Cúcuta celebra a la Virgen de Chiquinquirá

Foto: Centro de Comunicaciones Diócesis de Cúcuta

En la Basílica Menor de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, Cúcuta, se llevó a cabo la Sagrada Eucaristía en honor a la Reina y Patrona de Colombia, la Virgen de Chiquinquirá, el día jueves 9 de julio, día de su fiesta.

La celebración fue transmitida por los medios de comunicación de la Diócesis de Cúcuta, fue presidida por el Obispo de esta Iglesia Particular, Monseñor Víctor Manuel Ochoa Cadavid, quien resaltó la benevolencia que Dios muestra a través de esta advocación mariana.

El Obispo recordó que en San Luis, donde está situada la Basílica Menor, es el lugar de fe más antiguo de la ciudad donde se le rinde culto a la Madre de la Iglesia, por esto le pide a la ‘Kacika’ de Cúcuta, rogar por sus hijos, ya que la Virgen en la Basílica asume el compromiso de ser “la que nos evangeliza, la que nos anuncia a Jesucristo”, expresa Monseñor.

Al celebrar la fiesta de Chiquinquirá, se resalta el signo de renovación, el mensaje que trae consigo su coronación: vida, esperanza, verdad y luz para el pueblo colombiano.

Card. Rubén Salazar: “Cúcuta… fue mi primer amor, si es posible decir esto”

Foto: Cortesía

En la capital del país, Bogotá, el abo­gado Narsés Salazar Cuartas y la profesora Josefina Gómez Villoria, concibieron a Rubén Salazar Gómez, quien nació el 22 de septiembre de 1942.

Los juegos que compartía con su hermana María Luz, eran en su mayoría “dar misas”; los regalos que le pedía a su padre no eran los comunes, él quería un altar y una sota­na. El señor Narsés se lo cumplió y de esta manera, sus amigos también participaban de sus “misas” y atendían a sus sermones.

Sintiendo desde niño la vocación sacerdo­tal y un especial llamado de Dios, en 1960 ingresó al Seminario de Ibagué, donde cur­só los estudios secundarios y luego el ciclo filosófico. Fue a Roma y, en la Universi­dad Gregoriana, obtuvo la Licenciatura en Teología; después en el Pontificio Instituto Bíblico, se hizo licenciado en Sagrada Es­critura.

En la Arquidiócesis de Ibagué fue orde­nado sacerdote el 20 de mayo de 1967, de allí en adelante, ocupó numerosos oficios eclesiásticos, como formador, párroco y cargos administrativos, en­tre otros. Durante los años 1987 y 1990 se desempeñó en Bogotá como Director del Departamento de Pasto­ral Social de la Conferencia Episcopal de Colombia y fue miembro del Pontificio Con­sejo Cor Unum y Represen­tante de los países bolivaria­nos en el Consejo Ejecutivo de Caritas Internationalis. Para 1990 regresó a Ibagué como párroco de Nuestra Se­ñora de Chiquinquirá y Vica­rio de Pastoral hasta 1992.

La noticia de que inicia su ministerio episcopal la reci­be en 1992, nombrado como Obispo de la Diócesis de Cúcuta el 11 de febrero, re­cibiendo la consagración el 25 de marzo de ese año. Monseñor Rubén Salazar Gó­mez llegó en una época donde los grupos armados al margen de la ley azotaban al Catatumbo, y a la capital nortesantandera­na llegaban miles de desplazados, aunque fue un tiempo difícil, Monseñor afirma que en ese entonces había “una relativa paz”, comparado con la actualidad.

Después de estar siete años en Cúcuta, Su Santidad, el Papa Juan Pablo II lo nombró el 18 de marzo de 1999, Arzobispo de Ba­rranquilla.

El 3 de julio de 2008, en el marco de la Asamblea número 85 de la Conferencia Episcopal de Colombia, fue nombrado como su presidente para el período 2008- 2011 (siendo reelegido en el año 2011, para desempeñar este cargo hasta el año 2015).

En el año 2010, el 8 de julio, el Papa Be­nedicto XVI lo nombró Arzobispo de la Arquidiócesis de Bogotá, tomando pose­sión de su cargo el 13 de agosto de ese mis­mo año. Para ese entonces tenía 68 años y reemplazaría en el cargo a Monseñor Pedro Rubiano Saénz, quien había presen­tado su renuncia por cumplir con la edad reglamentaria de retiro y quien también fue por un largo periodo (1971-1983), Obispo de la Diócesis de Cúcuta, siendo esta, la casa de grandes pastores.

Fue escogido Primer Vicepre­sidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) para el período 2011-2015.

Más adelante, corría el año 2012 y en octubre, Monseñor Rubén se encontraba en un retiro espi­ritual en Panamá, donde recibió una carta del Vaticano en la que se le anunciaba ser uno de los nuevos Cardenales del Papa. En el quinto consistorio del Ponti­ficado de Benedicto XVI, rea­lizado el 24 de noviembre de 2012, fue creado como Carde­nal Monseñor Rubén Salazar Gómez, a los 70 años de edad. Participó del cónclave que inició el 12 de marzo y terminó el 13 de marzo de 2013, donde se eligió a Jorge Mario Bergoglio (quien escogió llamarse Papa Francisco) como el máximo jerarca de la Iglesia Ca­tólica.

En mayo de 2015 fue elegido como Pre­sidente del CELAM en el período 2015- 2019. El 25 de abril de 2020, el papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la Arquidiócesis de Bogotá, la cual había solicitado tres años atrás al cumplir los 75 años, edad indicada para retirarse, pero Su Santidad le pidió per­manecer allí por un tiempo más, ya que lo necesitaba aún en su servicio y su salud se lo permitía.

Su Eminencia, el Cardenal Rubén Salazar Gómez se destaca por su gran experiencia pastoral; su espiritualidad; conocimientos; además del español, domina el italiano, francés, inglés, alemán, latín y griego del nuevo testamento y el hebreo. Un hom­bre defensor de los Derechos Humanos, siempre al pendiente de los asuntos de paz en Colombia. A sus 78 años se enfrentó al reto de evangelizar en medio de una pandemia, a través de los medios de co­municación. Hoy se retira para dedicarle más tiempo a la reflexión y los estudios, así lo contó en entrevista para el periódico La Verdad:

La Verdad: Cardenal Rubén Salazar Gómez, ¿cómo describe este momento de su vida?

Cardenal Rubén Salazar Gómez: Es un momento de gran serenidad y de profundos sentimientos de gratitud al Señor por ha­berme permitido servirlo durante 28 años en el ejercicio del ministerio episcopal.

La Verdad: Cuando presentó su renuncia, el Papa Francisco le pidió seguir en el cargo, ahora que es un hecho, ¿cuál cree que sea el mayor reto para Monse­ñor Luis José Rueda, quien le sucede?

Card.R.S.G.: La Iglesia no tiene un pro­pio programa de acción, sino que es un simple instrumento en las manos del Señor que es quien salva y está presente en medio de nosotros con su amor, su misericordia, su gracia. El reto para él y para todos los Obispos es siempre discernir esa pre­sencia del Señor para que la Iglesia que peregrina en diferentes lugares se pueda poner plenamente al servicio del Señor en su acción salvadora.

La Verdad: De acuerdo a la realidad colom­biana, ¿cuál es el panorama de la Iglesia Católica actualmente?

Card.R.S.G.: La Iglesia en Colombia está llamada a escuchar la voz del Se­ñor, a ser siempre instrumento de paz, de reconciliación, de fraternidad, de so­lidaridad. En estos momentos, Colom­bia necesita más que nunca de esa pre­sencia testimonial de la Iglesia.

La Verdad: La Iglesia mantiene su compromi­so de interceder por la paz, ¿qué cree que falte por hacer?

Card.R.S.G.: La paz es el don de Dios por excelencia. Por esto, la primera ta­rea de la Iglesia es la oración incesante para que el Señor nos conceda la paz. Al mismo tiempo, la paz es tarea humana que nunca se termina. Cada día hay que implorar la paz y construirla especial­mente por medio de la predicación del amor misericordioso de Dios que hace a todos los seres humanos hermanos, lla­mados al amor y a la comunión.

La Verdad: Eminencia, haciendo un repaso por su ministerio, ¿cuál experien­cia recuerda con agrado?

Card.R.S.G.: El Señor me ha concedido la gracia de vivir cada minuto de mi ministerio con inmensa alegría y, por lo tanto, con agrado. Es incontable el número de episodios, de momentos, de experien­cias, si tuviera que descri­birlas.

La Verdad: Para nosotros es grato y un orgu­llo recordar que usted fue nuestro pastor durante siete años, ¿cómo estaba la Diócesis en ese entonces?

Card.R.S.G.: Las circunstancias eran muy diferentes. A pesar de muchos pro­blemas de orden público, se vivía en re­lativa paz. La situación con el correr de los años se ha hecho cada vez más compleja pero la Iglesia ha estado siempre a la altura de su misión para responder siempre con generosidad a lo que el Señor le muestra como su servicio específico en cada momento histórico.

La Verdad: ¿Qué se llevó de Cúcuta?

Card.R.S.G.: Mi ministerio en Cúcuta fueron las primicias de mi servicio sacerdotal. Fue mi primer amor, si es posi­ble decir esto. Por eso, tengo siempre en mi corazón a cada una de las personas, especial­mente a los sacerdotes, que vivieron conmigo esos años. Los recuerdo siempre en su entrega generosa, en su valor para anun­ciar el Evangelio, en su búsqueda since­ra del bien de la sociedad.

La Verdad: Actualmente esta zona de fron­tera es fuertemente golpeada por varias crisis al tiempo, desde el fenó­meno migratorio, que desencadena otras problemáticas más y ahora se suma la pandemia. Como Iglesia hemos paliado muchas necesidades de miles de personas, pero nos queda difícil solucionar tanta adversidad. Como Cardenal, ¿qué mensaje le brinda a este pueblo de la zona de frontera?

Card.R.S.G.: Precisamente, que no pierdan la esperanza. El Señor es quien conduce a su pueblo y el seguir de la historia. Nuestra tarea es discernir esa presencia salvadora y transformadora para que podamos avanzar siempre con alegría en medio de las dificultades que, desde el punto de vista humano, pueden parecer insalvables. Caminar todos los días sabiendo que el Señor va guiándo­nos es tal vez la tarea fundamental.

La Verdad: Eminencia, ahora en su servicio al Señor, ¿a qué se va a dedicar? Ya ha previsto planes de dedicarse a la contemplación; quizá escribir un libro…

Card.R.S.G.: Solo el Señor sabe lo que me tiene deparado. Pero por ahora, la ta­rea es recuperar todo el tiempo posible para la oración, el estudio, la reflexión. Él me irá mostrando su voluntad en cada momento.

Foto: Centro de Comunicaciones Diócesis de Cúcuta

La Verdad: Muchas gracias por dedicarle este tiempo al periódico La Verdad, los lectores y fieles de la Diócesis de Cúcuta, van a estar muy agradecidos por compartirnos un poco de su vida y por sus palabras.

Card.R.S.G.: El periódico La Verdad ha sido siempre un instrumento mara­villoso para la evangelización en esas tierras cucuteñas. El Señor consolide su servicio para que sea siempre luz en las diferentes circunstancias de la historia. Para todos sus lectores un saludo muy cordial y para el señor Obispo y sus di­rectos representantes en la elaboración de La Verdad, mis felicitaciones y mis mejores deseos para que este medio de comunicación contribuya eficazmente a la presencia de la Iglesia en la sociedad. Mil gracias a ustedes.

Obispos católicos de Colombia envían mensaje para superar todas las pandemias

Foto: cec.org.co

De manera inusual se realizó virtualmente del 6 al 8 de julio la 110 Asamblea Plenaria de Episcopado Colombiano, bajo el lema “Al servicio del Evangelio, para la esperanza de Colombia”.

Con el objetivo de discernir, a la luz del Evangelio, la hora presente de la Iglesia y el mundo, marcada por la pandemia de la COVID-19, los Obispos a través de una plataforma web se reunieron para pensar y replantear las realidades fundamentales de la convivencia social, religiosa, política, económica, cultural y ecológica, y así, situar la misión de la Conferencia Episcopal en este contexto y establecer sinodalmente las claves y directrices pastorales para continuar la tarea evangelizadora.

Al día siguiente de finalizada la Asamblea Plenaria, la Conferencia Episcopal de Colombia reveló las conclusiones, los retos en la tarea evangelizadora ante los cambios e impactos generados por la pandemia.

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Peregrinar con la Virgen María en tiempo de pandemia

Por: Pbro. Israel Bravo Cortés, párroco Basílica Menor Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, Cúcuta.

Basílica Menor Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, Cúcuta. Foto: Centro de Comunicaciones Diócesis de Cúcuta

“Tú, quienquiera que seas y te sientas arrastrado por la co­rriente de este mundo, náufra­go de la galerna y la tormenta, sin estribo en tierra firme, no apartes tu vista del resplandor de esta estrella si no quieres sumergirte bajo las aguas. Si se levantan los vientos de las tentaciones, si te ves arrastrado contra las rocas del abatimiento, mira a la estrella, invoca a Ma­ría. Si eres batido por las olas de la soberbia, de la ambición, de la detracción o la envidia, mira a la estrella, invoca a María. Si la ira o la avaricia o la seducción carnal sacuden con furia la navecilla de tu espíritu, vuelve los ojos a María. Si angustiado por la enormidad de tus crímenes, o aturdido por la defor­midad de tu conciencia, o aterrado por el pavor del juicio, comienza a engullirte el abismo de la tristeza o el infierno de la desesperación, piensa en María. Si te asalta el peligro, la angustia o la duda, recu­rre a María, invoca a María. Que nunca se cierre tu boca al nombre de María, que no se ausente de tu corazón, que no olvides el ejemplo de su vida; así podrás contar con el sufragio de su intercesión”. San Bernardo (siglo VIII).

El silencio de Dios

Suele pasar que mientras esta pande­mia avanza, surja en nosotros el inte­rrogante ¿Dónde está Dios? ¿Dónde están la Virgen o los Santos de nues­tra devoción? quisiéramos que todo esto pase y seguir la vida en la “nor­malidad” que teníamos, quisiéramos no quedar tan expuestos a nuestra fragilidad y miseria, pero eso es lo que ha mostrado este momento de la historia, somos frágiles, somos vul­nerables y más aún, un gran número de personas están extremadamente necesitadas; la pandemia ha dejado en evidencia todas nuestras flaque­zas, en los gobiernos, los sistemas de salud, educación, nuestros niños están haciendo esfuerzos inimagi­nables para poder seguir sus clases, pues en muchos rinco­nes de nuestro país, el internet es todavía un sueño. Los anuncios y los esfuerzos por parte de todos para superar el virus pareciera que no dan los resultados espe­rados. Un panorama así puede llevarnos al ne­gativismo, a renegar de muchas cosas que no se han hecho, e incluso a quienes creemos dudar de Dios y su eficacia. Pero es aquí donde tal vez conviene no olvidar las palabras del Papa Francisco: “No se dejen robar la esperanza”.

Este tiempo puede ser como dice san Pablo “¡el tiempo favorable!, aho­ra es día de Salvación (2 Cor 6, 2), tiempo para descubrir al Dios que nunca se ausenta, que nos llama al silencio y a repensar nuestra historia. Ahora es el tiempo de quienes han aprendido a vivir en la adversidad, en el silencio de quien se atreve a hacer nuevas todas las cosas (Ap 21, 5), vale la pena entonces preguntar­nos: ¿Qué es lo que hoy nos quiere decir este suceso? ¿Qué provoco esta situación que parece absurda? Y en­tonces descubriremos que aturdidos por nuestras soberbias, engullidos en nuestros egos y desconectados de las periferias sociales y existenciales, quizás construimos proyec­tos o sueños sobre arena, tal vez nos olvidamos de edifi­car sobre la sólida roca que es Dios. Cómo no recordar entonces las palabras del Papa Benedicto XVI en su visita a los campos de con­centración de Auschwitz… Nos vienen a la mente las palabras del salmo 44, la lamentación del Israel do­liente: “Tú nos arrojaste a un lugar de chacales y nos cubriste de tinie­blas. (…) Por tu causa nos degüellan cada día, nos tratan como a ovejas de matanza. Despierta, Señor, ¿por qué duermes? Levántate, no nos re­chaces más. ¿Por qué nos escondes tu rostro y olvidas nuestra desgracia y nuestra opresión? Nuestro aliento se hunde en el polvo, nuestro vien­tre está pegado al suelo. Levántate a socorrernos, redímenos por tu mise­ricordia” (Sal 44, 20. 23-27).

Este grito de angustia que el Israel doliente eleva a Dios en tiempos de suma angustia es a la vez el grito de ayuda de todos los que a lo largo de la historia —ayer, hoy y mañana— han sufrido por amor a Dios, por amor a la verdad y al bien; y hay muchos también hoy” (mayo 28 de 2006).

Los gritos que afloran en el silencio de la vida nos llaman a mantener la esperanza y contribuir con humildad y sencillez en la construcción de una nueva humanidad. Aquí es donde vale la pena peregrinar con María. El pueblo creyente es un pueblo, que camina, que peregrina y alienta sus pasos con quienes nos enseñan a caminar con la confianza puesta en Dios. Las peregrinaciones no son solamente ir a un sitio por devoción, a esos lugares vamos porque quere­mos caminar con quienes han hecho camino y han vencido las más oscu­ras adversidades. Todo lugar de pe­regrinación y veneración es un lugar de liberación, un lugar para acontez­ca el milagro de nuestra conversión y nos haga más solidarios y frater­nos, más dispuestos al perdón y a la construcción de la justicia y la paz. Peregrinar es desear una nueva vida, una nueva humanidad.

Como lo hizo María

Los creyentes tienen una predilec­ción especial por mirar a la llena de Gracia, a la Santísima virgen María, y como decía san Bernando, ya en el siglo VIII “Si te ves arrastrado contra las rocas del abatimiento, mira a la estrella, invoca a María”. Así el cristiano pone su mirada en los santos y peregrina con frecuencia a los lugares donde se conserva un signo de su presencia, o construye santuarios, basílicas o bellas obras de arte para rendir homenaje, a quie­nes nos animan a caminar en la fe y a mantener la esperanza.

El mundo cristiano siempre ha acu­dido a la Virgen María, la ha encon­trado siempre atenta para ayudar­nos como en las bodas de Caná de Galilea (Juan 2, 1-11), en todos los rincones del mundo, Ella ha apare­cido para brindarnos su compañía y amparo maternal. En Colombia, el cuadro de la Virgen de Chiquinquirá sirvió como lugar de romerías y pe­regrinaciones cuando las epidemias coloniales devastaron la población indígena del Nuevo Reino de Grana­da en 1587 y 1633. Después se fue afianzando la devoción mariana en el periodo colonial y republicano(1) llegando a cada rincón de nuestro país. Cúcuta, más precisamente, en el Barrio San Luis, no fue la excep­ción y ha contado también con la presencia de nuestra Madre la vir­gen María, plasmada en un hermo­so Lienzo con características espe­ciales(2), llamada con afecto de sus hijos e hijas como la Kacika de Cú­cuta, su presencia nos ha permitido sortear muchas situaciones difíciles, las divisiones entre colonos e indíge­nas razón por la cual llegó el lienzo a estas tierras, el terremoto de Cúcuta, inundaciones y demás. Alrededor de esta devoción mariana se construyó el actual templo neogótico, que se erige como signo de fe y devoción de un pueblo que siempre con sen­cillez acude a María, la madre de Dios para aprender de ella a confiar en Dios y vivir en un proceso perma­nente de conversión.

Con María, nuestra madre del Cielo podemos decir que nos sentimos en la misma barca enfrentando las ale­grías, la penas y las pandemias que el mundo y sus circunstancias nos presentan.

En la misma Barca, con la grata compañía de María, nuestra Madre

El pasado 27 marzo, el Papa Francis­co nos invitó a orar desde el atrio de la Basílica de San Pedro, con el texto de Marcos 4, 35-41 y nos dijo: «Al atardecer» (Mc 4,35). Así comienza el Evangelio que hemos escuchado. Desde hace algunas semanas pare­ce que todo se ha oscurecido. Den­sas tinieblas han cubierto nuestras plazas, calles y ciudades; se fueron adueñando de nuestras vidas llenan­do todo de un silencio que ensorde­ce y un vacío desolador que paraliza todo a su paso: se palpita en el aire, se siente en los gestos, lo dicen las miradas. Nos encontramos asustados y perdidos.

Al igual que a los discí­pulos del Evangelio, nos sorprendió una tormen­ta inesperada y furiosa. Nos dimos cuenta de que estábamos en la misma barca, todos frágiles y desorientados; pero, al mismo tiempo, impor­tantes y necesarios, todos llamados a remar juntos, todos necesitados de confortarnos mutuamente. En esta barca, estamos todos. Como esos discípulos, que hablan con una úni­ca voz y con angustia dicen: “­pere­cemos” (cf. v. 38), también nosotros descubrimos que no podemos seguir cada uno por nuestra cuenta, sino sólo juntos.

Las palabras del Papa nos pueden servir para ver, que si bien la Vir­gen María no aparece en la barca del Evangelio de Marcos, si va en la barca de la Iglesia afrontando con nosotros todas las tempestades, por­que es la primera que sabe que hacer cuando en la barca nos encontramos asustados y perdidos, ella es como la estrella de la mañana, porque marca el fin de toda tempestad y las tinie­blas del pecado al tiempo que nos anuncia la serenidad y la calma, era de la gracia que nos da el Rey de la Vida, Jesucristo, Nuestro Señor.

Toda la vida de María está marcada por la fuerte tem­pestad, ver crecer y partir a su hijo Jesús, acompa­ñarlo en su Pasión, verlo crucificado; pero en todas esas circunstancias difíci­les ella siempre confió en el Padre, en su Hijo y se dejó guiar y llenar del Es­píritu Santo, por eso leyó su historia con la confianza puesta en Dios, tuvo la fuerza de salir a servir a su prima Isabel, acompañó a los discípulos a la espera del Espíritu Santo, asumió con responsabilidad, valentía y deci­sión cada paso que dio, fortalecida por la oración.

Conviene hoy peregrinar, remar en la misma barca con María, saber que buscarla a ella es buscar a la que hace posible que el corazón de su Hijo, Jesucristo, nos transforme y nos renueve. Si Cristo tuvo a bien elegirla por Madre, acudimos a ella para decirle que mire la balsa ame­nazada de nuestras vidas, de nuestra Iglesia que con fragilidad se mueve más al ritmo de los temores que de la fe. Ella intercede al Padre por el Hijo para que nos concedan el Espí­ritu que hace que hombres y mujeres sepan decir sí, como ella lo hizo, y confían aun en medio de las situacio­nes más adversas.

Invitarlos a la Basílica Menor de Nuestra Señora del Rosario de Chi­quinquirá, Kacika de Cúcuta, en el barrio San Luis, es invitarlos a ca­minar con quien sabe vencer las ad­versidades, con el silencio que hace nuevas todas las cosas, es avanzar con la Madre que no abandona nun­ca, sirve con alegría, y nos enseña a afrontar las tempestades que ven­gan, incluidas las pandemias, por­que sabe en quien ha puesto su con­fianza. Por eso a ella decimos… ¡Oh Madre! Clemente y Pía, ¡escucha nuestros clamores!

(1) La revista ecuatoriana de historia Procesos en su, n.º 50 (julio-diciembre 2019), presenta un interesante artículo ti­tulado: Una celestial medicina. La Virgen de Chiquinquirá y las pestes de 1587 y 1633 en Tunja, escrito por Abel Fernan­do Martínez Martín, de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia y Andrés Ricardo Otálora Cascante de la Universidad Nacional de Colombia, que bien vale la pena leer.

(2) El lienzo es de extraordinaria belle­za. El autor era ciertamente un artista y estaba inspirado. Sobre una manta de fibra de algodón, pintada con diversas tierras, aceite de linaza, colorantes de flores y pinceles ordinarios, pintó la Vir­gen del Rosario en colores naturales. La amplia túnica talar es escarlata; con un real manto azul, tachonado de estrellas. La Virgen está de pie sobre la luna y con el niño sostenido sobre el brazo izquier­do de donde pende el rosario. Todo sobre un fondo de nubes y arreboles, en donde emergen querubines y ángeles. Al lado derecho esta San Antonio con un libro de oraciones sobre el cual está el niño Jesús, y una vara florecida de azucenas en el brazo derecho. A la izquierda, el apóstol San Andrés, sosteniendo la inmensa cruz de su martirio en forma de equis; tiene un pez en la mano derecha, que muchos aso­cian a los Panches, un pez que abundo, en otrora tiempo, en el rio Pamplonita.

Ayudas de la Diócesis de Cúcuta a través de sus instituciones en tiempos de pandemia

Imagen: Centro de Comunicaciones Diócesis de Cúcuta

Acompañando la difícil situación en medio de la pandemia por la COVID-19, la Diócesis de Cúcuta ha brindado desde el inicio del Aislamiento a la fecha, más de 90.689 mercados completos y 13.185 paquetes con elementos de aseo, y 92 toneladas de alimento a instituciones de caridad.

Siguiendo las orientaciones del señor Obispo de la Diócesis de Cúcuta, Monseñor Víctor Manuel Ochoa Cadavid, se han realizado acciones como Iglesia diocesana teniendo en cuenta los principios del Sumo Pontífice, el Papa Francisco, que son: acoger, proteger, integrar y promover.

Una obra que ha sido posible gracias a tantos benefactores que han recibido en su interior el mensaje de vivir la caridad de Cristo.

Diócesis de Cúcuta dona bebidas hidratantes a venezolanos que esperan pasar a su país

Fotos: Cortesía

A diario permanecen cientos de migrantes venezolanos en el puente de Tienditas, esperando realizar el retorno hacia su país. Como el paso para ingresar hacia Venezuela lo abren cada dos días, deben estar allí represados. Llegan a ser hasta 500 personas, sin las condiciones adecuadas de salud y alimentación.

La Diócesis de Cúcuta a través del Banco Diocesano de Alimentos hizo presencia en Tienditas, para ayudar a los migrantes, en esta ocasión, en lo que respecta a su hidratación.

Gracias a las empresas Quala S.A. y Gaseosas Hipinto S.A.S., se entregaron más de 500 ‘six pack’ (paquete de seis) de botellas con bebidas hidratantes a cada uno de los migrantes que estuvieron de paso el pasado miércoles 1 de julio.

Diócesis de Cúcuta presenta a las autoridades protocolos de bioseguridad para solicitar reapertura de templos

Foto: Cortesía

Después que el Gobierno Nacional llegara a acuerdos con los Obispos de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC) para permitir la apertura gradual de los templos, inicialmente en municipios NO COVID-19, la Diócesis de Cúcuta ya venía trabajando en la elaboración de protocolos de bioseguridad.

De acuerdo a los lineamientos impartidos por el Ministerio de Salud y Protección Social, a los cuales se ajustó la CEC para implementar protocolos de bioseguridad antes, durante y después de las celebraciones litúrgicas, la Iglesia Católica en Cúcuta adoptó cada una de estas medidas y se preparó para presentar la solicitud de reapertura a la Alcaldía municipal.

Este jueves 2 de julio, se realizó el encuentro entre líderes religiosos y las autoridades civiles para definir la reapertura de templos. Monseñor Víctor Manuel Ochoa Cadavid, Obispo de la Diócesis de Cúcuta entregó todo el material que desarrolló esta Iglesia Particular para solicitar tanto la reapertura, como para mantener la seguridad sanitaria una vez sean abiertos los templos.

A través de un plan completo de comunicaciones, que consta de piezas gráficas, videos, charlas, spots radiales, señalética, dotación de todos los elementos de bioseguridad que exige el Ministerio de Salud y Protección Social, la Iglesia Católica en Cúcuta espera que sea aprobada la solicitud una vez sea presentada por el Alcalde al Ministerio del Interior.

Solemnidad de San Pedro y San Pablo

Por: Pbro. Juan Carlos Ballesteros Celis, párroco Santa María Rosa Mística.

El lunes 29 de junio se celebra la Solemnidad de San Pedro y San Pablo, día en que se reconocen las virtudes cristianas de dos de los más grandes y reconocidos apóstoles que propagaron y defendieron con su vida el Evangelio, pero también, se tra­ta de una ocasión solemne para profe­sar nuestra fe en la Iglesia: Una, Santa, Católica y Apostólica. Hay que comen­zar por identificar las características propias de cada uno de ellos:

San Pedro: Apóstol del Señor, quien lo constituyó roca de la Iglesia: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edifica­ré mi Iglesia” (Mt 16, 18) y recibe el encargo de Jesús, de apacentar el reba­ño de Dios (cf. Jn 21, 15-17) a pesar de sus debilidades humanas. Efecti­vamente después de la Ascensión del Señor, Pedro asumió con humildad ser cabeza de la Iglesia, de ahí que se le co­noce como el primer Papa y se encargó que la Iglesia naciente mantuviera viva la verdadera fe.

San Pablo: Perteneciente a la clase re­ligiosa de los fariseos y conocido como Saulo de Tarso, inicialmente persegui­dor de los cristianos, después de su conversión al cristianismo, es recono­cido como el “Apóstol de los gentiles” y pasó el resto de su vida predicando el Evangelio a tiempo y destiempo, a las naciones del mundo mediterráneo con el firme convencimiento que su vida era Cristo (Flp 1, 21). Se trata de un modelo ardoroso de la evangelización.

Según el testimonio histórico del siglo I, se dice que Pedro y Pablo, fueron detenidos y martirizados en la prisión Mamertina, también llamada el Tu­llianum, ubicada en el foro romano en la Antigua Roma.

San Pedro que pasó sus últimos años en Roma liderando a la Iglesia durante la persecución, hasta su martirio en el año 64, fue crucificado cabeza abajo a petición propia, por no considerarse digno de morir como su Señor. Fue en­terrado en la colina del Vaticano y la Basílica de San Pedro está construida sobre su tumba. San Pablo fue deca­pitado en el año 67. Está enterrado en Roma, en la Basílica de San Pablo de Extramuros.

El origen histórico de la solemnidad

La celebración conjunta de estos dos personajes el 29 de Junio, en la liturgia romana, se remonta al siglo III proba­blemente al año 258, de acuerdo a las notas fechadas en ese año, contenidas en la lista de fiestas de mártires en el cronógrafo de Filócalo o también del Martyrologium Hieronyminanum. La celebración de la memoria de San Pe­dro y San Pablo, se realizaba en la vía Apia Ad catacumbas, (cerca de San Sebastiano fuori le mura), pues en esta fecha los restos de los Apóstoles fueron trasladados allí.

San Pedro y San Pablo, columnas espirituales de la Iglesia

El Papa Francisco en el rezo del Ángelus del 29 de Junio de 2015 afirmó: “María, Pedro y Pablo: son nuestros compañeros de viaje en la búsqueda de Dios; son nues­tras guías en el camino de la fe y de la santidad; ellos nos conducen a Jesús, para hacer todo lo que Él nos pide. Invoque­mos su ayuda para que nuestro corazón pueda estar siempre abierto a las sugeren­cias del Espíritu Santo y al encuentro con los hermanos”.

Benedicto XVI en su homilía del 29 de Junio de 2012, refiriéndose a la influencia espiritual de estos dos apóstoles, los ca­taloga como quienes “representan todo el Evangelio de Cristo” precisando de Pedro que “las palabras de Jesús sobre la auto­ridad de Pedro y de los Apóstoles revelan que el poder de Dios es el amor, amor que irradia su luz desde el Calvario” y subsi­guientemente de Pablo que “la tradición iconográfica representa a san Pablo con la espada, y sabemos que ésta significa el instrumento con el que fue asesinado. Pero, leyendo los escritos del apóstol de los gentiles, descubrimos que la imagen de la espada se refiere a su misión de evan­gelizador. Él, sintiendo cercana la muerte, escribe a Timoteo: «He luchado el noble combate» (2 Tm 4,7). No es ciertamente la batalla de un caudillo, sino la de quien anuncia la Palabra de Dios, fiel a Cristo y a su Iglesia, por quien se ha entregado to­talmente. Y por eso el Señor le ha dado la corona de la gloria y lo ha puesto, al igual que a Pedro, como columna del edificio espiritual de la Iglesia”.

Al fijar la mirada en estos dos modelos de santidad, hemos de contemplar el mis­terio de la unidad a la que Dios llama a su Iglesia, como una tarea que brote de su acción evangelizadora, reflejando la comunión de amor del misterio de Dios. Por ello Benedicto XVI, en su homilía del 29 de Junio de 2011, dirigiéndose a los obispos presentes les decía “tenemos que ser Pastores para la unidad y en la unidad, pues sólo en la unidad de la cual Pedro es símbolo, guiamos realmente hacia Cris­to”. Es esa unidad simbolizada en torno a la figura de Pedro, lo que ha de definir la identidad espiritual de la Iglesia, edifica­da sobre las columnas de los Apóstoles.

La fiesta del Papa: El Óbolo de San Pedro

A San Pedro se le considera como el pri­mer Papa de la historia de la Iglesia, debi­do a la popularidad de sus enseñanzas que aparecen en los escritos apócrifos, y ade­más, por las palabras que Jesús le dedica: “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edifi­caré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella. Yo te daré las lla­ves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo” (Mateo 16, 18-19).

El “Tú eres Pedro…” se aplicará a todos los elegidos en cónclave para sentarse en la Cátedra de San Pedro, como el Sumo Pontífice. Así pues, murió Pedro pero no el Papa; y es alrededor del Papa que la Iglesia mantiene su unidad. Unidad que también San Pablo expresa “Sólo hay un cuerpo y un espíritu, como también una sola esperanza, la de vuestra vocación. Sólo un Señor, una fe, un bautismo, un Dios” (Ef 4, 4-6).

Con ocasión de la celebración de esta solemnidad se da lugar a la jornada del “Óbolo de San Pedro” o conocida tam­bién como “Jornada mundial de la caridad del Papa”. Se trata de una ayuda econó­mica que los fieles ofrecen al Papa, como expresión de apoyo a la solicitud del su­cesor de Pedro, por las múltiples necesi­dades de la Iglesia universal y las obras de caridad que realiza en favor de los más necesitados.

Considerando la situación actual de emer­gencia sanitaria, el Santo Padre ha esta­blecido que, en este año 2020, la colecta para el Óbolo de San Pedro se traslade en todo el mundo al domingo XXVII del Tiempo Ordinario, el 4 de octubre, día de­dicado a San Francisco de Asís. El cam­bio de fecha fue anunciado por el director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Matteo Bruni, el pasado 29 de abril.

Con el cristianismo nace la práctica de ayudar materialmente a quienes tienen la misión de anunciar el Evangelio, para que pue­dan entregarse enteramente a su ministerio, atendiendo también a los más necesita­dos (cf. Hch 4, 34; 11,29). Concretamente como dato histórico, a finales del siglo VII, los anglosajones, tras su conversión, se sintieron tan unidos al Obispo de Roma que decidieron en­viar de manera estable una contribución anual al Santo Padre. Así nació el “Dena­rius Sancti Petri” (Limos­na a San Pedro), que pronto se difundió por los países europeos. Ésta, como otras costumbres semejantes, ha pasado por muchas y diversas vicisitudes a lo largo de los siglos, hasta que fue regulada de manera orgánica por el Papa Pío IX en la Encíclica “Saepe Venerabilis” (5 de agos­to de 1871).

Hoy por hoy continúa repitiéndose este gesto, empleándose los donativos de los fieles al Santo Padre, en obras misioneras, iniciativas humanitarias y de promoción social, así como también en sostener las actividades de la Santa Sede. El Papa, como Pastor de toda la Iglesia, se preocupa también de las ne­cesidades materiales de dióce­sis pobres, institutos religiosos y fieles en dificultad (pobres, niños, ancianos, marginados, víctimas de guerra y desastres naturales; ayudas particulares a Obispos o Diócesis necesita­das, para la educación católica, a prófugos y emigrantes, etc.).

El Papa Benedicto XVI quiso subrayar en su primer año de pontificado el significado es­pecial del Óbolo: “El Óbolo de San Pedro es la expresión más típica de la participación de todos los fieles en las ini­ciativas del Obispo de Roma en beneficio de la Iglesia universal. Es un gesto que no sólo tiene valor práctico, sino también una gran fuerza simbólica, como signo de comunión con el Papa y de solicitud por las necesidades de los hermanos; y por eso vuestro servicio posee un valor muy eclesial” (Discurso a los Socios del Círcu­lo de San Pedro (25 de febrero de 2006).

Mediante esta colecta, todos los fieles en comunión espiritual con el Papa, pueden participar en su acción como Pastor de la Iglesia Universal y colaborar en el apoyo que brinda a los más necesitados y a las comunidades eclesiales que padecen difi­cultades y piden ayuda a la Sede Apostó­lica, porque la caridad es la insignia de los discípulos de Jesús: “Por esto todos sa­brán que ustedes son mis discípulos, si se aman los unos a los otros” (Jn 13, 35).

Oremos por el Papa Francisco y la Iglesia

Es un día importante para poner al San­to Padre Francisco en nuestras oraciones, y en ellas pedir por su salud, su persona, sus intenciones, y también para que tenga un oído y corazón atento al deseo de Dios para su Iglesia. Estamos invitados a po­ner en oración a toda la Iglesia, para que pueda caminar como un solo cuerpo en la dirección en la que el Espíritu la vaya guiando. Esta será la mayor muestra de afecto pero también de comunión eclesial como bautizados, en torno a la figura del Papa, vicario de Cristo en la tierra.

Arzobispo de Bogotá: “No me arrepiento ni un solo día de haber sido ordenado presbítero”

Fotos: Cortesía

Un santandereano de 58 años de edad, es el nuevo Arzobispo de la Arquidiócesis de Bogotá, se trata de Monseñor Luis José Rueda Aparicio, quien se posesionó el pasado jueves 11 de junio, cargo que recibió de manos del Cardenal Rubén Salazar Gómez.

Ser el Arzobispo primado de Colombia, es para Monseñor Luis José “llevar un liderazgo en comunión”, fortalecer la “fraternidad misionera”, aclarando que su cargo no implica una posición de mando sobre los demás Obispos.

Desde que el Papa Francisco anunció su elección, el pasado 25 de abril, aún se siente sorprendido, considerando que su edad y camino son cortos y que según él, hay otros más preparados.

Su vida

Nació el 3 de marzo de 1962, fruto del amor de Luis Emilio Rueda y Socorro Aparicio, siendo el décimo de 11 hijos. Cuenta que los cinco hijos varones alternaban el estudio con el trabajo, ayudándole a su padre en labores de construcción. Al graduarse del colegio Nacional San José de Guanentá, era soldador y trabajaba en una fábrica; a sus 19 años, camino a cumplir su turno, entraba a orar en una capilla donde había un Cristo agonizante, expresa que esto le daba fuerza, entonces, a los 20 años inició su formación en el sacerdocio en el Seminario Conciliar San Carlos de la Diócesis de Socorro y San Gil, donde estudió filosofía; luego realizó sus estudios teológicos en el Seminario Arquidiocesano de Bucaramanga.

Fue ordenado sacerdote el 23 de noviembre de 1989, incardinándose a la Diócesis de Socorro y San Gil. Después de su ordenación, adelantó estudios de especialización en teología moral, obteniendo la licenciatura en la Academia Alfonsiana de Roma.

El Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de la Diócesis de Montelíbano (Córdoba) el 2 de febrero de 2012; el 14 de abril de ese año fue su ordenación episcopal y el 28 de abril tomó posesión canónica de Montelíbano.

El 19 de mayo de 2018, el Papa Francisco lo nombró Arzobispo de Popayán, posesionándose el 7 julio de ese mismo año.

En entrevista para el periódico La Verdad, Monseñor Luis José Rueda Aparicio habla de su ministerio y los nuevos retos

La Verdad: Deja una región gravemente afectada por la violencia, evidenciándose en la desaparición constante de líderes sociales en el Cauca, ¿Cuál ha sido el papel de la Iglesia Católica frente a la realidad de este departamento?

Monseñor Luis José Rueda Aparicio: La Iglesia Católica defiende y defenderá siempre la vida frente a la cultura de la muerte, por eso nos situamos del lado de las víctimas y denunciamos cualquier abuso hacia aquellos que defienden la justicia social y el bien común en Colombia y en especial en el Cauca.

La Verdad: ¿Cuál es su mensaje para los caucanos?

Mons. L.J.R.A.: Un mensaje de esperanza. Que la Iglesia estará siempre del lado de los más necesitados y oprimidos por la injusticia que trae consigo el pecado de los hombres, siguiendo a Jesús que vino para salvar a los hombres y a liberarlos de la esclavitud del egoísmo.

La Verdad: ¿Cuál fue su primera reacción al saber de su nombramiento en la Arquidiócesis de Bogotá?

Mons. L.J.R.A.: Mi primera reacción fue pedirle a Dios que me diese la humildad, la fortaleza y el discernimiento para llevar a cabo esta nueva misión como pastor solícito que Él me encomendaba para el bien de la Iglesia y la salvación de las almas.

La Verdad: Del legado de Monseñor Rubén Salazar Gómez, ¿cuáles particularidades destaca?

Mons. L.J.R.A.: El legado que deja el ministerio episcopal de Su Eminencia el cardenal Rubén Salazar es amplísimo. Pero destacaría tres aspectos fundamentales:

– Su cercanía con los presbíteros a los que siempre trato como a verdaderos hijos.

– Su amor y su celo por la Evangelización hacia los más necesitados, llegando a realizar un plan de evangelización bien cohesionado y fructífero para esta Arquidiócesis de Bogotá.

– Su carisma para llegar al corazón de todos aquellos que alguna vez acudieron a él en busca de ayuda y consuelo.

La Verdad: En temas de paz, ¿cuál es su diagnóstico?

Mons. L.J.R.A.: Se ha progresado mucho en el camino hacia la paz, pero no debemos olvidar que todavía nos queda un largo camino por recorrer en el cual la Iglesia Católica tiene mucho que ofrecer, porque sin Jesucristo, Príncipe de la Paz nunca será posible la paz estable, duradera y definitiva.

La Verdad: De su ministerio sacerdotal, ¿cuál ha sido la experiencia más gratificante?

Mons. L.J.R.A.: No creo que exista una experiencia o una anécdota específica, sino que lo más gratificante de mi ministerio sacerdotal ha sido, precisamente, ejercer mi propio ministerio sacerdotal: el estar con la gente y el celebrar los sacramentos. Especialmente, la Eucaristía y el sacramento de la Reconciliación, en donde se llega a tocar de un modo existencial el amor de Dios a los hombres. Eso, es muy gratificante.

La Verdad: ¿Qué decirle a los jóvenes acerca de la vocación?

Mons. L.J.R.A.: Les diría que no me arrepiento ni un solo día de haber sido ordenado presbítero siguiendo la llamada del Señor. Y que, como dijo el Papa Benedicto XVI, no tengan miedo de mirar y seguir a Cristo, que no quita nada, sino que lo da todo.

La Verdad: ¿Cuáles serán sus pilares como guía y pastor de la Arquidiócesis de Bogotá?

Mons. L.J.R.A.: Siempre he entendido la Evangelización como la unión intrínseca de la Liturgia y la Acción Social de la Iglesia. Estas son las dos manos que Dios regala a su Iglesia para trabajar en esta amada Arquidiócesis, que es enorme tanto en su extensión geográfica y demográfica como en su variedad de contextos culturales y de estratos sociales.

La Verdad: La pandemia de la COVID-19, es una problemática aún más grande que se sumó a las ya existentes en nuestro país, como cristianos, ¿qué actitud recomienda tomar?

Mons. L.J.R.A.: Como he dicho antes, la Iglesia está siempre a favor de la vida humana, por eso, la actitud cristiana ante esta pandemia ha de ser, en primer lugar, la prudencia, sabiendo que no solo está en juego la propia vida sino la de muchas otras personas que nos rodean; y, en segundo lugar, la solidaridad para con aquellos que, si bien, no necesariamente han sido contagiados, sí están sufriendo las consecuencias graves de la crisis económica y social que esta pandemia está provocando. Me refiero a tantas y tantas personas que cada día vemos como pasan necesidad por la ausencia de trabajo, comida y necesidades básicas que todo ser humano debe tener.

Finalmente, unas palabras para los lectores del periódico La Verdad y fieles de la Diócesis de Cúcuta.

Amen a la Iglesia y oren mucho por ella, en especial por nuestro querido Papa Francisco y por el Obispo Víctor Manuel Ochoa, un ejemplo de pastor con olor a oveja, para que el Señor les ilumine en su tarea apostólica. Reciban todos un saludo cordial y mi bendición.

Banca de Oportunidades invita a reclamar Ingreso Solidario

El programa Ingreso Solidario que inició el pasado 7 de abril busca apoyar económicamente a los hogares en condición de pobreza y vulnerabilidad en medio de la pandemia del coronavirus. Esta es una iniciativa del Ministerio de Hacienda y Crédito Público, Prosperidad Social, Banca de Oportunidades, y el Departamento de Planeación Social (DNP).

Las personas beneficiadas son las que apliquen en las categorías del Sisbén en pobreza extrema, pobres y vulnerables que no reciban otro tipo de ayuda del Gobierno, quienes recibirán en tres pagos $480.000. El destino del Ingreso Solidario es para tres millones de familias colombianas.

El gerente del Banco de Oportunidades, Freddy Castro, en entrevista para la emisora Vox Dei, aseguró que hay beneficiarios que a la fecha no han reclamado los dos primeros pagos, ya sea porque no saben que aparecen en los listados, o porque viven en municipios donde no hay la entidad bancaria correspondiente para el reclamo.

Estas situaciones las han ido resolviendo realizando un trabajo de campo llamado “toma de municipios”, habilitando los sitios para los pagos y dando a conocer los listados de beneficiarios.

Ingresando a la página web https://ingresosolidario.dnp.gov.co/?fbclid=IwAR1bdk6ZVlLulFg3R8W8eCU1_UqDlc68rmfFUFAFIR5jFo1bfzDf-_-iGog podrán revisar si aplica para la ayuda e instruirse acerca del proceso de reclamo.

En Norte de Santander puede reclamar el Ingreso Solidario en los siguientes puntos:

Cúcuta: Bancolombia.

Los Patios: Ingrese a https://www.grupobancolombia.com/personas/plan-apoyocoronavirus/subsidios/formulario-consulta y consulte los horarios y el corresponsal bancario autorizado. También puede reclamar en Pagafácil, Los Patios, Av. 10 29-25 Centro Comercial Ágora.

Villa del Rosario: Bancolombia.

Pamplona: Bancamía Pamplona, Calle 6 No. 6 – 12.

Ocaña: Ingrese a https://www.subancoamigo.com/articulos/ingreso-solidario-no-bancarizados. Allí encontrará los puntos de pago autorizados de Multipagas o Reval, direcciones y horarios. Multipagas: Carrera 13 No. 11 – 32 Centro ó en la calle 11 No. 12 – 48 Local 3, Centro.

Ábrego: Bancamía Ábrego, Carrera 5 No. 13 – 27.

A continuación, les presentamos las listas de beneficiarios en Norte de Santander:

Descargue listado Cúcuta.

Descargue listado Los Patios.

Descargue listado Villa del Rosario.

Descargue listado Pamplona.

Descargue listado Ocaña.

Descargue listado Ábrego.