Cúcuta se prepara para la Concesión del título de su primera Basílica Menor

Imagen: Centro de Comunicaciones Diócesis de Cúcuta

El 30 de octubre del año anterior, el Obispo de la Diócesis de Cúcuta, Monseñor Víctor Manuel Ochoa Cadavid, anunció que el Papa Francisco había aprobado la elevación del Templo de San Luis a Basílica Menor.

Este es un regalo que Dios y el Papa Francisco, con bondad, le otorga a esta porción del pueblo de Dios, que han mantenido la piedad cristiana y el amor y devoción por la Madre del cielo, que en la advocación de Nuestra Señora del Rosario, encaminó la evangelización de los indígenas, quienes le edificaron una choza a su Reina o ‘Kacika’, sobre la rivera derecha del río Pamplonita y a su sombra fue formándose y crecieron el caserío de Cúcuta.

Después de permanecer intacta ante los desastres naturales (inundación y terremoto), y de estar en dos capillas (destruidas por los desastres mencionados) y un templo estilo colonial (dinamitado por reordenamiento territorial), el lienzo de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, con ya más de 350 años de historia, merecía permanecer en un Templo más digno, y, con la capacidad de acoger a la gran cantidad de fieles que a ella acudían. Es así, como se proyectó su construcción sobre la plaza principal de San Luis (fundado como San Luis Gonzaga de Cúcuta en 1897 por el sacerdote Demetrio Mendoza, hijo ilustre de Norte de Santander), en el año 1945, con el padre Rubén Rubio.

Se emprendió esta obra, como una torre que se levanta al cielo en oración, y ha orientado a los peregrinos en la fe, siendo faro que ha iluminado con el Evangelio a la ciudad, acompañándola en las diversas etapas de su crecimiento e historia. Por eso, ante este don otorgado desde la Santa Sede, los cucuteños han de alegrarse y enorgullecerse por el honor del que ahora goza la ‘Perla del Norte’: Tener una Basílica Menor.

La Diócesis de Cúcuta da gracias a Dios y al Papa Francisco por este regalo, ya que en el mundo hay pocas Basílicas Menores, más de 1.500 y en Colombia no más de 40.  Y por ahora, sólo una en el departamento de Norte de Santander: Basílica Menor Santuario Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, Kacika de Cúcuta, parroquia San Luis Gonzaga.

La gran fiesta será el próximo 22 de febrero, día en que se hará la concesión oficial del título, con Obispos invitados, entre ellos, el Nuncio Apostólico del Papa Francisco en Colombia.

Programación:

Sábado 15 de febrero

4:30 p.m. Caravana de traslado del cuadro de la Virgen hacia la Catedral San José

6:00 p.m. Sagrada Eucaristía – Catedral San José

Triduo mariano

Izar la bandera mariana y la bandera de Colombia

Jueves 20 de febrero

7:00 a.m. – 5:00 p.m. Turnos de adoración al Santísimo

7:00 p.m. Conversatorio “María en la historia de la Salvación”, por Monseñor Leonardo Gómez Serna y el presbítero Antonio Caballero – Templo San Luis

Viernes 21 de febrero

6:00 p.m. Sagrada Eucaristía – Templo San Luis

7:00 p.m. Procesión con el Lienzo milagroso de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá. Noche de faroles

8:00 p.m. Lucernario y serenata a la Virgen

9:00 p.m. Fuegos pirotécnicos

Sábado 22 de febrero

5:00 a.m. Alborada, repique de campanas

6:00 a.m. Rosario de Aurora

10:00 a.m. Solemne Eucaristía de concesión del título de Basílica – Basílica Menor Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá

Para que puedas contar y grabar en la memoria (Ex 10, 2) La vida se hace historia

Por: Pbro. Diego Eduardo Fonseca Pineda. Director CCDC

Imagen: cec.org.co

Palabras del Papa Francisco para la LIV Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales

El 24 de enero pasado, la Iglesia Católica conmemoró el día de san Francisco de Sales. Obispo francés, viviendo las dificultades que padecía la reli­gión católica en su tiempo, tuvo la determinación de dedicarse a pre­dicar en contra de los errores de la teología calvinista que por esa época tomaba fuerza y que creaba gran confusión entre los creyen­tes. Francisco, dándose cuenta y estudiando acerca del error que se estaba multiplicando sobre de la predestinación (calvinismo), em­prende una gran cruzada de pre­dicaciones para aclarar en los cre­yentes, desde los fundamentos de la teología católica, que la única predestinación que tenemos es a la vida Divina o a la vida de gracia.

Para ello, el santo dedicó gran par­te de su vida a enseñar a los bauti­zados sobre los lugares por donde iba, y asimismo queriendo que ese mensaje no se perdiera, dejaba en cada ciudad, unas hojas impresas con distintos sermones, para que las personas que las encontra­ran se instruyeran y disiparan los errores y las dudas creadas acerca de la predestinación. Esta era una forma de propaganda o de publici­dad, por llamarlo de esa manera. Esta estrategia le valió al santo, para que mucho tiempo después la Iglesia Católica lo declarara patrono de los periodistas y es­critores católicos.

La situación histórica descrita, nos hace pensar que, en medio de nuestros tiempos, los errores y los momentos difíciles de la religión aún se mantienen, pero con la constante de que el Señor siempre suscita siervos en su mies que le ayuden a disipar los errores y las dudas que se pueden suscitar entre los creyentes.

Por ende, el Papa Francisco, con­tinuando con la tradición de pu­blicar para la fecha de la celebra­ción de san Francisco de Sales, un mensaje para las comunicaciones sociales, este año nos quiere ilu­minar con sus palabras, para que descubramos, a la hora de comu­nicar, qué aspectos debemos tener en cuenta y expulsar así de noso­tros los errores de nuestra vida.

El Papa, ha querido dedicar el mensaje al tema de las narracio­nes y al hecho de contar historias. Afirma el pontífice, que todos los seres humanos necesitamos de las historias, como el cuerpo ne­cesita del alimento: “…En medio de la confusión de las voces y de los mensajes que nos rodean, ne­cesitamos una narración humana, que nos hable de nosotros y de la belleza que poseemos. Una narra­ción que sepa mirar al mundo y a los acontecimientos con ternura; que cuente que somos parte de un tejido vivo; que revele el entrete­jido de los hilos con los que esta­mos unidos unos con otros”. Son tan importantes las historias, que todos entretejemos en nuestra vida y muchas de estas ayudan a darle sentido a nuestra existencia.

Por lo tanto, expresa el Papa Fran­cisco que todos entretejemos his­torias en las diversas etapas de nuestras vidas, y las hacemos a partir de “…cuentos, de novelas, de películas, de canciones, de no­ticias…, las historias influyen en nuestra vida, aunque no seamos conscientes de ello”. Estas histo­rias revelan quiénes somos, nos muestran ante los demás con toda nuestra grandeza, pero también expresan nuestras verdades, situa­ciones difíciles o luchas internas que enfrentamos todos los días.

A pesar de las bondades que tienen las historias, según lo afirma Su Santidad, también advierte sobre las historias que no son tan bue­nas, refiriéndose con ello a que, en algunos momentos, el hecho de contar historias es usado por algu­nas personas para tender a que las personas creen necesidades como tener, poseer y consumir para ser felices: “Casi no nos damos cuen­ta de cómo nos volvemos ávidos de chismes y de habladurías, de cuánta violencia y falsedad con­sumimos.

A menudo, en los tela­res de la comunicación, en lugar de relatos constructivos, que son un aglutinante de los lazos sociales y del tejido cultural, se fabrican historias destructivas y provocadoras, que desgastan y rompen los hilos frágiles de la convivencia”.

Lo bueno es que esta misma uti­lización de las historias con fines poco bondadosos tienden a apa­garse rápidamente, porque aque­llas narraciones que son bien in­tencionadas y con el objetivo de humanizar, permiten “trascender los límites del espacio y del tiem­po”.

Ante esta situación, existe una se­rie de vivencias e historias que po­demos consultar constantemente y que constatan que Dios mismo, desde el principio siendo creador, también es narrador, en la medida en que pronuncia su Palabra y las cosas existen. Estas historias y na­rraciones las podemos encontrar en “la Historia de las Historias”: La Sagrada Escritura. Afirma el Pontífice que “en este sentido, la Biblia es la gran historia de amor entre Dios y la humanidad. En el centro está Jesús: su historia lleva al cumplimiento el amor de Dios por el hombre y, al mismo tiempo, la historia de amor del hombre por Dios”.

El mensaje titulado: Para que puedas contar y grabar en la memoria (Ex 10,2), está tomado del Antiguo Testamento y expre­sa la grandeza de Dios que se co­munica permanentemente con su pueblo y realiza grandes signos y prodigios para que estos gocen de la dulzura de Dios, pero también, para que esas mismas experien­cias las puedan contar y transmitir a las descendencias futuras.

Entrando ya en el nuevo testa­mento y refiriéndose a Jesús, el Santo Padre expresa que “el mis­mo Jesús hablaba de Dios no con discursos abstractos, sino con pa­rábolas, narraciones breves, to­madas de la vida cotidiana. Aquí la vida se hace historia y luego, para el que la escucha, la historia se hace vida: esa narración entra en la vida de quien la escucha y la transforma”. Las narraciones de Jesús, que comunican la vida del Padre, tienen la particularidad que donde resuenan siempre generan vida, esperanza, sanación, libe­ración y nos ayudan sobre todo a configurar nuestra propia vida con la persona de Jesús.

Es por eso que se nos enseña que la historia de Jesús, no es cosa del pasado, sino que sus acciones son tan actuales que siguen obrando en nuestros tiempos, tantos mila­gros y prodigios que nos permite creer más y más en que Dios mis­mo hace opción permanente en su Hijo Jesucristo por la dignifica­ción del hombre. Esto nos permi­te entender que cada historia que nos construimos con miras a la santidad y a la edificación perso­nal y comunitaria “huelen a Evan­gelio”, porque dan testimonio de la presencia de Dios en nosotros; estas historias, deberían ser conta­das para que susciten en otras per­sonas deseos de seguir al Maestro.

Finalmente el Papa nos comparte su reflexión sobre lo que él llama “una historia que nos renueva”. Y afirma que “mientras leemos la Escritura, las historias de los san­tos, y también esos textos que han sabido leer el alma del hombre y sacar a la luz su belleza, el Espíritu Santo es libre de escribir en nues­tro corazón, renovando en noso­tros la memoria de lo que somos a los ojos de Dios”. Con esto nos in­vita a que en la lectura de la Pala­bra de Dios y la vida de los santos, el Espíritu sigue escribiendo y re­novando en nuestros corazones el recuerdo de las obras prodigiosas de Dios para motivarnos a conti­nuar en medio de las dificultades, abriéndonos a los demás. “No se trata, pues, de seguir la lógica del ‘storytelling’, ni de hacer o hacer­se publicidad, sino de rememorar lo que somos a los ojos de Dios, de dar testimonio de lo que el Es­píritu escribe en los corazones, de revelar a cada uno que su historia contiene obras maravillosas”.

Termina el Santo Padre diciendo: “Oh María, mujer y madre, tú te­jiste en tu seno la Palabra divina, tú narraste con tu vida las obras mag­níficas de Dios. Escucha nuestras historias, guárdalas en tu corazón y haz tuyas esas historias que na­die quiere escuchar. Enséñanos a reconocer el hilo bueno que guía la historia. Mira el cúmulo de nu­dos en que se ha enredado nuestra vida, paralizando nuestra memo­ria. Tus manos delicadas pueden deshacer cualquier nudo. Mujer del Espíritu, madre de la confian­za, inspíranos también a nosotros. Ayúdanos a construir historias de paz, historias de futuro. Y mués­tranos el camino para recorrerlas juntos”.

Diócesis de Cúcuta entrega ayudas a desplazados en Bucarasica

Fotos: Cortesía

El lunes 3 de febrero, en el municipio de Ábrego, Norte de Santander, iniciaron enfrentamientos entre el Eln y el Epl, lo que obligó a 236 personas desplazarse a otros lugares, temiendo por sus vidas.

Desde las veredas La Arenosa, Las Vegas y La Vega del Tigre de Ábrego, se desplazaron hacia la vereda El Espejo, de Bucarasica. Las víctimas son: 60 niños, 62 jóvenes, 108 adultos y 6 adultos mayores.

Por esta razón y viviendo la caridad de Cristo, este viernes 7 de febrero, la Corporación de Servicio de Pastoral Social de la Diócesis de Cúcuta, estuvo presente en la jurisdicción de la parroquia de Nuestra Señora del Carmen de Bucarasica, ofreciendo ayuda humanitaria a 56 familias desplazadas.

Por iniciativa del Obispo de Cúcuta, Monseñor Víctor Manuel Ochoa Cadavid, se envió una comitiva encabezada por el padre Abimael Bacca, director de la Pastoral Social; el Banco Diocesano de Alimentos; el sacerdote William Aguilar, párroco de Sardinata y otros presbíteros de la Diócesis, para hacer entrega a los 236 desplazados de: Kits de aseo, alimentación, hidratación y, sobre todo, acompañamiento espiritual.

Seminario Mayor recibe más obreros para la mies del Señor

Foto: Cortesía

El Seminario Mayor San José de la Diócesis de Cúcuta inició el año de formación, centrados en el Encuentro con el Evangelio.

El pasado 1 de febrero, los seminaristas antiguos retomaron su proceso de formación, mientras que 22 nuevos jóvenes iniciaron esta fase de aprendizaje y crecimiento.

El presbítero Víctor Leonardo Ordóñez, delegado de la Comisión Diocesana de Pastoral Vocacional, acompañó a estos jóvenes vocacionados durante su año de discernimiento, animándolos a dar una respuesta personal por el bien propio y el de la Iglesia. El padre Víctor expresa que “la Iglesia está alegre porque el Señor nos concede estos jóvenes que van a profundizar en el llamado que Él les hace (…) En el Seminario van a madurar esa respuesta que Dios espera, por ello estamos felices, recibimos un gran tesoro, más obreros para la mies del Señor”.

Las nuevas vocaciones fueron recibidos por los antiguos seminaristas; el padre José María Castro, rector del Seminario Mayor; los sacerdotes formadores: Carlos Alberto Escalante; Carlos Julio Moreno; Wilmer Maldonado y David Molina, quien será el encargado del curso introductorio, en el cual, los jóvenes nuevos empiezan un proceso formativo enfocados en cuatro dimensiones: espiritual, comunitaria, pastoral y académica.

Diócesis de Cúcuta celebra la Vida Consagrada

Fotos: Centro de Comunicaciones Diócesis de Cúcuta

En la Catedral San José se celebró el pasado 2 de febrero, la Sagrada Eucaristía en torno a la Fiesta de la Presentación del Señor y con ella, la Jornada Mundial de la Vida Consagrada.

Sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas y laicos participaron de la celebración, siendo esta, una oportunidad para orar por quienes con su vida y testimonio han amado al Señor, obedeciendo sus mandatos y anunciando a sus hermanos, que Dios es el Padre que los cuida y ama.

La Eucaristía estuvo presidida por el presbítero Israel Bravo Cortés, quien manifestó ante la presencia de niños en la Santa Misa, que espera que en ellos estén las futuras vocaciones y entreguen generosamente su vida al servicio del Evangelio.

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Mejoramiento de la cocina del Asilo Andresen para la alimentación de los niños y adolescentes más vulnerables

Fotos: Cortesía

Gracias a la caridad de Cáritas Española, Cáritas Diocesana de Ávila (España) y la cadena radial española COPE, la cocina de la Fundación Pía Autónoma Asilo Andresen fue remodelada completamente.

Monseñor Víctor Manuel Ochoa Cadavid, este sábado 1 de febrero, visitó el Asilo para bendecir esta cocina, desde donde se preparará en un ambiente saludable, los alimentos de los niños, niñas y adolescentes que son recibidos en esta obra de ayuda humanitaria de la Diócesis de Cúcuta.

Coordinadores de EPAP y coordinadores de Sector, se acogen al plan de actividades 2020

Fotos:Cortesía

En las instalaciones del Asilo Andresen tuvo lugar el primer encuentro de este año de los coordinadores de EPAP y coordinadores de Sector.

El pasado 1 de febrero se dio apertura al Año Pastoral, donde el padre Freddy Ochoa, Vicario de Pastoral de la Diócesis de Cúcuta, presentó a los coordinadores el plan de actividades 2020, que se contextualiza en lo referente al Año de la Palabra.

Por otra parte, la pastoral de Pequeños Grupos, dio a conocer la metodología que se va a desarrollar dentro de los grupos eclesiales y comunidades eclesiales misioneras

Los dones y carismas rejuvenecen la vida de la Iglesia

Por: Pbro. Javier Alexis Agudelo Avendaño, sacerdote diocesano.

Fotos: Centro de Comunicaciones Diócesis de Cúcuta

Para poder hablar de los dones y de los carismas en la vida de la Iglesia, debemos comenzar por lo esencial. Sabemos que cuando Je­sús reúne a sus discípulos y les en­comienda la tarea de anunciar su Evangelio. Sintieron temor, pero Jesús les promete que no estarán solos en esta misión, y les envía el Espíritu Santo (Jn 14:15-21). En Pentecostés los Apóstoles son bendecidos con diversos dones para su misión, y a lo largo de la historia el Espíritu sigue bendi­ciendo a cada uno de nosotros. A estas gracias del Espíritu las po­demos llamar carismas (la palabra carisma viene del griego charis y se traduce como gracia). Son precisamente estos regalos que recibimos, cada uno o de manera colectiva, para edificar la Iglesia y para el servicio de los demás. El Espíritu no solo actuó en esa ocasión, continúa haciéndolo hoy, Él es quien anima, alienta y sigue edificando a la Iglesia (L.G.4). Es el Espíritu Santo quien consa­gra la vida de la Iglesia enrique­ciéndola con tantos carismas como sean posibles para ofrecer a los hombres de todos los tiem­pos y hacer posible el camino de la santidad.

¿Qué son los dones y los carismas ?

El Espíritu Santo es el principio de toda acción vital y verdaderamen­te saludable en todas las partes del cuerpo (Pío XII, Mystici Corpo­ris: DS 3808). Actúa de múltiples maneras en la edificación de todo el cuerpo en la caridad (cf. Ef 4, 16). Por la Palabra de Dios, que tiene el poder de construir el edifi­cio (Hch 20, 32). Por el Bautismo mediante el cual forma el Cuerpo de Cristo (1 Co 12, 13). Por los sa­cramentos que hacen crecer y cu­ran a los miembros de Cristo. Por la gracia concedida a los Apósto­les que entre estos dones destaca (LG 7). Por las virtudes que hacen obrar según el bien, y por las múl­tiples gracias especiales (llamadas carismas) mediante las cuales los fieles quedan preparados y dis­puestos a asumir diversas tareas o ministerios que contribuyen a re­novar la Iglesia (LG 12; cf. AA 3). Es por ello, que el Espíritu San­to es el gran motor que pone a la Iglesia en permanente movimien­to llevándola a la plenitud.

El catecismo de la Iglesia Ca­tólica en el # 799 expresa de los carismas lo siguiente: “Extraordi­narios o sencillos y humildes, los carismas son gracias del Espíritu Santo, que tienen directa o indi­rectamente una utilidad eclesial; los carismas están ordenados a la edificación de la Iglesia, al bien de los hombres y a las necesi­dades del mundo”. Es Espíritu Santo los da a quien quiere, pero para descubrirlos es necesario el discernimiento. Esto quiere decir que todos hemos recibido un re­galo como una manifestación de amor y cariño de alguien. Para descubrir el contenido del regalo es necesario romper el papel y la caja en la que está envuelto. Esto es el discernimiento, que lo pode­mos entender como buscar la vo­luntad de Dios: es buscar un ca­mino práctico de libertad humana, dentro de la historia de la salva­ción. Es el camino para descubrir el carisma que Dios me ha dado para servir dentro de su pueblo. Los carismas, Dios los concede de forma incomparable dentro de la Iglesia, por los méritos de Cristo, para el bien común, y para la renovación y construcción y utilidad de la Iglesia. En cada ca­risma el Espíritu reve­la su presencia con un don que también es un servicio.

El Catecismo de la Iglesia Católica en el # 801 expresa: “Por esta razón aparece siempre necesario el discerni­miento de carismas. Ningún carisma dis­pensa de la referencia y de la sumisión a los pastores de la Iglesia. “A ellos compete especialmente no apagar el Espíritu, sino examinarlo todo y quedarse con lo bueno” (LG 12), a fin de que todos los carismas cooperen, en su diversidad y com­plementariedad, al “bien común” (1 Co 12, 7; cf. LG 30; CL, 24)”.

Habiendo dado un pequeño acer­camiento a la definición de los ca­rismas, pasaremos a decir alguna palabra sobre los dones. Precisan­do que no se trata de dar todo un argumento técnico, sino una pe­queña definición que nos permiti­rá comprenderlos.

“La vida moral de los cristianos está sostenida por los dones del Espíritu Santo. Estos son dispo­siciones permanentes que ha­cen al hombre dócil para seguir los impulsos del Espíritu Santo” (Catecismo de Iglesia Católica N. 1830). Los dones del Espíritu Santo son hábitos sobrenaturales infundidos por Dios en las poten­cias del alma para recibir y secun­dar con facilidad las mociones del propio Espíritu Santo al modo di­vino o sobrehumano.

Los dones son infundidos por Dios. El alma no podría adquirir los dones por sus propias fuerzas ya que transcienden infinitamente todo el orden puramente natural. Los dones los poseen en algún grado todas las almas en gracia. Es incompatible con el pecado mortal.

El Espíritu Santo actúa en los dones directa e inmediatamente como causa motora y principal, a diferencia de las vir­tudes infusas que son movidas o actuadas por el mismo hombre como causa motora y principal, aunque siempre bajo la previa moción de una gracia actual.

Por la moción divina de los dones, el Espí­ritu Santo, inhabitante en el alma, rige y go­bierna inmediatamente nuestra vida sobrenatural. Ya no es la ra­zón humana la que manda y go­bierna; es el Espíritu Santo mis­mo, que actúa como regla, motor y causa principal única de nues­tros actos virtuosos, poniendo en movimiento todo el organismo de nuestra vida sobrenatural hasta llevarlo a su pleno desarrollo.

Tengamos presente que los dones no son lo mismo que las virtudes. Hay muchas similitudes entre las virtudes y los dones: Ambos son hábitos operativos que residen en las facultades humanas. Ambos buscan practicar el bien honesto y tienen el mismo fin remoto: la per­fección del hombre. La diferencia está en los siguientes elementos:

  1. Las virtudes están movidas por la razón mientras que los dones son movidos directamente por el Espíritu Santo.
  2. En el objeto formal las virtudes son movidas por razones huma­nas a diferencia de los dones que son movidas por razones divinas.
  3. Las virtudes infusas tienen por motor al hombre y por norma la razón humana iluminada por la fe. Se deduce que sus actos son a modo humano.

En cambio, los dones tienen por causa motora y por norma el mis­mo Espíritu Santo, sus actos son a modo divino o sobrehumano. De esto se deduce que las virtudes in­fusas son imperfectas por la mo­dalidad humana de su obrar y es imprescindible que los dones del Espíritu Santo vengan en su ayu­da para proporcionarles su moda­lidad divina, sin la cual las virtu­des no podrán alcanzar su plena perfección. 

4. Se deduce de las diferencias anteriores que el hábito de las virtudes infusas lo podemos usar cuando nos plazca -presupuesta la gracia actual, que a nadie se nie­ga. Mientras que los dones sólo actúan cuando el Espíritu Santo quiere moverlos. Los dones de Espíritu no confieren al alma más que la facilidad para dejarse mo­ver, de manera consciente y libre, por el Espíritu Santo, quien es la única causa motora de ellos.

Los dones y carismas en la vida de la Iglesia

Próximamente estaremos cele­brando la Jornada Mundial de la Vida Consagrada. Es fundamen­tal que recordemos que el papa san Juan Pablo II, a las portas del nuevo milenio, nos invitó a cruzar el umbral de nuevo milenio mar­cando la nueva era cristiana. Se cumplen 20 años del Gran Jubi­leo 2000, convocado por san Juan Pablo II con el objetivo de que la Iglesia se preparara para cruzar el umbral del tercer milenio de la era cristiana, la cual comenzara 2000 años atrás, con el nacimiento de Cristo, punto culminante de la historia de la salvación.

La finalidad de dicha jornada es por tanto triple: en primer lugar, responde a la íntima necesidad de alabar más solemnemente al Señor y darle gracias por el gran don de la vida consagrada que en­riquece y alegra a la comunidad cristiana con la multiplicidad de sus carismas y con los edificantes frutos de tantas vidas consagradas totalmente a la causa del Reino. Segundo, esta Jornada tiene como finalidad promover en todo el pueblo de Dios el conocimiento y la estima de la vida consagra­da. Y El tercer motivo se refiere directamente a las personas consagra­das, invitadas a celebrar juntas y solemnemen­te las maravillas que el Señor ha realizado en ellas, para descubrir con más límpida mirada de fe los rayos de la divina belleza derramados por el Espíritu en su género de vida y para hacer más viva la conciencia de su in­sustituible misión en la Iglesia y en el mundo.

Los carismas al servicio de la Iglesia

“Hay diversidad de carismas, pero el Espíritu es el mismo; diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo; diversidad de actividades, pero es el mismo Dios que actúa en todas ellas” (1 Cor. 12, 4-6).

Un carisma es algo más que un talento o una cualidad personal (Papa Francisco). Es una gracia que Dios le da a las personas, no porque se lo merezca, sino para que se ponga al servicio de los demás. Considero que el principal carisma que Dios no ha dada a to­dos es el del servicio. San Pablo dice: “El mismo «dio» a unos el ser apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelizadores; a otros, pastores y maestros, para el recto ordena­miento de los santos en orden a las funcio­nes del ministerio, para edificación del Cuerpo de Cristo, hasta que lleguemos todos a la unidad de la fe y del conocimiento pleno del Hijo de Dios, al estado de hombre perfecto, a la madurez de la pleni­tud de Cristo” (Ef 4, 11-13).

Los carismas de la iglesia se ex­presan de múltiples formas. De hecho, nuestra Iglesia en total­mente carismática. Existen dentro de la Iglesia una gran cantidad de Sociedades de Vida Consagrada tanto masculinas como femeni­nas. Existen Sociedades de Vida Apostólica e Institutos Seculares donde el cristiano puede prestar un servicio en la Iglesia. Como se ha dicho desde un comienzo es amplia la gama donde el cristia­no puede ejercer su vocación a la santidad. Cada uno de estos Insti­tutos tiene una línea de acción en particular que es parte del espíritu de su fundador.

En el Concilio Vaticano II se ex­plicitó y desarrolló el sentido e importancia de los carismas para el Pueblo de Dios. En sus docu­mentos se señala con toda clari­dad que el Espíritu Santo no sólo santifica y edifica a su Iglesia me­diante los sacramentos y los mi­nistros, sino que también reparte gracias especiales entre los fieles de cualquier estado o condición. Se trata de edificar el Cuerpo de Cristo en un proceso de distribu­ción de dones que se da dentro de una armonía en medio de la pluralidad y complementariedad de funciones y estados de vida. Todo carisma, explica San Pablo, debe vivirse en unidad y armonía con los restantes carismas (1 Tes 5,12.19-21; 1 Cor 3,8). Si los do­nes y los carismas no se ponen en función de la unidad de la iglesia, entonces no sirven para nada por­que no son un bien personal sino un bien para el pueblo Santo de Dios.

El Subcomité de la Colecta para América Latina se hace presente en Cúcuta

Fotos: Centro de Comunicaciones Diócesis de Cúcuta

Del 29 al 31 de enero estuvo en la ciudad de Cúcuta el Subcomité para la Iglesia en América Latina, con el fin de conocer las obras que la Iglesia Católica adelanta en esta zona de frontera, gracias a la Colecta para la Iglesia en América Latina.

Monseñor Octavio Cisneros, Obispo auxiliar de Brooklyn (EEUU) y presidente del Subcomité de la Colecta para América Latina, el padre Leo Pérez y David Corrales, de la Secretaría de Colectas Nacionales, y Miguel Guilarte de la Oficina de Asuntos Públicos de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, se reunieron con sacerdotes de la Diócesis de Cúcuta y personas que han hecho posible mitigar la crisis que golpea la frontera colombo-venezolana.

Esta comitiva estuvo visitando el Seminario Mayor San José, el Centro de Caridad de Ayuda Infantil ‘La Niña María’, la Casa de Paso ‘Divina Providencia’ y demás obras donde la Corporación de Servicio de Pastoral Social de la Diócesis de Cúcuta, ha vinculado a los migrantes, colombianos retornados, población vulnerable víctima de la violencia y asentamientos humanos marginados, obteniendo resultados de impacto social positivos.

Después de estos recorridos, el propósito de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos es mostrar la realidad y buscar que el pueblo norteamericano se solidarice con la evangelización de América Latina y la promoción de la dignidad de la persona humana.

Monseñor Cisneros explica que el Señor “nos da tres virtudes: fe, esperanza y caridad”, por esto, les deja a los colombianos el mensaje de mantenerse firmes en la fe, “la fe nos impulsa a hacer lo que están haciendo, tengan la esperanza de decir que lo que Dios ha prometido se cumplirá y que el amor de Cristo se siga manifestando a través de la caridad”.

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Encuentro de Obispos de Diócesis fronterizas entre Colombia y Venezuela “Caridad en la frontera”

Fotos: Centro de Comunicaciones Diócesis de Cúcuta

Los días 30 y 31 de enero de 2020, en Cúcuta, Colombia, se ha celebrado el encuentro de los Obispos de las Diócesis fronterizas entre Colombia y Venezuela titulado: “Caridad en la frontera”.

El evento, promovido y organizado por el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral y por la Sección de Migrantes y Refugiados, en colaboración con la Diócesis de Cúcuta, quería expresar la preocupación del Santo Padre por las situaciones migratorias fronterizas, a su vez, poner en sinergia las actividades caritativas a favor de las personas más débiles y vulnerables en esta región.

A la reunión asistieron los Nuncios Apostólicos de Colombia y Venezuela, los representantes de las Conferencias Episcopales de Colombia y Venezuela, el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), los Obispos de las Diócesis fronterizas entre Venezuela y Colombia, los representantes de Cáritas Colombia, Cáritas Venezuela, Caritas Internationalis y la Comisión Católica Internacional de Migraciones.

Las sesiones de trabajo del primer día se centraron en analizar los desafíos pastorales planteados por los enormes flujos de movilidad humana entre los dos países, particularmente visibles en las zonas fronterizas. Los Obispos que asistieron, compartieron los resultados de las respuestas caritativas que se han activado en sus diócesis, que es una manifestación concreta del amor maternal de la Iglesia por todos sus hijos. En el segundo día, los participantes identificaron una serie de posibles colaboraciones interdiocesanas transnacionales que podrían fomentar una mayor efectividad de los esfuerzos realizados hasta el momento.

La reunión terminó con un compromiso renovado por parte de todos, para ayudar espiritual y materialmente a los migrantes y las comunidades locales que experimentan las mismas vulnerabilidades.

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