con­vierte en un discípulo misionero, llamado a llevar el Evangelio a to­das partes. Cada uno de nosotros los bautizados, cualquiera que sea nuestra función en la Iglesia es un instrumento activo para la evange­lización (Cf. EG 120). Somos dis­cípulos porque recibimos la fe y la enseñanza del Evangelio y somos misioneros porque nos compro­metemos a trasmitir la fe a tan­tas personas que aún no conocen a Jesús, que están alejados de Él o que lo rechazan. Así lo expresa el Papa Francisco cuando nos dice: “En virtud del Bautismo recibido, cada miembro del Pueblo de Dios se ha convertido en discípulo mi­sionero” (EG 120). “En todos los bautizados, desde el primero hasta el último, actúa la fuerza santifi­cadora del Espíritu que impulsa a Evangelizar” (EG 119).

En nuestra Diócesis de Cúcuta, con el desarrollo del Plan Pastoral, he­mos reflexionado durante este año en Jesucristo que es nuestra Espe­ranza, y así lo queremos vivir en este tiempo de tormenta por el que pasamos todos y como misioneros queremos ser fuente de Esperanza para muchas personas que nece­sitan una palabra de consuelo, de aliento y que cada uno puede en­tregar, dando a conocer a Jesucristo nuestra Esperanza que no defrauda.

Sabemos desde nuestra experien­cia de creyentes que nadie se salva solo. Todos somos responsables de la salvación de los hermanos, por­que somos comunidad de creyen­tes; por eso, sentimos el impulso interior que da la gracia de Dios, de comunicar la verdad de la Sal­vación a todos, sobre todo a los que están alejados del Señor o lo rechazan abier­tamente, dándoles a Jesucristo a quien hemos encontrado como al mejor de los tesoros. Según el documento de Aparecida cuando afirma: “En el encuentro con Cristo queremos expresar la alegría de ser discípu­los del Señor y de haber sido envia­dos con el tesoro del Evangelio. Ser cristiano no es una carga sino un don: Dios Padre nos ha bendecido en Jesucristo su Hijo, Salvador del mundo” (DA 28).

Lo que nos involucra a todos en esta misión es nuestra pertenencia a la Iglesia de Jesús. Él la quiso misio­nera, es decir, en salida anunciando la Palabra de Dios, para incluir en el proyecto de salvación a todas las gentes del mundo. El texto evangé­lico de Mateo contiene el mandato misional: “Vayan, pues, y enseñen a todas las naciones, bautizándo­las… y enseñándoles a cumplir todo cuanto yo les he mandado” (Mt 28, 19 – 20). Estas instruccio­nes del Señor son precedidas por un gesto de sumisión y fe de los apóstoles: Al ver a Jesús, relata el evangelista, lo adoraron, ellos que habían dudado (Cf. Mt 28, 18). El mandato de ir a bautizar hace refe­rencia a la nueva vinculación que se establece entre el bautizado y cada una de las tres Personas de la Santí­sima Trinidad que le da la identidad de Hijo de Dios al nuevo creyente. De ahí, se desprende la misión de ir a comunicar y testimoniar con la vida el Evangelio recibido y la fe asumida, para hacer crecer el Reino de Dios en el mundo, fortalecidos por la gracia de Dios, sobre todo en los mo­mentos de duda e in­certidumbre.

De esto se desprende que todas las Dióce­sis, parroquias, comu­nidades eclesiales mi­sioneras, y en general, todos los bautizados, debemos escuchar con entusiasmo este mandato del envío misionero y ponerlo en práctica en cada uno de los ambientes en los que nos encon­tramos; comenzando por la familia y sembrando el Reino de Dios en el lugar de trabajo y la comunidad en la que nos movemos, con un solo propósito de dar a conocer a Jesús en todos los ambientes.

Como consecuencia de nuestra condición de discípulos misione­ros, anunciando el mensaje de Je­sucristo, cosechamos en la Iglesia y en nuestra Diócesis el fruto ma­duro de la evangelización que es la caridad, en la que nuestra Iglesia Particular está comprometida, en la atención a los más pobres y ne­cesitados, a la población migrante tan necesitada de nuestra atención y misión en la siembra del Reino de Dios, tal como nos lo pide Apare­cida cuando dice: “Los discípulos y misioneros de Cristo promueven la cultura del compartir en todos los niveles en contraposición de la cultura dominante de acumulación egoísta, asumiendo con seriedad la virtud de la pobreza como estilo de vida sobrio para ir al encuentro y ayuda a las necesidades de los her­manos que viven en la indigencia” (DA 540).

Desde nuestro Plan Pastoral bus­camos seguir caminando juntos, llegando a todos con el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, para transformar todas las realidades de la vida, con el propósito que la Palabra de Dios llegue a todas las periferias físicas y existenciales, para hacer crecer el Reino de Dios en esta porción del Pueblo de Dios que peregrina en nuestra Diócesis de Cúcuta y que queremos fortale­cer con la Eucaristía, la oración y la caridad.

Con la conciencia de ser discípu­los misioneros de nuestro Señor Jesucristo, en familia renovamos la decisión de ser evangelizadores, in­tensificando nuestra respuesta de fe y anunciando a todos que Cristo ha redimido todos los pecados y ma­les de la humanidad. Amparados por la intercesión de la Santísima Virgen María Estrella de la Evan­gelización y del Glorioso Patriarca San José que custodia nuestra vida, vocación misión, pidamos al Señor la gracia de ser auténticos misione­ros, para hacer crecer el Reino de Dios por todas partes, cumpliendo el mandato del Señor.

Para todos, mi oración y mi bendición.

Scalabrinianos mantienen la esperanza de inaugurar el nuevo CIAMI

Fotos: Centro de Comunicaciones Diócesis de Cúcuta

El año pasado, los misioneros de san Carlos scalabrinianos, presentes en Cúcuta, vieron la necesidad de atender el fenómeno migratorio, desde un punto holístico e innovador. Para ello iniciaron la construcción de un Centro Integral de Atención al Migrante (CIAMI), replicando la idea de los otros 40 centros que los scalabrinianos han construido en América Latina.

Su objetivo principal es acoger, proteger, promover e integrar –como lo enseña el Papa Francisco- al hermano migrante, retornado o desplazado, que se comprometan a proyectar sus vidas hacia un futuro productivo.

Desde el inicio de la construcción de la obra, se han presentado inconvenientes con contradictores que alegan ser vecinos del sitio y estar en desacuerdo con que se desplieguen migrantes por la zona, ya que el CIAMI se ubica cerca al Templo Histórico. El sacerdote italiano Flor María Rigoni, quien está a cargo de las obras scalabrinianas en Colombia, aseguró que, le hablan de “vecinos que nunca han dado la cara”, manifiesta que no debe perderse la memoria histórica, porque recuerda “hace 40 años las filas de colombianos para ingresar y establecerse en Venezuela”, por esto invita a promover un mayor desarrollo.

De izq. a der.: Pbro. Jesús Salinas, superior de los scalabrinianos en Colombia; pbro. Flor María Rigoni, director de las obras scalabrinianas en Colombia; y Carlos Corona, representante legal de los misioneros de san Carlos scalabrinianos.

Estas declaraciones las dio en una rueda de prensa que la comunidad scalabriniana decidió ofrecer el jueves 23 de septiembre, a los medios de comunicación locales en las instalaciones del CIAMI, después de que el pasado 16 de septiembre, la opinión pública conociera que el Tribunal Administrativo de Norte de Santander, decretó la suspensión provisional de la licencia de construcción de la obra.

El abogado Carlos Corona Flórez, quien representa a los religiosos, explicó el proceso al que se ha enfrentado este “proyecto filantrópico”, el cual ha recibido una demanda de nulidad, promovida por la Fundación Revivir, a través de su representante legal; la cual fue admitida en septiembre de 2020 y negada por el juez. Seguidamente -relata Corona-, la persona jurídica demandante impugnó el evento y para el día 22 de julio de 2021, el Juzgado Tercero Administrativo, revocó la decisión inicial y ordenó suspender la obra.

Ante esa situación, la alcaldía de Villa del Rosario y la comunidad scalabriniana interpusieron un recurso contra el decreto de esa medida cautelar; por el momento, el proceso aún no tiene una sentencia y, la licencia de construcción ya se cumplió según lo acordado con la administración municipal. El abogado explica que se han realizado trabajos en la obra que no requieren licencia alguna, “han sido trabajos locativos, como pintar paredes”, asegura.

El padre Flor María aclara que, el Centro puede recibir únicamente a 250 personas y “no 7.000, como algunos lo estaban afirmando”. Explica que no serán un foco de delincuencia (como lo han manifestado sus opositores), ya que estas personas deben cumplir unos requisitos específicos para vivir en el CIAMI, el cual “no es una casa de paso ni un refugio”, es un “centro de formación”. El hospedaje se brinda a quien quiere alcanzar una calificación profesional y abrirse paso en el mercado laboral.

La formación será apoyada por la Fundación Universitaria Los Libertadores; Microsoft; Cisco Systems; Google; y el Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA); entre otros.

Por su parte, el sacerdote mexicano Jesús Erasmo Salinas Hernández, quien también presidió la rueda de prensa y es el superior de los misioneros scalabrinianos en Colombia, manifestó que lo que anhelan es “hacer de los migrantes, personas autosuficientes; mejorando su calidad de vida, siendo formados con las dimensiones psicológicas, antropológicas y religiosas”.  Describió que este centro de formación cuenta con cuatro consultorios; guardería; lavandería; habitaciones para discapacitados; habitaciones familiares y multifamiliares; sanitarios y duchas suficientes para los huéspedes y educandos; cocina; comedor; depósitos; capilla; y oficinas administrativas.

Con nueva administración, el Seminario Menor se traza nuevos proyectos

Después de acompañar la gestión administrativa, pastoral y educativa del colegio Seminario Menor Dio­cesano San José, el padre Félix Ramón Celis Gómez, culmina su etapa como rector, en la que, durante nueve años, entregó a la sociedad jóvenes líderes, con des­trezas y habilidades para construir un futuro mejor.

De esta manera, le abre paso al padre Ruber Carrero López, pá­rroco de Santa Teresa de Calcuta, quien el pasado 23 de agosto, fue designado por el Administrador Apostólico de la Diócesis de Cú­cuta, Monseñor José Libardo Gar­cés Monsalve, como nuevo rector del Seminario Menor y director del Centro Asociado; servicio que asume como un reto, ya que asegura “esta es una nueva etapa, con propuesta de renovación, para volver a tener una imagen fuerte”.

El primer objetivo de su propues­ta, es fortalecer en los fieles bau­tizados, el sentido de pertenencia por el colegio Seminario Menor. Como institución diocesana, se­ñala que, debe valorarse y tomar conciencia que es un semillero donde se van a abonar terrenos en diferentes vocaciones, allí crecerán y se formarán los futuros hombres y mujeres que van a des­cubrir su propia vocación. Todo esto, partiendo desde la forma­ción académica, para brindarle a los niños y adolescentes los cono­cimientos básicos de la prima­ria y secundaria, pero también, añadir los valores humanos y cristianos. El padre Ruber expre­sa que, desde temprana edad, se está careciendo de formación es­piritual porque “quizá algunos pa­dres de familia no tienen el tiem­po necesario para este espacio, o no tienen las bases para cultivar la fe”, y es ahí donde el rol del Semi­nario Menor toma fuerza, tenien­do en cuenta que una institución educativa es “el segundo hogar de los estudiantes… nosotros es­tamos disponibles para velar por esa formación espiritual, partien­do de las enseñanzas del Maestro por excelencia: Jesucristo”.

Buscando el bilingüismo

Pensando en la innovación y la educación de alta calidad, el padre rector, anhela para sus estudiantes una formación bilingüe, por lo que, una de sus primeras gestiones es buscar añadir a la carga acadé­mica el idioma francés y fortale­cer el inglés. Hasta el momento está en proceso la iniciativa de traer profesores nativos desde Ca­nadá, a través de un intercambio de ayuda pastoral misionera.

Perfil padre Ruber Carrero López

Nació el 27 de febrero de 1968; en el municipio de El Zulia estudió la primaria en la escuela San José y la secundaria, en el colegio Marco Fidel Suárez. Adelantó sus estudios de Teología y Filosofía en el Seminario Mayor San José de Cúcuta.

Fue ordenado sacerdote el 13 de diciembre de 1997. Luego realizó la licenciatura de Teología en la universidad Javeriana. Obtuvo la licenciatura de Francés en la Academia de Formación Lingüística de Ottawa (Canadá).

Reseña Seminario Menor Diocesano San José de Cúcuta

Monseñor Pablo Correa León continuó la obra que planteó Monseñor Luis Pérez Hernández (primer Obispo de la Diócesis de Cúcuta), y el 29 de agosto de 1961, bendijo la primera piedra del Seminario Menor de Cúcuta, que se ubicó en aquel entonces sobre la antigua carretera a San Antonio del Táchira (Venezuela). Su construcción concluyó en el año de 1965 y las clases comenzaron el 15 de febrero de 1966. Por decreto fue oficializado el 26 de marzo de 1966. En el año de 1986, el Obispo de la época, Monseñor Alberto Giraldo Jaramillo, trasladó el Seminario Menor al barrio Quinta Oriental (donde funciona actualmente) y fundó el Seminario Mayor San José de Cúcuta, ubicándolo en el terreno que dejó libre el colegio.

Misión: Como obra social de la Iglesia Católica, tiene como misión ofrecer una educación holística de alta calidad entendida como aquella que desarrolla las competencias y habilidades de liderazgo, de autonomía, como capacidad de debatir, de argumentar, de comunicarse, de expresarse; desarrollando iniciativas en los estudiantes que aporten a la transformación de la realidad económica, social, cultural, política y religiosa de la región desde la puesta en marcha de un proyecto humano cristiano, con el propósito hacia una elección consciente y libre de su vocación hacia el ministerio sacerdotal.

Visión: El Seminario Menor Diocesano San José de Cúcuta, se posicionará en el 2030 como la institución líder en la formación integral de estudiantes con altos niveles de desempeños cognitivos, axiológicos, espirituales y pastorales, fundamentados con una antropología cristiana y católica que preserve, garantice y promueva el discernimiento vocacional desde los valores del Evangelio.