70 años de la muerte del beato Pedro María Ramírez

Foto: caracol.com.co

El padre huilense, Pedro María Ramírez Ramos, nació en el año de la ‘Guerra de los mil días’ (1899) y murió al siguiente día del ‘Bogotazo’ (10 de abril de 1948), nació y murió en tiempos violentos.  Pero en su muerte sí estuvo fuertemente ligado a la guerra, ya que en las revueltas posteriores al crimen del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán, la turba lo acusó en ese momento de proteger a los conservadores y acusaban a la iglesia católica de ser cómplices de la muerte del líder liberal.

Esa noche, el cuerpo desnudo e inerte del Padre fue tirado en la plaza. A la media noche los asesinos lo llevaron a las afueras del cementerio donde lo dejaron abandonado. Hasta el día siguiente permitieron que fuera enterrado, pero sin misa, sin ataúd  y desnudo. Una semana después cuando las autoridades tomaron el orden del pueblo, lograron darle la cristiana sepultura. Su familia lo reclamó y lo llevó desde Armero hasta la Plata (Huila), donde hoy están sus restos en el mausoleo familiar. En la Plata existe un museo con pertenencias del padre recolectadas por su familia.

El año pasado en la ciudad de Villavicencio, Meta, el Sumo Pontífice realizó la ceremonia litúrgica reconociendo al Padre Pedro María como un beato por su martirio, milagros y entrega a su vida religiosa que fue certificada por el Vaticano.

Poco tiempo antes de morir, en la casa cural, presintiendo su muerte, escribió su última voluntad y se la entregó a la Madre Miguelina de Jesús, Superiora de las religiosas eucarísticas residentes en Armero, encomendándole que se la hiciera llegar al Obispo:

Santísima Trinidad: De mi parte deseo morir por Cristo y su fe.  Al Excelentísimo señor Obispo, mi inmensa gratitud, porque sin merecerlo, me hizo ministro del Altísimo, sacerdote de Dios, y párroco, hoy del pueblo de Armero, por quien quiero derramar mi sangre.  Especiales memorias para mi orientador el santo Padre Dávila. A mis familiares, que voy a la cabeza para que me sigan el ejemplo de morir por Cristo. Con especial cariño los miraré desde el Cielo.  Profundamente agradecido con las Madres Eucarísticas, desde el cielo volaré por ellas, sobre todo por la Madre Miguelina. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. 
Amén.

Pedro Maria Ramirez Ramos Pbro.
Armero, 10 de Abril de 1948.

También le encargó a la Madre, le dijese al Obispo que de sus bienes de la Plata le diera mil o dos mil pesos a Pola (una de sus servidoras) y que lo demás lo dejaba para el Seminario y los Padres Jesuitas.

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