Historia

Cuando los españoles iniciaron la conquista del  territorio colombiano, el grupo étnico más importante era el de los Chibchas, ubicado en las altiplanicies centrales; pero había otros indígenas, los Taironas, al norte, y los Paeces, al sur.

La presencia de los misioneros católicos coincidió con el avance de los conquistadores. Los territorios de indios por evangelizar se denominaron “Doctrinas”, puesto que la finalidad principal era adoctrinar o enseñar la religión católica.

Las Doctrinas se formaron a partir de grupos de indios que por concesiones del rey de España se “encomendaban” al cuidado material y espiritual de los españoles, que por ello se llamaron Encomenderos.

En el siglo XVI surgieron muchas “doctrinas” en el territorio colombiano cuya solicitud espiritual fue quedando en manos de Franciscanos, Dominicos, Agustinos y Jesuitas.

El poblamiento del nororiente del país se inició con la fundación de Pamplona, el 1 de noviembre de 1549, cuando el Gobernador del Nuevo Reino, Miguel Díaz de Armendaris, envió a Ortún Velásquez de Velasco y a Pedro de Orsúa, para que fundaran un pueblo que le sirviera de asiento para futuras conquistas. El pueblo se llamó Nueva Pamplona.

En el libro Los pueblos del cacao, orígenes de los asentamientos urbanos en el oriente colombiano, de los historiadores Carmen Adriana Ferreira, Amado Guerrero y Silvano Pabón Villamizar, hay una completa descripción de lo que fue el proceso de erección parroquial.

De este documento se ha extractado gran parte del siguiente relato.

El 7 de septiembre de 1553, Pedro García Matamoros, Obispo de Santa Marta, designó a Alonso Velasco capellán de la expedición fundadora y en poco tiempo construyó la Ermita le las Nieves, primer templo de Pamplona. La columna vertebral de a organización parroquial en la Colonia fueron las Cofradías y Hermandades, ya que gracias a ellas, el pueblo cristiano participaba en la vida cultural y se financiaban las principales fiestas religiosas. En 1602, el corregidor de Tunja, Antonio Beltrán de Guevara, a cuya jurisdicción perteneció el Pueblo de Cúcuta, visitó a Pamplona y llegó hasta los Llanos de Cúcuta. Acordó que se establecieran dos Doctrinas, la de Cúcuta, de la Encomienda de Pedro Dionisio Velasco, y la otra, en Capacho, de la Encomienda de Cristóbal Araque y Ponce de León.

A comienzos del siglo XVIII, los indios de Cúcuta siguieron un pleito en la Real Audiencia para que les reintegraran las tierras de sus Resguardos que estaban invadidas, tanto por españoles, negros y mestizos, como por el colegio de la Compañía de Jesús de Pamplona. Para la época, el cultivo y el comercio de cacao eran actividades rentables y como consecuencia la tierra fue objeto de mayor demanda. Lentamente, el campesinado blanco y mestizo fue creciendo y el Curato pensado para evangelizar a los indígenas, terminó por albergar y prestar los oficios religiosos a la población comarcana que se fue “agregando” poco a poco.

Algunos terratenientes, hacendados, estancieros y muchos campesinos no conformes con la condición de “agregados”, decidieron tramitar el otorgamiento de su beneficio parroquial, convirtiéndose la obtención de la licencia para erigir la parroquia en una reivindicación social o política, máxime cuando además de tener cura y alcalde propios, lograban separarse de los pueblos de indios.

Para la erección parroquial, jurídicamente se necesitaba cumplir los siguientes pasos:

• Que los vecinos dieran poder a otro vecino o a un abogado que litigara ante la Real Audiencia y Arzobispado de Santafé.

• Escritura de donación del terreno donde se construiría el casco urbano de la nueva parroquia.

• Escritura donde los vecinos hipotecaban parte de sus bienes para garantizar la congrua del cura y el mantenimiento de las cofradías.

• La escritura de compromiso de financiación de las obras materiales que le daban cuerpo real a la parroquia, como el templo, la casa cural, la cárcel, la plaza y el trazado de las primeras calles, entre otras.

Seguidamente, se realizaba la visita de un comisionado del Arzobispo, que examinaba la necesidad real de la erección de la nueva parroquia, y la capacidad material de los vecinos para mantenerla.

La visita daba lugar a un concepto del provisor general del tribunal eclesiástico, quien recomendaba o no la erección y, si era el caso, se producía el decreto del Arzobispo aprobando la solicitud y luego se emitía al Virrey quien, como vicepatronó, producía la resolución final. Los vecinos blancos del Pueblo de Cúcuta, se unieron y poco a poco llenaron los requisitos.

Escogieron el sitio de Guasimal, en las márgenes del río Pamplonita, para asentarse urbanamente; doña Juana Rangel de Cuéllar donó, el 17 de junio de 1733, media estancia de ganado mayor en el sitio de lónchala, que tenía un valor de cincuenta petacones

“La acequia de agua que tiene sacada para el riego de su hacienda el capitán Juan de la Ara Jovel que ésta divide una y otra tierra, que este lindero es por la parte de dicho río de Pamplona, y por la parte de arriba con tierras de Francisco Rangel, y por la parte de abajo con tierras que pertenecen al colegio de la Compañía de Jesús de dicha ciudad, y fueron de Salvador Gómez de Figueroa, y por el otro lado con tierras de la dicha otorgante”.

La escritura de donación de terrenos por parte de Juana Rangel de Cuéllar ha sido interpretada por muchos historiadores cucuteños como el “acta de fundación” de Cúcuta, cuando sólo fue uno de los requisitos que se debía anexar a la solicitud de erección de la parroquia. El acta de donación se protocolizó ante el capitán Juan Antonio Villamizar y Pinedo, alcalde más antiguo del cabildo de Pamplona, que ejercía jurisdicción política sobre la región.

La Carta Poder, uno de los documentos más representativos del proceso de erección parroquial, fue otorgada, el 25 de junio de 1733, en lónchala a Nicolás Dávila Maldonado, abogado de la Real Audiencia de Santafé, al capitán Josepth Sánchez y Manuel Núñez, vecinos de Santafé, para que realizaran los trámites pertinentes.

Entre los argumentos que esgrimieron estos vecinos estaban:

• Conflictos con los indígenas del Pueblo de Indios de Cúcuta.

• La distancia que tenían que recorrer para ir hasta la capilla doctrinera del Pueblo de Indios de Cúcuta a cumplir con los preceptos religiosos.

• El impedimento físico que les representaba cruzar el río en épocas de lluvias, dado que no había puente ni cabuya para atravesarlo.

También remitieron las escrituras de obligación de 4.000 petacones de a ocho reales de principal, que redundarán los 200 pesos anuales para la congrua del cura; el compromiso formal de construir un templo y ornamentarlo de todo lo necesario.

También se comprometieron a fundar las Cofradías del Santísimo, de las Ánimas, de la Virgen María, en cualquiera de las advocaciones, y la del patrono “el Patriarca San Joseph”.

Finalmente, solicitaron les permitieran postular al que sería el primer párroco. Propusieron en primer lugar a Salvador de Cáceres; en segundo lugar a Pedro Gómez Zapata, cura doctrinero del pueblo de Cúcuta, y en tercer lugar a Diego Ramírez de Rojas, clérigo presbítero.

El 23 de octubre de 1733, en Santafé, Antonio Claudio Álvarez de Quiñones, Arzobispo del Nuevo Reino, revisó el expediente presentado por Dionisio Osorio, apoderado de los títulos de Nicolás Dávila Maldonado y los remitió al Provisor Fiscal del Arzobispado, quien proveería la legitimidad y justicia del proyecto propuesto. Conceptuó favorablemente y sugirió que mientras se construía el templo, el cura doctrinero de Cúcuta nombrara un teniente suyo para que administrara sacramentos y dijera misa en la capilla que los parroquianos habían construido en Guasimal. El 20 de agosto de 1734, se presentó en Guasimal el licenciado Diego Antonio Ramírez de Rojas, quien después fue el primer párroco, atendiendo el mandamiento del Arzobispo.

Su condición era la de Teniente del maestro Pedro Gómez Zapata, cura y vicario del pueblo de Cúcuta.

CREACIÓN DE LA PARROQUIA SAN JOSÉ

Satisfechos y optimistas por la expedición del título parroquial, los agregados del valle de Cúcuta se encontraron con otra realidad, “no contaban con un principio de obra de templo parroquial”. Por tal razón, y como había quedado testimoniado en la escritura de compromiso, asumieron la responsabilidad.

Juan Jacinto Colmenares y Francisco de Rangel fueron los mayores financiadores, y entre los dos aportaron el 23 por ciento de los dineros y un “ornamento completo”. Doña Juana Rangel de Cuéllar dio $10 y un

“ornamento completo”. La mayor parte de los vecinos (45 por ciento) hicieron aportes iguales a 5 petacones, y el 36 por ciento restante entregó entre 6 y 10 petacones.

El 50 por ciento de los feligreses se comprometió a pagar peones para la construcción del templo, varios pusieron de a dos, y el 50 por ciento restante se comprometió a ayudar personalmente en los trabajos que demandara la construcción del templo.

El primer templo fue muy modesto. Sus paramentos de madera, lata, caña, bejuco y barro, con cubierta de palma, no fue más que una casa de bahareque, empañetada y blanqueada, con sus puertas y ventanas, estructurada con sacristía, presbiterio y nave principal.

Pero esta modesta construcción, estuvo llena de solidaridad y empuje, características nativas de los cucuteños. La naciente Villa, continuó su camino de desarrollo.

Manuel Ancízar hizo en “Peregrinación de Alpha”, una de las obras más notables de la literatura colombiana, una descripción de estas regiones. De San José de Cúcuta a mediados de 1850, dijo que “Allí todos son negociantes, mercaderes o agricultores, y acaso pudiera enrostrársele la excesiva consagración a los intereses materiales al ver la pobreza y pequeñez de la única iglesia…”.

“La fiesta de San Juan la celebran con carreras de caballos, pasando por debajo de arcos adornados de ramazón y frutas, y en el centro un desventurado pollo pendiente de una cuerda que recogían al pasar los jinetes, cuyo anhelo era cogerle la cabeza y llevárselo”.

El 1 de julio de 1863, José Miguel Crespo elaboró un plano topográfico de San José de Cúcuta y lo presentó al Ayuntamiento Municipal. En el informe presentado por el ingeniero venezolano hay una interesante descripción de la ciudad, que da idea de sus actividades y adelantos en diversos órdenes. De este informe extractamos: “Contaba con tres iglesias, la matriz (en construcción), la de San Juan de Dios y la capilla de San Antonio”.

A mediados del siglo XIX se posesionó como párroco Domingo Antonio Mateus y asumió la construcción del templo de San José “con alma, vida y sombrero”. Los constructores fueron los ingenieros bogotanos Pascual Pinzón y Gregorio Peña. Mayordomo fue Antonio Ángel, que también desempeñaba el cargo de sacristán del templo San Juan de Dios.

El estilo de las torres le dieron a la construcción un aspecto castrense, pero los arcos de medio punto y los contrafuertes le añadieron un inconfundible toque romántico. El clero era propietario de la manzana en la que estaba el templo. Durante la construcción el lote se parceló para obtener recursos para la financiación del proyecto.

El templo de San José, erigido sobre el costado oriental de la plaza principal (sin nombre), “estaba terminado a comienzos de los años 70 del siglo XVII”. Después de unos días donde se sintieron algunos presagios, el martes 18 de mayo de 1875 sucedió en Cúcuta, el hecho más luctuoso de la ciudad, el terremoto.

“De súbito un ruido estrepitoso resonó en toda le extensión de nuestro ámbito, y nos sorprende y nos espanta; la tierra cruje y bambolea; los edificios ruedan y caen desmoronados y convertidos en polvo; el cielo se oscurece; nuestros padres, esposas, hijos, amigos, nuestras familias desaparecen bajo las inmensas moles que la furiosa tempestad sísmica suspende y descarga sobre sus preciosas vidas. Cúcuta fue entonces la imagen terrible de la más completa e impotente desolación”.

El 22 de mayo de 1875, el Arzobispo de Bogotá, Vicen­te Arbeláez envió una carta al tener conocimiento del infortunio, como medio eficaz para provocar la caridad cristiana alrededor de los sobrevivientes.

La carta del Primado de Colombia es el más bello ho­menaje de simpatía a la noble ciudad de Cúcuta con mo­tivo del “terrible siniestro que llevó la desolación y la muerte a esos ricos y hermosos valles en donde Dios había derramado la hermosura, la fertilidad y la abun­dancia”.

Las ruinas del templo de San Antonio sirvieron de lecho funeral al cura de la ciudad, Domingo Antonio Mateus. Vivía el padre Mateus en una casa contigua al templo de San Antonio, bajo cuyos viejos muros de ta­pia pisada, quedó sepultado. Tenía 64 años. El antiguo templo de San José se construyó a poder de sus aptitu­des y de su perseverancia. Fue el fundador de la célebre sociedad Católica de Beneficencia y del periódico La Li­mosna, por él dirigido. También ofició como párroco en San Cayetano y Santiago. Fue el menor de cuatro herma­nos, todos sacerdotes.

Trascurrido un tiempo, los cucuteños iniciaron la re­construcción de la ciudad. La Asamblea legislativa del Estado Soberano de Santander, del cual formábamos parte, emitió una ley que en el capítulo III, artículo 28 decía:

“La nueva ciudad de San José de Cúcuta se reedificará en el punto o sitio que ocupaba la antigua población, consultando en cuanto sea posible la misma situación de las plazas y edificios públicos”.

Emilio Ferrero hizo, el 5 de noviem­bre de 1905, la siguiente remembran­za, al cumplirse 30 años del terre­moto y celebrar la reiniciación de los trabajos de construcción del tem­plo. Allí queda claro que la prime­ra piedra de la construcción de la Catedral de San José fue traída de San Antonio del Táchira: “En un ardo­roso día de 1889, un grupo de 50 personas, se movía lentamente por el camino que de San Antonio del Táchira conduce a esta población.

El 12 de mayo de 1889, fue cuando los cucuteños asistieron entusiasma­dos al solemne acto de colocación de esa primera piedra”.

Se reiniciaron así, los trabajos de construcción del templo de San José, en 1905, de la mano del párroco Demetrio Mendoza.

Fueron más de 50 años de arduo trabajo que resumiremos en las si­guientes notas históricas:

  • En enero de 1909, se inició el encerchado o enmaderado del techo. El párroco Elías Caballero, quien se había posesionado el 27 de diciembre de 1906, pudo ejecutar la obra gracias a lo producido por unas rifas a las que se consideran las primeras loterías que se jugaron en la ciudad. Se rifaron mensualmente $400, con boletas a $0,50 cada una.

El premio mayor era de $200, y dos premios de $100 para el número anterior y el posterior al mayor. El primer sorteo fue el 25 de octubre de 1908, saliendo ganadora la boleta con el número 1188, cuya tenedora fue Alicia de Meoz, esposa del médico Erasmo Meoz.

  • El 10 de mayo de 1907, se bendijo el arco toral del altar mayor.
  • El 29 de junio de 1908, terminado de techar el altar mayor y una parte de la nave central, se celebró la primera eucaristía; la segunda, fue el 16 de julio de 1908, al terminarse el techado de la obra, y la tercera, el 15 de agosto, día de la Asunción de la Virgen, en acción de gracias por haber terminado el pañetado de las paredes del templo.
  • El 7 de septiembre de 1913, en la esquina de la avenida cuarta con calle diez, casa de la familia Serrano Villamizar, se abrió al público una exhibición religiosa con imágenes sagradas y ornamentos religiosos que los cucuteños habían obsequiado con destino a la dotación del templo.
  • El 28 de noviembre de 1915, “sonaron por primera vez”, las campanas obsequiadas por el comerciante Felipe Cristancho.
  • El Concejo de Cúcuta expidió, el 30 de septiembre de 1923, un Acuerdo en el cual confiaba la administración del cementerio católico a la parroquia de San José.

El sacerdote Demetrio Mendoza lo bendijo, el 28 de octubre, después de separar con una pared el lugar donde se enterraban a los protestantes y los suicidas.

Adela Fontana de Abbo, esposa de Tito Abbo, propietario de la Casa Riboli de Cúcuta, obsequió al templo de San José “unas bellas y artísticas viacrucis en alto relieve, traídas de Italia. Se estrenaron en la Semana Santa de 1924”. (Actualmente están en el templo San Rafael de Gramalote). La familia Abbo Montana siempre apoyó las obras de la Iglesia Católica en la ciudad.

  • El 22 de noviembre de 1923, monseñor Rafael Afanador y Cadena inició visita pastoral a Cúcuta y de allí continuó su gira por las parroquias de los pueblos de occidente pertenecientes a la Diócesis de Pamplona.
  • El 7 de junio de 1926, llegó a la ciudad en visita pastoral monseñor Rafael Afanador y Cadena.
  • El 3 de octubre de 1926, José Santos Valderrama, párroco de San José, organizó un bazar en el parque Santander para reunir fondos para la construcción de una capilla en el barrio Carora.
  • El 15 de noviembre de 1926, monseñor Rafael Afanador y Cadena dividió la parroquia de San José en dos y creó la de San Antonio de Padua. La primera, considerada como central, tuvo por límite la avenida octava. Para San José fue designado como párroco Luis Jesús Quiroz, y para la de San Antonio, Juan Nepomuceno Gélvez. Tomaron posesión el 10 de enero de 1927, día que se inauguró solemnemente la parroquia de San Antonio.
  • El 10 de mayo de 1927, monseñor Rafael Afanador y Cadena inició la visita pastoral a Cúcuta.
  • El 4 de marzo de 1928, fue bendecido y estrenado un moderno órgano obsequiado por los esposos Rudesindo Soto y Amelia Meoz.
  • El 16 de julio de 1930, los choferes de la ciudad proclamaron a la Virgen del Carmen como patrona y se acogieron a su advocación. Ese día se realizó por primera vez un desfile de vehículos por las calles de la ciudad.
  • El 18 de enero de 1931, el párroco Alfredo Cala Phillips organizó un bazar para reunir fondos para la construcción de la torre que faltaba. Como dato curioso, “se ideó un laberinto de cañas a donde el que entraba se perdía después de seguir las vueltas que en espiral daban los varios caminos que se seguían.

Cuando un perdido ya cansado pedía auxilio para salir del laberinto, debía cancelar una cantidad de dinero”.

  • El 10 de agosto de 1932, Luis Francisco Villamizar, párroco de Arboledas, fue promovido a la parroquia de San José en remplazo de Pedro Ramón Álvarez, quien había fallecido. Como no fue posible el traslado del padre Villamizar, se nombró a José Rosario Carvajal.
  • El 22 de agosto de 1934, el Vicario general de la diócesis de Nueva Ramplona, Francisco de Paula Cortés, fundó en Cúcuta la “Acción Católica”. Inicialmente los afiliados fueron hombres.
  • El 5 de octubre de 1934, se produjo un incendio en el interior del templo que destruyó una de las capillas laterales.

Como se supo que había sido producido por manos criminales, el Obispo de Pamplona ordenó la suspensión del culto hasta tanto se investigara la profanación.

  • El 15 de mayo de 1939, fue designado párroco Daniel Jordán en remplazo de Isidoro Miranda.
  • El 2 de noviembre de 1939, fue designado Obispo de Barranquilla el sacerdote cucuteño Luis Pérez Hernández.
  • El 12 de marzo de 1940, los esposos Rudesindo Soto y Amelia Meoz obsequiaron $50.000 para la construcción del templo.
  • El 18 de octubre de 1941, se conmemoraron 50 años de haber llegado a Cúcuta las Hermanas de la Caridad. El Gobernador dictó el Decreto 385 del 15 de octubre, asociándose a la efemérides.
  • El 5 de agosto de 1943, manos profanas se llevaron las arquillas del templo.
  • La Ordenanza 4, del 18 de mayo de 1943, dio $5.000 para ayudar a la construcción del templo.
  • La Ordenanza 17, del 14 de junio de 1944, auxilió con $5.000, los trabajos de construcción del templo.
  • El 18 de mayo de 1945, al celebrarse 70 años del terremoto de Cúcuta, el párroco Daniel Jordán celebró solemnemente varios oficios fúnebres.
  • El 1 de noviembre de 1945, monseñor Luis Pérez Hernández fue designado Obispo auxiliar de Bogotá.
  • La Ordenanza 12 del 10 de noviembre de 1950, auxilió con $50.000 las obras parroquiales.
  • El 7 de junio de 1946, a las 11:30 a.m., se desató en el interior del templo un incendio de grandes proporciones que dañó parte del techo. Una viga cayó y volvió pedazos el púlpito de mármol que había traído el sacerdote Demetrio Mendoza.
  • Mediante el Decreto 713 de 1951, el gobernador Moneada Rojas concedió un auxilio de $10.000 para continuar la construcción del templo.
  • El 1 de febrero de 1951, circuló en la ciudad la noticia sobre la creación de la Diócesis.
  • El 1 de octubre de 1950, el párro­co Daniel Jordán viajó a Roma. Re­gresó el 10 de junio de 1952.
  • Por medio del Decreto 1406 del 17 de junio de 1952, el Presidente de la República dio cumplimiento a la Ley 1a de 1952, que dispuso que el último viernes de junio, sería re­munerado y de descanso obligatorio al consagrarlo al Sagrado Corazón de Jesús.
  • Mediante el Decreto 951 del 24 de noviembre de 1952, monseñor Crisanto Luque, Arzobispo Primado de Bogotá fue elevado por el Papa Pió XII, a la dignidad de Cardenal. Fue el primer Cardenal colombiano.
  • Para arreglar la fachada del templo de San José, el municipio auxilió con $10.000 al párroco Daniel Jordán.
  • El 18 de mayo de 1950, al cumplirse 75 años del terremoto de Cúcuta, la imagen de Nuestra Señora de Cúcuta fue coronada y se dispuso que el último domingo de mayo fuera la fiesta patronal. Se reconoció a San José como el patrono y a Nuestra Señora de Cúcuta, como la patrona. La imagen es una linda talla de estilo quiteño, ubicada en un altar lateral de la Catedral San José.
  • El 1 de mayo de 1954, el alcalde Miguel García Herreros auxilió con $10.000 la terminación de la fachada del templo de San José.
  • El 30 de junio de 1955, se celebraron los 50 años de la fundación de la Adoración Nocturna en la parroquia de San José. El 1905, la había establecido el sacerdote Demetrio Mendoza.
  • En la celebración de la Semana Santa de 1956, se estrenó el paso “El Descendimiento”. Las seis imágenes con las andas y los candelabros fueron elaboradas en Cúcuta, en los talleres San Jorge, de Juan Ferrer, escultor valenciano; Simón Galindo, ebanista aragonés, y Jaime H. Bacca, tallista bogotano, ayudados por obreros cucuteños. La familia Abrahim costeó el paso como homenaje al Redentor y tributo agradecido a Cúcuta, su segunda patria.
  • La Bula papal que creó la Diócesis de Cúcuta erigió en Catedral el templo de San José.

LA CONSTRUCCIÓN DEL TEMPLO

Los agregados del valle de Cúcuta se encontraron con una realidad, “no contaban con un principio de obra de templo parroquial”. Ellos por consiguiente asumieron la responsabilidad.

Juan Jacinto Colmenares y Francisco de Rangel fueron los mayores financiadores, y entre los dos aportaron el 23 por ciento de los dineros y un “ornamento completo”. Doña Juana Rangel de Cuéllar dio $10 y un “ornamento completo”. La mayor parte de los vecinos (45 por ciento) hicieron aportes iguales a 5 petacones, y el 36 por ciento restante entregó entre 6 y 10 petacones.

El 50 por ciento de los feligreses se comprometió a pagar peones para la construcción del templo, varios pusieron de a dos, y el 50 por ciento restante se compro¬metió a ayudar personalmente en los trabajos que demandara la construcción del templo.

A mediados del siglo XIX se posesionó como párroco Domingo Antonio Mateus y asumió la construcción del templo de San José “con alma, vida y sombrero”.

El estilo de las torres le dieron a la construcción un aspecto castrense, pero los arcos de medio punto y los contrafuertes le añadieron un inconfundible toque romántico. El clero era propietario de la manzana en la que estaba el templo. Durante la construcción el lote se parceló para obtener recursos para la financiación del proyecto.

El templo de San José, erigido sobre el costado oriental de la plaza principal (sin nombre), estaba terminado a comienzos de los años 70 del siglo XVII. Después de unos días donde se sintieron algunos presagios, el martes 18 de mayo de 1875 sucedió en Cúcuta, el hecho más luctuoso de la ciudad, el terremoto.

El 22 de mayo de 1875, el Arzobispo de Bogotá, Vicente Arbeláez envió una carta al tener conocimiento del infortunio, como medio eficaz para provocar la caridad cristiana alrededor de los sobrevivientes.

Las ruinas del templo de San Antonio sirvieron de lecho funeral al cura de la ciudad, Domingo Antonio Mateus. Tenía 64 años. El antiguo templo de San José se construyó a poder de sus aptitudes y de su perseverancia.

El 12 de mayo de 1889, fue cuando los cucuteños asistieron entusiasmados al solemne acto de colocación de esa primera piedra. Posteriormente se reiniciaron los trabajos de construcción del templo de San José, en 1905, de la mano del párroco Demetrio Mendoza.

Fueron más de 50 años de arduo trabajo para la reconstrucción del templo que se resumen en las siguientes notas históricas:

  • En enero de 1909, se inició el encercado o enmaderado del techo. El párroco Elías Caballero, quien se había posesionado el 27 de diciembre de 1906, pudo ejecutar la obra gracias a lo producido por unas rifas a las que se consideran las primeras loterías que se jugaron en la ciudad.
  • El 10 de mayo de 1907, se bendijo el arco toral del altar mayor.
  • El 29 de junio de 1908, terminado de techar el altar mayor y una parte de la nave central, se celebró la primera eucaristía.
  • El 28 de noviembre de 1915, “sonaron por primera vez”, las campanas obsequiadas por el comerciante Felipe Cristancho.
  • El 22 de noviembre de 1923, monseñor Rafael Afanador y Cadena inició visita pastoral a Cúcuta y de allí continuó su gira por las parroquias de los pueblos de occidente pertenecientes a la Diócesis de Ramplona.
  • El 3 de octubre de 1926, José Santos Valderrama, párroco de San José, organizó un bazar en el parque Santander para reunir fondos para la construcción de una capilla en el barrio Carora.
  • El 15 de noviembre de 1926, monseñor Rafael Afanador y Cadena dividió la parroquia de San José en dos y creó la de San Antonio de Padua. La primera, considerada como central, tuvo por límite la avenida octava. Para San José fue designado como párroco Luis Jesús Quiroz, y para la de San Antonio, Juan Nepomuceno Gélvez. Tomaron posesión en enero de 1927, día que se inauguró solemnemente la parroquia de San Antonio.
  • El 16 de julio de 1930, los choferes de la ciudad proclamaron a la Virgen del Carmen como patrona y se acogieron a su advocación. Ese día se realizó por primera vez un desfile de vehículos por las calles de la ciudad.
  • El 18 de enero de 1931, el párroco Alfredo Cala Phillips organizó un bazar para reunir fondos para la construcción de la torre que faltaba.
  • El 22 de agosto de 1934, el Vicario general de la diócesis de Nueva Ramplona, Francisco de Paula Cortés, fundó en Cúcuta la “Acción Católica”. Inicialmente los afiliados fueron hombres.
  • El 5 de octubre de 1934, se produjo un incendio en el interior del templo que destruyó una de las capillas laterales.
  • El 15 de mayo de 1939, fue designado párroco Daniel Jordán en remplazo de Isidoro Miranda y el 2 de noviembre de 1939, fue designado Obispo de Barranquilla el sacerdote cucuteño Luis Pérez Hernández.
  • El 18 de octubre de 1941, se conmemoraron 50 años de haber llegado a Cúcuta las Hermanas de la Caridad. El Gobernador dictó el Decreto 385 del 15 de octubre, asociándose a la efemérides.
  • El 7 de junio de 1946, se desató en el interior del templo un incendio de grandes proporciones que dañó parte del techo. Una viga cayó y volvió pedazos el pulpito de mármol que había traído el sacerdote Demetrio Mendoza.

Para arreglar la fachada del templo de San José, el municipio auxilió con $10.000 al párroco Daniel Jordán. El 1 de mayo de 1954, el alcalde Miguel García-Herreros auxilió con $10.000 la terminación de la fachada del templo de San José.

El 30 de junio de 1955, se celebraron los 50 años de la fundación de la Adoración Nocturna en la parroquia de San José. El 1905, la había establecido el sacerdote Demetrio Mendoza.

LA DIÓCESIS DE NUEVA PAMPLONA

En la organización de la Iglesia ocupa un lugar imprescindible y necesario, el establecimiento y presencia de los obispos con las Diócesis.

Las primeras que se erigieron en Colombia fueron las de Santa Marta, el 9 de enero, y Cartagena, el 24 de abril de 1534, por Clemente VII; Popayán, el 1 de septiembre de 1546, por Paulo III, y Santa Fe, el 11 de septiembre de 1562, por el papa Pío IV. El 31 de agosto de 1804, Pío VII creó la de Antioquia y, en 1859, Pío IX creó la de Pasto.

El 25 de septiembre de 1835, el papa Gregorio XVI creó la Diócesis de Nueva Pamplona, (sexta en ser erigida) separándola de la Arquidiócesis de Bogotá, que adquirió esa categoría el 22 de marzo de 1564, mediante Bula de Pío IV

Desde la fundación, en 1549, Pamplona se constituyó en el centro evangelizador del oriente colombiano y de los andes venezolanos, pues paralela a la acción colonizadora se desarrolló la evangelización de los aborígenes. Un extenso ­territorio estuvo durante la Colonia bajo la guía del Vicario de Pamplona.

Fundada la Arquidiócesis de Santa Fe, Nueva Pamplona quedó adscrita a esa jurisdicción eclesiástica. Formó, luego, parte de la Diócesis de Mérida (Venezuela) y en la época de la independencia monseñor Lasso de la Vega, frecuentó la ciudad.

En varias oportunidades algunos miembros de la sociedad cucuteña manifestaron la aspiración de ser la ciudad capital de Diócesis y para lograrlo era claro que habían dos caminos:

-Creación de la cocátedra de Cúcuta, de modo que el nombre de la parcela sea Pamplona-Cúcuta, como sucedió en Santander con El Socorro y San Gil.

-Creación de la Diócesis de Cúcuta, desmembrándola del territorio de Nueva Pamplona.

Pero tanto los feligreses, como las autoridades civiles y administrativas expresaron el deseo y la necesidad de que Cúcuta fuera erigida en Diócesis.

El 11 de diciembre de 1955, los consejeros administrativos del departamento Vergel Pacheco, Parra Bolívar y Ferrero Lemus presentaron ante el Consejo Seccional la siguiente proposición:

“El Consejo Administrativo de Norte de Santander, interpretando el anhelo del pueblo católico del departamento, vería con agrado una nueva división eclesiástica que consulte nuestras necesidades actuales, que redunde en mejor bien espiritual para esta sección del país y le dé una más espléndida administración eclesiástica.

Las múltiples   y graves razones impuestas por el desarrollo demográfico, cultural    y religioso de nuestros pueblos, que no se escapan a la sabiduría y prudencia de la iglesia, hacen aconsejables la erección de la Diócesis de Cúcuta, capital del departamento; la de Ocaña, segregándola de la de Santa Marta, que actualmente no coincide con la división político-administrativa del país, y por último, la erección del Arzobispado de Pamplona, cuyas tradiciones de ilustre sede, madre espiritual de la Diócesis de Bucaramanga, de las Prelaturas de Labateca y Bertrania (Tibú), la señalan como digna de tan alta distinción.

Transcríbase en nota de estilo al señor Nuncio de Su Santidad, al excelentísimo señor embajador de Colombia, ante la Santa Sede, a los excelentísimos Obispos de Pamplona, Bucaramanga y Santa Marta, al excelentísimo Prefecto Apostólico de Labateca y el excelentísimo Prelado del Catatumbo”.

Cuando su santidad Pío XII comunicó la Bula Pontificia en el periódico L’Osservatore Romano, el 29 de mayo de 1956, modificó la división eclesiástica del departamento y efectuó los siguientes nombramientos:

  • Monseñor Rafael Afanador y Cadena, Arzobispo de Pompeópolis, en Sicilia.
  • Monseñor Bernardo Botero Alvarez, Arzobispo de la Arquidiócesis de Nueva Pamplona (estaba de Obispo de Santa Marta).
  • Monseñor Luis Pérez Hernández, Obispo de la Diócesis de Cúcuta
  • Monseñor Norberto Forero y García, Administrador Apostólico de Pamplona, trasladado de Obispo a la Diócesis de Santa Marta.

Junto con la Diócesis de Cúcuta y la Arquidiócesis de Pamplona, fue creada la Diócesis de Girardot como sufragánea de Bogotá y con territorio de esa Arquidiócesis. El primer obispo fue Alfredo Rubio Díaz.

En 1954, el Nuncio Apostólico, monseñor Paulo Bertoli, quien había remplazado a monseñor Antonio Samoré, planteó a la Santa Sede la conveniencia de la creación de la Diócesis de Cúcuta. Una de las razones que expuso fue que “el obispo de Nueva Pamplona, monseñor Rafael Afanador y Cadena está entrado en años y el gobierno de la Diócesis está a cargo del Administrador Apostólico, monseñor Norberto Forero y García”.

La Nunciatura Apostólica realizó las consultas pertinentes y envió la información recogida a la Santa Sede quien resolvió acceder a los deseos de la Nunciatura y para indemnizar en cierto modo a la Diócesis madre, le dio la categoría de Arquidiócesis.

 

PASTORES DIOCESANOS

POSESIÓN DEL PRIMER OBISPO DE CÚCUTA

MONSEÑOR LUÍS PÉREZ HERNÁNDEZ, Primer obispo de la Diócesis de Cúcuta.

Cúcuta, agosto 25 de 1894 Bogotá, junio 28 de 1959

Conocida la noticia, los cucuteños se aglutinaron al lado del clero y empezaron a trabajar para que el día de la posesión las cosas resultara lo mejor posible. A fin de preparar y organizar lo concerniente a la inauguración, se “constituyó un comité presidido por el sacerdote Daniel Jordán e integrado por prestantes miembros de la sociedad cucuteña”.

El comité estuvo pendiente de todos los detalles, nombró las comisiones, estableció la Semana de la Diócesis y efectuó un bazar para recoger fondos. También, abrió una suscripción popular a favor de la recién creada Diócesis, a fin que todos los que la formen, sin excepción alguna, “acudan generosa y reconocidamente a iniciarla, afirmarla y sostenerla”. Los bancos del Comercio y Popular fueron escogidos para recibir las contribuciones, y en los demás pueblos los párrocos fueron los encargados de recibir la suscripción.

“La Semana de la Diócesis”, se cumplió del 8 al 16 de julio. El 5 de julio, emitieron un comunicado público para dar a conocer “todo lo acordado”. Decía:

“ El Comité de la Diócesis de Cúcuta, consultando un grupo representativo de la ciudad acordó designar las siguientes comisiones, encargadas de organizar la semana escogida del 8 al 16 de julio, con el fin de recoger los fondos necesarios para la inauguración de la Diócesis:

•Impuesto local, durante el lapso comprendido entre el 15 de julio y el 15 de agosto, a las cervezas, gaseosas y cigarrillos. Responsables: Magdalena de Rivera Laguado, Edelmira de Duplat, Lola de Serrano, Carola de Faillacce, Virginia de Faccini, Beatriz de García-Herreros y Margarita de Cabrera.

•Sobretasa a la correspondencia e insignias o distintivos en los automóviles locales y de tránsito, durante el mismo lapso. Responsables: Nelly Caicedo, Cecilia de Castro, Carmen Julia de Vergel, Ligia de Parra Bolívar y Laura Villalobos.

•Gran bazar en el parque Santander, el 15 de julio. Responsables: Los cuatro grupos de la Acción Católica.

• Colecta voluntaria entre las bombas de gasolina de la ciudad. Responsables: Marina de Canal, Susana Carvajal de Yáñez, Blanca de Meléndez, Aura de Cristancho, Eddy de Barrera y Marta de Buenahora.

• Colecta entre los Bancos, Compañías de Seguros y la Colombian Petroleum Company. Responsables: Maruja de Canal, Frolelia de Sandoval y Mariela Hernández.

• Colecta entre los teatros, embotelladoras y compañías aéreas. Responsables: Adelaida de Atehortúa, María Cárdenas de Villamizar, Carmen de Canal y Yolanda Canal Sandoval.

• Organización de actos sociales o contribución de los clubes sociales de la ciudad. Responsables: Ana Luisa de Acero Jordán, Mercedes de Suárez, Yolanda de Vásquez, Nelly Barajas y Conchita Gandica.

•Organización de encuentros deportivos. Responsables: Mercedes de González, Myriam de Londoño y Oliva de Rodríguez

•Propaganda en las radiodifusoras locales. Responsables: Carlos Ramírez Paris, Manuel Jordán y Fernando Maldonado.

• Colecta del comercio en general. Responsables: María Eslava de Hernández, Irene de Sánchez, Esther de González, Sara de Jordán, María de Contreras, Betty de Sayago, Rita Elisa Dávila, Elisa Hoyos, Graciela e Isabel Acevedo, Beatriz Galvis, Nelly Rios, Betty Silva, Mariela Lázaro, María Elena González, Ligia Martínez, Mariela Dávila, Teresa Cote, Ruth Cárdenas y Felisa Duran”.

Bula de erección de la Diócesis de Cúcuta

La Bula pontifica “Ecclesiarum Omnium” por medio de la cual se creó la Diócesis de Cúcuta, traducida al español, dice:

“Pro Obispo, Siervo de Dios para perpetua memoria:

Anhelando atender al bien de todas la iglesias que por voluntad de Dios Omnipotente, como espléndidas flores se nos han confiado, no hemos dejado de hacer lo que se debe hacer para un mejor gobierno y mayor bien de los fieles.

Cuando nuestro venerable Hermano Paulo Bértoli, Arzobispo titular de Nicomedia y Nuncio Apostólico de la República de Colombia, oído el Obispo de Nueva Pamplona, nos suplicó que dividiendo esta Diócesis se formara una nueva, para mayor bien espiritual de los habitantes del Departamento del Norte de Santander, con la mayor alegría de nuestra alma, concedimos lo que se Nos pedía.

Por lo tanto, supliendo el consentimiento de cuantos tengan algún derecho o crean tenerlo sobre la división o los asuntos de esta división y considerando todo con la mayor atención, en virtud de nuestra suprema y apostólica autoridad, establecemos y mandamos lo siguiente:

Separamos del territorio de la Diócesis de Nueva Pamplona la ciudad de Cúcuta, con todo su territorio y con las parroquias siguientes: Villa del Rosario, San Cayetano, Santiago, Gramalote, Lourdes, Sardinata y Carmen de Nazareth; fundamos la Diócesis que se llamará Cucutense, por el nombre de su ciudad capital, Cúcuta, señalando los mismos límites que determinan a la misma ciudad y demás parroquias ya señaladas.

En la ciudad de Cúcuta, como es obvio, quedará la sede y el domicilio del Obispo y allí estará la cátedra de la autoridad episcopal, justamente en el templo dedicado a San José, esposo de la Santísima Virgen María, templo que por el presente documento elevamos a la dignidad de Catedral, con todos los honores, insignias, privilegios y derechos que competen a toda catedral. Esos derechos los declaramos concedidos también, junto con las cargas y obligaciones que en todo el mundo competen a un Obispo.

Constituimos a la Diócesis de Cúcuta sufragánea de la Diócesis de Pamplona, a la que por otras letras en este mismo día constituimos metropolitana, y sometemos al Obispo de Cúcuta a la autoridad del metropolitano de Pamplona.

Para que el culto rendido a Dios se cubra de toda la magnificencia debida y el Prelado tenga consejeros y ayuda, ordenamos que lo más pronto posible, con los sacerdotes que sobresalgan por dotes eximias de inteligencia y piedad, sea formado el Capítulo Catedral, que constituiremos después por nuestra autoridad y con las especiales normas, mediante nuevas letras firmadas por Nos.

Pero con la más grande complacencia permitimos que si el formar el Capítulo Catedral no fuere posible por ahora, se constituya el Senado de consultores diocesanos, que cumpla ante el Obispo de Cúcuta los mismos fines que el Capítulo Catedral.

Para constituir lo que es llamado Mesa o Administración Episcopal, deben allegarse fondos dados por las parroquias, por los generosos aportes de los fieles diocesanos, por las donaciones del Gobierno Civil y por mil quinientos pesos moneda colombiana, que dará al Obispo la Parroquia de San José de Cúcuta, dotada del título de Catedral.

Como hay que atender con extremo cuidado a los niños a quienes el amor a Cristo y al bien de las almas impulse el sacerdocio, queremos que el Obispo de Cúcuta funde lo más pronto posible un Seminario Menor, según las normas establecidas por el Derecho Canónico y por el Prefecto de la Congregación de Estudios Universitarios y Seminarios.

Cuando ya los estudiantes llegan a completar sus estudios de Seminario Menor y sean aptos para estudiar Filosofía y Teología, serán enviados, unos al Seminario Mayor de Nueva Pamplona y otros, los mejores en todo sentido, al Pontificio Colegio Pío Latino Americano, para que cursen estudios superiores.

Concedemos, igualmente, al Obispo de Cúcuta, que mientras no haya edificio para dicho Seminario Menor, envíe los alumnos que tengan las condiciones de piedad requeridas, al Seminario Menor de Pamplona, para que allí sean formados e instruidos en las disciplinas literarias.

En cuanto a lo que se refiere al régimen y administración de la nueva Diócesis, a la elección de Vicario Capitular sede vacante y a todo lo demás concerniente a estas materias, deben cumplirse las leyes establecidas por el Derecho Canónico.

Así mismo, ordenamos que al mismo momento en que se lleve a efecto la erección de esta Diócesis, queden perteneciendo a la respectiva Diócesis cuyos límites hemos establecido, los clérigos que en ella tengan lo que se llama oficio o beneficio, y además, los que en ella tuvieren legítimo domicilio.

Los documentos y actas que se refieren a la Diócesis de Cúcuta, a sus fieles y a los bienes temporales, envíense cuidadosamente por la Curia de la Diócesis de Nueva Pamplona a la Curia de Cúcuta, para ser en ésta debidamente catalogados y archivados.

Cuanto hemos mandado en estas Letras queda confiado para su cumplimiento a nuestro venerable hermanos Paulo Bértoli, ya nombrado, a quien concedemos todas las facultades necesarias para el efecto y aún el que pueda delegarlas en otro, con tal de que sea alguien revestido de dignidad eclesiástica; deberá él redactar el informe de lo que se haya llevado a cabo y enviar un ejemplar de lo actuado a la Sagrada Congregación Consistorial.

Si al tenerse que cumplir cuanto hemos mandado hubiere sido cambiada la persona del Nuncio Apostólico en Colombia, quien lo sucediere tendría la responsabilidad de ejecutar lo prescrito.

Estas letras nuestras ahora y en el porvenir tienen y han de tener valor por nuestra suprema autoridad; de tal modo que nuestros mandatos sean obedecidos por quienes lo deben hacer y así se llegue al cumplimiento de lo ordenado.

Contra la validez de estos mandatos nuestros no valdrá ningún recurso, de cualquier clase que sea, pues por este mismo documento lo declaramos sin valor.

Por lo tanto, si alguien, aún revestido de autoridad, sabiéndolo o no, fuere en contra de lo que Nos hemos establecido, declaramos cuanto así hiciere del todo inválido y sin efecto alguno.

A nadie le será lícito mutilar o adulterar estos documentos, por los que se ha manifestado nuestra voluntad. Además, las copias que se hicieren de estos documentos en imprenta o se hagan a mano, con tal de que sean hechas por alguna persona constituida en dignidad eclesiástica y fueren certificados por algún notario público, tendrán el mismo valor que este original, ante quien se presentaren o alegaren.

Si alguien, cualquiera que fuere, despreciare o en alguna manera desobedeciere este decreto nuestro, sepa que incurrirá en las penas establecidas por el Derecho Canónico para quien desobedeciere los mandatos del Romano Pontífice.

MONSEÑOR PABLO CORREA LEÓN, Segundo obispo de la Diócesis de Cúcuta.

Bogotá 5 de junio de 1918 – Bogotá 19 de agosto de 1980

El 22 de julio de 1959 la Santa Sede nombró a monseñor Pablo Correa León, en aquel entonces obispo auxiliar de Bogotá, como el nuevo obispo de la diócesis de Cúcuta. Tomó posesión del cargo el 11 de noviembre del mismo año.

Nació en Bogotá el 5 de junio de 1918, sus padres fueron Teodoro Correa y María León. Sus padres lo formaron en un seminario menor, donde recibió el título de bachiller, ingresando después al seminario mayor de la arquidiócesis donde cursó humanidades y filosofía. En Roma continuó los estudios y se tituló en la universidad Gregoriana de Roma, de licenciado en Teología y doctorado en derecho canónico.

Fue ordenado como sacerdote el 26 de octubre de 1941, en Roma. El 27 de febrero de 1957 recibió la ordenación presbiteral. Debido a quebrantos de salud renunció a la Diócesis. La Santa Sede anunció la aceptación el 5 de julio de 1970 y lo nombró presidente del Tribunal Eclesiástico Nacional, cargo que ejerció hasta el 19 de acostó de 1980, cuando falleció. Los restos mortales fueron traídos a Cúcuta por monseñor Alberto Giraldo Jaramillo.

Era el prelado firme, de lealtad absoluta, de manera que cuando estaba en juego el cumplimiento del deber, la defensa de la Iglesia, la corrección de un abuso o la persistencia en rebeldía, no vacilaba en presentar la alternativa de las censuras canónicas”, escribió el padre Carlos José Mendoza en el libro “Historia de la Diócesis de Cúcuta”.

Asistió a las sesiones del Concilio Ecuménico Vaticano II, donde, según la prensa internacional, logró un alto desempeño al ser proclamado en dos oportunidades como “la figura del día” por sus ponencias y las intervenciones en los debates”.

Adquirió para la Diócesis una casa en el barrio La Riviera, que sirve de residencia para los pastores diocesanos, solucionando, así, un gran problema en ese momento.

El 19 de marzo de 1961, puso la primera piedra en la construcción del Seminario, sobre planos diseñados por el arquitecto Julián Caicedo Arboleda; personalmente se encargó en la construcción de esta obra, en la que tuvo “como mano derecha” al padre Eduardo Trujillo Gutiérrez. Logró que el papa Juan XXIII designará a San José como el patrono de la Diócesis y consagró los dos primeros sacerdotes de la Diócesis en la Catedral: Juan Ignacio Latorre y Juan de Jesús Moros.

En 1964, realizó la incardinación para la Diócesis de los sacerdotes Martín Parada, Macario Caballero, Miguel Ardanaz, Matías Bermejo y Ángel Cayo Atienza, con lo cual el clero diocesano quedó notablemente reforzado. En 1966, en un hecho significativo en la vida de la Diócesis creó el Consejo Presbiteral; además, reestructuró el Apostolado Seglar y la Acción Católica, y nombró como asesor al entonces sacerdote, Ramón Caro Acevedo.

Debido a quebrantos de salud renunció a la Diócesis. La Santa Sede anunció la aceptación el 31 de julio de 1970 y lo nombró presidente del Tribunal Eclesiástico Nacional, cargo que ejerció hasta el 19 de agosto de 1980, cuando falleció. Los restos mortales fueron traídos a Cúcuta por monseñor Alberto Giraldo Jaramillo y descansan al lado de los de monseñor Pérez Hernández, en la Catedral de San José.

Parroquias que creó: Nuestra Señora de las Angustias, San Juan María Vianney, San Juan Bautista, El Santísimo Redentor, Santa Rosa de Lima (El Salado), Nuestra Señora de El Carmen, San Antonio María Claret y San Pablo (Los Patios).

Comunidades religiosas que trajo a la ciudad

Masculinas: Agustinos, Claretianos, Montfortianos, Franciscanos y Eudistas

Femeninas: Juanistas, Siervas de Cristo Sacerdote, Carmelitas, Hermanas del Cardenal Sancha, Dominicas de Bertania, Hijas de los Sagrados Corazones, Hermanas Pastorcitas, Oblatas al Divino Amor y Misioneras de la Madre Laura.

Testamento Cúcuta, junio 28 de 1965

Yo, Pablo Correa León, hijo de Teodosio Correa y María León, natural de Bogotá donde nací el 5 de junio de 1918, portador de la cédula de ciudadanía No. 35138 de Bogotá, actualmente Obispo de Cúcuta, en pleno uso de mis facultades hago la siguiente declaración testamentaria:

1)No poseo patrimonio familiar ni bienes inmuebles de ninguna naturaleza, ni en ninguna parte; no he tenido ni tengo renta alguna fuera de lo que la Iglesia me ha dado para mi decorosa sustentación, primero como sacerdote y luego como Obispo.

2)El único dinero de mi propiedad que poseo, y he conservado como previsión para cualquier necesidad imprevista, está representado en cédulas del Banco Central Hipotecario, con valor nominal en el día de hoy de diez mil seiscientos pesos ($10.600.00).

3) La casa que habitó y el automóvil que usó son de la Diócesis de Cúcuta, como consta en los respectivos títulos de propiedad. Las escrituras de algunos inmuebles que he firmado no constituyen propiedad personal mía sino de la Diócesis, porque las he firmado como representante legal de ésta.

La dotación de la casa que habitó es también de la Diócesis, exceptuados únicamente los libros, algunos pocos muebles y otros objetos que traje de Bogotá. Los regalos que me han sido y me sean hechos durante mi permanencia al frente de esta Diócesis no los considero hechos a mí como a persona privada, sino al Obispo, y por lo tanto pertenecen a la Diócesis a menos que conste que han sido hechos a título personal. Todo ello consta en el inventario de mi casa de habitación, que llevan las personas que la atienden.

4) Para el caso de que yo muriere siendo canónicamente Obispo de Cúcuta, dispongo:

  1. a) Todo lo que es de propiedad de la Diócesis debe entregarse a quien a mi muerte quede encargado de su régimen.
  2. b) Mis libros los lego a la Curia Episcopal de Cúcuta.
  3. c) Mis cruces pectorales las lego: la de plata con un pequeño topacio en el centro, que es la que habitualmente uso, a mi hermana, porque fue regalo suyo; la de oro con amatistas, que me fue obsequiada por el clero de Cúcuta, a esta Diócesis; otra de oro con amatistas decoloradas y una Alexandrita en el centro, que me había sido obsequiada por el Excelentísimo Señor Cardenal Luque cuando fui consagrado Obispo Auxiliar suyo, la regalé para el fondo de becas del Seminario Diocesano de Cúcuta (actualmente se encuentra depositada, para que sea vendida, junto con su cadena en forma de cordón de hilo de oro, en la Joyería Bauer de Bogotá).

N.B. En mi poder están una cruz pectoral de oro, su cadena y un anillo pastoral con amatista, que fueron de propiedad de monseñor Luis Pérez Hernández y son propiedad de la Diócesis de Cúcuta.

  1. d) Mis anillos pastorales, que me fueron obsequiados al ser consagrado Obispo, lo mismo que mi báculo pastoral (que no tienen ningún valor) y mis ornamentos pontificales, los lego a la Diócesis de Cúcuta, para uso de mis sucesores.
  2. e) Mis dos cálices, que fueron regalo de ordenación, los lego a dos de las parroquias o vicarías más pobres que haya en la Diócesis de Cúcuta.

N.B. En mi poder está el cáliz dorado, que fue de Monseñor Pérez Hernández y pertenece a la Diócesis.

  1. f)  Los pocos muebles que, según he dicho, me pertenecen, los dejo para la residencia episcopal de Cúcuta, o para lo que con ellos quiera hacer la Diócesis.
  2. g)  Los demás objetos de mi propiedad, que quedan reducidos a muy poca cosa, han de entregarse como recuerdos míos a mi hermana o a mis parientes.
  3. h) Lo que hubiere en cédulas, según lo dicho en el número 2, deberá entregarse a mi hermana o a mis parientes.
  4. i) Si en mi cuent­a personal (Banco de Colom­bia, sucursal de Cúcu­ta, #2049) hubiera algún dinero a la hora de mi muert­e, es­e pert­enece a la Diócesis de Cúcu­ta, pues lo deposit­ado allí es lo que la Diócesis me va dando para mi sust­ent­ación.

5) Declaro que ha sido y será siempre mi úni­ca in­tención ­trabajar por el mayor bien espirit­­ual, social y ma­terial de la Diócesis de Cúcut­a, a la cual per­tenezco t­ot­alment­e. Agradezco a sus sacerdo­tes y fieles la bondad que han ­teni­do para conmigo, les pido perdón por mis cul­pas y equivocaciones y les suplico muchas ora­ciones y sufragios por mi alma.

MONSEÑOR PEDRO RUBIANO SÁENZ, Tercer obispo de la Diócesis de Cúcuta

Cartago (Valle del Cauca), 13 de septiembre de 1932

“En este momento mi partida significa una pena muy grande, porque efectivamente puedo afirmar que mi fe y mi corazón están en Cúcuta y en esta iglesia”.

Así se refirió monseñor Pedro Rubiano Sáenz, en abril de 1983, antes de viajar a Cali, donde asumió el cargo de Arzobispo Coadjutor de Cali. Había regido los destinos espirituales de la Diócesis de Cúcuta durante 12 años, haciéndose acreedor al aprecio, simpatía y respeto de la feligresía.

Nació en Cartago (Valle del Cauca), el 13 de septiembre de 1932, en el hogar cristiano y sencillo formado por Pedro Rubiano Concha y Tulia Sáenz González. En una de las últimas entrevistas como Obispo de Cúcuta afirmó que “todo lo que he recibido del Señor, lo aprendí especialmente de mis padres, en una familia como la mía, pude crecer con los ojos abiertos al mundo y con un gran respeto por lo sagrado”.

Cursó los estudios de primaria en el Instituto Robledo (Cartago) y de secundaria en el Seminario Menor (Cali), dirigido por los padres Eudistas. En el Seminario Mayor de Popayán estudió Filosofía y al graduarse, el entonces Obispo de Cali, monseñor Julio Caicedo, lo envió a estudiar Teología en la Universidad de Laval en Quebec (Canadá).

Obtuvo la licenciatura en Sagrada Teología. Una vez titulado, regresó a Cali donde se ordenó sacerdote de manos de monseñor Julio Caicedo Téllez, el 8 de julio de 1956, en la capilla del Seminario de San Pedro.

Inició el ministerio sacerdotal como Vicario Cooperador en la parroquia de San Fernando Rey. “También fui profesor en el colegio de Santa Librada y capellán en la escuela de aviación Marco Fidel Suárez, durante cuatro años.

Allí compartí la vida de pilotos, oficiales, alumnos y soldados. Fue una buena experiencia, pues me ayudó a comprender que nuestra misión sacerdotal tiene que ir directamente a los demás en el cargo o papel que estemos desempeñando. Estuve trabajando en los barrios periféricos de Cali, en Aguablanca. Después, en Independencia, en las zonas marginales. Fueron 15 años en la Diócesis y después Arquidiócesis de Cali, hasta que llegué a crear la parroquia de Nuestra Señora de la Providencia”, comentó monseñor Rubiano Sáenz en entrevista concedida a La Opinión a finales de mayo de 1983.

También, hizo la especialización en Catequesis en la Universidad Católica de San Antonio (Texas, Estados Unidos) y viajó a Santiago de Chile a capacitarse en Doctrina Social de la Iglesia en el Instituto Hades.

El 24 de mayo de 1971, el Nuncio, monseñor Ángelo Palma, lo llamó para comunicarle que Su Santidad Pablo VI lo había nombrado Obispo para servir en Cúcuta.

Se consagró el 11 de julio de 1971, convirtiéndose en el Obispo más joven de Colombia, con 38 años.

El 6 de agosto, fue recibido en el aeropuerto Camilo Daza por una multitud que lo aclamó fervorosamente. Precedido por un desfile que recorrió varias calles de la ciudad, llegó al parque Santander, donde fue saludado por el presbítero Guillermo Blanco, a nombre de la Diócesis, y de Luis Tesalio Ramírez, en representación del Alcalde de Cúcuta.

La posesión tuvo lugar, el 7 de agosto a las 5:00 p.m., en la Catedral. Al acto asistieron: monseñor Ángelo Palma, Nuncio Apostólico en Colombia; monseñor Alfredo Rubio Díaz, Arzobispo de Pamplona; monseñor Augusto Aristizábal Ospina, Obispo Auxiliar de Cali; monseñor Héctor Rueda Hernández, Obispo de Bucaramanga; monseñor Rafael Sarmiento Peralta, Obispo de Ocaña; monseñor Bernardo Arango Henao, Obispo de Barrancabermeja (Santander) y, monseñor Juan José Díaz Plata, Prelado de Bertrania (Tibú).

Estuvieron el gobernador Hernando Ruán Guerrero y el Alcalde de Cúcuta, Cayetano Morelli Lázaro.

Le correspondió presidir una solemne Eucaristía al celebrarse el Sesquicentenario del Congreso de Cúcuta, de 1821, a la que asistió el presidente de la República, Misael Pastrana Borrero.

Tres puntos principales trató en la homilía: el espíritu cristiano que animó al Congreso de la Gran Colombia; la sabiduría de los constituyentes, que se adelantaron 145 años al Concilio Vaticano II, delimitando las fronteras de los dos poderes, eclesiástico y civil, de manera que ninguno se sintiera tributario del otro, y la angustiosa situación de América Latina y de Colombia, que mantenía todavía vastos sectores de la población en zonas marginadas, contrariando la igualdad ciudadana proclamada por los legisladores del Congreso.

Trascurrido un año, dedicado a conocer los problemas de la Diócesis, visitas pastorales, conocer la idiosincrasia de la gente y entrevistarse con unos y otros, decidió crear el centro de Migraciones para Deportados, con el fin de atender el problema social que en la última década había golpeado más fuertemente a la sociedad norte santandereana.

Logró motivar al Secretariado de Pastoral Social, a la Comisión Católica Internacional de Migraciones (Ginebra, Suiza), a la institución alemana Misereor, Caritas Internacional de Holanda y Dinamarca, el Sena, la UFPS, el Banco de la República, el club de Leones y la ciudadanía de Cúcuta, logrando construir y poner en funcionamiento el centro de migraciones en el barrio Pescadero. En un comienzo, las religiosas Vicentinas lo atendieron y los sacerdotes Alex Dalpiax, Silvano Onor Luchetta y Roberto Maestrelli (scalabrinianos) pusieron empeño para sacarlo adelante.

En 1973, gestionó ante el Presidente de la República los recursos para terminar una de las torres de la Catedral y así presentar de la mejor manera posible “la casa de Dios” en Cúcuta para la celebración del centenario de la reconstrucción de la ciudad, el 18 de mayo de 1975. El 9 de agosto de 1974, organizó en la ciudad el primer “Banquete del Millón”, con el fin de recolectar fondos para la construcción de vivienda a las familias necesitadas. El sacerdote cucuteño Rafael García-Herreros, líder en el país en esta clase de trabajo social, participó activamente. El resultado final fueron siete viviendas nuevas para familias cucuteñas.

Impulsó el Secretariado de Pastoral Social, dividió la Diócesis en Vicarías de Pastoral e invitó al clero a elegir sus vicarios con los cuales creó el Consejo Presbiteral. En 1975, fundó la casa de oración “Los Cujíes” y preparó la celebración del centenario de la reconstrucción de la ciudad. Para esa fecha “se estrenó el enchape en piedra de las dos torres de la catedral, trabajo que había quedado inconcluso desde que el presbítero Daniel Jordán fue párroco de San José”. Le correspondió organizar la celebración de los primeros 20 años de la Diócesis. La efemérides se celebró con solemnidad y para presidir las actividades se contó con la presencia del Nuncio, monseñor Eduardo Martínez Somalo.

En 1977, cumpliendo todos los trámites y requisitos legales, reestructuró el vetusto edificio de la Diócesis y creó el Centro Comercial Plaza. Este proyecto remodeló el sector central de la ciudad y dotó a la Diócesis de una renta para llevar a cabo varias obras. En 1978, dio al servicio el nuevo edificio de la curia. Con recursos propios y la ayuda financiera de Adveniat, contó con la colaboración de Jorge Chávez (constructor), Julián Caicedo (interventor) y Julio Moré (arquitecto). Centralizó las dependencias diocesanas y las dotó de las herramientas modernas para facilitar el cumplimiento de las labores administrativas.

El 15 de abril, ordenó a los dos primeros alumnos del Seminario de Cúcuta, Hemel Arévalo y Germán Parra. En 1979, construyó e inauguró la casa del clero “Emaús”, solucionando el problema de muchos sacerdotes gastados por el servicio pastoral y que carecían de acogida, cariño y calor de hogar.

En 1980, incardinó a la Diócesis a los sacerdotes Luis Fernando Hoyos (agustino), Rigoberto Castrillón (franciscano) y Juan de Dios Gómez (claretiano); ordenó los tres primeros diáconos permanentes, Luis David Tarazona, Manuel Enrique Herrera y Fabio Enrique Duran y encauzo a la Diócesis en el movimiento mundial de los ministerios laicales.

1981, fue de trascendencia pastoral; se celebraron las Bodas de Plata de la Diócesis y las sacerdotales de monseñor Pedro Rubiano Sáenz, y los 10 años de su episcopado. Las ofrendas económicas de las parroquias formaron un fondo para la construcción del templo San José Obrero, en el barrio Doña Nidia, como recuerdo de las tres celebraciones.

El 10 de septiembre de 1982, visitó por primera vez a la ciudad la Madre Teresa de Calcuta, quien vino a conocer la entonces, única fundación en Colombia de las Hermanas Misioneras de la Caridad de la Madre Teresa de Calcuta, en el barrio San Luis, el “Hogar de Nazareth”.

El 26 de marzo de 1983, el “Observatore Romano” anunció el nombramiento de monseñor Pedro Rubiano Sáenz como Arzobispo Coadjutor de la Diócesis de Cali.

Fue Arzobispo Metropolitano de Cali, desde el 7 de febrero de 1985, por sucesión, por renuncia de monseñor Alberto Uribe Urdaneta. Recibió el Palio Arzobispal de manos de monseñor Angelo Acerbi, Nuncio Apostólico en Colombia, el 26 de enero de 1986, en la Catedral de Cali. Fue Administrador Apostólico de Popayán, del 22 de abril de 1990 al 25 de enero de 1991.

Trasladado a la Arquidiócesis de Bogotá, el 27 de diciembre de 1994, tomó posesión de la Sede Primada de Colombia el 11 de febrero de 1995.

Se ha desempeñado como miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social. Fue presidente de la misma Comisión, del 17 de septiembre de 1975 al Io de junio de 1981. También se desempeñó como:

•Vicepresidente de la Conferencia Episcopal de Colombia en el periodo 1987 – 1990.

•Vicepresidente de la Comisión Católica Internacional de Migraciones y Refugiados en Ginebra de 1983 a 1989. •Presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, primer período de 1990 a 1993, y reelegido para el período 1993 – 1996.

•En el Consistorio del 21 de febrero de 2001, fue creado Cardenal Diácono de la Santa Iglesia Católica.

Fue elegido nuevamente en julio de 2002, presidente de la Conferencia

Episcopal para el periodo 2002 a2005.

Actualmente es el Presidente de la Comisión de Conciliación Nacional.

Parroquias creadas por monseñor pedro Rubiano Sáenz

Inmaculada Concepción (4 de marzo de 1972] San Antonio María Claret (25 de noviembre de 1972]

Sagrada Familia (2 de febrero de 1974]

San Pedro Apóstol (2 de febrero de 1974] »Ave María (2 de febrero de 1974]

San Francisco de Asís (2 de febrero de 1974]

Nuestra Señora de Belén (2 de febrero de 1974] Espíritu Santo (2 de febrero de 1974]

San Pablo (Los Patios, 18 de febrero de 1975] »María Auxiliadora (31 de enero de 1973]

María Reina (21 de noviembre de 1975]

Nuestra Señora de Fátima (25 de febrero de 1979]

Nuestra Señora de Guadalupe (19 de marzo de 1979] San Martín de Porres (19 de marzo de 1980]

San Pío X (9 de abril de 1976] »Cristo Sacerdote (10 de mayo de 1980]

Sacerdotes ordenados por monseñor Pedro Rubiano Sáenz

• José Laureano Ballesteros

• Adolfo Villamil

• Darío Crisanto Rodríguez

• Pablo E. Sánchez

• Gabriel Arturo Posada

• Hemel Arévalo Mantilla Germán Eduardo Parra

• Jorge Eliécer Orozco

• José Virgilio Chona

• José Emín Mora

• Carlos Simón Pabón

MONSEÑOR MARIO REVOLLO BRAVO, Administrador Apostólico de la Diócesis

El 29 de mayo de 1983, cuando la Diócesis cumplió 27 años, tomó posesión del gobierno pastoral en calidad de Administrador Apostólico, monseñor Mario Revollo Bravo, quien se desempeñaba como Arzobispo de Pamplona desde el 28 de febrero de 1978. Para la época era el Presidente de la Conferencia Episcopal Colombiana y miembro activo de la Conferencia Episcopal Latinoamericana (Celam).

“En el tiempo que permaneció como Administrador Apostólico trató a los sacerdotes como hermanos, compartió las angustias, presidió las

solemnidades, resolvió los problemas, hizo traslados con criterio pastoral y preparó la sede a monseñor Luis Alberto Giraldo Jaramillo, cuarto obispo de la Diócesis de Cúcuta”, escribió el sacerdote Carlos José Mendoza al hacer una semblanza del ilustre prelado.

Monseñor Revollo Bravo nació el 15 de junio de 1919, en Genova (Italia), cuando su padre representaba a Colombia ante el gobierno italiano, y como en el Derecho Internacional las sedes diplomáticas gozan de extraterritorialidad, monseñor es ciento por ciento colombiano.

Terminados con brillante calificación los estudios superiores, fue ordenado sacerdote el 31 de octubre de 1943. Ejerció su ministerio en las parroquias del sur de Bogotá, enfrentando los problemas socio-humanos de los barrios marginados, superpoblados, enteramente limitados en infraestructura y servicios y estableció la atención espiritual, la administración de los sacramentos, la construcción de templos y la fundación de centros culturales y de asistencia social.

Fue periodista con eficacia y acierto, en la dirección de El Catolicismo, el semanario oficioso de la Curia, fundado por monseñor Manuel José Mosquera; llegó en sus manos a configurarse como la tribuna de la Iglesia en Colombia. Su actitud fraternal de servicio, su exquisito don de gentes y la suave firmeza le ganaron el cariño, la simpatía y la confianza de los sacerdotes.

Presidió la celebración de los 250 años de fundación de Cúcuta. Luego, continúo la labor pastoral como Arzobispo Primado de Colombia y Cardenal de la Santa Iglesia Romana.

 

MONSEÑOR LUIS ALBERTO GIRALDO JARAMILLO, Cuarto obispo de la Diócesis de Cúcuta

Manizales (Caldas), 7 de octubre de 1934.

El 27 de julio de 1983, la ciudad recibió con alborozo la designación de monseñor Alberto Giraldo Jaramillo como cuarto Obispo de la Diócesis de Cúcuta, por parte de su Santidad Juan Pablo II.

Nació el 7 de octubre de 1934, en Manizales, en el hogar formado por Luis Ángel Giraldo López y Ana Rosa Jaramillo Ospina. Fue el mayor de 13 hermanos, en el que también sobresalieron su hermano Hernán, Obispo Auxiliar de Pereira y Obispo de Málaga-Soata, y dos hermanas

religiosas. Los estudios de primaria los cursó con los Hermanos Maristas y obtuvo el título de bachiller, en 1950, en el Seminario Mayor de Manizales, dirigido por los padres Sulpicianos.

Allí encontró el llamado de Dios, de la mano de monseñor Luis Concha Córdoba (más tarde Cardenal de Colombia), quien lo ordenó sacerdote el 9 de noviembre de 1958, en la catedral de su tierra natal.

En 1959, ejerció como Vicario Cooperador en Palestina. En 1960, ingresó a la Sociedad de San Sulpicio y viajó a Montreal (Canadá), y la Universidad Pontificia lo graduó con “altos honores” como Licenciado en Teología. En 1962, obtuvo de la Universidad Santo Tomás, en Roma, el Doctorado en Teología.

Entre 1963 y 1968, ejerció como profesor en el Seminario Mayor de Manizales; y entre 1969 y 1974, en el Seminario Mayor de Bogotá.

A mediados de 1974, Su Santidad Pablo VI lo nombró Obispo titular de Obba y Auxiliar del Arzobispo de Popayán, monseñor Miguel Ángel Arce Vivas. El 15 de septiembre de 1974, recibió de manos del Cardenal Aníbal Muñoz Duque la consagración Episcopal, en la capilla del Seminario Mayor de Bogotá.

El 26 de abril de 1977, fue nombrado primer Obispo de la recién creada Diócesis de Chiquinquirá, cargo que empezó a ejercer el 14 de junio.

El 27 de julio de 1983, la Nunciatura Apostólica le comunicó el nombramiento como cuarto Obispo de la Diócesis de Cúcuta. Se posesionó el 17 de septiembre.

Una de las principales tareas que desarrolló durante los siete años al mando de los destinos espirituales de este, fue la de solucionar de una vez por siempre el tema del Seminario.

Puesto al tanto de las dificultades por las que tenían que pasar los seminaristas cucuteños para culminar los estudios, resolvió, junto al Consejo Presbiteral, crear el Seminario Mayor, el 6 de febrero de 1985. Obba y Auxiliar del Arzobispo de Popayán, monseñor Miguel Ángel Arce Vivas. El 15 de septiembre de 1974, recibió de manos del Cardenal Aníbal Muñoz Duque la consagración Episcopal, en la capilla del Seminario Mayor de Bogotá.

El 26 de abril de 1977, fue nombrado primer Obispo de la recién creada Diócesis de Chiquinquirá, cargo que empezó a ejercer el 14 de junio.

El 27 de julio de 1983, la Nunciatura Apostólica le comunicó el nombramiento como cuarto Obispo de la Diócesis de Cúcuta. Se posesionó el 17 de septiembre.

Una de las principales tareas que desarrolló durante los siete años al mando de los destinos espirituales de este, fue la de solucionar de una vez por siempre el tema del Seminario.

Puesto al tanto de las dificultades por las que tenían que pasar los seminaristas cucuteños para culminar los estudios, resolvió, junto al Consejo Presbiteral, crear el Seminario Mayor, el 6 de febrero de 1985.

20 días después, mandó la petición formal a la Sociedad de San Sulpicio y el 6 de marzo presentó el proyecto al clero diocesano que lo aprobó unánimemente

El 25 de diciembre de 1985, con la llegada de los padres sulpicianos Gregorio León y Arturo Cardona, el Seminario Mayor de Cúcuta adquirió la forma requerida y en febrero de 1986, inició labores con 47 alumnos y las puertas abiertas a las Diócesis de Tibú y Arauca.

En 1986, “el corazón de la Diócesis”, nombre con el que ambientes conocida la casa de estudios y formación cristiana, fue visitado por la madre Teresa de Calcuta, que por segunda vez visitó a la ciudad.

Monseñor Albero Giraldo Jaramillo dio al periódico La Verdad un impulso definitivo y formalizó una publicación quincenal, para rescatar la historia de la Diócesis.

Con vocación y carisma de periodista, asumió la dirección y escribió siempre los editoriales.

Cuando Monseñor se despidió para el Arzobispado de Popayán y antes de tomar posesión monseñor Luis Madrid, como Administrador Apostólico; monseñor Luis Alejandro Jaimes, después de 35 años, analizó editorialmente la actitud de indiferencia, de algunos secores diocesanos, evocó las urgencias que motivaron el Decreto del Vaticano II y se atrevió a proponer una edición semanal.

El 7 de marzo de 1989, la Diócesis de Cúcuta amplió sus fronteras. Los obispos de la Provincia Eclesiástica de Nueva Pamplona, en reunión efectuada en el despacho del Arzobispo Metropolitano, debatieron ampliamente los aspectos relativos a la reforma de los límites de las jurisdicciones de Ocaña, Cúcuta y Tibú.

Estudiados los beneficios que a los fieles de esos lugares y a la Pastoral en general que dichos cambios reportarían, acordaron con el voto afirmativo presentar una solicitud en al sentido a la Sede Apostólica, previo concepto de límites de la Conferencia Episcopal.

La respuesta fue afirmativa y en la razón los límites de las diócesis de Ocaña y Cúcuta y de la Prelatura de Tibú, fueron modificados así:

  1. Desmembración de la Diócesis de Ocaña e inserción en la Diócesis de Cúcuta, tres parroquias: Villacaro, Bucarasica y La Victoria (Sardinata).
  2. Desmembración de la Diócesis de Ocaña e inserción en la Prelatura de Tibú de dos parroquias: San Martín de Loba y Las Mercedes.
  3. Desmembración de la Prelatura de Tibú e inserción en la Diócesis de Ocaña, de un territorio de aproximadamente 700 kilómetros cuadrados, cuyo centro es la misión de Bridikaira.

Nuevos límites de las tres jurisdicciones:

Límites diocesanos entre Ocaña y Cúcuta: El nuevo límite coincide con el civil de Ábrego, (Diócesis de Ocaña), Villacaro y Bucarasica, que ahora pertenecen a la Diócesis de Cúcuta.

Nuevos límites entre la Diócesis de Cúcuta y la Prelatura de Tibú

Al pasar a la Prelatura de Tibú las parroquias de San Marín de Loba y Las Mercedes, los límites de esa última parroquia, con La Victoria, que ahora pertenece a la Diócesis de Cúcuta, conformaron los límites en es-a zona de las dos jurisdicciones.

Ese límite se describe así: Pariendo del Alto de Ventanas, en línea imaginaria recta, se busca el Alto de Boquerón, que es la puna del cerro donde termina la cordillera.

De allí se desciende hasta la quebrada de Las Indias y se sigue el curso hasta encontrarse con la quebrada de La Esperanza. Continuando el curso el límite termina en el puno en que esa desemboca al río Sardinata.

Nuevos límites entre la Diócesis de Cúcuta y la Prelatura de Tibú

Al pasar a la Prelatura de Tibú las parroquias de San Marín de Loba y Las Mercedes, los límites de esa última parroquia, con La Victoria, que ahora pertenece a la Diócesis de Cúcuta, conformaron los límites en es-a zona de las dos jurisdicciones.

Ese límite se describe así: Pariendo del Alto de Ventanas, en línea imaginaria recta, se busca el Alto de Boquerón, que es la puna del cerro donde termina la cordillera.

De allí se desciende hasta la quebrada de Las Indias y se sigue el curso hasta encontrarse con la quebrada de La Esperanza. Continuando el curso el límite termina en el puno en que esa desemboca al río Sardinata.

En siete años, abundante cosecha

Monseñor Alberto Giraldo ordenó 22 sacerdotes y creó 12 parroquias

Desde el 16 de diciembre de 1984, fecha en que monseñor Alberto Giraldo Jaramillo, Obispo de Cúcuta, ordenó el primer sacerdote en su ministerio diocesano, y el 17 de noviembre de 1990, día en que ordenó los tres últimos, 22 sacerdotes recibieron el Sacramento del orden. Esta es la lista:

Juan Carlos Calderón Quintero

Jesús Rafael Mendivelso Benítez

Álvaro Enrique Velasco Acevedo

Juan Pastor Morales Rolón

Miguel Bothía Lagos

José Manuel Díaz Oicatá

Rafael Humberto Cárdenas Leal

Pauselino Camargo Parada

Luis Enrique Ortiz Cárdenas

José Gustavo Acero Medina

Pedro Orlando Mora Robayo

Jairo Cárdenas Vega

Álvaro Enrique González Arteaga

Jesús Emiro Claro Torrado

Álvaro Nelson Suárez Gómez

Luis Alcides Rodríguez

Iván Gustavo Urbina Rodríguez

Parroquias creadas

Nuestra Señora de Torcoroma

Santa Rosa de Lima

Natividad de Nuestra Señora

Santos Apóstoles

Nuestra Señora del Rosario de Mongüí

Divino Niño Jesús

San Judas Tadeo- Villa del Rosario

San Mateo Evangelista

Nuestra Señora de la Paz

San Vicente de Paúl

San Judas- El Escobal

Santa Ana

En 1989, ante el asesinato del Obispo de Arauca, monseñor Jesús Emilio Jaramillo, la Santa Sede lo designó Administrador Apostólico de la Diócesis de Arauca, cargo que ejerció durante ocho meses hasta que fue designado monseñor Rafael Arcadio Bernal Supelano como segundo Obispo de esa Diócesis.

Merece destacarse por su gran significado, el momento que monseñor Alberto Giraldo Jaramillo, durante el tiempo que como Administrador Apostólico, estuvo al frente de la Diócesis de Arauca, lo condecoró con la Medalla al Mérito el departamento de Arauca.

De igual manera, el Alcalde saliente de Arauca obsequió para el Seminario Mayor de Cúcuta un juego de instrumentos típicos del Llano (arpa, cuatro y capachos). El Intendente también regaló a Monseñor, otro juego de instrumentos entre los que destaca el cuatro, fabricado en una totuma, lo que constituye una obra artesanal.

Desde el primero de enero de 1971, Juan Pablo II institucionalizó el Día de la Jornada de la Paz. Cada año se escogió un mensaje como tema de reflexión. Durante el Episcopado de monseñor Giraldo Jaramillo, en la Diócesis de Cúcuta se trabajaron los temas propuestos por su Santidad:

1971: Todo hombre es mi hermano

1972: Si quieres la paz, trabaja por la justicia

1973: La paz es posible

1974: La paz depende también de ti

1975: La reconciliación, camino hacia la paz

1976: Las verdaderas armas de la paz

1977: Si quieres la paz defiende la vida.

1978: No a la violencia, sí a la vida.

1979: Para alcanzar la paz, educar a la paz.

1980: La verdad como fuerza de la paz.

1981: Para servir a la paz, respeta la libertad.

1982: La paz don de Dios confiado a los hombres.

1983: El diálogo por la paz, un desafío para nuestro tiempo.

1984: La paz nace de un corazón nuevo.

1985: La paz y los jóvenes caminan juntos.

1986: La paz es valor sin fronteras, Norte-Sur, Este-Oeste: una sola paz.

1987: Desarrollo y solidaridad: claves de la paz.

1988: La libertad religiosa, condición para la pacífica convivencia.

1989: Para construir la paz respeta las minorías

1990: Paz con Dios creador, paz con toda la creación.

1991: Si quieres la paz, respeta la conciencia de cada  hombre.

Por medio del Decreto 7 del 11 de febrero de 1990, erigió el Monasterio de las Madres Clarisas de Gramalote.

El 18 de diciembre de 1990, Su Sanidad Juan Pablo II lo designó Arzobispo de Popayán. El 12 de enero de 1991, cuando el Alcalde de Cúcuta, Jairo Slebi Medina, lo condecoró con la medalla “Juana Rangel de Cuéllar” como reconocimiento a la positiva gestión de su misión expresó: “Llevaré el recuerdo de Cúcuta, como una gracia especial que el Señor me dio en esa larga vida sacerdotal y episcopal”.

“Escuché su gene y aprendí mucho en ese coro tiempo y oí todo ese sentido de fe que existe en unos dichos cucuteños y populares, los cuales tienen mucho sentido ecológico. Cuando la gene dice “arriba está el que lo de abajo ve”, u otro que dice “Dios no se queda con nada de nadie”, con lo cual están expresando su fe y están mostrando su confianza en el Señor que lo sabe todo y lo juzga todo”.

El 25 de enero de 1991, empezó la sede vacante en la Diócesis de Cúcuta, con la despedida de monseñor Albero Giraldo quien el 29 de junio recibió el Palio Arzobispal en Roma de manos del Papa Juan Pablo II.

El 12 de febrero de 1997, fue trasladado a la Arquidiócesis de Medellín.

Fue Presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia desde julio de 1996 hasta julio de 2002, organismo en el que también se había desempeñado como Vicepresidente durante seis años, a partir de 1990.

Fue también, delegado por la Conferencia Episcopal para los sínodos mundiales de 1977, 1987 y 1990, y delegado a las Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano en Puebla (1979), y Santo Domingo (1992).

 

MONSEÑOR LUIS MADRID MERLANO, Administrador Apostólico (1991 – 1992)

El 5 de febrero de 1991, con una eucaristía concelebrada a la que asistió el clero local, asumió la Administración de la Diócesis de Cúcuta, monseñor Luis Madrid Merlano, Obispo de Tibú.

Se entregó de tiempo completo a servir a la Diócesis confiada a su episcopado juvenil y clarividente. No hubo problema que no atendiera, ni descanso que no sacrificara, ni viaje que no hiciera, para estar presente en todas las necesidades de la iglesia local y para hacer presente a la Diócesis en las Conferencias del Episcopado Colombiano, en las reuniones de la Provincia Eclesiástica, en los Secretariados especializados y ante la Santa Sede, a través de la Nunciatura.

Gravó en el alma la personalidad de todos los sacerdotes y en el corazón los sentimientos, afanes, inquietudes y pesares del comportamiento. El 3 de octubre de 1991, consagró la capilla del Departamento de Policía de Norte de Santander, bajo la protección de San Ignacio de Loyola. La capilla está ubicada en el costado oriental de la plaza de armas del cuartel de San Mateo. La obra se inició en 1989, siendo comandante el Coronel José Eugenio Reyes López y como capellán asistía el sacerdote Miguel Botía Lagos. La construcción se levantó con aportes de la Dirección General de la Policía Nacional, del Obispado Castrense de Colombia, donaciones de empresas particulares, colaboraciones generosas de amigos de la institución y con contribuciones voluntarias de los fieles. La obra se terminó en la coyuntura de la celebración del Primer Centenario de la Policía, reafirmando una vez más la institución su acendrada vocación cristiana católica.

El 15 de junio de 1991, bendijo las puertas del templo de San Rafael, obra iniciada por el presbítero Eduardo Trujillo Gutiérrez en la década de los 50 y que el sacerdote Bernabé Echeverri culminó. En solemne eucaristía con participación de los fieles y de invitados especiales, bendijo las imponentes puertas talladas en madera de caoba, por manos colombianas en la vecina población venezolana de Ureña. y que guardan perfecta armonía con el estilo clásico del templo. En la parte superior tienen tres signos muy significativos: el escudo de la Diócesis en la del centro, el corazón de Cristo, en la de la izquierda y la Eucaristía en la derecha. Tuvieron un costo de $3 millones, los que se fueron juntando con la realización de bazares.

Sacerdotes ordenados por monseñor Luis Madrid Merlano

José Fernando Balaguera

José Alejo Gélvez, Manuel

Antonio Márquez y Freddy Antonio Ochoa

 

MONSEÑOR RUBÉN SALAZAR GÓMEZ, Quinto obispo de la Diócesis de Cúcuta (1992 – 1999)

Bogotá, 22 de septiembre de 1942.

“Aquí estoy, me gastaré y me volveré a gastar en el servicio de ustedes”.

La comunidad diocesana vibraba de emoción. Unos se fueron hasta el aeropuerto Camilo Daza, otros se ubicaron a lo largo de la avenida Los Libertadores y la mayoría, pacientemente esperaron en el teatro al aire libre “Las Cascadas” en el Malecón.

Llegaba el nuevo obispo de la Diócesis de Cúcuta, monseñor Rubén Salazar Gómez. Autoridades civiles y militares, al igual que la clase dirigente y gremial le dieron la bienvenida en la plataforma del aeropuerto, cuando la portezuela del avión se abrió y el nuevo jerarca de la iglesia cucuteña hizo su aparición junto a la escalerilla. Brazo en alto saludó por primera vez a su rebaño. Varios obispos lo acompañaban y desde luego el Nuncio de Su Santidad, monseñor Paolo Romero.

Una vez en el sitio de concentración, el teatro al aire libre “Las Cascadas”, monseñor Rubén Salazar desplegó su mirada leyendo los mensajes de saludo plasmados en pancartas que portaban las delegaciones parroquiales, y a la canción “Amigo”, entonada por los asistentes. Y la hora llegó, toda la gente en silencio escuchó las primeras palabras del nuevo obispo: “Es que vengo a ustedes como mensajero de Dios, como enviado de Jesucristo, como el mismo Cristo Jesús en persona. Mi misión, mi tarea entre ustedes, es la misma misión de Cristo quien no vino a ser servido sino a servir y a dar su vida por sus ovejas. Considérenme, por lo tanto, como un servidor”.

Narsés Salazar Cuartas y Josefina Gómez Villoria fueron sus padres. Fue bautizado el 2 de febrero, día de la Presentación del Niño Jesús en el templo, en la parroquia Santa Bárbara, de Bogotá.

Siendo niño, el hogar se trasladó a Neiva (Huila) donde cursó la primaria en el colegio Salesiano.

Pasó al Seminario Menor “San Joaquín” de Ibagué, donde obtuvo el título de bachiller. Entre 1958 y 1961, permaneció en el Seminario Mayor “La Inmaculada”, donde cursó estudios de Filosofía.

Por su rectitud moral, excelente criterio y notas sobresalientes fue enviado a Roma, donde cursó en la Universidad Gregoriana los estudios de Teología, obteniendo el título de Licenciado en 1965.

Regresó a Ibagué y el 20 de mayo de 1967, recibió la ordenación sacerdotal de manos de monseñor José Joaquín Flórez Hernández, en la catedral metropolitana.

Como presbítero, desempeñó sucesivamente los siguientes oficios: Director espiritual y profesor del Colegio Tolimense en Ibagué (1967), Vicario Cooperador de la parroquia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro en la misma ciudad (1968), capellán del Reformatorio Masculino de Ibagué (1973-1976); profesor de la materia Sagrada Escritura, en el Seminario de su Arquidiócesis (1972-1986; 1990-1992); párroco de la parroquia del Inmaculado Corazón de María en Ibagué y capellán del Batallón Rooke, en la misma ciudad (1976-1987).

En el período 1987-1990, se desempeñó en Bogotá como director del Departamento de Pastoral Social de la Conferencia Episcopal Colombiana, siendo, precisamente presidente de la comisión respectiva, Monseñor Félix María Torres Parra, su antecesor en el arzobispado de Barranquilla.

Fue miembro del Pontificio Consejo “Cor Unum” y representante de los países Bolivarianos en el Consejo Ejecutivo de “Caritas Internationalis”. Luego regresó a Ibagué donde fungió como párroco de la parroquia de Nuestra Señora de Chiquinquirá y Vicario de Pastoral hasta 1992.

Fue nombrado Obispo de la Diócesis Cúcuta el 11 de febrero de 1992. Recibió la ordenación episcopal el 25 de marzo del mismo año. Fueron obispos consagrantes el Nuncio Apostólico, Paolo Romeo; el Arzobispo de Ibagué, José Joaquín Flórez Hernández y el Presidente de la Conferencia Episcopal, Pedro Rubiano Sáenz, antes tercer Obispo de Cúcuta, para esa fecha Arzobispo de Cali.

En la ordenación presbiteral fue padrino su tío paterno, Monseñor Rubén Salazar Cuartas, quien influyó decisivamente en su vocación. También lo acompañó como presbítero asistente, el Padre Laureano Ballesteros, su amigo desde Roma.

Monseñor es huérfano de padre y madre: tiene una hermana, la señora María Luz Salazar de Constaín, residente en Cartagena y la acompaña como un ángel de la guarda su tía materna, Laurita Gómez, de 65 años. Como lo prometió a su llegada a Cúcuta, se hizo uno de nosotros. Se gastó por nosotros. Estuvo siempre al servicio de todos. Su ministerio estuvo consagrado al servicio de todos. Trabajó en la construcción del nuevo camino y nos dejó en buen camino.

Fueron siete años al frente de la Diócesis de Cúcuta a los que consideró: “Pienso que son pocos los años que uno tiene para poder servir al Señor.

Estos siete años en la Diócesis de Cúcuta se me pasaron volando, parece que fueron un minuto no más”.

Uno de sus mayores logros fue haber concebido y organizado el Plan Global Diocesano de Nueva Evangelización. La base del Plan fue la profundización en la espiritualidad comunitaria y la insistencia en el sentido de la iglesia, pueblo de Dios.

Durante 1998, se le dio especial atención a la Pastoral Comunitaria (pastoral de multitudes, de pequeños grupos y familiar), ya que se considera la base de toda acción pastoral.

Para ese año el lema fue: Reconciliarnos… ¡Claro que se puede! En enero de 1999, monseñor Rubén Salazar Gómez puso en marcha la segunda fase de la primera etapa del Plan Global Diocesano de Nueva Evangelización. Para esa fecha, afirmó que: “Es necesario que nosotros, una vez más, tomemos conciencia de que como iglesia diocesana, estemos en un itinera mentalmente en de Salvación realizar en no-de nosotros”. La fraternidad en cuanto a la participación corresponsable, justicia y solidaridad; se ha abierto a nuevos campos en la pastoral especializada; y ha consolidado tanto la acción pastoral en los diversos niveles en los que se está actuando y en las estructuras de comunicación y participación.

Entre las diferentes actividades y realizaciones que monseñor Rubén Salazar Gómez realizó, podemos resaltar que:

  • El 13 de junio de 1992, presidió la ceremonia de bendición de las torres del templo de la parroquia San Antonio de Padua, de El Zulia.

Por medio del Decreto 12, del 27 de  mayo  de  1994,  erigió canónicamente el Monasterio de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro de las Hermanas Clarisas de Gramalote. Consagró la capilla del Seminario Mayor “San José”.

Fue nombrado Administrador Apostólico de Tibú, ante el traslado de Monseñor Luis Madrid Merlano como Obispo de  Cartago.

Inauguró la primera etapa del Hogar Santa Rosa de Lima en Los Patios, obra dirigida por las Hermanas de la Comunidad de los Pequeños Apóstoles de la Redención.

El 4 de noviembre de 1996, sufrió uno de sus más grandes dolores al frente de la Diócesis de Cúcuta, al enterarse de la muerte trágica del sacerdote Álvaro Suárez, administrador parroquial del Divino Niño en Lomitas (Villa del Rosario).

El Concejo Municipal de Cúcuta, le otorgó el 8 de diciembre de 1998, la condecoración Medalla Cívica “Juana Rangel de Cuéllar”, distinción creada para exaltar a las personas que trabajan por la paz y el futuro de la comunidad.

Mediante Decreto 6 de 1997, creó las cuasi parroquias de San Agustín y Cristo Rey (Nuestra Señora del Rosario, en Villa del Rosario).

Mediante Decreto 35 de 1998, creó a partir del 1° de enero de 1999, cinco parroquias: Cristo Resucitado, Cristo Maestro, San Ezequiel Moreno, San José Obrero y Santa Mónica.

También creó las cuasi-parroquias: Cristo Peregrino (Colpet), Santa Clara (San Judas Tadeo de Bellavista), Cristo Buen Pastor (Quinta Orienta), Santa María Madre de la Iglesia (Nuestra Señora de Torcoroma, El Rosal), San Juan Bosco (Los Almendros), Nuestra Señora de La Esperanza (La Primavera),  Jesús  Cautivo  (La Hermita), Nuestra Señora de los Dolores (Camilo Daza), San Pedro (Simón Bolívar), Cristo Rey (Caño Limón Coveñas), Santa Bárbara (La Laguna), Jesús de Nazaret (Carlos Pizarro), La Divina Pastora (Belén), Santa Teresa del Niño Jesús (Virgilio Barco), San Ignacio de Loyola (Balcones de Vista Hermosa), Nuestra Señora de la Anunciación (Montevideo), Nuestra Señora de la Misericordia (Villa Antigua), San Juan Evangelista (La Sabana) y Jesús Buen Pastor (Tierra Linda).

Por medio del artículo 4° del citado Decreto creó los siguientes Centros de Evangelización para que se inicie en ellos el proceso de organización pastoral que los conduzca a ser parroquias en un futuro no lejano”

El Progreso (parroquia de Nuestra Señora de Monguí)

Los Olivos (parroquia de Nuestra Señora de Monguí)

Palmeras parte alta (Cuasiparroquia de San Agustín)

El Rosal (parroquia de los Santos Apóstoles)

El Bosque (parroquia de Nuestra Señora de La Candelaria)

La Ínsula (parroquia de Cristo Sacerdote)

El Nuevo Escobal (parroquia de San Judas Tadeo)

Alto Pamplonita (parroquia Nuestra Señora de Torcoroma)

Barrio Bellavista (parroquia de la Sagrada Familia)

Nueva Florida (parroquia de Santa Mónica)

Parque Redoma San Luis (cuasiparroquia de Cristo Evangelizador).

CASD (parroquia de Cristo Resucitado)

Clínica San José (parroquia de San José)

Rudesindo Soto (parroquia de Ntra. Señora de Belén)

Minuto de Dios (cuasiparroquia de Cristo Camino)

Gaitán (parroquia de Nuestra Señora de las Angustias)

Cundinamarca (parroquia de la Santísima Trinidad)

El Calvario (parroquia La Inmaculada Concepción)

Los Alpes (parroquia de San Martín de Porres)

Molinos del Norte (cuasiparroquia de Santa María, Rosa Mística)

Brisas del Norte (cuasiparroquia de Jesús Misericordioso)

Daniel Jordán (parroquia de Nuestra Señora de Fátima)

Betania (parroquia de Nuestra Señora de la Paz)

La Floresta (cuasiparroquia de Santa María, Madre de Dios)

Los Bahos (parroquia de Sardinata)

San Roque (parroquia de Sardinata)

La Milagrosa (parroquia de El Zulia)

La Alejandra (parroquia de El Zulia)

La diferencia radica en que para llegar a ser parroquia se necesita haber vivido un proceso, sobre todo de organización de la comunidad, no tanto de la creación, de la construcción de los centros mismos parroquiales, sino sobre todo de la organización de la comunidad como pueblo de Dios.

El proceso se inicia con un Centro de Evangelización, que es un centro que sin contar con un lugar físico concreto, pero que debe aglutinar a un grupo grande de personas para iniciar con ellos el proceso de organización de la comunidad con miras a llegar a constituirse en parroquia el día de mañana. Para finales de 1998, la ciudad tenía más de 800.000 habitantes, lo que exigía que se multiplicara el número de parroquias.

SACERDOTES ORDENADOS POR MONSEÑOR RUBÉN SALAZAR GÓMEZ

Jhon Alcides Castro

José Leonidas Cristancho

César A. Prato Parra

William R. Santamaría F.

José Santos Ortega Lizcano

Luis Enrique Sequeda M.

Germán O. Hernández P.

Jesús Iván Martínez M.

Abimael Bacca Vargas

José Elver Rojas Herrera

Javier Rojas Herrera

Jesús Martín Vega Gélvez

Omar Alonso Leal Flórez

César Hemel Ortíz Díaz

Helí Peñaranda Celis

Israel Bravo Cortés

Javier Pinzón Rojas

Pedro Julio Correa M.

Ruber Carrero López

Juan Carlos León A.

Luis Saniel Peñaranda R.

Germán Augusto Dallos G.

José del Carmen Bejar V.

Fabián Staper Carvajal

Wilson Jenry Gélves B.

 

PRESBÍTERO ELOY MORA PEÑARANDA, Administrador Diocesano (1999)

Al ser nombrado monseñor Rubén Salazar  Gómez,  Arzobispo  de Barranquilla, se produjo la vacante en la Diócesis de Cúcuta y correspondió al Consejo de Consultores en reunión extraordinaria, elegir el Administrador Apostólico.

El 19 de mayo de 1999, fue elegido el sacerdote Eloy Mora Peñaranda como Administrador Diocesano, quien se venía desempeñando como párroco en la parroquia El Espíritu Santo.

Si logro que la Diócesis de Cúcuta no se estanque y continúe el ritmo que nos dejó monseñor Rubén Salzar, me doy por bien servido”, fueran sus primeras declaraciones.

El 11 de junio, se reunió en el municipio de Lourdes con  los  párrocos  de Sardinata, Gramalote y Bucarasica, y consagró la Vicaría Rural al Sagrado Corazón de Jesús.

La eucaristía trasmitida por la emisora de ese municipio y enlazada con radio  San  Rafael  de Gramalote, llevó a toda la región los detalles de la celebración con participación de autoridades civiles y militares, y la comunidad en general. Los párrocos de El Carmen de Nazaret, Santiago, La Victoria y Villacaro, no estuvieron presentes por tener compromisos en sus comunidades.

El 26 de junio, por iniciativa de la Diócesis estuvo al frente de la Caravana de la Paz” Delegaciones de las diferentes parroquias se dieron cita en Las Cascadas del Malecón y desde  allí,  por  avenidas  y  calles enrumbaron  hasta  el  parque Santander, en donde frente a  la catedral San José, el padre Eloy Mora Peñaranda, acompañado del clero diocesano ofició la celebración de la Palabra en una invocación del Señor “para que de la paz a los corazones de los nortesantandereanos y así se alcance la paz tan anhelada.

El 14 de agosto, estuvo presente en las celebraciones con motivo  de  la  Fiesta Diocesana, algo novedoso dentro del Plan Global Diocesano de Nueva Evangelización.

El 29 de agosto, se dio inicio a la “Semana por la paz”, cuyo objetivo general fue que el pueblo de Dios de la Diócesis de Cúcuta, experimentara que la paz es fruto de la Acción de Dios que es la justicia en la historia del hombre.

El lema de esta actividad fue: “Para empezar el milenio… hagamos las pases.

Organizó la Semana Bíblica del 19 al 26 de septiembre y colaboró activamente en la misión de la Diócesis de Tibú, del 21 al 28 de noviembre.

 

PRESBÍTERO ELOY MORA PEÑARANDA, Administrador Diocesano (1999)

Gramalote, 9 de febrero de1942.

El 19 de mayo de 1999, fue elegido el sacerdote Eloy Mora Peñaranda como Administrador Diocesano, quien se venía desempeñando como párroco en el Espíritu Santo. El 26 de junio, por iniciativa de la Diócesis estuvo al frente de la “Caravana de la paz”.

El 29 de agosto, inició la “Semana por la paz” con el lema “para empezar el milenio… hagamos las pases”. Organizó la Semana Bíblica, del 19 al 26 de septiembre, y colaboró activamente en la misión de la Diócesis de Tibú, del 21 al 28 de noviembre.

MONSEÑOR ÓSCAR URBINA ORTEGA, Sexto obispo de la Diócesis de Cúcuta (1999 – 2007)

Arboledas (Norte de Santander) 13 de abril de 1947.

El periódico L´Osservatore Romano publicó el 9 de noviembre de 1999, la siguiente noticia: “El Santo Padre ha nombrado obispo de Cúcuta a su excelencia, monseñor Óscar Urbina Ortega, hasta ahora obispo titular de Forconio y Auxiliar de Bogotá”, el sexto obispo de Cúcuta.

El 10 de diciembre de 1999 tomo posesión canónica en la Catedral San José, acompañado del Nuncio Apostólico, Benniamino Stella. José Fernando Bautista, Alcalde de Cúcuta y el sacerdote Eloy Mora,

administrador Diocesano, entregaron las llaves de la cuidad a monseñor Óscar Urbina Ortega, sexto Obispo de la Diócesis de Cúcuta.

Seis años después de su llegada, el 12 de octubre de 2005 inauguró “Vox Dei” la Voz de Dios, la emisora de la Diócesis en el dial 1.120 A.M.

Nació en la vereda el Peñón, en Arboledas (Norte de Santander), el 13 de abril de 1947; hijo de Juan de Dios Urbina Ortega y Josefa Ortega Arias. Curso la primaria en la escuela Pedro José Ortiz y estudió hasta noveno grado en el seminario Menor de los Padres Redentoristas, en Servitá (Santander). En 1960 los padres redentoristas se trasladaron a Manizales y con ellos se fue el joven Oscar Urbina.

Al graduarse de bachillerato, ingresó a la universidad de la Salle, donde terminó los estudios de filosofía en 1968. Cursó teología en la universidad de San Buenaventura. El 30 de noviembre de 1973 fue ordenado sacerdote. Después fue enviado a la universidad Gregoriana de Roma a estudiar filosofía.

Fue consagrado obispo el 13 de abril de 1996.

Monseñor se empeñó en llevar adelante la nueva evangelización. Organizó junto a otras instituciones los programas de ayuda humanitaria y alimentaria. Con la ayuda de la Secretaría de Educación municipal, el obispo logró sostener más de 250 jóvenes en el Seminario Menor, orientándolos en una línea de servicio a la sociedad.

En su ministerio, monseñor Oscar Urbina, ordenó 27 sacerdotes. También dejó 22 nuevas parroquias al servicio de la comunidad.

MONSEÑOR IGNACIO GÓMEZ ARISTIZÁBAL, Administrador Apostólico (2008 – 2009)

El Peñol (Antioquia), 2 de diciembre de 1929.

Monseñor Ignacio Gómez Aristizábal nació en El Peñol (Antioquia) el 2 de diciembre de 1929.

Hizo sus estudios de secundaria en el Seminario Conciliar de Medellín (1947­1951). Adelantó los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario de Medellín (1952­1958). Estudió Ciencias Sociales en la Universidad Pontificia Gregoriana en Roma (1959) y recibió la Ordenación Sacerdotal, en Sonsón ­ Rionegro (Antioquia) el 17 de agosto de 1958.

Siendo sacerdote se desempeñó como Vicario Cooperador de la Parroquia Catedral de Rionegro (1960­1962); Coordinador de la Pastoral Diocesana y Delegado de las Escuelas Radiofónicas, Cáritas y Acción Social (1965­1969); además fue párroco en la Parroquia San Antonio de Pereira (1970); Vicario Pastoral en la Diócesis de Sonsón ­ Rionegro (1970­-1972).

Recibió su ordenación Episcopal en Rionegro (Antioquia) el 8 de septiembre de 1972.

Fue nombrado obispo de Ocaña el 27 de julio de 1972, Diócesis que acompañó hasta 1992, cuando fue nombrado arzobispo de Santa Fe de Antioquia; allí estuvo hasta el 2007.

En el 2008 llegó a Cúcuta, Norte de Santander como Administrador Apostólico. Dentro sus obras en esta Diócesis se destaca: La creación del programa de Pastoral Rural y de la Tierra, así como el acompañamiento a la vida pastoral de nuestra Diócesis hasta la llegada de monseñor Jaime Prieto Amaya (Q.E.P.D).

MONSEÑOR JAIME PRIETO AMAYA (Q.E.P.D) Séptimo obispo de la Diócesis de Cúcuta (2009 – 2010)

27 de marzo de 1941 – 25 de agosto de 2010

Nació en Bogotá el 27 de marzo de 1941. Adelantó sus estudios de bachillerato en el Seminario Menor y su formación de Filosofía y Teología en el Seminario Mayor de esta ciudad. Fue ordenado sacerdote para la Diócesis de Facatativá el 14 de agosto de 1965

Fue capellán del Sena, director diocesano para la Pastoral Social, Vicario de Pastoral y Vicario General. Fue Secretario Ejecutivo del Departamento de Pastoral Social del CELAM, en Bogotá, de 1987 a 1991. Después de regresar a su Diócesis, de 1991 a 1993 fue Párroco de la Catedral de Facatativá.

El 11 de noviembre de 1993 fue nombrado Obispo de Barrancabermeja. Después de 15 años como pastor de esta Diócesis fue asignado obispo de Cúcuta, recibiendo el 7 de febrero de 2009.

Monseñor Jaime Prieto promovió en Cúcuta la consolidación del programa de Pastoral Rural y de la Tierra. Creó el Grupo Motor Binacional, espacio permanente, interdisciplinario y binacional, conformado por organizaciones de la sociedad civil, la academia, entidades territoriales y organizaciones de cooperación internacional que hacen vida en la frontera Colombo ­ Venezolana, liderados por la Iglesia Católica de Cúcuta, con el objetivo de lograr un desarrollo integral de estas comunidades, bajo la promoción de la dignidad humana.

Víctima de una penosa enfermedad, falleció en la ciudad de Bogotá el 25 de agosto del 2010, a los 69 años de edad.

MONSEÑOR LUIS MADRID MERLANO, Administrador Apostólico (2010 – 2011)

Nació el 27 de octubre de 1946 en Cartagena de Indias; sus estudios de primaria y secundaria los realizó en colegios religiosos. Terminado sus estudios básicos empezó la carrera de medicina pero después de una misión a la que asistió en el departamento del Chocó decide ingresar al seminario mayor.

Es ordenado sacerdote en Bogotá el 29 de junio de 1971. Trabajó 17 años en el Vicariato de Itsmina, vinculado al trabajo de los seminarios, se esmeró en ayudar a los sacerdotes jóvenes en su adiestramiento y desempeño en la vida pastoral. Asimismo, realizó diferentes actividades para mejorar las condiciones de vida de los pobres durante este tiempo.

El 3 de julio de 1988 fue ordenado obispo y enviado a trabajar en Tibú, donde se desempeñó durante 7 años.

El 9 de junio de 1995 llega a la Diócesis de Cartago, y al día siguiente se posesiona como

segundo Obispo de esta Diócesis.

En marzo de 2010 es designado por su Santidad el Papa Benedicto XVI como arzobispo de la Arquidiócesis de Nueva Pamplona.

El 1 de septiembre de 2010 monseñor Merlano fue designado como administrador apostólico

de la Diócesis de Cúcuta, tiempo en el cual realizó un acompañamiento a la pastoral diocesana, promovió la campaña pro-damnificados por la ola invernal del 2010.

Animó el proyecto de vivienda para personas discapacitadas y el Banco Diocesano de Ropa. Permaneció en esta Iglesia Particular hasta el 9 de septiembre de 2011 cuando es nombrado como obispo de la Diócesis de Cúcuta a monseñor Julio César Vidal Ortiz, quien hasta la fecha se encuentra acompañando esta Iglesia particular.

 

MONSEÑOR JULIO CÉSAR VIDAL ORTÍZ, Octavo obispo de la Diócesis de Cúcuta (2011 – 2015 )

Tierralta, 19 de junio de 1944.

Monseñor Julio César Vidal Ortiz nació en el municipio de Tierralta, departamento de Córdoba, el 19 de junio de 1944. Realizó sus estudios secundarios en el Seminario Menor de Montería y cursó luego la Filosofía y la Teología en el Seminario Regional “Juan XXIII” de Barranquilla. Más tarde, ya sacerdote, en la Universidad de San Paciano en Barcelona (España) obtuvo la licenciatura en teología. Fue ordenado sacerdote en su tierra natal, el 7 de abril de 1973, para la Diócesis de Montería.

Comenzó su ministerio como Vicario cooperador de la Parroquia “Nuestra Señora de Fátima” en Montería (1973-1974) y luego, con el mismo oficio, pasó a la Catedral Diocesana (1975-1977). Después de su regreso de Europa fue nombrado Párroco de la Parroquia “San Francisco de Asís” en Chinú (1981-1985) y Encargado de la Parroquia “San Andrés” de Sotavento (1985-1990). A partir de 1990 y hasta su elección al Episcopado, se desempeñó como Vicario General de Montería y, desde 1991, también como Párroco de la Parroquia “Nuestra Señora de Fátima” en la misma ciudad de Montería.

Fue nombrado Obispo Prelado del Alto Sinú el 16 de diciembre de 1993 y consagrado el 18 de febrero de 1994. Cuando la Prelatura del Alto Sinú fue erigida como Diócesis de Montelíbano, el 29 de diciembre de 1998, Monseñor Vidal Ortiz fue designado como su primer Obispo.

El 31 de octubre de 2001, Su Santidad Juan Pablo II lo nombró Obispo de Montería.

El 16 de julio de 2011, Su Santidad Benedicto XVI lo nombró Obispo de Cúcuta.

Un apóstol de la paz y el desarrollo

El prelado ha sido un pastor de la Iglesia Católica con gran sentido social, que ha trabajado incansablemente en la búsqueda de la paz, la defensa de los derechos humanos y por el desarrollo de las comunidades.

Fue asesor de Paz del Departamento de Córdoba (1991-2001): estando en la Diócesis de Montelíbano, en 1993, recorrió por completo los territorios golpeados por la violencia de la guerrilla y los paramilitares, “Allí frenó una toma de las AUC al corregimiento de Juan José, jurisdicción del municipio de Puerto Libertador”. (El Meridiano de Sucre, 17 de julio de 2011).

Fue miembro de la Comisión facilitadora de paz entre el gobierno anterior y las AUC. Los críticos del proceso no dudaron en hablar en su contra: En diciembre de 2010 le dijo a EL MERIDIANO de Córdoba que el asunto más que indignarle le entristecía. “Son palabras irreflexivas que no son capaces de dimensionar todo lo que ha significado que uno como obispo le haya gastado tantas horas a buscar la desmovilización de esta gente, sin otro interés que la paz del país”.

Junto a los obispos de las Diócesis de Montelíbano, monseñor Édgar de Jesús García, y Apartadó, monseñor Luis Adriano Piedrahíta, crea La Corporación de Desarrollo y Paz de Urabá, Cordupaz, que trabaja por las comunidades víctimas de la violencia en Córdoba y Urabá, “Hemos decidido trabajar con estas comunidades porque la violencia les ha destruido el tejido social.

Durante sus dos últimos años como obispo de Córdoba actuó como facilitador de un acercamiento entre el Gobierno y las bandas criminales al servicio del narcotráfico.

En 2011 llega a pastorear la Diócesis de Cúcuta, su labor comenzó por la bendición y entrega de 60 alojamientos temporales para los damnificados de Gramalote, de los 81 que se han entregado en total.

Con su gestión logró la Alianza por el Buen Gobierno, y ha promovido la cultura de paz y la defensa de la dignidad humana, a través de la marcha del perdón, organizada por la Diócesis y la marcha de una flor, en alianza con instituciones que defienden la dignidad de la mujer y la equidad de género. Asimismo, lidera un proyecto de juventud para promover su formación integral desde la formación en distintos componentes: sociales, culturales, morales y de proyección social.

El 24 de Julio del 2015, presentó la renuncia de su cargo por dos razones fundamentales: la primera, de carácter pastoral, ante el proceso de revisión y proyección que vive la Iglesia de Cúcuta y la segunda, orientada a su deseo de “cualificar su servicio al Señor y a la Iglesia y su vida”.

“Estos aspectos me han hecho pensar que se necesitan fuerzas nuevas, que retomen este proceso en beneficio del dinamismo pastoral, ahora que proyectamos una nueva etapa del Plan Global Diocesano de Nueva Evangelización, que son nueve años. Es importante que venga un nuevo aporte que enriquezca, renueve y fortalezca el caminar de esta Iglesia Particular de Cúcuta (…) Asimismo, quiero dedicar mis últimos años de vida a una labor más cualificada (Misiones – visitas, estudio). Una labor de buscar mayor crecimiento personal que me lleve al Señor. Cultivar la oración, la lectura y el estudio.

MONSEÑOR VÍCTOR MANUEL OCHOA CADAVID, NOVENO OBISPO DE LA DIÓCESIS DE CÚCUTA (2015 – )

Bello, Antioquia. 18 de octubre de 1962

Nació en el municipio de Bello (Antioquia), territorio de   la Arquidiócesis de Medellín, el 18 de octubre de 1962.   Hijo de Eduardo  de Jesús Ochoa y Alicia de los Dolores Cadavid, último de ocho hermanos.

Los estudios de primaria los realizó en la Escuela Marco Fidel Suárez  de Bello y los de bachillerato en el Liceo de la Universidad de  Antioquia.

Los ciclos filosófico y teológico los cursó en el Seminario Mayor de Medellín. Durante este período  obtuvo los títulos en Filosofía y Teología en la Universidad Pontificia Bolivariana de  Medellín.

La ordenación sacerdotal la recibió de manos de Su Santidad Juan Pablo II el 5 de julio de 1986, en la escala que hizo el Pontífice en Medellín, durante su viaje apostólico por Colombia. Ya ordenado, realizó en la Universidad Pontificia de Santo Tomás de Aquino “Angelicum”, en Roma, la Licenciatura en Filosofía y, más tarde, obtuvo el doctorado en el mismo centro académico.

El 24 de enero de 2006, el papa Benedicto XVI lo nombró Obispo Auxiliar de Medellín, titular de San Leone. Recibió la ordenación episcopal el 1 de abril del mismo año, en la Catedral Metropolitana de Medellín, de manos del Cardenal Giovanni Battista Re, en ese momento Prefecto de la Congregación para los Obispos y Presidente de la Pontificia Comisión para América Latina.

El 24 de enero de 2011, su santidad Benedicto XVI lo nombró Obispo de la Diócesis de Málaga-Soatá. Su Posesión Canónica se realizó en Ceremonia Solemne en la Catedral de la Inmaculada Concepción de Málaga (Santander) el sábado 5 de marzo de 2011, y al día siguiente (6 de marzo) lo hizo en la Concatedral de la Inmaculada Concepción de Soatá.

El 24 de julio de 2015, el Santo Padre el Papa Francisco ha aceptado la renuncia al gobierno pastoral de la Diócesis de Cúcuta (Colombia), presentada por Mons. Julio César Vidal Ortiz, de conformidad con el can. 401 § 2 del Código de Derecho Canónico. Y ha dispuesto: que SE Mons. Víctor Manuel Ochoa Cadavid, hasta ahora Obispo de Málaga -. Soatá (Colombia), sea designado Obispo de la Diócesis de Cúcuta y el 15 de agosto de 2015, tomó posesión canónica de la sede episcopal de Cúcuta.