Reflexiones del monumento a la virgen de Fátima de la ciudad de Cúcuta

Por: Luis Fernando Niño López, Doc­tor en Historia y artes de la Universi­dad de Granada – España. Presidente de la Academia de Historia de Norte de Santander.

Foto: Centro de Comunicaciones Diócesis de Cúcuta

La especie humana durante todo su trasegar por la tierra comenzó a ubi­carse estratégicamente en grupos sociales que determinaron la evolución de las sociedades modernas, pasaron por las fratrías, las curias, las tribus hasta llegar a las grandes civilizaciones tales como las conocemos hoy en la historia; Sumerios, Babilonios, Egipcios, caldeos, Incas, Ma­yas, Aztecas, Bari entre otras. A medida que en su colectivo tomó conciencia del “estar” en un solo lugar y que los poderes relacionados entre lo humano y lo divino se juntaran, la construcción de elementos corpóreos tomó fuerza para hechos polí­ticos, guerreros y elementalmente religio­sos, de allí la importancia de los monu­mentos.

Se considera monumento a toda aquella estructura que haya sido construida especialmente como modo de conmemorar a alguien o a algún evento. Un monumen­to, sin embargo, puede ser un espacio o un objeto que naturalmente gana importancia y significado para una sociedad a pesar de no haber sido construido para tal fin (esto es especialmente común cuando se hablan de monumentos naturales). Por lo general, el monumento, además de ser un elemen­to ceremonial, tiene una riqueza artística e histórica única.

Desde la Antigüedad el ser humano ha construido diversos tipos de monumentos en conmemoración a personas o a hechos específicos. Estos monumentos han va­riado en términos de tamaño, dimensión, diseño, material y estilo a lo largo de los si­glos. Mientras que en otras épocas se cons­truían monumentos de tamaño magnífico y casi sobrehumano (como las Pirámides de Egipto, Machu Pichu, el Templo de Teno­chtitlán), hoy en día se acostumbra realizar esculturas de tamaño accesible que tienen por objetivo honrar a aquellas personas a las que representan.

Al mismo tiempo, los monumentos de la Antigüedad eran tales obras de ingeniería e infraestructura que se volvía casi impo­sible conocer al autor y en muchos de los casos no se ha logrado disertar el porqué de estas mega obras. En la actualidad, los monumentos son en su mayoría realizados por un artista en particular o por un grupo de artistas dirigidos por un maestro mayor.

Como tales, los monumentos deben con­tar con protección especial que les permi­ta mantenerse en buen estado al pasar el tiempo, de modo tal que las generaciones venideras pue­dan disfrutarlos también.

Nuestra amada Cúcuta ha sido un ejemplo, desde su creación, de la monumentalidad en di­versos aspectos religiosos en gran cantidad (Cristo Rey, Pa­rroquia de San Luis, Fátima, El cerro Nazareno), a nivel Patriótico (Loma de Bolívar) y de otras índoles, lo que se ha demostrado con el paso de los años en medio de recordacio­nes y querencias citadinas. Es de resaltar que las grandes obras y monumentos del pasado nos muestran el empuje y la berraquera de los que nos an­tecedieron.

Dentro de las múltiples muestras de reli­giosidad y respeto la Virgen de Fátima es una advocación mariana que tuvo su ori­gen en la localidad del mismo nombre en Portugal. Fue allí, en Cova de Iría, un lu­gar a once kilómetros de Ourem y a ciento treinta y seis kilómetros de Lisboa, donde un resplandor celeste con forma de mujer se apareció, sobre una encina, vestida de blanco y reveló una serie de mensajes a la humanidad. Testigos vivos de este aconte­cimiento fueron tres humildes pastorcillos, que abrevaban a sus ovejas por la zona. Los dos hermanos Francisco y Jacinta Marto y su prima Lucia Dos Santos fueron los de­positarios de este mensaje hasta su muerte.

Según su relato, fueron sor­prendidos por un relámpago seguido de una aparición: una mujer envuelta en halo de luz y vestida con túnica dorada les habló, conminán­doles a volver el día trece de cada mes a ese mismo lugar. De esta forma la Virgen fue revelándoles, poco a poco, y a lo largo de varios meses una serie de profecías que posteriormente se difundie­ron por Europa y el mundo en forma de misterios. A partir de entonces, Fátima se convirtió en un lugar de culto y peregrinación mundial.

Francisco y Jacinta murieron jóvenes, de gripe española, mientras que Lucia vivió hasta hace pocos años, por lo que tuvo la oportunidad de difundir por más tiempo las revelaciones divinas. Ella ingresó de mon­ja en el convento de las doroteas donde fue visitada por el mismísimo San Juan Pablo II.

La tradición oral dice que estas aparicio­nes tuvo origen en los testimonios de los pastores Lucía, Jacinta y Francisco, quie­nes afirmaron haber presenciado varias apariciones marianas en Fátima (Portugal), entre el 13 de mayo y el 13 de octubre de 1917. Hace 103 años.

A partir de entonces, esta advocación ex­tendió su fama al mundo y Cúcuta también le erigió un monumento a mediados del si­glo XX. El sacerdote Guillermo Santama­ría, para la época párroco de San Antonio de Padua, lo construyó. La imagen llegó el 3 de diciembre de 1949, procedente de Bogotá e inaugurada el 18 de diciembre del mismo año.

La estatua de la virgen, de 3 metros, reposa sobre una bola a manera de mundo. La es­tructura consta de una columna en concreto de 10 metros de alta; esta ubicada al final de la calle 8 barrio San Miguel. Hace dos años fue remodelada para uso de todos los cucuteños y bienestar de sus vecinos.

La importancia de dicho monumento tiene dos aspectos a reflexionar, primero la capa­cidad que teníamos los habitantes de estas tierras de superar las adversidades; pasó el terremoto de 1875 y nos levantamos, nos dio la fiebre amarilla de 1886 y con la mor­tandad de la población volvimos a resurgir, llegó la guerra de los mil días y el sitio de Cúcuta en 1900 y fuimos capaces de avan­zar hacia la paz, llegó el viernes negro de la economía del 1983 y resolvimos no de­jarnos anonadar y llegó el coronavirus (Co­vid-19) y debemos mostrar una vez más de lo que estamos hechos.

En segundo lugar, seguir descubriendo nuestra riqueza espiritual y devota de nues­tras creencias, la fuerza de la fe que todo lo transforma, dar gracias a la Virgen de Fátima por seguir protegiéndonos a los ca­tólicos y creyentes y ante todo que estos 71 años de romería a este lugar. Que este mo­numento, nos siga recordando cual cerca estamos de su bendición y amor mariano. Recordar y conmemorar nos debe ayudar a fortalecer nuestro interior para salir avan­tes en estos momentos de solidaridad y unidad social, no hay otra opción.

Fuente:

-Avendaño Guevara, Pbro. Edwin Leonar­do. Monumentos, esculturas, bustos, me­dallones y placas conmemorativas de San José de Cúcuta. Monumento a la virgen de Fátima N- 98 / Pagina130/ Autores: Ra­mon Sanabria y Misael Gutiérrez

– https://www.matermundi.tv/2018/01/03/ advocaciones-marianas-virgen-fatima/

– https://www.definicionabc.com/general/ monumento.php

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