Banco Diocesano de Alimentos presenta su gestión social durante el 2020

El Banco Diocesano de Alimentos (BDA) ‘Monseñor Óscar Urbina Ortega’, es una institución de la Iglesia Católica Particular de Cúcuta, al servicio de la caridad, cuyo objetivo es enfrentar los problemas de hambre de la población más vulnerable.

Durante el año 2020 -uno de los más difíciles en estos tiempos, debido a la pandemia de la COVID-19-, el BDA logró rescatar 1.639.971 kilogramos de productos alimenticios, esto equivale a un aumento en las donaciones del 370% con respecto al anterior (en el 2019 se recolectaron 443.235).

Gracias a las instituciones donantes, empresas, sector público y privado, y personas de buena voluntad, que, con su aporte, contribuyen a suplir las necesidades de miles de familias y reconstruir el tejido social.

Descargar informe Gestión Social BDA 2021.

Diócesis de Cúcuta lanza Campaña de Comunicación Cristiana de Bienes, en favor de familias vulnerables

Fotos: Centro de Comunicaciones Diócesis de Cúcuta

En rueda de prensa, con la presencia de Monseñor José Libardo Garcés Monsalve, Administrador Apostólico de la Diócesis de Cúcuta, y el sacerdote Jaime Enrique Aparicio Rubio, coordinador del Banco Diocesano de Alimentos, se realizó este jueves 18 de febrero, el lanzamiento oficial de la Campaña de Comunicación Cristiana de Bienes 2021.

Como en cada Campaña, se identifica a una población vulnerable, a la cual se destinan los recursos recaudados; en este año 2021, se quiere ayudar a las familias más necesitadas del Anillo Vial Occidental de Cúcuta, quienes durante la pandemia han pasado mayores dificultades y sus necesidades aumentaron.

Por lo anterior, se presentó la CCCB 2021, bajo el lema: “Y les dio de comer a más de 5.000 hombres” (Mt 14, 21). Por la experiencia de los confinamientos vividos durante el 2020, esta Iglesia Parti­cular de Cúcuta encontró que, si bien hay muchas necesidades en toda la ciudad, allí se encuentra el mayor número de familias de bajísimos recursos, que no tienen día a día cómo alimentarse. Motivados por la ca­ridad a la que Jesucristo permanentemente se invita en el Evangelio, la Iglesia espera, con la ayuda de todos, suplir las necesida­des de estas familias que tanto lo necesitan.

El objetivo de esta Campaña es recaudar la mayor cantidad de recursos económicos de parte de los fieles bautizados, para que a través del Banco Diocesano de Alimentos y con la logística que la Diócesis tiene en esta zona de la ciudad, desde las parroquias allí erigidas para el acompañamiento espi­ritual, se puedan entregar 5.000 mercados que permitirán contribuir a que estas fami­lias superen la condición de necesidad que diariamente experimentan.

Formas de ayudar

Con el aporte eco­nómico, entregándolo en las comunida­des parroquiales, en la curia diocesana o a través de consignaciones o transferen­cias electrónicas a la cuenta Bancolombia 83488404665, convenio 72740 “Campaña de Comunicación Cristiana de Bienes” – NIT Diócesis de Cúcuta: 890.500.597-1.

Si la forma de contribuir es por medio de trans­ferencia electrónica, debe enviar la imagen de la tran­sacción al correo: contabilidad@diocesisdecucuta.com

En cada una de las parroquias y algunas instituciones públicas y privadas, estarán dispuestas unas alcancías, para que, al visitar estos lugares, el ayuno de la Cuaresma, sea donado.

Descargar materiales de la CCCB 2021

Frutos de la Campaña de Comunicación Cristiana de Bienes

2011 y 2012: Se invirtió, en primer lugar, en la compra de un terreno en la finca “La Palestina” de la vereda Valderrama, desti­nado a la construcción de 80 alojamientos para igual número de familias; Asimismo, se realizó un proceso de acompañamiento y ayuda humanitaria para familias grama­loteras reubicadas en Cúcuta.

2013: Construir templos y fortalecer la fe en las comunidades más necesitadas.

2014: Apoyo al Secretariado Nacional de Pastoral Social para la ejecución de pro­yectos en pro del desarrollo social. Por otra parte, se adquirió el predio para el Centro de Atención Integral para la Mujer Emba­razada.

2015: Atención al fenómeno mi­gratorio a través del Centro de Mi­graciones de esta Iglesia Particular.

2016: Atención integral para los internos de los complejos carce­larios de San José de Cúcuta.

2017: Se realizó un trabajo de alimenta­ción y trabajo integral para los habitantes de la calle.

2018 y 2019: Los recursos se destinaron para el Asilo Andresen y Centro de Cari­dad de Ayuda Infantil ‘La Niña María’. Se invirtió en infraestructura, alimentación, educación y todo el bienestar integral para los niños.

2020: Por causa de la pandemia de la CO­VID-19, no se culminó esta Campaña en este año; sin embargó, lo recogido se en­tregó para lo que se había solicitado: La Fundación Pía Autónoma Asilo Andresen.

“Cuaresma: un tiempo para renovar la fe, la esperanza y la caridad”

Inicio de la Cuaresma con el Miércoles de Ceniza

Este es el tema que el Papa Francisco ha elegido para dar su mensaje de Cuaresma de este año 2021; el cual le antecede la cita bíblica: «Mirad, estamos subiendo a Jerusalén…» (Mt 20,18). Su Santidad presenta las acciones concretas para acoger la Verdad y experimentar una sincera conversión.

“La vía de la pobreza y de la privación (el ayuno), la mirada y los gestos de amor hacia el hombre herido (la limosna) y el diálogo filial con el Padre (la oración) nos permiten encarnar una fe sincera, una esperanza viva y una caridad operante”. Así explica el Papa Francisco las condiciones y la expresión de la conversión.

Descargar Mensaje del Santo Padre Francisco para la Cuaresma 2021

Diócesis de Cúcuta reactiva proyectos de formación

Fotos: Centro de Comunicaciones Diócesis de Cúcuta

Una de las principales intenciones de Monseñor José Libardo Garcés Monsalve, Administrador Apostólico de la Diócesis de Cúcuta, es reactivar toda la actividad pastoral de la Iglesia, cumpliendo con los protocolos de bioseguridad, para recuperar la obra evangelizadora en el aspecto comunitario.

Atendiendo este llamado de Monseñor, se retomó el proyecto ‘Medios de vida sostenibles’, enfocado en la capacitación y formación integral de los migrantes venezolanos y colombianos retornados, asentados en la zona fronteriza del municipio de Villa del Rosario. Una iniciativa que se implementó en el año 2019 y se pausó el año pasado por la situación de confinamiento y pandemia. Ahora, se reactiva con el objetivo de continuar apoyando a la población más vulnerable en este sector.

Con el apoyo de Adveniat -programa de la Conferencia Episcopal Alemana que apoya y financia proyectos pastorales en América Latina y el Caribe-, la Iglesia Particular de Cúcuta ofrece a través de ‘Medios de vida sostenibles’, 60 aprendices iniciarán el curso de modistería básica en la Casa de Formación Beato Luis Variara (ubicada en Villa del Rosario); son 60 mujeres víctimas de la crisis migratoria, que ahora tendrán la oportunidad de aprender habilidades en confección y mejores oportunidades de empleo, asimismo implementar estrategias para crear su propio negocio.

El abogado Jean Carlos Andrade Carreño, quien es el coordinador del proyecto, explica que las jornadas de formación se dividirán en tres grupos (20 aprendices en cada uno), para así respetar el aforo, según los protocolos de bioseguridad, y conservar la salud de todas las personas vinculadas. Asegura que, además de las capacitaciones, van a tener una formación integral con un equipo psicosocial y el acompañamiento de un sacerdote, encargado de orientar el conocimiento y aplicación de los valores y la importancia del bienestar espiritual.

Administrador Apostólico promueve la fraternidad con el clero diocesano

Foto: Centro de Comunicaciones Diócesis de Cúcuta

Monseñor José Libardo Garcés Monsalve, Administrador Apostólico de la Diócesis de Cúcuta, asumió su cargo visitando las diferentes dependencias e institu­ciones de la Diócesis, para conocer de primera mano la labor evangeli­zadora que adelanta la Iglesia Cató­lica de Cúcuta.

Por otra parte, manifestó la nece­sidad de conocer a todos los sacer­dotes, por lo que, los días lunes 8 y martes 9 de febrero, se llevaron a cabo reuniones con el presbiterio por Vicarías, con el objetivo de proyec­tar todo el trabajo como Administra­dor Apostólico, el cual se fundamen­ta en contribuir a la fraternidad, pero también a la espiritualidad del clero diocesano.

Su intención principal es ayudar como pastor en medio del contexto de la reactivación de la sociedad, para volver a realizar el trabajo como Iglesia que acompaña, anima, sostiene, y que muestra el rostro de Jesús. Todo esto, de manera pre­sencial hasta donde lo permiten las autoridades, guardando los debidos protocolos de bioseguridad.

Monseñor José Libardo, invitó a los sacerdotes a continuar acompañando al pueblo de Dios, de la mano de sus orientaciones pastorales y teniendo los objetivos claros, de manera que en la Diócesis se hable un mismo lenguaje.

En estas reuniones también ha moti­vado que se retome el Proceso Evan­gelizador de la Iglesia Particular (P.E.I.P.), animando cada una de las estructuras y las pastorales existen­tes en la Diócesis de Cúcuta

Mons. José L. Garcés: “Una vez más, como Diócesis, somos probados a causa de la pandemia”

Foto: Centro de Comunicaciones Diócesis de Cúcuta

A tres días de cumplir 79 años de vida, falleció el sacerdote diocesano Eloy Mora Peña­randa, quien luchó por más de dos semanas en una cama de Unidad de Cuidados Intensivos contra el coro­navirus.

El sábado 6 de febrero fue llamado a la Casa del Padre, después de haber­le servido durante más de 50 años desde el momento de su ordenación sacerdotal. Fue un ciudadano ilustre en Norte de Santander, recordado por su labor evangelizadora y traba­jos dedicados a la cultura e historia de la región.

Monseñor José Libardo Garcés Monsalve, Administrador Apostó­lico de la Diócesis de Cúcuta, pre­sidió la celebración de sus exequias en la Catedral San José el pasado martes 9 de febrero, donde expresó que “una vez más, como Diócesis, somos probados a causa de la pan­demia”. Ya que “hemos sufrido el contagio de muchas personas”, y en este día, “sufrimos la muerte del padre Eloy Mora, quien precisa­mente estaría cumpliendo 79 años de vida”. Monseñor señaló que, en su itinerario de vida, el padre Eloy sintió el llamado desde niño siendo acólito, “como muchos de nosotros, y estuvo abierto a la elección de Dios”, que se concretizó el 22 de no­viembre de 1969 en su ordenación sacerdotal.

En la homilía, Monseñor José Libar­do aseguró que el esfuerzo del padre Eloy por llevar la Palabra de Dios y el desempeño de su ministerio, fue “una misión venida de lo alto, donde tenía clara la voluntad de Dios para su vida”. Resaltó el ejercicio de la caridad del sacerdote, que es esen­cialmente la virtud que caracteriza al pastor. “El sacerdote es caridad”.

Biografía del padre Eloy Mora Peñaranda

Nació el 9 de febrero de 1942 en un hogar católico nortesantanderea­no, sus padres fueron Eloy Mora y Sara Peñaranda, quienes conforma­ron una familia que dio como fruto, nueve hijos.

Sintió el llamado de Dios desde niño al ser acólito de la capilla María Auxiliadora del colegio Salesiano, donde creció su amor por Cristo y María. Al concluir su bachillerato, entró al Seminario Menor de Mos­quera en Cundinamarca. Después de unos años, regresó a la ciudad de Cúcuta a continuar su proceso; es­tudió en Roma Teología Pastoral y Catequesis.

Fue ordenado sacerdote el 22 de noviembre de 1969 por el segundo Obispo que tuvo la Diócesis de Cú­cuta, Monseñor Pablo Correa León. Su primer servicio sacerdotal lo cumplió en la parroquia de San Pa­blo del entonces barrio Los Patios; ocupó múltiples cargos en esta Igle­sia Particular, desde vicario general, vicario pastoral, director de cateque­sis, párroco incluso de administra­dor diocesano (durante ocho meses, ante el traslado de Monseñor Rubén Salazar).

El sacerdote Eloy Mora Peñaranda terminó sus encargos pastorales en el año 2017, pero continuaba cele­brando la Santa Misa en la capilla La Medalla Milagrosa, donde era capellán. También es de destacar que fue miembro de la Academia de Historia, de la Sociedad Académi­ca Santanderista de Colombia y del Museo Norte de Santander y ciudad de Cúcuta. También, por casi 30 años, fue el presidente de la Funda­ción Virgilio Barco.

Que el padre Eloy Mora

Peñaranda y todos nuestros

hermanos, los fieles difuntos, por la misericordia de Dios,

descansen en paz.

 Ver Galería.

La Candelaria, una obra magistral

Por: Pbro. Carlos Arturo Flórez Gómez, párroco Nuestra Señora de La Candelaria

Fotos: Centro de Comunicaciones Diócesis de Cúcuta

Después de celebrar la fiesta de La Candelaria, que recuerda esta advocación mariana venerada con gran fervor en diferentes partes del mundo, la Diócesis de Cúcuta presenta a la parro­quia Nuestra Señora de La Candelaria, un templo que guarda la esperanza de los fieles en Jesucristo y, además, es un icono arquitectónico en la ciudad. A continuaci­ón, un recorrido por la historia y el signo de fe de esta gran obra.

Antecedentes

La comunidad del barrio Sevilla pertene­cía inicialmente a la parroquia San Antonio de Padua, cuya jurisdicción era muy gran­de para ser atendida por un solo sacerdote (en ese entonces el presbítero Guillermo Santamaría). El templo quedaba distante y la densa población sentía la necesidad de mayor atención espiritual.

Mediante la Bula Pontificia del Papa Pío XII, se declaró en 1950 el Año Santo y en toda la Iglesia Católica hubo actos litúrgi­cos y misiones especiales que levantaba el espíritu y el fervor cristiano. Sin embargo, a la par de este renacer espiritual, también se gestaba el aspecto político, precisamen­te, en el barrio Sevilla, que con numero­sa población y en su mayoría de filiación liberal, vivía la violencia bipartidista tras la crisis que generó la muerte del caudillo Jorge Eliécer Gaitán, desatando una guerra entre conservadores y liberales.

Entonces, en torno al Año Santo, pensaron que, si se construía una parroquia, habría apoyo espiritual a esta comunidad, afecta­da por la intolerancia. Los dirigentes libe­rales tuvieron esta idea que fue planteada en reunión plena y acogida con entusias­mo. Organizaron bazares, bailes populares y otras actividades para recaudar fondos, con el fin de sufragar gastos de la comisión que viajaría a Pamplona a presentar la so­licitud respectiva, ya que en la ciudad mit­rada estaba la sede de la cual dependía la comunidad eclesial de San José de Cúcuta.

El 17 de agosto de 1951 viajó la comisión compuesta por los dirigentes cívicos: Ana­stasio Ramírez González, Julio Gallardo, Teodoro González Gómez, Gregorio Man­cilla, Carlos Peña, Wilfredo Meneses, An­tonio Rincón e Ismael Sandoval, siendo recibidos por Monseñor Rafael Afanador y Cadena, Obispo en aquel entonces de Nueva Pamplona, quien, impresionado por el entusiasmo de los visitantes, pro­metió atender prontamente su formal so­licitud.

Al separarse la parroquia de San Anto­nio de Padua por decreto n.° 367 del 30 enero de 1952, nació el curato de Nues­tra Señora de la Candelaria, firmado por el citado Obispo que nombró párroco al padre Ángel Ramón Clavijo Suárez, un sacerdote oriundo de Mutiscua. Cuando el padre Ángel Ramón fue a encontrarse con la comunidad que el Obispo le había designado, encontró una junta cívica muy animada, cuyos únicos recursos fueron el entusiasmo y la buena voluntad de to­dos para colaborar, sumados a los fondos económicos que tenían ($157 pesos), que alcanzaron escasamente para un mes de arriendo, ya que el párroco no tenía ni tem­plo ni casa cural.

Tampoco conocía el vecindario, por lo que, para tener mayor contacto con la feligresía y darse a conocer, compró un proyector de cine RCA de 16 milímetros. Por las noches, en diferentes sectores de su jurisdicción parroquial, extendía un telón en cualquier pared y proyectaba películas; en el momento de cambiar el carrete de las cintas, hacía su presentación manifestando la finalidad con que había llegado a petici­ón de la misma comunidad, pedía colabo­ración y organizaba comités que dirigieran distintas actividades, uniendo así a todo el vecindario en un mismo objetivo: la construcción del templo parroquial.

¿Cómo recibe el nombre la parroquia?

Cuando el primer párroco llegó al bar­rio tuvo conocimiento que en el caserío El Cerrito al norte del barrio El Salado, existía un antiquísimo santuario dedi­cado a la Virgen de La Candelaria y que los pobladores tributaban una devo­ción especial en este lugar, reconocían de alguna forma el aspecto milagroso de la Santísima Virgen María; esta era una imagen que llevaba un vestido con piedras preciosas incrustadas. El párroco visitó la zona y le pareció conveniente acoger este nombre, ya que el sector pertenecería a su parroquia y estaba próxima a celebrarse la festividad de la Virgen de Las Candelas, el 2 de febrero. Así propuso el nombre al Obispo Afanador y Cadena, recibiendo la aprobación y nombramiento definitivo por decreto n.° 367 del 30 de enero de 1952, el nombre: La Candelaria.

Las primeras misas en el barrio Sevilla

Inicialmente, el padre Daniel Jordán que regentaba la parroquia de San José de Cú­cuta, había conseguido un salón de clases de la escuela Alfonso López, ubicada fren­te a la primera casa cural, separadas por la carrilera del Ferrocarril. Allí se podían celebrar las Eucaristías y otros oficios re­ligiosos durante enero, pero luego inicia­ron las matrículas escolares y se presentó el inconveniente, tanto para profesores como para el párroco. Buscando otra solu­ción, encontraron que la plaza de mercado de Sevilla, estaba recién construida y sin haber sido inaugurada. El alcalde Manuel Jordán Pabón, autorizó que ocupara por unos pocos meses el salón amplio fron­tal de esta plaza vía al aeropuerto, con el compromiso de que el párroco debía salir de allí tan pronto pudiera; y ante reiteradas solicitudes de desocupar el salón, urgió la construcción del templo que se realizó en un tiempo récord de casi dos años. Crono­lógicamente, la parroquia de La Candela­ria fue la sexta parroquia en constituirse en la ciudad de Cúcuta, un año antes fue la parroquia de San Rafael, por el presbíte­ro Eduardo Trujillo Martínez, que regentó años después la parroquia de La Candela­ria.

El templo de La Candelaria

El párroco Clavijo Suárez no quería un templo tradicional por el elevado costo y lo poco funcional (porque las columnas en un interior, impiden la visibilidad) y pensó en un estilo catacumbal de una sola nave. Visitó varios templos de la ciudad, de San Cristóbal y Bogotá, donde colaboraron los presbíteros Rafael García Herreros (fun­dador del Minuto de Dios) y Félix Román Miranda e Hipólito Arias, sacerdotes muy ilustres. Allí contactó el arquitecto Juve­nal Moya Cadena, a quien se le encomen­dó la elaboración de los planos, logrando acatar magistralmente la línea propuesta.

El proyecto fue presentado al Arzobispo de Pamplona para su aprobación, pero al no existir junta diocesana de arquitectura, fue remitido a la junta arquidiocesana de Bogotá, de la cual hacia parte el re­verendo Félix Román Miranda, quien a su vez había sido su profesor en el Seminario de Pamplona. Una vez aprobado dispusie­ron la construcción en el sitio conocido como el patio de golf o patio del Ferrocar­ril. El calculista de la majestuosa obra fue el ingeniero Fabio Guillermo González Zuleta, y la dirección a cargo del ingenie­ro civil José Ignacio Sarmiento, quien se desempeñaba como interventor del Insti­tuto Nacional de Fomento. Cabe destacar la calidad de profesionales vinculados a la monumental obra, resaltando que el inge­niero Fabio González fue jefe de la comi­sión nombrada por el gobierno nacional, junto con el ingeniero Salvador Uribe y Gerardo Rueda, el 12 de julio de 1912, para el estudio y trazado del ferrocarril de Puerto Villamizar a Tamalameque, por el Catatumbo y en 1921, fue presidente de la compañía del ferrocarril de Cúcuta junto con el ingeniero Juan Nepomuceno Gon­zález Vázquez, copartícipes en la cons­trucción y puesta en marcha del ferrocarril de Cúcuta desde su inicio hasta el final.

La chispa y el entusiasmo del vecinda­rio organizando colectas en la plaza de mercado de la sexta, en el comercio del centro de la ciudad, así como en Puerto Santander y demás estaciones del Ferro­carril tuvo excelentes resultados gracias a salvoconductos que las directivas de este expendían. Un buen número de obreros luego de sus faenas, aportaban horas ex­tras de trabajo gratuito, alumbrados con lámparas de Coleman poniendo su gra­nito de arena con creces y fervor inusita­dos. Hombres y mujeres, adultos y chicos amalgamados ponían su trabajo en una amorosa obra hoy declarada joya arqui­tectónica en varias notas sobre diversas y atractivas construcciones, entre ellas, pu­blicaciones ecuatorianas.

Es una magistral obra, que se destaca por el sistema de bóveda de cáscara de esca­sos cinco centímetros de espesor. Llegó a mostrar novedad en la arquitectura cucuteña, y con ella: economía, esbeltez y estabilidad, propias para estas regiones donde los movimientos sísmicos son fre­cuentes y de carácter violento; la arquitec­tura religiosa es un difícil arte, complejo y dedicado, en especial en los métodos de construcción. Con la aparición del concre­to reforzado que ha variado en forma fun­damental, en la parroquia Nuestra Señora de La Candelaria se dio apertura a ampli­os e inexplorados campos de aplicación. Se proyectó un sistema de ventilación a base de calados prefabricados en concreto reforzado propios para el clima de Cúcu­ta, asegurando un servicio eficaz, comple­to, a bajo costo, con la ventaja de mínimo mantenimiento y larga duración.

Un estilo controversial

El estilo y los detalles se prestó para discusión, era del gusto de unos, pero para otros, no. Sin embargo, el arquitec­to Moya Cadena, no presenta una forma improvisada, incidental en la edificación; ella fue el fruto de meditadas conside­raciones de los requisitos verdadera­mente básicos que exige el diseño de un templo católico y concebido dentro de un plan simbólico; estas consideracio­nes tienen gran validez, como expresaba en su momento José Ignacio Sarmiento: “muchas personas podrían creer que nos estamos desligando totalmente del pasado y que abandonamos una tradición riquísi­ma como ninguna y que imponemos en la arquitectura religiosa formas totalmente revolucionarias, mas si vivimos una edad distinta con sistemas de construcciones, técnicas, materiales, situación económi­ca, hábitos y necesidades nuevos, es claro que al combinar todos estos factores en el diseño de un templo católico, tendremos inevitablemente formas de construcción que sólo guardan con el pasado una cone­xión espiritual, pero al fin una conexión y la más importante”, y en su informe cita al arquitecto católico Barry Byrne, autor del diseño de importantes templos católicos, entre otros el de Cristo Rey en Irlanda, San Francisco Javier en Kansas City y la Santa Columba en Sao Paulo, expresando que hay siempre un factor básico doctri­nal: “la divinidad de Cristo, que no admite equivocación”.

Un templo entonces es principalmente un espacio en que primero, el sacerdote ofi­ciante pueda ofrecer una liturgia de la Eu­caristía y segundo, el que su congregación pueda reunirse y participar en este ofre­cimiento. La estructura de un tabernáculo tiene valor desde que sea armonioso con la idea de la liturgia eucarística hasta el grado de acentuarse y que sea favorable para la congregación que participa en ella.

Dentro de la nueva concepción de la ar­quitectura que tiene mucho en común con el prerrenacimiento, con bases de valor arquitectónico, la función del uso y la na­turaleza del sistema estructural, genera lo que Moya ha creado en su proyecto, un espacio interior enfocado sobre el altar eucarístico, abandonando todo motivo de distracción, como lo eran las capillas late­rales que se añadían a los templos, hacien­do perder inclusive, la forma eucarística que se había ideado primitivamente.

El Cristo de la resignación

Se quería que el Cristo del templo de La Candelaria fuese un puente entre lo moderno y lo tradicional; el sacerdote nor­tesantandereano, Rafael García Herreros, bu­scó al artista Hugo Martínez, profesor de la Universidad Nacional de Bogotá, de origen pastuso, a quien le expuso la idea, desarrol­lando la obra imponente que hoy contemplan los feligreses del barrio Sevilla. En esa época el Cristo tallado en piedra fue muy discutido por el modernismo, causando gran impacto entre los tradicionalistas por su tamaño mo­numental: cuatro metros de altura con igual dimensión entre los brazos extendidos y un cuerpo hondamente constreñido, en actitud no contemplada hasta entonces, muy dife­rente a las obras tradicionales de pinceles clá­sicos. El de La Candelaria, con cuerpo muy consumido con la cabeza levantada y los brazos totalmente templados, tiene una razón histórica bíblica, el profeta Isaías, llamado en la historia del cristianismo: el quinto evange­lista, porque hizo 500 años antes de Cristo una descripción perfecta de cómo iba a ser la Crucifixión y Muerte de Jesucristo, escribió que sus miembros iban a ser templados y al templar los brazos la cabeza se levantaría.

La actitud que inspira el Cristo hay que mirarla muy de cerca, especialmente al lado izquier­do se observa una actitud de total entrega a la muerte, de total cumplimiento de la voluntad de Dios Padre, por eso se le bautizó: El Cris­to de la resignación. Para el poeta y presbí­tero Manuel Grillo Martínez en su momento, el Cristo de La Candelaria de Sevilla fue motivo de inspiración mística y compuso el poema que en uno de sus apartes dice: “Oh inmensidad de Dios crucificada”. Esta monumental obra tallada fue bendecida el 2 de febrero de 1957 al cumplirse el primer lustro de vida parroquial y su costo fue de 3 mil pesos en aquella época.

Hoy en día, la parroquia Nuestra Señora de La Candelaria, con 68 años de vida pas­toral e incrustada casi en el centro de la ciudad, ofrece atención espiritual a diver­sos sectores de Sevilla y sus alrededores, que deseando seguir a Jesucristo, la sienten como la casa de Dios en medio de sus pro­pias casas.

Monseñor José Libardo Garcés toma posesión como Administrador Apostólico en Cúcuta

Foto: Centro de Comunicaciones Diócesis de Cúcuta

La Diócesis de Cúcuta inicia el mes de febrero bajo la administración apostólica de Monseñor José Libardo Garcés Monsalve, quien este lunes tomó posesión de su cargo en la curia diocesana.

En las horas de la mañana, en presencia del Colegio de Consultores de la Diócesis de Cúcuta, se hizo oficial su nuevo servicio. El Colegio de Consultores es un órgano consultivo que funciona como asesor del Obispo diocesano en asuntos de gobierno y de especial urgencia. Al quedar la sede vacante, cumple sus funciones de toma de posesión del Administrador encargado de la Iglesia Particular determinada (Cfr. CIC 501-502).

Durante este día, Monseñor estará visitando las diferentes dependencias e instituciones de la Diócesis, para conocer de primera mano la labor evangelizadora que adelanta la Iglesia Particular de Cúcuta. A las 5:00 p.m. en la Emisora Vox Dei, tendrá su primer contacto con los fieles bautizados, a través del programa radial La Voz del Obispo.

Nuevo Administrador Apostólico para la Diócesis de Cúcuta

Por decreto de la Congregación para los Obispos y por voluntad de Su Santidad, el Papa Francisco ha sido nombrado como Administrador Apostólico de la Diócesis de Cúcuta, el excelentísimo Monseñor José Libardo Garcés Monsalve, actual Obispo de la Diócesis de Málaga-Soatá. En la Iglesia Particular de Cúcuta tendrá el encargo de administrador de la Diócesis, con los mismos derechos, oficios y facultades que competen al Obispo diocesano.

La sede episcopal en esta Iglesia Particular de Cúcuta está vacante a partir de hoy 30 de enero, al tomar posesión en este día como Obispo del Ordinariato Militar en Colombia, Monseñor Víctor Manuel Ochoa Cadavid.

Rogamos a todos los fieles y bautizados que, en comunión de fe, pidamos al Señor Dios Todopoderoso un Obispo en propiedad según el corazón de Jesucristo Buen Pastor.

Unidos en comunión damos la bienvenida a Monseñor José Libardo Garcés.

Biografía de Monseñor José Libardo Garcés

Monseñor José Libardo Garcés Monsalve nació en Aguadas (Caldas) el 26 de septiembre de 1967. Ingresó al Seminario Mayor de Manizales, donde realizó estudios de Filosofía y Teología.

Fue ordenado sacerdote el 27 de noviembre de 1993 para la Arquidiócesis de Manizales. Después de su ordenación sacerdotal obtuvo la licenciatura en Filosofía y Ciencias Religiosas en la Universidad Santo Tomás y luego ingresó a la Pontificia Universidad Gregoriana, donde obtuvo la licencia en psicología.

Después de un largo y fructífero servicio pastoral en la Arquidiócesis de Manizales, fue llamado al episcopado el 29 de junio de 2016 y fue nombrado Obispo de Málaga-Soatá por el Papa Francisco. Su ordenación episcopal fue el 1 de septiembre de 2016.

Diócesis de Cúcuta despide a un sacerdote ejemplar

Fotos: Centro de Comunicaciones Diócesis de Cúcuta

La enfermedad del coronavirus deja otra víctima mortal en el clero diocesano, se trata del sacerdote Ignacio Cadavid Zapata, ordenado en la Regina Apostolorum hace 48 años e incardinado en la Diócesis de Cúcuta.

Oriundo de Antioquia, nació en el municipio de Donmatías, el 12 de diciembre de 1933 y falleció el pasado viernes 15 de enero a los 87 años de edad. El miércoles 20 de enero, la Diócesis de Cúcuta ofreció la Sagrada Eucaristía en su memoria, desde la Catedral San José y a través de los medios de comunicación diocesanos, sus familiares, amigos y fieles bautizados, se unieron para dar gracias a Dios por el testimonio de vida del padre Ignacio y pedir al Todopoderoso que lo acoja en su Reino.

La celebración eucarística fue presidida por el Vicario General, el padre Israel Bravo Cortés, quien destacó la dedicación con la que sirvió el padre Ignacio Cadavid: “le pedimos a Dios nos ayude a vivir con la alegría con la que él supo vivir su ministerio”.

Por su parte, el sacerdote William Aguilar Vargas, párroco de San Antonio de Padua (Cúcuta), estuvo a cargo de pronunciar la homilía, donde resaltó el compromiso de servicio del presbítero Cadavid y su incansable labor pastoral, “confesiones constantes, consejos oportunos y el testimonio de vida, hicieron de él un sacerdote ejemplar”, expresó el padre William, agregó que, el padre Ignacio “comprendió que el bien (Dios) que llevaba siempre dentro de su corazón”, lo hacía capaz de ayudar, de acompañar, de ser generoso.

La Diócesis de Cúcuta manifiesta su compañía espiritual a las familias Infante Urquijo y Cadavid Zapata, que acompañaron los momentos de alegrías y tristezas de este hermano sacerdote.