Cúcuta mantiene su promesa solemne al Sagrado Corazón de Jesús

Fotos: Centro de Comunicaciones Diócesis de Cúcuta

El pasado viernes 19 de junio, la Iglesia Católica celebró la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, contemplando su corazón amoroso y misericordioso.

Esta fecha tiene un especial significado para Colombia y la ciudad de Cúcuta. La capital nortesantandereana en 1875, después del terremoto, hizo la promesa solemne de difundir, propagar y mantener el culto al Sagrado Corazón de Jesús, para que la ciudad no fuese destruida nunca más. Mientras que, el país se acogió en 1902 a la segunda promesa del Sagrado Corazón de Jesús, de “dar paz en las familias”, para lograr terminar la Guerra de los Mil Días.

De aquél terremoto quedó en pie el altar mayor de la Catedral San José, el cual fue llevado a los pies del monumento a Cristo Rey, que cuida la ciudad, el cual se entregó en 1946 por el escultor boyancese Marco León Mariño. Este monumento es el segundo más antiguo de América Latina, luego del Cristo del Corcovado de Brasil. Desde Cristo Rey, cada año, los fieles recuerdan de manera especial la consagración al Sagrado Corazón de Jesús.

Atravesando por la pandemia del coronavirus, este 2020 no fue posible realizar la tradicional peregrinación con esta porción del pueblo de Dios, pero como un signo de fe y esperanza, el Obispo de la Diócesis de Cúcuta, Monseñor Víctor Manuel Ochoa Cadavid y algunos sacerdotes emprendieron este día una procesión con la imagen del Sagrado Corazón de Jesús, desde el monumento ubicado en el barrio La Cabrera, hasta la Catedral San José en el centro de la ciudad. Los fieles bautizados siguieron espiritualmente estos momentos de devoción y veneración pública al Señor a través de los medios de comunicación diocesanos que transmitieron por Facebook Live y la emisora Vox Dei.

Un manantial de agua y sangre, manantial de esperanza y alegría

En la Catedral San José, el Obispo de esta Iglesia Particular presidió la Sagrada Eucaristía, igualmente con señal en vivo en las redes sociales para toda la feligresía, a quienes Monseñor se dirigió en su homilía, recalcando que en este día “contemplamos el corazón del Hijo salvador, del que brotó un manantial de agua y sangre, un manantial de esperanza y alegría”. Por lo que explicó que ese río de agua y sangre, es un “canal de santidad”, de gracia, que une lo humano y lo divino, indefectiblemente.

Continuando con la homilía, Monseñor fue enfático en la responsabilidad que como cristianos y ciudadanos se debe tener en esta pandemia: “Es un momento de fe profunda en Jesucristo y profunda responsabilidad, por eso tenemos los templos cerrados, con dolor, pero es necesario para cuidar, para salvar”. Por otra parte, recalcó que la crisis sanitaria ha hecho ver las limitaciones de los bienes materiales, “nada tenemos, ya que en cualquier momento el hombre pierde su respiro (…) Alabemos a Cristo como Rey, entendiendo su donación y misericordia”.

Para Colombia, el Obispo clama por una paz completa, invita al diálogo, “es el momento de la paz soñada, de la reparación del corazón”. Al Gobierno Nacional le insiste por una economía basada en la justicia social, citando al Papa León XIII en su Carta Encíclica ‘Rerum Novarum’: “a cada uno debe darse lo suyo para su vida y su existencia”.

“Que en nuestra patria reine el Sagrado Corazón de Jesús, que nuestros dirigentes los proclamen una vez más como el Rey”, concluyó Monseñor, confiando en que Él salvará por siempre a Colombia.

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